9 ene. 2018

"Yo no buscaba a nadie... y te vi" (Flozmín) One-Shot



NOTA DE LA AUTORA:
Para que nadie se desilusione leyendo, este One-Shot es sólo una idea de cómo podrían haberse conocido Flor y Jazmín diferente a como fue en la serie. Traté de reflejar sus personalidades y ser lo más fiel posible a la serie original. Espero que os guste. 

 

YO NO BUSCABA A NADIE… Y TE VI

Jazmín se esforzaba, pero no lograba los resultados deseados. La relación con su padre, el rico empresario Ernesto del Río, seguía siendo tensa. Su madre la animaba a no rendirse, pero muchos días tenía ganas de alejarse de él para siempre. Después de tres años sin dirigirle la palabra, había llegado el tiempo en que prefería ignorar esa parte de ella que no podía aceptar, así todo era más fácil… para él, pero no para Jazmín.

Después de la ruptura con Elena, su padre pareció más predispuesto a recuperar el trato con ella, confiando en que quizá, la fase absurda del lesbianismo se le habría pasado a su hija. Cuando supo que estaba equivocado, a punto estuvo de retirarle la palabra otra vez, pero Rita, la madre de Jazmín, habló con él, no le gustaba verlos así, y logró que se acercasen un poco. Sin embargo, cada uno era como era, y eso nada lo podía cambiar.

Ernesto del Río preparó en su mansión una opulenta fiesta para celebrar el veinticinco cumpleaños de su hija, y como acostumbraba, no consideró necesario contar con ella para hacerlo. Jazmín sabía la verdadera intención de aquella fiesta. Su padre quería relacionarla con jóvenes adinerados, por si ocurría el milagro y conocía allí a su futuro marido. Además, no le había permitido invitar a ninguno de sus verdaderos amigos, como Javo o Jero, pues no eran en absoluto del gusto de su padre. No quería acudir a la fiesta, ¿pasar la noche soportando a los arrogantes amigos de su padre y sus babosos hijos? Pero una llamada de Rita la hizo cambiar de opinión en el último momento. Su madre la aceptaba tal y como era, quizá porque ella también era un espíritu mucho más libre y moderno que su padre, y sabía llevarla mucho mejor que él.

―Vos tenés que ir a la fiesta.
―Mamá, ya te dije que me sentiré fuera de lugar, rodeada de tantos estirados…
―Andá a la fiesta, Jazmín, dale, boluda ―insistía su madre―, ¿y si esos pelotudos tienen hermanas interesantes?
―¡Ahre! ―exclamó Jazmín entre risas―, estás loca, mamá.
―Pero puedo tener razón, ¿viste?... además, me gustaría que vos te llevases más con tu papá. ―Su hija suspiró.
―A mí también, pero es tan…
―Andá, dale, hazlo por tu mamá ―repitió Rita con voz exageradamente afectada―, quizá luego me lo agradezcas.
―¡Qué mala onda, mamá, eso es chantaje! ―exclamó Jazmín rindiéndose.

Eran las ocho de la tarde, debería haber llegado casi una hora antes, pero más valía tarde que nunca, ¿no? Respiró hondo un par de veces y se acercó a la entrada trasera de la mansión. Vistiendo vaqueros rotos, camiseta, chaqueta de cuero y botas, era mejor utilizar la entrada del servicio, no quería provocar a su padre tan temprano. Sonrió con aquel pensamiento. Pero su mente pronto tuvo que bajar a la tierra, Martina, la cocinera de la casa, la interceptó en cuanto la vio pasar por la cocina.
―¡Acá estás! ―exclamó―, qué bonito llegar tarde, ¿no te da vergüenza a vos?
Jazmín se resignó a escucharla en silencio. Sabía que Martina la quería mucho, pero tenía ideas tradicionales y no entendía muchas de las cosas de la vida de Jazmín. Para la mujer, presentarse tan tarde a su propia fiesta de cumpleaños era una ofensa para su padre, que lo había organizado todo por ella. Jazmín también le tenía cariño a Martina y comprendía su punto de vista, así que decidió esperar a que terminase. Sin embargo, algo insólito sucedió.

