15 abr. 2018

"Nunca Te Olvidé" (Supercorp) Capítulo 5


CAPÍTULO 5: MIRADAS
―Señorita Luthor… pase, dese prisa ―susurraba Eve―, su hermano ya se ha levantado pero todavía sigue en sus habitaciones.
―Gracias, Eve ―dijo Lena, tratando de hacer el menor ruido posible mientras se dirigía a las escaleras para subir a la planta de los dormitorios.
Eve inclinó ligeramente la cabeza para despedirla, y después dedicó una sonrisa a James, que se la devolvió antes de volver al vehículo para meterlo en el garaje. Dentro de la casa, ni siquiera podían dirigirse la palabra, porque él era un hombre negro, y era considerado ciudadano de tercera. Lena estaba a punto de alcanzar el pomo de la puerta de su habitación cuando la voz de su hermano la detuvo en seco.
―Hermanita, ¿has madrugado o es que todavía no te has acostado? ―preguntó, conociendo la respuesta.
―Lex… llego ahora, ¿para qué voy a mentir? ―admitió Lena con dignidad, y su hermano rio.

―¿Y con quién has salido?, ¿dónde has ido? ―Ahí estaba el interrogatorio que deseaba evitar y del que no había podido librarse esta vez.
―Con unas amigas, fuimos a los pubs de siempre ―replicó Lena sin mirarlo, tratando de restarle importancia.
―¿Amigas?, espero que sean de nuestra clase, de niña tenías un gusto pésimo a la hora de relacionarte socialmente ―señaló Lex con maldad, haciendo referencia a su amistad con Sam y con Kara. A Lena le dolió.
―Tranquilo, te aseguro que mis amistades actuales no tienen nada que ver con aquellas muchachas ―afirmó. Era cierto, de aquellas Sam y Kara, apenas quedaban los nombres. No, en el caso de Kara ni siquiera eso, ahora se hacía llamar Overgirl.
―Estupendo, pero, de todos modos, no creo que a mamá le haga mucha ilusión que salgas hasta las tantas de la madrugada ―declaró su hermano, todavía no estaba satisfecho.
―Creo que puedo decidir hasta qué hora salir, ya no soy una niña, Lex ―se defendió Lena.
―Por supuesto que no, ya tienes veintiséis años, por eso deberías dejar esos juegos y pensar más en tu futuro.
―¿Qué quieres decir? ―A Lena no le gustó nada el giro que había tomado la conversación.

―Sólo te dedicas a pasar tiempo con Cat Grant y salir algunas noches, y así no encontrarás un buen partido. ¿Es que quieres quedarte solterona?
―¿Qué? ―exclamó Lena. ¿En serio le estaba diciendo aquello?
―El día de mañana, yo heredaré la dirección de “Luthor Corp” y el puesto como embajador de nuestro padre, porque soy hombre, me corresponde ―Lena sintió rabia―, sin un marido, ¿qué será de ti?, ya sabes que las mujeres solas no son muy bien vistas en el círculo aristócrata de Berlín, salvo que sean viudas, y tú, hermanita, ni siquiera has empezado a buscar marido.
―Así que por eso mamá está tan insistente últimamente con que os acompañe a todas las cenas en palacio. ―Lena se sentía asqueada.
―Mamá se preocupa por ti, y yo también ―aseguró Lex con una sonrisa ladina.
―Seguro… ―musitó Lena sin que Lex la oyera― Estoy cansada, Lex, quiero dormir, ya hablaremos más tarde.
Cerró la puerta de su habitación y suspiró apoyándose en ella. Tendría que pensar en algo para mantener a raya a su madre y a su hermano con el asunto del matrimonio, lo último que necesitaba era complicar aún más su vida y perjudicar su labor como espía de la Resistencia. Maldijo al régimen, a la sociedad en la que vivía, a los nazis, y a sí misma por no tener más poder y poner a cada uno en el lugar que realmente merecía.
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Imra abrió los ojos lentamente y se desperezó estirando los brazos. Sus labios tenían dibujada una sonrisa, había dormido de maravilla después de muchas noches malas. Entonces pegó un brinco y se incorporó de golpe en la cama. Acababa de recordar que no había llegado sola a su habitación. Miró en todas direcciones, pero no había rastro de Gayle. ¿La visita al “Wired”, la redada nazi y la noche de buen sexo con la misteriosa Gayle habían sido sólo un sueño? Se metió en el baño y contempló su rostro en el espejo. Todavía tenía los labios un poco inflamados por los besos compartidos. Todo había sido muy real.

Se acercó al rincón donde tenía una pequeña cocina y al buscar leche en la nevera lo vio. Era un papel pequeño, sujeto a la puerta del electrodoméstico con un imán.
“Gracias, Matilda, por una noche tan intensa. Mi aburrido trabajo me reclama, que tengas buen día. Gayle.”
Imra sonrió por segunda vez aquella mañana, y de nuevo se lo debía a la misma persona. Se preguntó si volvería a coincidir con ella alguna noche, le gustaba la posibilidad.
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―Buenos días, teniente ―saludó cuadrándose un soldado de las SS cuando vio a Gayle.
―Buenos días, soldado, ¿qué tenemos para hoy? ―preguntó con voz alegre.
―Parece contenta ―comentó el soldado.
―Pasé una muy buena noche, Philipp ―admitió Gayle con una sonrisa. En condiciones normales, no habría comentado nada, pero conocía a Philipp desde hacía varios años y no pudo callarse lo bien que le había sentado acostarse con aquella estudiante noruega―. ¿A quiénes han traído los furgones que había en la entrada?
―Detenidos de una redada que Overgirl dirigió anoche.
La realidad siempre acababa imponiéndose. Su encuentro con Imra no había sido lo único sucedido la noche anterior. Prefería los días en que sólo tenía que convertirse en la sombra del emperador, pero aquel no era uno de esos días.

Cuando alguien era detenido por las SS, pasaba a ser interrogado, y para ello, se empleaban dos tipos de métodos, los físicos, ejercidos por soldados normales o incluso Mon-El, cuando tenían prisa, y los mentales, que eran cosa suya, haciendo uso de sus poderes. Gayle era capaz de manipular las mentes de los demás, jugar con sus miedos hasta someterlos y convertirlos en criaturas indefensas, y eso era algo muy útil cuando deseaban obtener información. No le emocionaban nada los interrogatorios, pero prefería eso a tener que agredirlos físicamente.

Tras un par de horas, llegaron a la conclusión de que los detenidos no pertenecían a la Resistencia. Aunque el capitán Edge no perdió la esperanza de que alguno de los que quedaban por interrogar lo fuera, entre treinta personas, no podían tener tan mala suerte de no haber atrapado a ningún rebelde.
―¿Qué hacemos con estos indeseables? ―preguntó el sargento Thomas Coville, responsable del campo de concentración de Berlín.
―¿Te vas a pelear con mi esposa por ellos? ―bromeó Lord con diversión.
Los pobres desgraciados que tenían la mala suerte de ser detenidos sólo tenían dos posibles destinos, el campo de concentración de Berlín, desde donde Lord podía cogerlos cuando gustase para llevar a cabo sus retorcidos experimentos, o los juegos de Roulette, donde serían obligados a pelear sin ninguna esperanza contra soldados nazis.
―Dejemos que la teniente Marsh decida su destino ―resolvió Edge―, ya que ella ha sido quien los ha interrogado.
Gayle no recibió la idea con mucho entusiasmo. Una cosa era torturarlos mentalmente para hacerlos hablar y otra muy distinta decidir en manos de quién iban a morir.
―Gracias, capitán, pero, como ha dicho, yo ya los he interrogado, le cedo el honor de decidir esto a otra persona ―dijo Gayle manteniendo la compostura.
―¿Los interrogatorios la han agotado, teniente? ―preguntó Overgirl con maldad―, yo decidiré, si no, estaremos aquí hasta mañana ―añadió, y por una vez, Gayle agradeció la crueldad de Overgirl.
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Alex estaba en un descanso de su turno en el hospital. Había salido a un balcón para tomar el aire y aprovechar para llamar a Maggie por teléfono, los besos que habían compartido la noche anterior la tenían en una nube.
―No te rías, pero… te echo de menos ―confesó Alex.
―Si sólo hace unas horas que nos hemos visto ―dijo Maggie sin dejar de sonreír.
―¿Y qué?, quiero volver a besarte ya… ―susurró Alex para que los compañeros del hospital que también estaban en aquel balcón no la escuchasen. Sonrió al oír la risa de Maggie.
―Yo también quiero volver a besarte, Danvers, y hacer mucho más que eso… ―añadió Maggie. Pero no obtuvo respuesta de Alex. Frunció el ceño, ¿la había incomodado?― ¿Alex?, ¿estás ahí?

Alex todavía sostenía el teléfono, pero la voz de Maggie no llegaba a su cerebro, pues toda su atención la tenía el vídeo que estaba emitiendo el régimen en la enorme pantalla que había cerca del hospital, y en todas las que había en las calles de la ciudad. Kara, su hermana perdida doce años atrás, hablaba en tono neutro, presentando a los detenidos de la redada que habían sido interrogados aquella mañana, enunciando sus crímenes contra el imperio y sus condenas. Todo lo que le había dicho Lena no había bastado para prepararla para algo así. Sin duda, era Kara, aunque convertida en una mujer adulta. Sin embargo, el uniforme que llevaba, el símbolo de las SS en su pecho, y la frialdad con que narraba el espantoso destino de los detenidos le provocaron el llanto.
―Alex… ¿estás llorando?, ¿qué ocurre? ―preguntó Maggie con preocupación.
―Kara… está saliendo en las pantallas… ―balbuceó Alex.
Maggie corrió hasta la sala central del DEO, donde Sam, Winn y otros rebeldes estaban siguiendo el mismo mensaje mediante cámaras que tenían ocultas en algunas calles berlinesas.
―¿Se encuentra bien, doctora Danvers? ―preguntó un enfermero sobresaltándola.
―¿Eh?, sí, sí ―se apresuró a contestar y limpiarse las lágrimas―, es sólo que me acaban de dar una mala noticia por teléfono ―mintió.

Alex y los rebeldes del DEO no eran los únicos que seguían el vídeo de Overgirl. Lena lo hacía desde la calle, detuvo su camino hacia la redacción de CatCo en cuanto escuchó la voz de Kara inundar el ambiente. Cat Grant seguía la retransmisión desde su despacho. Todos estaban horrorizados con la absoluta falta de empatía de Kara, convertida en Overgirl. La joven Luthor pospuso su visita a Cat y acudió al DEO lo más rápido que pudo.
―Esto no puede seguir así, tenemos que actuar, cada día que pasa, más gente es exterminada ―exclamó Lena.
―Lo sabemos, Luthor, pero no es tan fácil ―afirmó Winn.
―Si pudiéramos descubrir lo que me robó mis poderes y desactivarlo ―sugirió Sam.
―Ése es el objetivo prioritario, si logramos anularlo, podrás enfrentarte a ellos con todo tu poder ―dijo Lena.

―Hemos estado hablando al respecto ―informó Winn―, y no vemos otra opción, alguien tiene que acercarse todo lo posible a Edge, Lord y Roulette y obtener esa información sin levantar demasiadas sospechas.
―Y ese alguien soy yo ―declaró Lena.
―Sólo si tú estás de acuerdo, nadie va a obligarte, Lena, sabemos que es muy peligroso ―dijo Sam.
―Eres nuestra mejor opción, Luthor ―admitió Winn―, estamos en tus manos, pero puedes tomarte un tiempo para pensarlo, entiendo que…
―No tengo nada que pensar ―exclamó interrumpiéndolo―, lo haré… ―Los presentes la miraron con admiración― ¿Dónde está Alex?
―Está en su habitación, no se encuentra muy bien ―aclaró Maggie con gesto triste.
―Supongo que ver a Kara con sus propios ojos fue mucho peor que escucharlo de mis labios ―lamentó Lena―. Todavía no me he rendido con ella «nunca lo haré», la traeré de vuelta.
―Si ves que tienes oportunidad, adelante, Luthor ―afirmó Winn―, tener a Overgirl de nuestro lado sería sinónimo de victoria, nos volveríamos imparables.

Cuando se dio por concluida la reunión, Lena se acercó a Sam, que había estado callada desde que habían mencionado a Overgirl.
―Sam, ¿qué pasa? ―preguntó Lena con voz suave. Sam la miró con seriedad.
—No me hace gracia que seas tú la que tenga que acercarse tanto a esos desgraciados, pero sé que eres la única que lo puede hacer sin levantar sospechas, y lo acepto, pero lo de Overgirl… pensaba que lo habías dejado estar.
―No puedo dejarlo estar, Sam, mira cómo se ha puesto Alex, y cómo se pondrá su madre cuando vea el maldito vídeo en las noticias de esta noche y reconozca a su hija en él.
―Yo también echo mucho de menos a mi amiga Kara, pero… ahora es Overgirl, la mujer que exterminó a los rebeldes rusos, que condena a muerte a inocentes y no le tiembla la voz por ello, ¿quién me asegura que estarás a salvo si llega a sospechar de ti, Lena?