―¿Todo bien? ―dijo una voz femenina junto a ellas―, seguro que ya le quedó claro.
Ambas se volvieron hacia la chica morena, delgadita y vestida de camarera que les había hablado. Tenía unos hermosos ojos oscuros que cautivaron a Jazmín durante unos instantes.
―No estoy yo tan segura, con lo terca que es, necesita que le digan las cosas muchas veces ―dijo Martina con total confianza.
―Relajá un poco, raba insistente, perdón, no quise decir eso.
Jazmín no pudo evitar sonreír ante la puteada de la desconocida, y seguía asombrada por su repentina intervención. La cocinera no sonreía en absoluto.
―Y vos te metés en conversación ajena cuando no tenés tu trabajo terminado ―acusó Martina a la chica―, no veo todas las copas de vino preparadas y las esperan desde hace diez minutos.
Vulva explotadora, ay, perdón, perdón, lo siento… ―La chica se disculpaba ante la risa disimulada de Jazmín y la indignación de Martina.
―Andáte con el vino, tu falta de educación me está cargando ―ordenó la mujer. Iba a decirle más cosas, pero Jazmín le tocó ligeramente el codo y la miró, haciendo que se contuviera, captando su atención de nuevo―. Y vos… me tenés contenta, esta falta de puntualidad es intolerable un día como hoy.
―Ni siquiera la dejás hablar ―atacó de nuevo la valiente desconocida. Jazmín estaba atónita―, rompe cajetas, perdón, perdón, lo siento… pero no somos máquinas, tenemos nuestras circunstancias, ser camareras no es motivo para que nos caguen a pedos sin parar, mhmm.

Ahora sí que entendía lo que estaba pasando. La desconocida, que no podía dejar de mover la mano, hacer ruidos y parpadear a toda velocidad, había interpretado que Jazmín era otra chica como ella, que había ido aquella noche a trabajar como camarera en la fiesta, y que por algún motivo se había retrasado un poco. Debió pensar que aquella situación era una injusticia y no había dudado en defenderla, a pesar de no conocerla de nada y de poner en riesgo su propio trabajo. Sintió ternura hacia ella.
―¿Vos qué decís?, ella no es una… ―empezó Martina, pero Jazmín le hizo señas muy claras para que se callase.
La mujer obedeció a su señorita, aunque no entendiera los motivos, como con casi todo lo que hacía la joven Jazmín.
―¿Se dan prisa?, esos canapés deberían estar fuera ya ―exclamó Martina a otros jóvenes que se afanaban con varias bandejas.

Jazmín había estado observando a la chica morena, que parecía luchar todavía contra sus numerosos tics. Se acercó a ella.  
―¿Mejor? ―preguntó con amabilidad.
―No sé qué decirte, mhmm, me puse nerviosa, mhmm, delante de mi jefa, boluda del orto.
―Tranquila, Martina ladra mucho pero no muerde ―aseguró con una sonrisa.
Raba ladradora, perdón, ¿la conocés de antes?, mhmm.
―¡Apa! ―Casi la había descubierto―, de otros eventos en esta casa… esperáme dos minutos, por favor.
―¿Qué?