—Overgirl es… es Kara, no me hará daño —dije tratando de tranquilizarla.
—Desengáñate, Lena —exclamó Sam de pronto—, ya no es nuestra Kara, no es la muchachita amable y alegre que conocimos en nuestra niñez, ahora es un monstruo al servicio del régimen. ¿No recuerdas que tardé meses en volver a ser un poco yo misma?, y las pesadillas me duraron años… ―manifestó Sam con aprensión.
―Lo sé, Sam, pero…
―Ya viste que no te recuerda, yo casi pierdo la razón y Kara ha pasado con ellos ocho años más, quizá sea ya imposible que vuelva a ser la de antes.
―Tú tampoco eres la de antes ―dijo Lena mientras posaba su mano sobre la mejilla de Sam con dulzura―, pero estás aquí, con nosotros… conmigo, y Kara merece la misma oportunidad.
Sam cogió la mano de Lena y la estrechó con calidez, obligándose a sonreír.
―Prométeme que tendrás cuidado, tengo miedo de que te descubran… ―dijo Sam―, no sé qué haría si te pasara algo malo, Lena.
La joven Luthor se abrazó a Sam con fuerza.
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Decidida a cumplir su misión como espía de la Resistencia, Lena se presentó en las principales dependencias militares de la ciudad, donde sabía que encontraría a Morgan Edge y Maxwell Lord. Los soldados de la entrada la dejaron pasar en cuanto comunicó quién era y a quién buscaba. La invitaron a esperar en un pasillo, pero Lena no esperó demasiado, en cuanto perdió de visto al tipo que la había acompañado hasta allí, recorrió el pasillo y cruzó una puerta que daba a una zona más restringida. Con un poco de suerte, daría con los despachos de los militares de mayor rango y escucharía conversaciones de interés. Y si alguien la descubría allí, siempre podía decir que se había perdido buscando el despacho del capitán Edge, ¿por qué iban a dudar de la respetable hija de Lionel Luthor?

Sin embargo, el pasillo en el que se había adentrado, no era precisamente de despachos. De pronto, se abrió una puerta y dos soldados la cruzaron llevando medio arrastras a un hombre con el rostro descompuesto. Psi los seguía de cerca y no perdió detalle de la reacción del hombre cuando vio a Lena.
―Ella… ella estaba… estaba allí… ―pronunció con dificultad mientras trataba de señalarla con el dedo índice. Lena se horrorizó, aquel hombre la había reconocido del “Wired”.
«Mierda…», pensó. En ninguno de los escenarios que había contemplado aparecía un tipo delatándola.
Gayle vio un destello de temor en la hermosa mirada de la joven Luthor, distinguía muy bien el miedo en los ojos de las personas, porque ella misma lo había infligido durante años. ¿Acaso Lena Luthor frecuentaba locales como ése igual que hacía ella? Sentía tanta intriga por lo sucedido que no pudo hacer otra cosa que darle margen.
―Sacadlo ya de mi vista, el muy desgraciado está delirando ―ordenó con firmeza.
―Sí, mi teniente. ―Los soldados obedecieron y se alejaron de allí. Lena respiró aliviada.

―Buenos días, señorita Luthor, volvemos a vernos ―saludó Gayle con cordialidad.
―Teniente Marsh… ―correspondió Lena.
―¿A qué debemos el placer de su presencia? ―preguntó Gayle con una sonrisa tranquila.
―Vine a ver al capitán Edge y al doctor Lord ―aseguró en tono neutro.
Gayle se sintió tentada de acercarse hasta la joven y rozar su brazo para poder leer sus pensamientos en aquel instante, pero se contuvo, sus poderes no eran precisamente sutiles cuando los ponía en práctica, Lena lo habría notado y no habría sabido contestar al por qué lo había hecho. A fin de cuentas, por mucho que fuese teniente de las SS, no tenía derecho a tomarse tales confianzas con la hija de los Luthor, aquella familia estaba en lo más alto de la sociedad berlinesa. Pero no quería quedarse con las manos vacías, así que recurrió a las palabras.

―Qué curioso, el tipo al que se han llevado mis hombres parecía reconocerla de la otra noche… ―Lena se tensó un instante, pero normalizó su gesto de inmediato. Tarde, Gayle lo notó, estaba demasiado acostumbrada a estudiar las reacciones de las personas― Pero eso es absurdo, porque a ese tipo lo cazaron en el “Wired”, uno de esos antros repletos de degenerados y rebeldes. ¿Qué haría una Luthor en un agujero como ése?
Su voz sonó extrañamente divertida y la inquietud de Lena aumentó exponencialmente.
Pero no tuvo demasiado tiempo de preocuparse sobre aquella posibilidad, pues de otra habitación salieron varios soldados arrastrando a un par de hombres más. Tras ellos, Edge y Lord conversaban animadamente, y Overgirl y Mon-El los seguían en silencio.
―De acuerdo, Max, estos son tuyos, trátalos con cariño ―se burló Edge, haciendo referencia al funesto destino que les esperaba en las instalaciones de Lord Technologies.
―Gracias, capitán ―replicó Lord sonriendo.

Cuando repararon en ella, Lena se sintió como una niña pequeña perdida en medio del bosque y rodeada de lobos hambrientos. Tenía delante al mandamás del ejército nazi, al científico carnicero y a los tres soldados más poderosos del imperio, parecía la peor de sus pesadillas. Si Psi comunicaba sus sospechas, comenzaría el infierno, pero Psi dejó el tema, sólo le sonrió y se retiró unos pasos, dejándole el camino libre a Edge. Quizá la suerte no la había abandonado del todo.
―Señorita Luthor, qué sorpresa, ¿qué hace aquí? ―preguntó Edge con su sonrisa exagerada, tratando de resultarle amable.
―Espero que no haya venido a verme otra vez ―dijo repentinamente Overgirl―, no tengo tiempo para esas tonterías.
―No se preocupe, comandante Danvers ―Lena hizo especial énfasis en las últimas palabras―, no vine a verla a usted.

Lena invitó a Edge y al matrimonio Lord-Sinclair a una cena en la mansión Luthor, materializando así la coartada que había preparado para justificar su presencia allí. Edge se mostró encantado con la invitación y quiso que alguien la acompañase hasta su casa, para demostrarle que era un caballero y le importaba su bienestar.
―Puedo acompañarla yo ―se ofreció Psi. No era lo que más le apetecía a Lena, tras lo acontecido un rato antes.
―Lo siento, teniente, usted tiene que regresar a palacio cuanto antes, el emperador va a salir y la necesita con él ―informó Edge.
«Maldita sea, me quedaré con las ganas de sonsacarla», se dijo a sí misma Gayle mientras sonreía falsamente a su capitán.
―Comandante Danvers, acompañará a la señorita Luthor ―ordenó Edge.
―Entendido ―contestó Overgirl. No tenía ningunas ganas de hacer de niñera, pero debía obediencia a su superior.
Lena no esperaba volver a estar a solas con Kara tan pronto, quería aprovechar la ocasión, pero no sabía qué decir o qué hacer, no había tenido tiempo de pensar en ello. Ambas caminaban en silencio por la calle, buscando el coche de los Luthor en el que James esperaba a su señorita.

No llevaban ni cinco minutos andando cuando un hombre de aspecto un poco desaliñado increpó a Lena.
―¡La mismísima Lena Luthor! ―exclamó―, ¿estás enterada de lo que hace tu familia con los trabajadores de “Luthor Corp”?
―¿Perdón? ―Lena detuvo sus pasos y prestó atención al hombre.
―¡Me han despedido por faltar una sola vez al trabajo, porque mi madre había muerto!
―¿Qué? ―Lena no sabía nada de ese hombre, ni de lo que le estaba reprochando.
―¡Eres igual que tu hermano y tu padre, te importa un bledo la gente que trabaja para vosotros! ―gritó haciendo aspavientos con los brazos.
Cada vez se acercaba más a ella. Lena empezó a sentirse incómoda por las acusaciones del hombre y sus formas. Intentó disculparse y seguir caminando pero el tipo la cogió del brazo para obligarla a seguir escuchando sus palabras.

Sin embargo, no habló más. Overgirl lo tenía sujeto por la muñeca, completamente inmovilizado, presionando lo suficiente como para causarle mucho dolor y paralizar sus movimientos, pero sin llegar a romperle los huesos.
―Si vuelves a tocarla, te arrancaré el brazo ―aseguró sin titubeos―. Ahora discúlpate con la señorita ―ordenó Overgirl.
―Lo… lo siento… ―balbuceó él.
―¿Qué más? ―insistió Overgirl con satisfacción mientras Lena contemplaba atónita.
―Lo siento… señorita… Luthor…
―Así me gusta, que sepas dirigirte correctamente a la gente que está por encima de ti ―añadió al tiempo que lo liberaba de su agarre.
El hombre se alejó de allí apresuradamente y muerto de miedo, tropezó un par de veces antes de perderse al girar una esquina. Overgirl reía.

―No hacía falta que hicieras algo así, ese hombre sólo quería hablar conmigo de su complicada situación, era lógico que estuviese exaltado, ha perdido su trabajo ―exclamó Lena con una mezcla de miedo y decepción.
―Se tomó demasiadas confianzas… hay que mostrarle a esta chusma dónde está su lugar ―declaró Overgirl sin atisbo de compasión en su voz.
Lena se quedó helada. Sam tenía razón, aquella ya no era su Kara.
―Eso es justo lo que habría dicho Lex ―dijo Lena con inmensa tristeza.
―Recuerdo que en la cena de palacio su hermano dijo que a usted no le interesaba nada la jerarquía existente, que tenía ideas… un tanto revolucionarias.
―Lex es un exagerado, estoy muy agradecida de haber nacido Luthor, y me gusta la posición que ocupa mi familia en Alemania ―Lena trató de disimular, pero Overgirl continuó.
―No lo dudo, pero es curioso que de pronto se interese tanto por el mundo militar. Quiso hablar conmigo el día de la inauguración, hoy viene a invitar al capitán y al doctor Lord…

La mente de Lena funcionaba a cien por hora, buscando una respuesta válida que la sacara de aquel aprieto. Primero Psi y ahora Overgirl. Kara no sólo había dejado de ser la muchacha encantadora y dulce de antaño, sino que se había convertido en un astuto perro de presa que estaba empezando a olfatear un rastro de sangre. Y dio con la solución, una loca y arriesgada solución de la que más pronto que tarde se arrepentiría, pero no tenía otra salida.
―Hay un motivo por el que últimamente muestro más interés, y supongo que es absurdo pretender ocultarlo ―Overgirl estrechó los ojos, prestándole toda su atención―. Me siento profundamente atraída por…
―¿Por? ―la instó a continuar, clavándole sus ojos del color del cielo.
Sin querer, Lena se sumergió en su mirada azul, perdiendo la noción de la realidad, del tiempo… igual que cuando se miraron después de su primer beso.
«Por ti», pensó Lena inconscientemente, hasta que logró reaccionar y fue capaz de decir lo que le convenía decir.
―Por el capitán Edge.
―¿En serio? ―replicó Overgirl sorprendida. Y Lena no lo pudo evitar.
―¿Por quién si no?, ¿por ti?
Sus rostros estaban muy cerca, Overgirl miraba los ojos verdes de Lena, eran realmente hermosos, y una sensación de extraña familiaridad se apoderó de ella, como si no fuera la primera vez que tenía aquellos ojos tan cerca, pero eso no tenía ningún sentido. Parpadeó y regresó a la realidad.
―¡Claro que no, eso sería una aberración! ―exclamó, alejándose de ella un par de pasos.

Ninguna habló durante el viaje en coche hasta la mansión Luthor. Lena no podía parar de culparse por haber perdido el norte ante su cercanía.
«La tenía tan cerca que no he visto más allá de su mirada, como si hubiese viajado al pasado, pero esos tiempos no volverán, tengo que centrarme en el presente, joder, y bromear con Overgirl no ha sido buena idea, es homófoba como el resto de nazis», se reprendió Lena.
Por su parte, Overgirl no dejaba de darle vueltas a la rara sensación que había experimentado.
«¿Qué me ha pasado?, ¿qué ha sido eso que he sentido?», se peguntaba con desasosiego.
XXXXXX



Cuando Overgirl llegó a sus habitaciones, encontró allí a Mon-El con el torso al descubierto. Lo había mandado llamar estando de camino de vuelta, no quería perder tiempo, segura de que un polvo le quitaría las tonterías. Se movía sobre él, con los ojos cerrados, no necesitaba mirarlo ni le aportaba nada hacerlo, y su mente le trajo unas palabras.
“Me siento profundamente atraída por… ¿por quién si no?, ¿por ti?”
Alterada, abrió los ojos rápidamente, buscando el rostro de Mon-El.
―¿Estás bien? ―preguntó él extrañado por su comportamiento.
―Cállate ―exigió Overgirl mientras cerraba de nuevo los ojos y volvía a moverse sobre él. 