Jazmín habló con Martina en un rincón de la cocina y se acercó de nuevo a la chica.
―Me ha dicho que podés salir un ratito al jardín pequeño de detrás para relajarte un poco.
―¿En serio? ―exclamó parpadeando rápido y llevándose las manos al pecho.
―Ya te dije… ladra pero no muerde, andá, seguro que te hará bien, dale ―dijo Jazmín sin dejar de sonreír.
―Muchas gracias, mhmm.
Jazmín se quedó mirándola marchar hasta que la perdió de vista.
―¿Escuchaste vos lo que te dije recién? ―habló de pronto Martina―, llegás tarde y te entretenés con una camarera.
―Debe tener algún tipo de síndrome, esos tics… ―reflexionaba Jazmín en voz alta, ignorando el reproche de la cocinera.
―Ya le di un descanso para que no putee más, aunque me da miedo mandarla con los invitados después de lo que vi.
―Sólo necesita tranquilizarse ―afirmó Jazmín como si la conociese de siempre.
―¿Seguís pensando en la camarera?, ¿no pensás cambiarte para la fiesta?
―Ay Martina, obvio que me voy a cambiar, vuelve con tus esclavos “vulva explotadora” ―se burló tras darle un breve beso en la mejilla.
―¡Señorita Jazmín! ―exclamó la mujer, pero su señorita ya había desaparecido de la cocina.
Inesperadamente, su madre tuvo razón, se alegraba de haber ido a su fiesta.
XXXXXX



—¿Te gustan esas flores? ―sonó una voz.
La chica se sobresaltó.
¡Concha frita!, lo siento, no sabía que estabas acá —se disculpó de inmediato al reconocerla—, sí, me gustan mucho, mhmm, son mis flores favoritas —confesó acariciando los pétales de jazmín.
—Apa, qué casualidad, las mías también —afirmó Jazmín con una sonrisa—, ¿todo bien?, ¿mejor que allá dentro?
—Sí… mejor lejos de la raba insistente, lo siento, mhmm… me hace bien estar en este jardín, es hermoso, y delante tienen uno mucho más grande, ¿verdad? ―preguntaba maravillada.
Jazmín no podía dejar de mirarla, y la curiosidad por su protectora no hacía más que aumentar, así que, haciendo gala de su actitud directa, le habló.
―Esto que te pasa, los tics y esas puteadas…
―Sufro el síndrome de Tourette, mhmm ―contestó la chica―, cuando me pongo nerviosa, empiezo a putear y mis tics se vuelven locos, soy todo un espectáculo, mhmm… es penoso.
—¿Por qué decís eso?, no es penoso ―aseguró Jazmín.
—¿Entonces qué es?, si le preguntás a todos mis jefes anteriores, seguro que habría unanimidad —dijo con una sonrisa triste en el rostro.
Jazmín se moría de ternura, y, al mismo tiempo, admiraba a aquella desconocida que en sólo un rato la había ganado mucho más que la mayoría de personas de su vida, y todo porque era honesta y auténtica.
—¿Divertido?, ¿encantador? —empezó a numerar.
—¿Me estás cargando? —Flor se rio con las mejillas algo sonrojadas. Jazmín sintió el deseo de abrazarla. Apenas la conocía y quería abrazarla—. Cambio de trabajo con frecuencia por culpa del Tourette, ¿sabés?… pero, gracias por intentar animarme, qué copada que sos... ¿Cómo te va a vos?, ¿ya te dio las órdenes esa raba vieja?
Jazmín volvió a reírse.

—Sí, ya me dijo lo mío —aseguró. Era cierto, Martina la había reprendido y le había dicho lo que debía hacer, otra cosa es que Jazmín la obedeciera.
—Y tantas prisas para nada, porque, mhmm, la señorita millonaria, mhmm, decidió retrasarse, y se supone que la fiesta era para ella —se quejó la chica. Jazmín la miró con una sonrisa de medio lado.
—No sabemos sus motivos, no es bueno hablar sin conocer ―señaló Jazmín.
—Si mi papá me preparase una fiesta como ésta… —dijo con mirada soñadora—, no se me ocurriría llegar tarde.
—Vos te llevás bien con tu papá, ¿verdad? —preguntó Jazmín con tristeza.
—Obvio, lo amo —admitió la chica con una gran sonrisa. Pero se fijó en la expresión afligida de Jazmín y no pudo quedarse callada—, ¿todo bien?, de pronto como que te apagaste.
—¿Me apagué? —Jazmín forzó una sonrisa y se sumergió en los hermosos ojos oscuros de la encantadora desconocida.
—Sé que te acabo de conocer pero… me pareces una chica muy luminosa, como muy viva… se me hace raro verte tan seria.
―Todo bien, no te preocupes… ―Jazmín no quería seguir por ahí la conversación―, ¡ey!, ¿te diste cuenta vos de que llevás un ratito sin putear? ―exclamó recuperando su habitual alegría.
―¡Posta, no he puteado en varios minutos! ―dijo emocionada, parpadeando rápidamente, con la mirada iluminada y una sonrisa tan sincera que a Jazmín le costó contener el piropo que le quemaba en la garganta. «Sos hermosa…», gritó internamente.