Pero cerrar los ojos no la salvó de ver la perturbadora imagen que su mente generó en décimas de segundo. Se veía a sí misma montando a alguien, pero cuando buscó su rostro, no era el de Mon-El, sino el de Lena Luthor, con aquellos hermosos ojos verdes y unos apetecibles labios rojos. Overgirl se detuvo, abrió los ojos y se apartó de Mon-El.
―¿Qué te pasa? ―insistió él―, nunca paras antes de tu orgasmo.
―Vístete y lárgate ―replicó Overgirl sin mirarlo.
―¿Estás segura de que quieres que me vaya?, si necesitas un descanso puedo esperar ―se ofreció.
―¿Qué parte de “vístete y lárgate” no has entendido, estúpido?, ya no me apetece el polvo, quiero estar sola.
―De acuerdo, pero no vuelvas a llamarme si no lo tienes claro ―la desafió.
―Y tú no vuelvas a hablarme así nunca ―lo amenazó con una mirada cargada de rabia que lo hizo arrepentirse de sus palabras.
―Lo siento, no quería… ―Mon-El trató de disculparse, lo último que deseaba era tener problemas con la persona más poderosa del mundo.
―Fuera de mi vista ―concluyó Overgirl. Mon-El se apresuró en recoger sus cosas y salir de la habitación.

«¿Qué demonios ha sido eso?, ¿a qué vino ese pensamiento tan retorcido y abominable?», se increpaba en su interior.
Intentaba calmarse, pero no lo conseguía. Echar un polvo con Mon-El, lejos de una solución, parecía haber echado más leña al fuego. No entendía nada. Nunca había tenido ese tipo de pensamientos, sabía que dos personas del mismo sexo no podían ser amantes, era algo repugnante y sin sentido. ¿Por qué le estaba pasando aquello?, ¿por qué la mirada de Lena Luthor la había alterado de esa manera?

Rogó que no volviera a pasarle nunca más. Si sucedía, no sabría qué hacer, ni a quién acudir. Siempre había despreciado a los homosexuales, porque era lo correcto, lo que le habían enseñado. No podía sentir deseo hacia una mujer, simplemente, eso no podía ser. Después de refrescarse la cara, se sentó en el borde de su cama y abrió el primer cajón de la mesita. Cogió algo y se tumbó de lado sosteniéndolo con una mano. Era una pluma de acabado sencillo pero elegante. Siempre que se sentía decaída o nerviosa, la sostenía entre sus dedos y recuperaba la calma. Deseaba que aquella noche sucediera lo mismo. Así que respiró hondo varias veces mientras observaba con detenimiento su superficie negra y brillante y las dos letras grabadas en color plateado, dos pequeñas eles. Quizá su regreso a Berlín no le había sentado bien, hablaría con el capitán Edge para que la destinase lejos de allí.

CONTINUARÁ…

1 abr. 2018

"Nunca Te Olvidé" (Supercorp) Capítulo 4


CAPÍTULO 4: AMANTES
Había empezado a llover. Overgirl alzó el rostro hacia el cielo negro, se elevó unos metros sobre el suelo y se quitó la máscara, quería sentir el agua sobre su piel. Cerró los ojos con expresión calmada mientras llegaban a sus oídos gritos, golpes, disparos… que provenían del local, del enfrentamiento entre la gente que se había visto sorprendida y sus hombres. Nada parecía afectarla, permanecía imperturbable bajo la lluvia, disfrutando del momento. 

―¡Vamos, Lena, por aquí! ―exclamó Sam sin soltarle el brazo.
Afortunadamente, sabía dónde estaba la salida de emergencia y a dónde conducía, unas calles más atrás. Alex, Maggie y algunas personas más las seguían.
―Joder, alguien nos ha delatado ―maldijo Alex, pendiente en todo momento de Maggie.

Imra seguía paralizada sin saber qué hacer, era demasiado peligroso utilizar sus poderes. Gayle acabó con sus dudas, haciendo uso de los suyos propios, amparada por aquel caos, de manera que nadie llegó a percatarse de cómo su poder mental le permitió jugar con los miedos de un par de soldados para que no las atrapasen.
―¡Ven conmigo! ―le dijo a Imra tendiéndole la mano. La morena sonrió agradecida por la valiente actuación de la rubia desconocida.

Una vez en la calle, a salvo del campo de visión de los soldados nazis, el pequeño grupo tomaba aire tras su carrera por conservar la libertad.
―¿Estás bien, Lena? ―preguntó Sam con preocupación.
―Sí, estoy bien, ¿y los demás? ―se volvió para mirar, pero no había más de quince personas allí.
―Me temo que han atrapado a la mayoría ―se lamentó Maggie.
―¿Qué pasará con ellos? ―dijo Lena.
―Serán juzgados por el tribunal de Berlín.
―Y condenados, siempre son condenados ―añadió Sam con rabia.
―La mayoría serán deportados al campo de concentración y supongo que algunos acabarán formando parte de los juegos de Roulette.
―Esa maldita sádica… ―escupió Lena con indignación.

A unos pocos metros de ellas, una pareja les daba la espalda, sumida en su propia situación.
―Imra.
―¿Qué? ―inquirió Gayle sin comprender.
―Mi nombre es Imra ―afirmó la chica―, te debo la vida, te has ganado el derecho a saberlo ―añadió con una sonrisa que contagió a Gayle.
―Yo me llamo Gayle ―Le tomó la mano y se la llevó a los labios, besándola con suavidad. No dejaba de mirarla con sus grandes ojos azules, e Imra no dejaba de sonreír―, es mejor que nos larguemos de aquí cuanto antes, no es seguro.
―Tienes razón ―admitió Imra, volviendo a la realidad.
―¿Dónde vives?, me gustaría acompañarte.
―Tengo una habitación alquilada en el centro, pero no hace falta que me acompañes, Gayle.
Era verdad, se sentía capaz de llegar sana y salva por sí misma, no era precisamente una damisela en apuros, aunque le gustaba la forma en que Gayle parecía preocuparse por ella. Sin embargo, escuchar su nombre de sus labios había terminado de animar a Gayle a acompañarla.
―Insisto, por favor, déjame acompañarte… no me quedaré tranquila hasta que estés a salvo en tu habitación… Imra ―pronunció su nombre con un tono profundo que de pronto la afectó, ¿o se sentía distinta al mirarla por cómo la lluvia estaba mojando sus cabellos rubios? 
―De acuerdo.

Lena y las demás también se alejaban del lugar, pero de pronto, la joven Luthor detuvo sus pasos tras una esquina. Algo en su interior le gritaba que Kara estaba muy cerca. Se asomó y la vio. Era una hermosa imagen, Overgirl levitaba en el aire, recibiendo la lluvia en el rostro, en una aparente calma total. Pero lo que acontecía a sus pies era demasiado horrible. Los soldados nazis sacaban a los detenidos a la calle, dejándolos maniatados y de rodillas ante ella.
―¿Qué estás haciendo, Lena?, tenemos que irnos ―susurró Sam a su espalda.
Lena se sobresaltó, emitiendo un gemido imperceptible para un humano a esa distancia, pero demasiado evidente para alguien como Overgirl. La comandante abrió los ojos repentinamente, había escuchado su gemido perfectamente, pero cuando miró en su dirección, incluso con rayos x, Lena ya no estaba allí. Sam había sido más rápida  y la había apartado a tiempo de evitar ser descubiertas.  Overgirl no se molestó en buscar el origen del sonido que había llegado a sus oídos, dio por cumplida su misión de la noche con la detención de más de treinta personas a las que esperaban horas de interrogatorios y un futuro nada alentador.
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―Pues aquí es donde vivo ―anunció Imra en la puerta de su habitación.
―Entonces, misión cumplida ―replicó Gayle sonriendo.
―¿No quieres pasar? ―preguntó Imra sin titubeos―, y tomarnos la última copa que esos indeseables nos estropearon.
―Me encantaría ―admitió Gayle con expresión decidida.
Hacía tiempo que no sentía aquella atracción por nadie, y desde que había llegado al siglo XXI se había sentido tan sola… ¿por qué no?
―La verdad es que sólo tengo agua para beber ―confesó Imra sin remordimiento.
―La verdad es que no he entrado por esa última copa ―contestó Gayle contemplándola con tanto deseo que ninguna necesitó decir nada más.
Se besaron con las ganas que había acumulado durante toda la noche en el “Wired”, y que habían aumentado después en su paseo nocturno hasta la habitación. Se arrancaron la ropa mojada sin miramientos y se echaron sobre la cama en medio de una batalla de labios, lenguas, manos y piernas…  ¿Qué daño podía hacerles un poco de sexo?
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―No es la primera redada que sufro, pero nunca termino de acostumbrarme ―dijo Alex con pesar.
―¿Cómo se acostumbra una a estas cosas tan espantosas? ―replicó Maggie con el mismo pesar.
―Leslie me ha mandado un mensaje al móvil ―informó Alex―, me alegra que esté bien.
―A mí también, es una mujer muy valiente, le debemos mucho ―indicó Maggie con sinceridad.
―¿Sabes?... ―Alex caminaba por la estancia dándole la espalda―, esta noche tuve miedo, no quiero que te pase nada malo, Maggie.
De pronto, Alex sintió cómo los dedos de Maggie se enlazaban con los suyos, y se volvió buscando su rostro. Le sonreía con aquellos hoyuelos irresistibles.
―Cuando te conocí… supe que serías alguien importante para mí ―confesó Maggie―, y no sólo porque me salvaste la vida hace unos meses.

FLASHBACK
La joven policía de tráfico Maggie Sawyer corría con desesperación por las calles de Berlín, huyendo de unos soldados nazis que cada vez la seguían más de cerca. Aquella mañana se había levantado como todos los días, se había duchado, había desayunado y había acudido a su puesto de trabajo. Pero tres soldados de las SS la estaban esperando con una orden de detención. Al parecer, una de sus mejores amigas y además compañera de trabajo, la había traicionado acusándola de lesbiana, destruyendo por completo su vida en sólo unos instantes.

¿Cómo pudo hacerle algo así la persona en la que más confiaba?, por eso le había contado su secreto, porque quería que su gran amiga la conociera de verdad, porque estaba segura de que la aceptaría y no la perjudicaría jamás. Maggie había aprendido, de la peor de las maneras, que en aquel mundo, no podías confiar en nadie.

Empezaba a sentir el cansancio en las piernas, y la herida de bala del brazo no ayudaba nada en su huida. Escuchaba a los soldados pisándole los talones. Era sólo cuestión de minutos que la atrapasen y entonces, su vida se habría terminado. ¿Por qué tuvo que contarlo?, ¿por qué no pudo seguir viviendo su lesbianismo en absoluto secreto? Se rio de su mala suerte, las piernas le fallaron, y se dio de bruces contra el suelo.
«Se acabó», se dijo a sí misma.
―Al fin paras de correr, joder ―exclamó uno de los soldados.
―Esta perra nos ha hecho sudar la gota gorda ―dijo otro de los soldados.
―Preferiría sudar con ella de otra manera ―amenazó el tercero.
Maggie cerró los ojos, ¿es que también le robarían su dignidad antes de quitarle la vida?, ¿es que en el mundo sólo había gente vil?

―¿Pensáis llevárosla así? ―sonó una voz de mujer.
Los soldados se volvieron hacia ella, Maggie abrió sus ojos oscuros y también la miró. Era una chica joven, de pelo caoba corto, y vestía bata de médico. No era tan extraño, estaban en las inmediaciones de un hospital.
―Desde luego, ha sido acusada de lesbianismo, ha de ser juzgada ―informó uno de los soldados.
―Dudo que llegue viva al interrogatorio en ese estado ―dijo la sanitaria desconocida. Los soldados se miraron entre ellos y volvieron a mirarla a ella.
―¿Quién es usted?
―Soy la doctora Danvers, trabajo aquí ―señaló el edificio que había detrás de ella.
―¿Y qué nos sugiere, doctora Danvers? ―preguntó el soldado que parecía estar a cargo de los otros dos.
―Esta mujer puede conocer información importante, pero si no se le trata esa fea herida, dudo mucho que puedan interrogarla en condiciones, ¿van a desperdiciar la oportunidad?

Los soldados accedieron a que la atendiera dentro del hospital, esperando en un pasillo. Maggie miraba a la doctora con total desconfianza. Había pospuesto su detención por unos minutos y estaba curando su herida, pero el resultado sería parecido, porque la entregaría a los nazis igualmente.
―¿Cómo te llamas?
―¿Y a usted qué le importa, doctora? ―replicó Maggie con desdén.
―Está bien, entiendo que estés así ―admitió la doctora―, pero al menos escúchame, no tenemos mucho tiempo.
Maggie fruncía el ceño mientras la desconocida empezó a explicarle cómo podía salir del hospital sin ser vista, y que debía adentrarse en el bosque en las afueras de Berlín y buscar a los rebeldes.
―Pregunta por Winn, dile que vas de parte de Alex Danvers.
―No entiendo nada, ¿me está ayudando a escapar de los nazis? ―exclamó Maggie totalmente desconcertada.
―Eso es justo lo que intento, si me dejas ―dijo Alex con una sonrisa.

Maggie no estaba segura de nada. La última vez que había confiado en alguien le había costado muy caro. ¿Y si era una trampa?, ¿pero qué otra cosa podía hacer?, fuera de aquella consulta le esperaban tres tipos detestables con ansias de hacerle daño. Miró los ojos marrones de Alex y sintió que le decía la verdad. Haría caso a su instinto.
―No sé por qué haces esto, pero gracias.
―Ya nos veremos, ahora márchate ―indicó Alex. Maggie se bajó de la camilla de un impulso, corrió hasta la puerta trasera de la consulta y le dedicó una última mirada a Alex, y una sonrisa que la doctora le devolvió.
Pudo haberse enfrentado a los tres soldados y vencerlos para liberarla, Alex estaba sobradamente entrenada para eso. Pero una acción violenta como ésa la habría delatado, malogrando su tapadera como médica alemana. Debía cuidar su doble vida, tal como hacía Lena Luthor. Pero no pudo quedarse impasible viendo cómo apresaban a una chica por ser lesbiana. Ahora sólo tenía que fingir delante de los soldados que la detenida había logrado escapar del hospital.

La jugada les salió bien. Maggie pudo reunirse con los rebeldes en el bosque, y Winn la recibió con los brazos abiertos por venir de parte de su buena amiga Alex Danvers, a la que volvió a ver dos días después cuando se presentó en el DEO. Fue entonces cuando se dieron sus nombres y comenzó una sincera amistad que se fue reforzando con el pasar de los meses.
FIN DEL FLASHBACK

―Me has devuelto la confianza en las personas, Alex ―musitó Maggie.
―¿De nada? ―dijo Alex entre sonrisas tontas. Se estaba poniendo nerviosa, Maggie se había acercado mucho a ella.
―Quiero besarte, Alex Danvers…
Alex suspiró extasiada y terminó con la distancia entre sus labios, fundiéndose con Maggie en un intenso beso.
XXXXXX



―Gracias por protegerme esta noche, Sam ―dijo Lena cerrando la puerta de la habitación de Sam dentro del DEO―, por sacarme del local y por… apartarme de Overgirl ―añadió en un susurro.
―Ya sabes lo importante que eres «para mí» para todos ―afirmó Sam mientras se quitaba la chaqueta empapada―, siempre te voy a proteger.
―Lo sé ―replicó Lena abrazándose a su cálido cuerpo.
Sam se cambió la ropa mojada y se puso una camiseta de tirantes y unos pantalones de deporte. Lena se dio una ducha rápida y salió del baño con un albornoz sobre el cuerpo. Se acercó a Sam, que todavía tenía el pelo mojado, y empezó a secárselo con una toalla pequeña. Sam llevó su mano hasta la frente de Lena y le apartó un mechón de cabello negro. Se miraban en silencio, los ojos, los labios…
―Quédate esta noche, Lena.
La joven Luthor le sonrió y abrió su albornoz lentamente. Sam recorrió su cuerpo desnudo con la mirada, sintiendo el deseo correr por sus venas. Posó sus manos sobre la cintura de Lena, y empezó a recorrer su espalda, acercándola a su cuerpo. Después de unos besos en los labios, Sam dedicó sus atenciones al cuello níveo de Lena, alterando su respiración.
XXXXXX



Los interrogatorios comenzarían al día siguiente, así que el trabajo de Overgirl había terminado. Pero eran aún las dos de la mañana y no tenía sueño. Mandó llamar a Mon-El a sus habitaciones y éste no tardó en presentarse allí.
―¿Qué necesitas de mí?
―Lo mismo que la otra noche, quítate la ropa ―ordenó Overgirl con voz neutra.
Mon-El no se negó, porque la comandante Danvers era su superior, y porque había disfrutado su anterior encuentro. Overgirl se subió encima de él y lo montó. Cuando él trató de alcanzar sus pechos con las manos, Overgirl lo detuvo, colocándolas en su cintura de nuevo, dejándole muy claro que era ella la que mandaba. Después de su orgasmo, Overgirl se tumbó a su lado en la cama, sonriendo satisfecha por haber descargado la energía que no había podido utilizar contra los detenidos de la redada. Mon-El se inclinó sobre ella y trató de besarla en la boca. Ella lo sujetó del cuello y lo empujó fuera de la cama sin ningún esfuerzo.

―No seas estúpido, nunca seremos más que esto ―sentenció Overgirl.
―Hay quien opina que deberíamos estar juntos, que seríamos la pareja perfecta ―argumentó Mon-El.
―¿Tú también opinas eso? ―preguntó molesta.
―Pues sí.
―¿Es el efecto de la capital?, ¿os ablanda? ―preguntó Overgirl con tono burlón― Si quieres jugar a las parejitas felices, prueba con la teniente Marsh ―sugirió con sorna―, a mí no me interesa.
―Tarde o temprano querrán que nos reproduzcamos ―aseguró Mon-El.
―¿Y qué?, para eso no hace falta ni que follemos ―declaró Overgirl―, ¿es que acaso quieres pedirme matrimonio? ―exclamó entre risas.
―Por supuesto que no ―se defendió Mon-El.
―Mejor, y ahora vete, quiero dormir y eso me gusta hacerlo sola.
XXXXXX



Lena se despertó desnuda bajo las sábanas. A su lado, Sam dormía todavía, también desnuda. La miró con cariño y besó su hombro. Después salió de la cama con cuidado para no despertarla. Eran las cinco de la mañana y debía volver a su casa cuanto antes. James había recibido su mensaje y ya la estaba esperando con el coche. Se vistió haciendo el menor ruido posible y miró a Sam una vez más antes de dejar la habitación.

Seguía lloviendo, aunque con menor intensidad. Lena veía cómo el agua golpeaba la ventanilla y la imagen de Overgirl flotando en el cielo regresó a su mente. Entonces cerró los ojos con fuerza y apretó los dientes. Kara había dirigido la redada.
―¿Una noche difícil?
James sabía más de lo que dejaba ver con sus palabras, y sentía aprecio sincero hacia Lena, conocía la ayuda que siempre le había prestado a Eve, pero deseaba con todas sus fuerzas que ninguna de las dos se siguiera relacionando con la Resistencia, que no pusieran sus vidas en riesgo.
―Algo así ―Lena contestó escuetamente, sabía que a James le bastaba.
Entonces buscó en su bolso y abrió una pequeña carpeta que contenía varias hojas dobladas por la mitad. Rozó el texto manuscrito con las yemas de sus dedos y sonrió sin darse cuenta, era el regalo que Kara le había hecho por su catorce cumpleaños. Lo llevaba siempre con ella. No podía aceptar que estuviese todo perdido, que la verdadera Kara… su Kara, hubiera desaparecido para siempre.
«Voy a hacer todo lo posible para recuperarte y acabar con los desalmados que te han convertido en un monstruo, Kara, te lo prometo.»

CONTINUARÁ...

26 feb. 2018

"Nunca Te Olvidé" (Supercorp) Capítulo 3



CAPÍTULO 3: ENEMIGAS
Para amenizar el evento, habían colocado una pantalla enorme, parecida a las que había por toda Berlín, en la que empezaron a mostrar escenas grabadas de Overgirl y su ejército aplastando las rebeliones rusas. En cierto momento, Overgirl utilizaba su aliento congelante contra varios soldados rusos y después los hacía pedazos a golpes sin dejar de sonreír con satisfacción. A Lena se le revolvió el estómago, Eve también estaba sobrecogida con las imágenes. Sin embargo, la gente que había acudido a la inauguración vitoreaba el nombre de Overgirl con fascinación, sin duda eran todos afines al régimen. La joven Luthor tuvo que hacer un esfuerzo para recordarse a sí misma que Kara no se había convertido en un monstruo así sin más, que todo era culpa de los nazis que se la llevaron. Se levantó de la silla y caminó hasta Eve.
―Casi parece que Overgirl tenga fans ―dijo Lena con tristeza.
―Algunos la consideran como la sucesora de Overman, con su mismo poder, y dicen que por eso lleva su nombre ―explicó Eve, que estaba muy enterada de lo que se hablaba en las calles gracias a su trabajo de doncella.
―Pues a mí me consideran aristócrata, así que me valdré de eso para acercarme a ella cuando toda esta fantochada termine ―apuntó.

No quería seguir mirando la pantalla, decidió dirigir sus ojos verdes en otra dirección y optó por observar a los acompañantes de Morgan Edge. Debían ser todos sargentos, que era el rango que ocupaban los soldados humanos normales, pues el de teniente y el de comandante estaban reservados para los militares más poderosos, Mon-El y Overgirl. Sam habría sido la teniente Arias, pero pudo salvarla a tiempo de evitarlo. Y entonces, sus ojos repararon en alguien que le resultó familiar. Era una mujer de unos treinta años, de cabellos rubios y ojos claros, aunque no lograba reconocer el color a aquella distancia. Con un poco de esfuerzo, recordó que la había visto en la cena de gala de palacio, junto al emperador, o mejor dicho, detrás de él, como si de su sombra se tratase. Sintió curiosidad y pensó en preguntarle a Eve, pero sonó su teléfono móvil.
―Disculpa, vengo enseguida ―aseguró Lena a Eve mientras se retiraba unos metros de la gente― Alex… no puedo hablar ahora, estoy en medio de la inauguración.
―Perdona, Lena, sólo llamaba para asegurarme de que Over… Kara está ahí.
―Sí, Kara está aquí, y la maravillosa película de sus años en Rusia también ―añadió con ironía―, casi me alegra que no puedas verlo, es un espectáculo dantesco.
―Siento que tú sí tengas que verlo, Lena, debe ser muy duro ―afirmó Alex con empatía.
―Lo es, pero he venido para hablar con ella y no me marcharé sin hacerlo.
―Siempre has sido muy cabezota ―bromeó Alex. Ambas sonrieron.

―Por cierto, ¿sabes quién es una chica rubia que va con el emperador? ―preguntó Lena―, está aquí también, junto a Edge.
―Debe de ser Psi ―contestó Alex.
―¿Psi?, ¿quién es Psi?, no me suena de nada.
―También la llaman teniente Marsh, nosotros la consideramos una especie de guardaespaldas de Hitler, le habrás visto el brazalete de las SS, ¿no?
―Sí ―dijo Lena mirando en dirección a Psi.
―Siempre acompaña al emperador, creemos que trabaja en su protección.
―¿Has dicho teniente?, ¿eso significa que es tan poderosa como Mon-El u Overgirl? ―inquirió Lena asustada.
―No conozco a nadie que la haya visto utilizar sus poderes, pero lo cierto es que corren rumores de que es capaz de poner de rodillas a la mismísima Overgirl ―admitió Alex.
―Dios mío, si puede hacer algo así, es completamente invencible, no podemos hacer nada contra ella ―declaró una Lena derrotada.
―No te angusties, Lena, el régimen jamás ha promocionado a Psi públicamente, todo lo que sabemos de ella no son más que especulaciones, en realidad es un completo misterio.