—Gracias por cubrirme antes, perdona, que no te agradecí ―Jazmín se centró de nuevo―, no me conocés de nada y me ayudaste, no todo el mundo hace eso… bueno, casi nadie hace eso. ¿Puedo saber el nombre de mi salvadora? —bromeó haciéndola reír con nerviosismo.
—Soy Flor —Le tendió la mano. Al fin podía ponerle nombre a la chica que la había salvado de una noche pésima.
—¿Flor?, Jazmín —Se la estrechó con una sonrisa.
—¡Cómo mis flores favoritas! —Jazmín le clavó la mirada y sonrió más al ver su expresión de alegría.
—Buenísmo… ya tengo algo que te gusta —añadió estrechando un poco sus ojos.
Flor hizo ruidos extraños y movió un brazo de manera repetitiva, para después echarse ligeramente hacia atrás de manera instintiva, como si la acechase un felino de pelaje rojo y cautivadores ojos verdes, y se sintió tonta al instante. Aquella chica sólo estaba siendo simpática, incluso divertida. Jazmín comprendió al momento, la había puesto nerviosa con su broma y se sintió culpable.
—Lo siento, te puse nerviosa ―se disculpó enseguida.
―¡No, no, qué va!, mhmm, todo bien… ―mintió Flor. Jazmín sí la había puesto nerviosa, pero no entendía bien el por qué.

Jazmín la invitó a sentarse en un banco y sacó otros temas de conversación, pero no se le iba de la cabeza el hecho de que Flor la creía una camarera, y se sentía culpable de mentirle después de todo lo que ella le había contado de sí misma.
—Yo soy la señorita millonaria ―afirmó de pronto.
—¡Me estás jodiendo! ―replicó Flor entre risas. Pero Jazmín negó con la cabeza―, ¿me estás jodiendo?, ¿vos sos…?
—Soy Jazmín del Río —insistió.
Raba mentirosa —espetó Flor sin poder evitarlo—, perdón, no quise decir eso, aunque obvio lo eres, vulva mitómana, perdón, lo siento —trató de excusarse, Jazmín se rio.
—No, perdonáme vos a mí, quise decírtelo pero… estabas tan… entregada a ayudarme que me impresionó, no conozco a mucha gente como vos, Flor ―añadió con sinceridad.
Flor trató de mantenerle la mirada, pero fue en vano. Empezó a parpadear de manera incontrolada y se vio obligada a escapar de sus ojos verdes.
―Tranquila, mhmm, todo bien, mhmm…  supongo que tenés tus motivos, vos lo dijiste recién. ―Flor recordaba las palabras de Jazmín.
Era realmente reconfortante dar con una persona tan espontánea y empática. Flor merecía respuestas.
―No iba a venir a la fiesta ―admitió Jazmín mirando el suelo―, pero hablé con mi mamá y me… convenció, siempre lo hace. ¿Sabés?, sería más fácil para mí si hoy fuera una camarera acá, así como vos ―bromeó, pero no apartó los ojos del suelo.
―Lo siento mucho ―manifestó Flor con voz suave mientras posaba su mano sobre la de Jazmín, que descansaba en su regazo.
Jazmín se sobresaltó ligeramente y miró sus manos unidas. Después miró el rostro de Flor y sintió el impulso de abrazarla con fuerza, pero de nuevo se contuvo, apenas la conocía una hora y no quería que pensase raro de ella.
―Perdón ―se disculpó Flor, pensando también que quizá era demasiado, y apartó su mano. Jazmín exhaló un suspiro casi inaudible al sentir la repentina ausencia.
―Todo bien ―aseguró Jazmín curvando los labios.