La conversación con Alex la dejó intranquila. Ya tenían suficiente con Overgirl y Mon-El, no quería contar con otro súper enemigo. Por ahora sólo tenían a Sam de su parte, estaban claramente en desventaja. Y para acrecentar su malestar interno, Morgan Edge se acercó a ella en cuanto terminó la inauguración oficial, no perdía ocasión para tratar de seducirla.
―Qué sorpresa verla aquí, señorita Luthor ―saludó Edge―, ¿le ha gustado la inauguración? ―preguntó con una sonrisa exagerada. Si pretendía gustarle así, lo tenía muy negro.
―La verdad es que no iba a venir, pero la presencia de Overgirl me hizo cambiar de opinión, soy… una gran admiradora suya ―Edge la observaba estrechando los ojos―, me haría mucha ilusión conocerla y hablar con ella, ya que no tuve ocasión en la cena de palacio.
―Así que admiradora de Overgirl… ya me había comentado Lex su empeño en la importancia de las mujeres ―dijo en un tono despectivo. Edge era tan machista como su hermano, qué sorpresa―. No comparto ese empeño, el hombre es claramente superior, no se ofenda, señorita Luthor, simplemente es así.
―No, por favor, capitán, jamás me ofendería porque me llame inferior ―replicó Lena con una sonrisa. Edge se rio.
―Me encanta su sentido del humor, de verdad que me encanta.
«¿Sentido del humor?, maldito asesino retrógrado», pensó Lena.
―Es irónico que nuestro mejor soldado haya resultado ser una mujer ―admitió con un resquemor que a Lena le supo a gloria―, al menos es una mujer alemana de raza pura, la bendita raza aria… nuestro emperador sabe rodearse de las mejores mujeres ―bromeó sin ninguna gracia, aumentando las ganas de Lena de partirle la cara

Era evidente que se refería a Psi y Overgirl, ambas rubias y de ojos azules, porque ahora, más cerca de ella, pudo ver que los ojos de Psi también eran azules. Lena estaba harta del trasnochado discurso sobre la raza aria. Qué estupidez. Se llenaban la boca con los sujetos atléticos, de cabellos rubios y ojos azules, y sin embargo, muchos alemanes en el poder no cumplían ese estereotipo para nada. ¿Qué sentido tenía entonces?, no lo entendía, como tantas otras cosas de aquel miserable régimen. Pero hizo estos pensamientos a un lado, no quería invertir un ápice de su energía en ellos. Tenía algo mucho más importante entre manos. A poca distancia de ellos, las dos mujeres de raza aria mantenían su propia conversación.

―¿Se quedará mucho tiempo en Berlín? ―preguntó Psi.
―La situación rebelde está bajo control en todo el mundo ―informó Overgirl―, no hay motivo para que me aleje de la capital y del emperador.
―Tampoco lo hay para que esté aquí, comandante ―añadió con una sonrisa―, nuestro emperador está a salvo conmigo y con el teniente Matthews.
―¿Le molesta mi presencia, teniente Marsh? ―lanzó Overgirl―, debería sentirse honrada, como les sucede al capitán y a su alteza.
―¿Honrada?, no me impresiona nada de lo que se ha visto en esa pantalla ―aseguró Psi.
―¿Insinúa, teniente, que sería capaz de hacer lo mismo que yo? ―preguntó Overgirl, a sabiendas de que la respuesta era no.
―No, no lo sería… Puede que no tenga la fuerza de Overman, pero tengo mis recursos, comandante, por algo me eligió el propio emperador. ―Psi pretendía ser amenazante, pero sus últimas palabras hicieron reír a Overgirl.
―Siento bajarla de las nubes, teniente, pero su cabello rubio y sus ojos azules tienen mucho que ver con esa decisión ―se burló.

No la soportaba. A Gayle Marsh, la presencia de Overgirl siempre la había molestado. Era cierto que poseía el mayor poder de entre los militares de las SS y de todo el ejército nazi al completo, pero Overgirl incluso se jactaba de ello, moviéndose por el mundo como si perdonase la vida a los demás. Sólo el capitán Morgan Edge y el emperador se libraban de aquel trato, sus únicos superiores, al resto los hacía sentirse criaturas insignificantes. Sin duda, Lord y los suyos habían hecho un trabajo espectacular. Más de dos veces había sentido la tentación de utilizar sus poderes contra ella. Pero si le lanzaba sus ondas de energía o trataba de penetrar en su mente, la acusarían de traición, y nada la salvaría de la muerte, no merecía la pena.
―Acabo de recordar por qué no la eché de menos cuando partió hacia Rusia hace cuatro años, comandante ―replicó Gayle con una sonrisa.
―Es agradable volver a casa y ver a las mismas perdedoras de siempre ―sentenció Overgirl.
Gayle sonrió ligeramente, acostumbrada a ese tipo de palabras de su parte. En el fondo, sentía cierta lástima por la mujer que en algún momento del pasado debió ser Kara Danvers, pues ya no quedaba nada de ella.
―Señoritas, por favor, un poco de cordialidad, nadie diría que pertenecen a la misma división militar ―intervino Edge sonriendo. En realidad le gustaba verlas discutir, le encantaban las mujeres belicosas y con carácter, le suponían mayor reto, quizá por eso deseaba tanto a la hija de los Luthor―, comandante Danvers, hay alguien a quien le encantaría poder hablar con usted, se trata de Lena Luthor.

Edge se volvió y la señaló. Lena los observaba a unos metros, con Eve a su lado. Tanto Psi como Overgirl la miraron, pero sus expresiones eran muy distintas. Psi sonreía de lado, mientras que Overgirl mostraba cara de indiferencia total.
―Vamos, teniente Marsh, dejemos que la comandante atienda a su admiradora ―dijo Edge mientras apoyaba su mano en la cintura de Gayle, cualquier excusa le valía para acortar distancias con las mujeres.
―No me toque, capitán ―advirtió Psi―, no querría causarle daño sin querer con mis poderes. ―Edge retiró la mano rápidamente, conocía muy bien sus poderes y no le apetecía sentirlos en su propia carne.

Después de doce años de ausencia, de anhelo de volver a verla, ahí tenía a Kara otra vez, pero su uniforme, el símbolo en su pecho, su mirada fría… creaban una barrera entre las dos. Sin embargo, Lena no quería perder la esperanza.
―El capitán Edge me ha dicho que es usted una admiradora mía ―dijo Overgirl en un tono neutro.
«No sabes cuánto lo fui, hace muchos años», se dijo Lena.
―Algo así ―No quiso andarse por las ramas―, ¿sabes quién soy? ―Lena la miró directamente a los ojos, a escasos centímetros de su rostro, rogando en silencio que la recordara―. ¿Me reconoces?
―Sí… sé quién… ―empezó Overgirl.
―¿De verdad? ―se ilusionó Lena.
―Usted es la señorita Luthor, la hija del embajador estadounidense, ¿no es así? ―recitó sin ninguna emoción en la voz.
Primera puñalada directa al corazón. No la recordaba.

―Sí… soy una Luthor ―contestó profundamente decepcionada.
―Justo por eso he accedido a recibirla en privado ―informó Overgirl―, si no fuera por su apellido, no le dedicaría tiempo para fruslerías, sinceramente, como comandante del ejército, tengo cosas más importantes que hacer que atender a admiradoras, sólo puedo concederle unos minutos más.
―Vaya, qué afortunada soy ―pronunció Lena casi sin fuerza.
―¿Quién es ella? ―preguntó Overgirl de pronto, refiriéndose a Eve, que trataba de no levantar la mirada del suelo.
―¿Ella?, es… es Eve, mi doncella ―contestó Lena sin entender por qué lo preguntaba.
―Al menos sabe comportarse, eso está bien ―afirmó sin inmutarse.
―¿Porque se mantiene a distancia y ni siquiera te mira directamente? ―cuestionó Lena con indignación.
―Exacto, conoce su lugar ―declaró Overgirl tranquilamente.
Segunda puñalada. Kara era ahora tan clasista como los Luthor.
Aquella chica tenía el rostro de Kara, su cuerpo, su voz… pero no era Kara. Era como estar viviendo una pesadilla.
«Éramos amigas ―pensaba Lena―, ¿sabes mi nombre pero no recuerdas todo lo que vivimos juntas?»

DOCE AÑOS ATRÁS
Aquel día, Lena cumplía catorce años y por supuesto, lo celebraba con Kara y Sam en casa de los Danvers. La tarta todavía no estaba terminada y Sam se ofreció para ayudar a Alex con ella, así que Lena y Kara tenían un rato para estar a solas en el jardín.
—¿Y mi regalo? ―preguntó Lena con impaciencia.
—No es nada material, ya sabes que no tengo mucho dinero, feliz cumpleaños, Lena —afirmó Kara ofreciéndole unas hojas manuscritas. Lena las miró desconcertada y un poco decepcionada―, no se lo enseñes a nadie, por favor, especialmente a Sam, no quiero que se moleste.

Lena no entendió sus últimas palabras hasta que empezó a leer el texto que le había escrito su amiga. Pronto desapareció cualquier atisbo de decepción. Contaba la historia de dos amigas que, cansadas del mundo gris en el que vivían, escapaban para vivir juntas en unas hermosas montañas, lejos de todo aquello que no entendían y que les hacía sufrir.

Era evidente que las dos amigas eran ellas, así que Sam no aparecía en su historia, y por eso Kara le pedía que no se la enseñase. Desde luego que no se la enseñaría a Sam, ni a nadie, la guardaría como su más valiosa posesión. Se sentía tan feliz de que Kara hubiese escrito aquella hermosa historia sobre ellas dos. ¿Acaso ella también sentía algo especial?, ¿acaso le pasaba lo mismo cuando la tenía cerca?... ¿eran sus locos sentimientos correspondidos? Sam podía volver en cualquier momento, pero no pudo contenerse.
―Es una… historia preciosa… ―dijo Lena emocionada―, gracias… ―se inclinó sobre su amiga― Kara…
Y rozó sus labios en un tímido beso. Cerraba con fuerza sus ojos verdes, temiendo la reacción de su amiga. Kara se vio sorprendida por el arrebato de Lena, pero no la empujó para apartarla ni le recriminó nada cuando se separó de ella, sólo pronunció su nombre en un susurro.
―Lena…

Estaban todavía tan cerca que la joven Luthor pudo sentir el cálido aliento de Kara contra sus labios. Quería hablar, sin embargo, fue incapaz de hacer algo más que sonreír como una boba y sentir arder sus mejillas. Pero por encima de todo, quería volver a besarla. Y sus locos deseos volvieron a adueñarse de su cuerpo, empezó a acortar la distancia entre ellas, y algo increíble sucedió, Kara comenzó a acercarse también. Ambas se miraban, ambas se buscaban, ambas parecían compartir el mismo deseo prohibido. El corazón de Lena latía tan rápido que creyó que iba a colapsar en cualquier momento, y rogó que sucediera después de volver a sentir los labios de Kara.
―¿Qué hacéis? ―preguntó Sam sobresaltándolas.
―Nada, esperarte ―mintió Kara―, ¿podemos devorar la tarta ya?
Lena se obligó a sonreír y agradeció la rapidez de reacción de Kara. Sam no pareció darse cuenta de nada.

ACTUALIDAD
Lena nunca pudo hablar de aquel beso breve e inocente con Kara, pues se la llevaron a los dos días. Tampoco se lo contó a Sam o a Alex, lo escondió entre sus recuerdos más preciados. Su primer beso, su primer amor… y ahora su enemiga.
Porque, por más que le doliera en el alma, ahora, Kara era su enemiga. Ya no era su Kara, sino la comandante Danvers, era Overgirl, el mayor orgullo del ejército nazi… una zorra prepotente y cruel, todo lo contrario a lo que fue su mejor amiga y algo más.
―Señorita Luthor, ¿se encuentra bien? ―preguntó Overgirl al verla ensimismada en sus propios pensamientos.
―Sí, Kara, perdona ―dijo Lena sin pensar.
―¿Kara?, disculpe, pero desde hace mucho, mi nombre es Overgirl, aunque también puede llamarme comandante Danvers. ―Sus palabras la hicieron volver al presente de golpe.
―Lo tendré en cuenta a partir de ahora ―aseguró Lena.
―Bien, debo marcharme, su tiempo se ha agotado, si me disculpa, señorita Luthor, tengo asuntos que atender con mis hombres.
Overgirl inclinó ligeramente la cabeza para mostrarle su respeto, el mismo respeto que le tenía a cualquier integrante de la aristocracia, Lena no era especial para ella, y le dio la espalda para alejarse de allí y reunirse con un par de soldados que la esperaban.

―Así que usted es la famosa Lena Luthor ―La voz de Psi sobresaltó a Lena, que todavía miraba afligida cómo se alejaba Kara de ella.
―¿Famosa? ―replicó medio molesta y sorprendida.
―Sí, digamos que el capitán Edge habla bastante de usted.
―Claro, el capitán Edge… ―repitió sin pensar en lo que decía.
―Si Overgirl no la ha atendido satisfactoriamente, quizá yo pueda hacerlo ―escuchó decir a la rubia en un tono que le resultó extraño, o más que extraño, ¿seductor?, debía estar alucinando―, nuestra Overgirl es un poco fría, el campo de batalla la ha endurecido bastante.
―Gracias, pero no necesito nada, además, tengo que irme ya. ―Su voz sonó tajante.
―Una pena ―aseguró Psi―, no todos los días se puede charlar con una Luthor.
―Adiós.
XXXXXX



Lena no se había equivocado, Gayle Marsh sentía debilidad por las morenas de ojos claros. Pero eso pertenecía a su vida oculta. No era cuestión de que sus compañeros nazis supiesen que desaparecía de palacio de cuando en cuando para acostarse con mujeres, si es que quería conservar su vida. Una vida aburrida y monótona como teniente de las SS y guardaespaldas del emperador. Una vida vacía si no fuera por esas cortas escapadas al “Wired”, su local secreto favorito, regentado por la espabilada Leslie Willis.