Sin embargo, Flor no se quedó satisfecha con su respuesta, y quería saber más. Necesitaba saber por qué aquella chica llena de luz no quería celebrar su cumpleaños con su padre en aquella fiesta de ensueño. No se trataba de un capricho, o de morbo, era interés genuino. La presencia de Jazmín la había tranquilizado en tiempo récord, sólo Virginia lograba eso, pero después de años de experiencia. Jazmín la intrigaba, ¿y la intimidaba cuando se acercaba demasiado y la miraba con esos ojos verdes?, ¿era eso algo malo?, ¿era bueno?, ¿estaba pensando demasiado?
Mhmm… mhmm…
―Flor, ¿qué pasó? ―se preocupó Jazmín de inmediato.
―Se hace tarde, mhmm, llevo mucho rato acá, mhmm… a la vulva explotadora no le va a gustar.
Flor podía padecer de Tourette, pero también poseía una inteligencia ágil y una gran sensibilidad, y se acababa de valer de la primera para salir airosa ante Jazmín.
―Tranquila, estás con la homenajeada ―Le guiñó un ojo―, Martina no se atreverá a decirte nada.
Mhmm… raba homenajeada… mhmm…
―Justo eso ―contestó Jazmín riendo.
Las dos permanecieron calladas un par de minutos, y Flor se fue relajando otra vez.
―No me llevo con mi papá ―empezó a relatar Jazmín. Flor se limitó a mirarla en silencio―, su mundo no me gusta para nada, un mundo en el que el dinero y las apariencias son lo más importante. Él no acepta… ―Decidió ir por otro lado―, no entiende algunas cosas que hago, le molestan… yo no me siento a gusto en su mundo. Esta fiesta la preparó él, pero no me dejó invitar a ninguno de mis amigos, toda esa gente… son conocidos suyos, no míos, ¿qué puedo hacer acá?
―Mirá, es tu cumpleaños, Jazmín, es tu noche, es tu fiesta… disfrutála lo mejor que puedas, dale ―sugirió Flor con decisión.
―¿Eh?
―Ponéte sexy, levantáte algún pibe, tomá el vino que yo te ofrezca a vos ―bromeó dejando atónita a Jazmín―, olvidáte de tu papá, pensá en vos, dale, es tu noche.
―Sos… «muy hermosa» muy buena onda, Flor.
XXXXXX



Flor estaba sirviendo una bandeja de copas de vino cuando un ligero murmullo llamó su atención. Dirigió su mirada hacia la escalinata que bajaba de la casa hasta el jardín y la vio. Jazmín lucía un espectacular vestido verde que mostraba una de sus largas y tonificadas piernas, y llevaba la melena pelirroja suelta y ligeramente ondulada, por delante de uno de sus hombros desnudos. Si a Flor le hubieran dicho que Jazmín del Río era una famosa top model invitada a la fiesta, lo habría aceptado sin rechistar. ¿Cómo podía ser tan bella?, ¿y por qué le costaba apartar los ojos de ella?
Algunas personas la saludaban, pero Jazmín tenía otras prioridades, buscaba a Flor con la mirada entre las chicas vestidas de camarera. Flor no había dejado de mirarla y sonrió sin pensar cuando Jazmín la encontró desde la distancia. La pelirroja le devolvió la sonrisa y ambas se miraron. Este gesto se prolongó en exceso para Flor, ya que uno de los invitados empezó a quejarse de su indiferencia.
―¿No escuchás lo que te digo, boluda? ―reclamó el tipo―, es la tercera vez que te pido una copa de vino.
Al ver que Flor dejaba de mirarla y seguía con su trabajo, Jazmín hizo lo propio y empezó a saludar a algunos invitados, pero con el deseo de buscarla después, quería seguir hablando con ella, no podía evitarlo.
―Sí, sí, perdón… ―Flor se acercó al tipo y su pareja con la bandeja en la mano.
―Estás acá para servirnos, ¿entendés? ―insistía el tipo.
―Sí, perdón, perdón… ―Flor parpadeó con fuerza, suplicando que la cosa no pasara de ahí, no quería perder otro empleo nada más empezar―, aquí tiene la copa de vino.
Pero en lugar de coger una copa, el hombre continuó su discurso.
―Pues no parece que entiendas, ¿qué mirabas con tanto interés, tarada? ―atacó.