Leslie era locutora de radio, pero criticó al régimen nazi, a pesar de las advertencias de Cat Grant, su mentora, y fue acusada de traición. Escapó gracias a la ayuda de algunos rebeldes y ya que se había convertido en fugitiva, decidió colaborar con la Resistencia. Así que se hizo cargo de uno de los locales secretos que existían por Alemania y por todo el mundo, y lo llamó “Wired”, trabajando en él además como camarera.

Los locales secretos eran una especie de refugio para la gente diferente, y la gente que, sin serlo, simpatizaba con aquellas personas. En ellos se podía comer, tomar algo, bailar y conocer a gente semejante en un entorno seguro. Pero no todo lo seguro que se podía desear. Siempre había soplos y se producían redadas, así que, con el tiempo, los locales se volvieron itinerantes, reduciendo el número de redadas que sufrían. Era un tema de vida o muerte, literalmente, puesto que la gente que era detenida, acababa en los campos de concentración o en los juegos de Roulette.

Sam tocó dos veces a la puerta, esperó unos segundos y volvió a tocar dos veces más. Una pequeña ventanilla se abrió a la altura de sus ojos.
―Contraseña ―dijo una voz femenina.
―Mon-El es impotente… ―contestó Sam.
―No, Sam, ésa era la de la semana pasada ―señaló Alex riendo con Maggie.
―Perdona, no tengo memoria para estas tonterías ―afirmó Sam torciendo los labios.
―Overgirl es una zorra ―exclamó Lena de pronto. Todas la miraron con sorpresa.
―Correcto ―dijo la voz y la puerta se abrió―, bienvenidas ―saludó Leslie con una gran sonrisa.
―Gracias Leslie ―respondió Maggie.
―¿Seguro que estás bien, Lena? ―Alex estaba preocupada por lo que había sucedido en la inauguración.
―Lo estaré en cuanto baile un poco y me olvide de algunas cosas ―dijo Lena con una débil sonrisa.
―Yo me ocupo de ella ―aseguró Sam, que siguió los pasos de Lena de cerca, adentrándose en el local.
―¿Todo bien, chicas? ―Leslie había notado el pesar de Lena.
―Más o menos, ¿y por aquí? ―se interesó Alex.
Alex Danvers adoraba el “Wired”, no era lo mismo bailar encerrada en su cuarto del DEO que hacerlo en aquella hermosa pista, rodeada de gente normal que compartía copas y risas, olvidando por unas horas el infierno en el que vivían.
―Sí, todo tranquilo ―afirmó Leslie―, divertíos mucho, y si necesitáis cualquier cosa, ya sabéis dónde encontrarme.

Después de recibir a las chicas del DEO, Leslie devolvió su atención a una chica morena que visitaba su local por segunda vez. La primera vez que la vio le llamó la atención su extraño comportamiento, parecía que estaba fuera de lugar, y temió que se tratase de una infiltrada nazi, pero luego descartó la opción por cómo la vio desenvolverse, ni una infiltrada se mostraría tan extrañada con todo lo que la rodeaba allí. Así que Leslie consideró que debía ser una chica recién llegada, y no se equivocaba, pero Imra Ardeen no era recién llegada a Berlín, ni siquiera al país, sino a aquel siglo.

Lena se puso a bailar y Sam la acompañó. No se tocaban, pero estaban muy cerca la una de la otra y no dejaban de mirarse, a veces, incluso intercambiaban algunas palabras.
―¿Sam y Lena… son pareja? ―preguntó Maggie con curiosidad
―¿Eh? ―Alex la miró, prestándole atención.
―No es por cotillear ―aseguró Maggie―, las conozco desde hace poco, pero veo que pasan bastante tiempo juntas, se las ve muy unidas.
―Lo están ―dijo Alex mirándolas―, han pasado muchas cosas juntas.
―Entonces, sí son pareja.
―Son algo, pero no sabría decir el qué ―matizó Alex con una sonrisa―, Lena ayudó mucho a Sam cuando más lo necesitaba y aquello las unió de una manera especial.
―Las circunstancias unen a las personas, es verdad ―declaró Maggie fijando sus ojos oscuros en Alex, que no supo qué decir―, ¿quieres tomar algo?
―Sí, me gustaría un refresco de cola.
―¿Refresco?, ¿no prefieres algo un poquito más fuerte, Danvers? ―bromeó Maggie sonriendo.
«Qué bonita se pone cuando sonríe, con esos hoyuelos adorables», pensó Alex.
―Prefiero tener la mente despejada cuando venimos aquí ―apuntó Alex alzando las cejas―. Me gusta estar siempre preparada, Sawyer.
―¿Siempre preparada, Danvers? ―repitió Maggie riendo―, eso suena bien.
Y se alejó de ella para pedir bebidas en la barra.
―¿Qué me pasa contigo, Maggie? ―pensó en voz alta, a salvo de oídos indiscretos gracias a la música que inundaba el ambiente.

Gayle no se cansaba de agradecer su suerte, porque, a pesar de sus poderes sobrehumanos, llevaba una vida anónima, y podía moverse entre la gente de a pie sin ser reconocida cuando no vestía el uniforme de las SS.  Eso era algo que ni Mon-El ni Overgirl se podían permitir, aunque conociendo lo clasistas que eran, posiblemente celebraban no mezclarse con la chusma, como ellos llamaban a los civiles.
―¿Me echabas de menos, querida? ―dijo Gayle.
―Ya pensaba que te habías olvidado de mí y de mi humilde local y que frecuentabas otros ―replicó Leslie con diversión.
―¿Estás loca? ―exclamó Gayle―, soy adicta a esos inmundos cócteles que preparas.
Leslie rio y le sirvió una copa.
―¿Ves a alguien de tu gusto? ―curioseó la camarera.
―Pues… ahora que lo preguntas… creo que sí.
Le había gustado de espaldas, sus pantalones de piel ajustados, su camiseta de tirantes, sus cabellos morenos… pero fue al volverse en su dirección cuando Gayle terminó de decidirse a intentarlo. La chica era guapísima, morena y de ojos claros, totalmente su tipo. Leslie pensó que aquello podía ser entretenido, Gayle pretendía ligar con la chica recién llegada.

A pesar de su delicada situación, a Imra le resultaba fascinante mezclarse entre la gente de diez siglos antes, conocer de primera mano su cultura, su música… había descubierto que le encantaba la música del siglo XXI. No había ido al “Wired” a divertirse, sino a buscar gente de la Resistencia, pero eso no significaba que no pudiera apreciar lo agradable del momento. Cerró los ojos en medio de la pista, dejándose envolver por la música y haciendo un ligero movimiento de vaivén con el cuerpo, pero una voz femenina de tono sugerente la asustó.
―Te gusta esta canción, ¿verdad? ―dijo la desconocida―, ¿quieres bailar conmigo?
―¿Eh?, no, yo no… no sé bailar.
Imra había dicho la verdad, la música de su mundo no se parecía en nada, y nunca había bailado una canción así, pero la rubia desconocida no estaba dispuesta a rendirse. Empezó a moverse con soltura y gracia al ritmo del sonido que inundaba sus oídos. La melodía y su cuerpo en movimiento parecían uno, era tan… cautivador. Imra no podía dejar de mirarla con la boca entreabierta. Gayle interpretó su gesto a su favor. Sin embargo, Imra se apartó discretamente cuando Gayle trató de acortar distancias. No insistió y se mantuvo en su posición. Imra había leído la prensa y había investigado en la televisión y en Internet, sabía que en aquellos locales se producían redadas, y que a veces, éstas se originaban con algún infiltrado nazi entre los asistentes, no podía fiarse de nadie, ni siquiera de aquella chica rubia de ojos increíblemente azules. Y aunque no fuera una nazi encubierta, no había ido allí para ligar con desconocidas, sino para buscar posibles aliados.

En la otra punta del local, ajena a la presencia de la teniente Marsh, Lena seguía bailando con Sam.
―Sabíamos que existía esta posibilidad, Lena ―decía Sam―, incluso Alex lo ha encajado bien.
―Porque Alex no la ha visto con sus propios ojos, Sam ―replicó Lena con vehemencia―, no la ha tenido a dos palmos de su cara, aunque lo sepa racionalmente, es incapaz de aceptar que Kara es Overgirl, y nada ha cambiado para ella… ―Bajó la mirada, y Sam le levantó la barbilla con delicadeza para recuperar su atención.
―Lena, ha pasado muchos años en manos de esos malditos locos, no quiero que te hundas ahora por esto, por favor ―rogó Sam―, hemos llegado muy lejos, no podemos rendirnos, aunque no podamos contar con Kara, no olvides a toda la gente buena que está sufriendo y que cuenta con nosotras.
―Tienes razón, es una mierda lo que ha pasado con Kara, pero nosotras seguimos siendo las mismas rebeldes que hace unos días, y no podemos defraudar a quienes nos confían su destino.
¿Rendirse Lena Luthor?, ni de casualidad, y no sólo con su misión como espía para la Resistencia, sino incluso con Kara. Puede que hubiese fracasado en el primer intento, pero sabía que la vida le ofrecería más momentos, y no estaba dispuesta a dejar de intentar recuperarla, todavía no. Lena sonrió a Sam, siempre lograba devolverle las ganas de seguir luchando. Se abrazó a su cuello, Sam rodeó su cintura y siguieron bailando.

Otra que tampoco se rendía era Gayle. Imra había decidido que una infiltrada nazi jamás dedicaría tanto tiempo a una sola persona, no tenía ningún sentido, así que se sintió aliviada por una parte e intrigada por otra, ¿hasta cuándo iba a seguir intentándolo?
―¿Vienes mucho?, no te había visto nunca ―dijo Gayle.
―Por lo que veo, tú eres una de las habituales ―replicó Imra divertida.
―Vengo a menudo, es cierto ―admitió riendo y contagiando a Imra. Gayle supo que había logrado ablandarla un poco―. Además de venir aquí, ¿qué haces con tu vida?
―Estudio ingeniería en la universidad de Berlín ―mintió―. Pero no soy alemana, vengo de Noruega, soy nueva en la ciudad ―mintió otra vez.
―Así que ingeniería, interesante, yo soy una aburrida funcionaria alemana ―mintió también Gayle.
―Y vienes aquí para compensar ese aburrimiento, claro ―Imra continuó con las bromas.
―Claro. ―Ambas se miraban con una ligera sonrisa en sus labios.

―¡Matilda, aquí tienes tu copa, lo mismo de la otra vez! ―anunció Leslie desde la barra.
―¿Te llamas Matilda? ―preguntó Gayle con diversión.
―No, ése no es mi nombre.
―¿Y cuál es? ―insistió Gayle acercándose un poco más a ella, invadiendo de nuevo su espacio personal.

A sólo dos calles de allí, Overgirl utilizaba sus rayos x para confirmar un soplo que habían recibido.
―Veamos dónde se esconden esas ratas… ―espetó con desprecio― ¡Bingo!, el chivatazo era cierto.
―¿Qué hacemos, mi comandante? ―preguntó un soldado.
―Entrad ahí y traedme a esos degenerados traidores ―ordenó con autoridad. 
De inmediato, sus hombres se colocaron máscaras antigás, varios de ellos levantaron un ariete para tirar la puerta abajo, y cuando lo consiguieron, lanzaron bombas de humo al interior.

La redada desató el caos, la gente huía hacia el extremo contrario a la puerta principal, pero el humo les dificultaba la visión y muchos tropezaban con las mesas y las sillas, caían al suelo, se pisoteaban. La música había dejado de sonar, ahora sólo se oían gritos desesperados y órdenes estrictas de los soldados nazis.

Leslie quería ayudar a todos, pero no podía olvidar que si ella era apresada, el “Wired” no volvería a abrirse jamás. Imra tenía que salir de allí, si la atrapaban, la convertirían en un conejillo de indias del carnicero Maxwell Lord, pero si utilizaba sus poderes, se delataría. Gayle no podía ser descubierta en un sitio como aquel, o le esperaría la muerte por traidora y depravada. Alex y Maggie se cogieron de la mano sin ni siquiera pensar en ello, buscando apoyo y fuerza, no habían pasado por todo lo que habían pasado para que las atrapasen ahora. Sam sólo podía pensar en proteger a Lena y sacarla del local, su vida era demasiado valiosa para la Resistencia, y también para ella.

CONTINUARÁ...

10 feb. 2018

"Nunca Te Olvidé" (Supercorp) Capítulo 2



CAPÍTULO 2: REBELDES
—Por favor, comandante Danvers, tome asiento en la mesa… será un honor que nos cuente cómo le ha ido todo estos últimos años en Rusia.
«Overgirl es Kara… oh Dios…», se repetía una y otra vez en su mente.
De repente, después de meses de abatimiento, Lena recuperó la esperanza.


―Gracias, alteza ―contestó Kara educadamente, y se acercó a una de las sillas.
―¿Te encuentras bien, hija? ―preguntó Lillian―, haces muy mala cara.
―¿Es que no la…? ―empezó a decir Lena, pero el gesto de absoluta indiferencia de su madre la hizo detenerse― Estoy bien… sólo… un poco mareada ―añadió sin apartar sus ojos verdes de la comandante Danvers.
Sus padres no la habían reconocido, seguramente olvidaron su existencia en cuanto se la llevó el ejército doce años atrás, a fin de cuentas, a sus ojos no era más que una muchacha insignificante de clase media. Pero ella no lo hizo, no la olvidó. No hubo un solo día en los últimos doce años en que no pensara en ella y deseara encontrarla. Y ahora la tenía delante, más alta, algo más vigorosa y más mujer, pero era Kara, sabía que era ella. Sin embargo, al mismo tiempo, ya no lo era. Sus ojos azules parecían carentes de vida y de todo sentimiento. Aquel pensamiento la hizo estremecerse.
―¿Estás destemplada? ―preguntó Lillian frunciendo el ceño―, tal vez has enfermado, deberías retirarte pronto esta noche, avisaré a James.
―Como digas, madre.

Se había distraído unos segundos, pero sus ojos no tardaron en regresar a Kara, o mejor dicho, a Overgirl, pues ya no había casi nada en su aspecto de la muchacha de dieciséis años que la joven Luthor recordaba. Su corazón seguía latiendo desaforado, y Lena tuvo miedo de que lo notasen, así que cerró los ojos, obligándose a dejar de mirar, y trató de serenarse. No funcionó. Su mente reproducía la imagen de Overgirl con nitidez sorprendente. Volvió a abrirlos y la observó de nuevo. Estaba conversando con el emperador y con Morgan Edge, que estaba sentado a su derecha, mientras que Mon-El lo estaba a su izquierda. «Las peores compañías que podrías tener…», se dijo Lena internamente.
―Me han informado de que las nuevas armas están casi terminadas ―dijo de pronto el emperador mirando al padre de Lena. El resto de presentes también miró hacia los Luthor.
―Así es, alteza, las tendremos preparadas para la exhibición ―aseguró Lionel muy complaciente.

Kara también los contemplaba, y dedicó unos instantes a Lena, provocándole un vuelco en el pecho. Tuvo que bajar la mirada, porque se sintió incapaz de mantenérsela. Cerraba los puños con fuerza, apoyados sobre sus piernas y respiraba un poco acelerada.
La comandante Danvers estrechó un poco los ojos, no entendía la reacción de la joven Luthor, pero dejó de mirarla enseguida, pues Edge volvió a hablarle.
―Creo que ya sé lo que te pasa ―susurró Lillian para que sólo su hija la escuchase.
―¿Eh? ―exclamó asombrada.
―Ver a Overgirl en persona te ha causado mucha impresión, ¿verdad? ―declaró tranquilamente―, nuestra más grande y gloriosa soldado, de la que sólo pudimos escuchar hazañas durante los últimos años, y esta noche la tenemos sentada en nuestra mesa.
Lena rio con nerviosismo. Su madre no se enteraba de nada, por fortuna, y le acababa de dar la coartada perfecta.

―Justo eso, madre ―mintió―, su presencia me… «trastorna, me trae demasiados recuerdos…» me impacta mucho.
―No es para menos ―intervino Verónica sin que nadie se lo pidiera―, Overgirl es impresionante, dicen que su poder rivaliza con el del mismísimo Overman.
Lena no replicó con palabras, se limitó a sonreír en una mueca.
―Mon-El también es muy poderoso, pero no alcanza el nivel de Overgirl ―señaló Lex―, me da rabia que esa mujer le supere.
Lena rodó los ojos, el lado machista de su hermano le resultaba insoportable, así como otros lados que prefería no recordar.
―A mí me da igual quién es más poderoso, ninguno de ellos tiene rival en el mundo ―dijo Verónica―, ¿crees que Overgirl y Mon-El son amantes? ―preguntó con ese tono tan desagradable que utilizaba cuando quería fastidiar a Lena―, los soldados más gloriosos del imperio juntos, serían una pareja explosiva, ¿no crees?
«Te estamparía la cara contra la mesa ahora mismo ―pensó Lena con una sonrisa maliciosa―, pero seguro que tu marido y otros invitados no lo verían con buenos ojos.»
¿Cómo hacía aquella mujer para decir siempre lo que más daño podía hacerle?, la odiaba.

―Reign sí era rival para ellos ―dijo de pronto Maxwell Lord, obviando los derroteros románticos que había iniciado su esposa.
Kara dejó de prestar atención a Mon-El y los miró de soslayo al escuchar aquel nombre tan conocido para ella. Lena notó su gesto y la miró. Kara y Sam habían pasado ocho años sin verse, y, sin embargo, Kara la recordaba. Quizá si Lena pudiera hablar a solas con ella, la recordaría también.
―Pero Reign es una sucia traidora al régimen, al imperio ―espetó Lex con desprecio―, tuvo en sus manos el mayor honor que se puede tener en este mundo, y nos escupió a la cara aliándose con esa escoria rebelde.
―Por suerte para nosotros, Reign no supuso ninguna amenaza real ―añadió Maxwell―, y lo mismo pasaría con Overgirl o Mon-El, si perdieran el juicio.
«Así que todos vuestros súper soldados tienen esos implantes o lo que demonios sea para anular sus poderes cuando os da la gana, sois unos cobardes», reflexionó Lena.

―Comandante Danvers, por favor, cuente a mis invitados cómo se desarrolló la campaña contra los rebeldes rusos ―pidió el emperador.
―Por supuesto, alteza ―replicó Overgirl―, eran muchos más de los que pensábamos y se escondían en demasiados refugios, así que nos llevó mucho tiempo localizarlos a todos…
Hablaba con frialdad, incluso cuando pronunciaba las palabras matar, eliminar, o destruir. Parecía que nada le afectaba. Justo lo contrario de lo que experimentaba Lena al escucharla, incapaz de reconocerla como la chica amable y tierna que conoció años atrás, ¿Kara había desaparecido para siempre?, no podía aceptar eso. Mon-El miraba a su compañera con gesto imperturbable, era imposible saber lo que cruzaba su mente. Egde y Lord la contemplaban con evidente orgullo. Volvió a sentir angustia y el deseo de salir corriendo de aquel salón regresó a su corazón.

Pero no tuvo que inventarse más excusas, Edge recibió un mensaje en su teléfono móvil y se disculpó con los presentes junto a Overgirl y Mon-El. Debía tratarse de algún asunto bélico. ¿Qué más daba?, el caso era que había perdido la oportunidad de acercarse a Kara, aunque no estaba segura de poder hacerlo en el estado de shock y decepción que se encontraba. Sus ojos siguieron a Overgirl mientras abandonaba la estancia. Lena detestaba el símbolo de las SS que llevaba en el uniforme, pero debía admitir que dicho uniforme le sentaba como un guante, Kara tenía un aspecto atlético y atractivo que la perturbó durante unos instantes. Se reprendió a sí misma por pensar en algo así y volvió a centrarse. Necesitaba hablar con Sam cuanto antes.
XXXXXX



Cat Grant sonrió al recibir el mensaje de Lena. Cuando tenía la necesidad de abandonar la mansión Luthor y reunirse con los rebeldes, solía pedirle ayuda y utilizarla de excusa. Los Luthor respetaban a Cat, era una mujer poderosa en Berlín, dirigía el periódico CatCo, uno de los más importantes de la ciudad y del país entero. Lena no era menos que su familia en esto, pero tenía un motivo más para admirar a Cat Grant, que era una aliada de la causa rebelde, pero eso lo sabían muy pocas personas, por suerte.
―Necesito ir al DEO, tengo que hablar con Sam con urgencia ―aseguró Lena.
―Por tu tono de voz, parece que se trata de algo muy importante ―contestó Cat.
―Lo es, Cat, así que… me veo obligada a ponerte de excusa una vez más ―admitió la joven Luthor. Cat rio.
―Ya sabes que es un placer para mí ayudarte en todo lo que perjudique a esos descerebrados asesinos ―exclamó la mujer―, pero me preocupa que llegue el día en el que tus padres te pregunten cuándo vas a empezar a trabajar para mí ―bromeó―, te muestras tan fascinada con el periodismo, Lena, que es el paso natural que pueden esperar.
―En realidad sí me gusta tu trabajo, Cat, me trae hermosos recuerdos… ―confesó Lena―, me hace sentir un poco más cerca de ella.
―¿De tu amiga Kara Danvers?

Cat lo enunció como pregunta, pero ya sabía la respuesta. Lo primero que hizo cuando Lena Luthor se acercó a ella con intenciones de hablar sobre los rebeldes, fue investigarla en profundidad. En aquel mundo, nadie estaba a salvo de ser engañado, traicionado o chantajeado, y ella tenía mucho que perder si la descubrían y la acusaban de alta traición, una posición de poder con la que ayudar a la gente inocente y dos hijos a los que amaba por encima de todo. Cuando quedó satisfecha con los resultados de su investigación, empezó a confiar en Lena, poco a poco, hasta conocerla lo suficiente como para estar segura de que vivía la causa rebelde con la misma intensidad que ella.
―Sí… te he hablado muy poco de ella porque me duele recordar lo que pasó.
―Sigues sintiéndote culpable por no haber podido rescatarla hace ocho años ―replicó Cat con acierto.
―No puedo evitarlo, pero tal vez las cosas cambien a partir de ahora… ―anunció.
―¿Ah sí?, ¿tiene que ver con eso de lo que quieres hablar con Arias? ―No se le escapaba nada a su olfato de periodista.
Se despidieron y Lena comunicó a su madre que iba a pasar la tarde en la redacción de CatCo. James preparó uno de los coches y cambió de dirección cuando pensó que estaban a salvo de miradas indiscretas. Su destino estaba a las afueras de Berlín.
XXXXXX



―Gracias por traerme, James, te llamaré cuando haya terminado ―dijo Lena mientras salía del vehículo.  Él asintió con la cabeza y se alejó de allí.
El DEO era un refugio subterráneo que se había ido ampliando conforme se unían más rebeldes a la causa. También habían incrementado su tecnología con el tiempo. La mayoría de ellos vivían como fugitivos, escondidos bajo tierra, salvo cuando realizaban misiones contra el régimen o salían a tomar aire fresco por breves ratos, pero también había quienes, como Lena Luthor, llevaban una doble vida, fingiendo ser fieles al emperador, y traicionándolo a sus espaldas. Muchas veces, estos últimos corrían más peligro que los únicamente rebeldes.

Lena conocía demasiado bien el camino, tras varios años caminando por aquellos pasillos y dependencias. Tocó suavemente a la puerta y la voz de Sam le dio permiso para entrar en su habitación personal. La joven Luthor cruzó el hueco de inmediato y la vio sentada en su escritorio con un libro en las manos. Sam y su afición por los libros, por la historia… No lograron arrancarle esa pasión en los años que estuvo reclutada. Su cabello castaño caía más allá de sus hombros, ocultándole el rostro en aquella posición. Al escucharla entrar, Sam se volvió hacia ella y le dedicó una ligera pero auténtica sonrisa, siempre le alegraba recibir sus visitas. Dejó el libro sobre la mesa y se levantó de la silla. Seguía siendo bastante delgada, pero había ganado un poco de peso desde que la rescataron, ahora se veía más saludable.