¡La concha de tu madre, sorete del orto! ―estalló Flor sin remedio
―¿Qué decís? ―exclamó el tipo muy ofendido.
―¡Perdón, perdón, lo siento, mhmm, yo no quise, mhmm, decir eso, lo siento, mhmm!
Sin embargo sus disculpas vinieron acompañadas de sus tics en el brazo, y la bandeja se le escapó, rompiéndose las copas en el suelo y salpicando de vino el vestido de una invitada.
―¡¿Sos retrasada?! ―bramó el hombre cuando vio a su mujer chillando histérica porque su vestido se había vuelto de color rosa en los bajos.
―Lo siento mucho, mhmm, perdón, mhmm, boluda que soy.
Flor trató de agacharse para limpiar el vestido de la invitada con un paño que llevaba cogido a su cintura, pero la mujer la apartó con un empujón, como si su contacto le contagiase algo malo.
―¡Más que boluda, sos una verdadera incompetente! ―condenó la mujer sin piedad―, ¡arruinaste mi vestido! ―chilló exaltada.
Vulva plañidera, perdón, perdón, mhmm, yo no quise, mhmm, decir eso, mhmm…
―¡Esto es el colmo, jamás nos había tratado así el servicio! ―aulló el tipo.

Algunas personas les habían hecho un poco de corro, ansiosos de presenciar un episodio vergonzoso. Jazmín no había dejado de estar pendiente de Flor, y se acercó rápidamente en cuanto notó que algo no iba bien.
―¿Todo bien, acá? ―preguntó mientras se interponía entre Flor y la pareja alterada.
―¡Nada está bien!, ¿dónde encontraron a una camarera tan tarada e inútil? —exclamó el tipo.
―Jazmín, yo… mhmm, sólo intentaba hacer, mhmm, mi trabajo, pero este culo cagado, perdón, perdón, mhmm, este hombre, mhmm…
―Tranquila, escuché mientras me acercaba ―dijo Jazmín tomándole una mano para tratar de relajarla.
―¿Vos escuchaste?, ¡entonces deberías despedirla de inmediato, no hace nada acá!
—¿Sabés qué?, tenés razón, aquí sobra gente —Flor la miró con expectación—, pero son ustedes, les pido amablemente que dejen mi fiesta ahora mismo.
―Señorita Jazmín, no es necesario llegar a eso ―Martina también se había acercado al escuchar las voces y trataba de apaciguar la situación, conocía demasiado el carácter impulsivo de Jazmín.
Pero Jazmín se mostró inflexible, defendiendo a Flor en todo momento.
—Si vos no la hubieras puesto nerviosa, si no le hubieras hablado mal, seguramente no se le habría caído la bandeja ―sentenció.
Flor miraba a Jazmín como si fuera un bello ángel guardián aparecido cuando más lo necesitaba. La pasión con que la defendía y la calidez de su mano le provocaban una extraña sensación de bienestar en el pecho.