―Adelante, dime eso tan importante que tenías que decirme ―la invitó sin dejar de sonreír. Lena no la hizo esperar.
―Vamos a tener que modificar nuestro plan original.
―¿Qué quieres decir? ―preguntó Sam extrañada.
―E incluir una misión de rescate ―continuó Lena.
―¿Cómo?
—¡Kara está viva, la he visto! ―exclamó de pronto. Sam la miró con atención y desconcierto.
―¿Qué? ―Fue lo único que logró pronunciar.
―¡Kara es Overgirl… anoche asistió a la cena en palacio, se quitó la máscara y es ella, es Kara!
―No puede ser… ―susurró Sam negando con la cabeza sin dar crédito.
―Yo me sentí igual cuando la vi delante de mí ―admitió Lena.
―¿Pero estás segura de que era ella? ―No podía ser cierto―, ¿y no una chica que se le parece?
—Sam, la última vez que vi a Kara tenía 16 años, no era un bebé, no ha cambiado tanto… —Lena se detuvo un instante a recordar los rasgos de la Kara adulta…— Bueno, sí ha cambiado, ahora es una mujer de veintiocho años, pero sé que es ella… tenemos que decírselo a Alex, tiene que saber que su hermana está viva.

—No tan rápido, Lena, antes debemos asegurarnos de que se trata de ella —afirmó Sam con seriedad.
―El emperador la presentó como la comandante Danvers, no es sólo empeño mío, Overgirl es en realidad Kara ―sentenció la joven Luthor.
Sam resopló, apartó la mirada y empezó a caminar por la habitación con las manos en la cintura.
―¿Y ella te reconoció a ti? ―inquirió Sam.
―Pues… creo que no… ―declaró con tristeza― Tampoco me miró mucho, puede que estando un rato a solas… tal vez he cambiado demasiado.
―No, Lena, no has cambiado tanto como para que no te reconozca ―aseguró Sam―, ahora es Overgirl ―añadió, como si eso lo explicase todo.
—Cualquiera diría que no te alegras de que la hayamos encontrado ―acusó Lena―, no te entiendo, Sam.
—Lo que pasa es que yo he vivido cuatro años con esos monstruos ―explicaba Sam con una mezcla de rabia y dolor en la mirada―, ya no soy la misma, ya no confío en nada ni en nadie, Lena.
—¿Ni siquiera en mí? —preguntó Lena acortando la distancia entre las dos.

8 AÑOS ATRÁS…

Abrieron la última puerta que los separaba de ella y la vieron. Sam estaba intentando incorporarse desde el suelo, con evidentes moratones y heridas. A Lena se le partió el corazón al verla en aquel estado lamentable, no sólo por su aspecto sino también por su comportamiento. Sam los observaba temblorosa, y se encogió asustada cuando la joven Luthor caminó hacia ella.
―No, más no, por favor… ―suplicaba sollozando―, no quiero más pruebas de resistencia… por favor…
―Tranquila, no voy a hacerte daño… ―Siguió acercándose a ella― Sam, soy yo, Lena, ¿no me recuerdas?
―¿Lena…? ―repitió en voz muy baja, mirándola a los ojos.
La joven Luthor se horrorizó al ver en los suyos el miedo y el sufrimiento.
―Sam… estás a salvo, no volverán a hacerte daño ―aseguró con un tono de voz suave para no sobresaltarla más.
―Lena… ―musitó con un brillo distinto en la mirada que no todos interpretaron como algo bueno.
―Ten cuidado, Luthor ―dijo un hombre joven que esperaba en la puerta―, no es la Sam que conocías.
Lena hizo oídos sordos, se agachó y acercó su mano hasta rozarle la mejilla, sonriéndole con cariño. Sam cerró los ojos al sentir su cálido tacto.
―Ya estás a salvo, te lo prometo.
Existía la posibilidad de que Sam reaccionase violentamente, a Lena no le importó. Se inclinó sobre ella y la abrazó. Entonces la notó temblar.
―Lena… ¡Lena! ―exclamó entre lágrimas mientras la abrazaba con desesperación. 

ACTUALIDAD
―Sabes que sí ―contestó Sam, sintiendo las manos de Lena sobre las suyas.
La joven Luthor avanzó hasta que unieron sus frentes con los ojos cerrados. Segundos después, sus labios se habían encontrado, compartiendo un beso cargado de complicidad. Al separarse, ambas se miraron y sonrieron.
Nunca habían puesto nombre a su relación, nunca habían sentido esa necesidad, simplemente, se dio. Lena estuvo junto a Sam desde el día en que la rescataron de las instalaciones “Lord Technologies”, como amiga, como compañera de causa, y el tiempo hizo que su amistad se fuera estrechando. Por parte de Lena, el pensar que nunca volvería a ver a Kara fue detonante para que un día cruzaran la línea. No sabían cuándo podían ser descubiertas y detenidas, torturadas, asesinadas… así que, cada nuevo día que vivían sanas y salvas era un regalo que disfrutaban intensamente.
Tampoco hablaban de lo que cada una sentía, a Lena eso la aliviaba, prefería no darle vueltas, y a Sam… Sam nunca terminaba de mostrar lo que llevaba dentro, fue una de las cosas que le inculcaron durante su reclutamiento forzoso.

―Tienes razón, nuestra misión ya no es sólo averiguar cómo anularon mis poderes ―aceptó Sam―, tenemos que liberar a Kara de esos cerdos, y de paso dejarlos sin Overgirl. Pero tenemos que estudiar bien el tema, saber si Kara nos recuerda…
―Lo sé, hemos de pensar en todas las posibilidades ―observó Lena, contenta de que Sam creyera en lo que le había contado.
―Por cierto, yo también tengo noticias ―señaló Sam sonriendo―, aunque no son tan increíbles como las tuyas…
―¿De qué se trata? ―preguntó Lena interesada.
Sam la cogió de la cintura y la levantó sin ningún esfuerzo, sobresaltándola.
―¡Estoy recuperando mi poder, lo que el cerdo de Edge me hizo no era permanente como pensamos! ―exclamó esperanzada mientras la dejaba en el suelo.
―¡Eso es fantástico! ―replicó Lena entusiasmada.
―Tenemos que poner a Kara de nuestro lado, con mis poderes y los suyos, derrotaremos a Mon-El y al ejército nazi ―pronunció con decisión.
XXXXXX



―¿Kara es Overgirl? ―susurró Alex casi sin voz, no podía creérselo.
―Confío en lo que vio Lena, y que la llamasen por vuestro apellido es bastante revelador ―dijo Sam.
―Siempre deseé que Kara siguiera viva, y nunca perdí la esperanza de encontrarla, pero… no así ―confesó con tristeza―. Overgirl es el mayor perro de presa del régimen, es todo contra lo que luchamos, todo lo que odiamos…
―Alex… ―intervino Lena cogiéndole el brazo para tratar de tranquilizarla― Sé cómo te sientes, no imaginas lo que supuso para mí tenerla delante con ese maldito símbolo en su pecho. Pero todo lo que ha hecho Overgirl estos últimos años, es obra de Maxwell Lord y sus secuaces, no de Kara, estoy completamente segura.

Alex cerró los ojos unos instantes y tomó aire. Sabía que Lena tenía razón, pero eso no quitaba que habían convertido a su hermana pequeña en un monstruo, justo lo que su padre más temía que sucediera. ¿Cómo iba a contarle algo así a su madre después de haberse quedado viuda y haber tenido que aceptar que la única hija que le quedaba se hubiera aliado con los rebeldes poniendo en riesgo constante su vida? Suspiró y contuvo las lágrimas. Lena la abrazó por los hombros, Alex agradeció el gesto. Sam también lo sentía, y doce años atrás la habría abrazado sin dudar, pero ahora era una mujer más fría y muy disciplinada, no quiso perder de vista su misión.
―Ya le he dicho a Lena que lo primero es averiguar qué recuerdos conserva Kara de nosotras, de su pasado antes del reclutamiento, y en base a eso, podremos decidir qué hacer.
―Estoy de acuerdo ―afirmó Alex.

Lena se despidió de ellas y abandonó el DEO, no quería levantar sospechas en su familia. Alex también se dispuso a dejar el refugio, pues en dos horas tenía horario de laboratorio en el hospital en el que trabajaba como una alemana respetable más. Además de su cariño por Sam y Kara, Lena y Alex compartían el peligro de llevar una doble vida. Lo tenía todo listo cuando una voz femenina la hizo volverse.
―¿Estás bien, Danvers? ―preguntó Maggie Sawyer, una rebelde reciente―, desde que has hablado con tus amigas te noto muy decaída, ¿ha pasado algo?
―Maggie… ¿cómo sabes siempre cuando me pasa algo? ―preguntó Alex sonriendo con abatimiento.
―Soy observadora… ―contestó la chica― sobre todo cuando se trata de alguien a quien aprecio ―añadió Maggie ganándose una mirada intrigada por parte de Alex.
―Gracias… desde que te conozco, siento que puedo confiar en ti sin miedo ―dijo Alex mirándola a los ojos.
―Soy yo la que está agradecida, Danvers ―afirmó Maggie con vehemencia. Alex bajó la mirada sin dejar de sonreír, pero Maggie retomó la conversación, rompiendo el ambiente extraño que se había generado entre las dos―. Si crees que te puede hacer sentir mejor, cuéntame lo que ocurre.

Alex salió del breve ensimismamiento en que llevaba cayendo desde hacía un tiempo con Maggie y recordó la conversación con Sam y Lena. Le habló de lo sucedido.
―Temes el daño que esto le hará a tu madre, ¿verdad? ―Maggie la entendía.
―Sí… yo todavía estoy intentando asimilarlo, pero no sé cómo podría encajarlo mi madre ―admitió Alex―, nunca me perdoné que se llevasen a Kara delante de mí y no poder hacer nada, ese mismo día les dije a mis padres que me uniría a los rebeldes. Ellos se horrorizaron, no los culpo, al poco tiempo, mi padre enfermó y murió en menos de un año… ―Se detuvo unos instantes―, sé que sentía la misma culpa que yo por dejar que se la llevasen, y siento que acabó rindiéndose ante su enfermedad. No sé cómo lo hizo mamá, yo no pude más, y perder a mi padre fue la gota que colmó el vaso. Contacté con los “guerreros de la libertad” estando en la universidad y no he dejado de colaborar con ellos, confiando en que mi hermana pequeña seguía viva y que algún día la encontraría.

―Quizá debas esperar para contárselo a tu madre, ver cómo se desarrollan las cosas ―sugirió Maggie.
―Eso es buena idea, no quiero causarle sufrimiento en vano ―concordó Alex―, gracias, Maggie ―agradeció con una sonrisa sincera.
―¿Para qué están las compañeras? ―Maggie le rozó el hombro con el puño en un gesto de complicidad. Alex rio― ¿A qué hora entras a trabajar, Danvers?
―¿Eh? ―exclamó Alex mirando su reloj― ¡Mierda, me queda menos de una hora para estar en mi puesto de trabajo! ―Ahora fue el turno de Maggie para reírse.
―Siento haberte entretenido, Danvers.
―¡No te preocupes, me encantó hablar contigo, nos vemos pronto, Sawyer! ―gritó Alex mientras corría en dirección al ascensor.
Maggie la despidió agitando la mano y con una amplia sonrisa.
―Veo que te has adaptado estupendamente al DEO y a nuestro equipo ―sonó la voz de Sam a sus espaldas causándole un respingo.
―Arias… ―la reconoció― Sólo estaba…
―No tienes que darme explicaciones de nada, Winn quiere verte ―informó con voz amable pero distante.
XXXXXX



Como siempre, Cat Grant se enteraba antes que nadie de las novedades e informó a los rebeldes de que Overgirl asistiría a la próxima inauguración de un edificio militar en las afueras de Berlín. Era la ocasión que Lena estaba esperando para poder hablar con Kara. También estaría allí Morgan Edge, así que tendría que zafarse de él como fuera.

Cuando dijo a sus padres que quería asistir a tal evento, se emocionaron por su interés en algo del régimen. Su hermano Lex se extrañó un poco y quiso acompañarla para verlo con sus propios ojos, pero Lionel truncó sus planes, obligándolo a asistir a una reunión en Luthor Corp. La joven Eve Teschmacher, sirvienta de los Luthor desde hacía varios años, acompañó a Lena. James se quedó en una calle paralela con el vehículo, el color de su piel le prohibía acercarse más. Gracias a su apellido, Lena pudo sentarse en una zona de vistas privilegiadas, junto a otras personalidades del imperio. Eve se quedó de pie, varios metros atrás.

Morgan Edge se presentó ante la gente acompañado de varios soldados de alto rango, entre ellos, Overgirl, tal como les había informado Cat. No podían dejar pasar la oportunidad de exhibir a Overgirl ahora que la tenían en Berlín, la capital del imperio. Llevaba su uniforme de color negro con adornos en rojo sangre, y la máscara, la maldita máscara que Lena había estado viendo durante años en la prensa y la televisión, ignorando que tras ella, se encontraba Kara. Esta vez se sentía más fuerte y más decidida, no se marcharía de allí sin hablar con la comandante Danvers, aunque para eso tuviera que inventarse que era una gran admiradora suya.

CONTINUARÁ…