—Será mejor que se marche, señorita —dijo Ernesto del Río, que también apareció tras el revuelo formado—, no te preocupés por la tintorería, corre de mi cuenta, Miguel.
—Eso ya me da igual, lo que me indigna es que una simple camarerucha tarada nos haya hablado de esa forma ―declaró el tipo.
—No es que vos te hayas ganado su respeto, tratándola de esa manera —espetó Jazmín.
—Calláte, hija, esto no va con vos.
—Sí va, este tipo no tiene razón y mucho menos educación, no lo quiero en mi fiesta.
—¡Jazmín, basta! ―exclamó su padre, después miró a Flor―, márchese, señorita, Martina le pagará el tiempo que ha estado aquí.
—¿Y ya está?, ¿siempre ganan los mismos? —demandó Jazmín.
—Dejá de decir tonterías —advirtió su padre—. Siempre conseguís sacarme de mis casillas.
Ahora Flor entendía mejor lo que Jazmín le había contado en el pequeño jardín.
—Sí, es una de mis mejores cualidades, ésa y otra que seguís sin bancarte, ¿verdad?
—¡Pará! —Ernesto del Río no tenía ningunas ganas de que la orientación sexual de su hija se conociera en sus círculos sociales. Pero temiendo que Jazmín explotase si seguía enfrentándola, dirigió su ira contra alguien más débil—. ¿Y usted qué hace acá todavía?, ¿no le he dicho que se marche?
―Sí, perdón, mhmm, me voy, mhmm.
Flor trató de soltar la mano de Jazmín y obedecer al dueño de la casa, pero la pelirroja no se lo permitió y encaró de nuevo a su padre.
—Muy bien, pues yo también me marcho… está claro que mi sitio no está acá.
—¿Qué decís? ―preguntó incrédulo Ernesto mientras Martina miraba con las manos muy apretadas delante del pecho, le dolía presenciar aquellos enfrentamientos y lo había hecho demasiadas veces.
—Dale, Flor, vamos.
Jazmín tiró con suavidad de su mano y Flor la siguió a paso ligero ante la furibunda mirada de su padre, que tenía por delante la desagradable tarea de informar que la cumpleañera había abandonado la fiesta. Todo el mundo sabía que Ernesto del Río y su hija no tenía una buena relación, y ése era uno de los atractivos para asistir a aquella fiesta, la mayoría de los invitados habían ido con la esperanza de presenciar de primera mano uno de sus enfrentamientos.

Jazmín se quitó el vestido y se puso ropa de calle. Flor se quitó el uniforme. Ambas se reunieron en pocos minutos en la entrada trasera de la propiedad. Jazmín se despidió de Martina con un beso en la mejilla y salieron a la calle.  
—Siento mucho todo lo que ha pasado, Flor, ese pelotudo, ¿cómo se atrevió a hablarte así?
Flor la miraba maravillada, no recordaba una escena así desde que Virginia, su hermana mayor, se pegaba con niños en el patio porque se habían metido con ella por culpa de su síndrome. Pero Jazmín del Río no era su hermana, ni siquiera era su amiga, y sin embargo, la había protegido ante todos.
—No, Jazmín, lo siento yo, estropeé tu fiesta con mi… problema encantador —bromeó citando a la propia Jazmín—. Siento mucho que vos te pelearas con tu papá por mi culpa.
—No digas eso, Flor, no hiciste nada malo, y sigo pensando que tu “problema” no es tal cosa, sino algo que te hace a vos… especial ―aseguró con una sonrisa sincera.
—Gracias, Jaz… ¡ay!, te llamé Jaz ―dijo riendo, contagiando a Jazmín.
―Vos podés llamarme como quieras ―expresó perdiéndose en sus ojos oscuros. Que parpadeaban a elevada velocidad tras haber escuchado sus palabras.
―Pero me siento re mal, estás triste, justo hoy que es tu cumpleaños.
—No te preocupes por eso, es lo habitual con mi papá ―admitió Jazmín―, pero me temo que no volverás a trabajar allá, lo siento.
―Mejor así, no puedo contener las puteadas con pelotudos como esos ―declaró con gesto orgulloso, como si no le importase.
―Sos increíble.
Jazmín sabía que decía eso para que ella no se sintiera peor de lo que ya estaba.
―¡Todavía no son las doce! ―exclamó Flor de pronto.
―¿Y? ―Jazmín no la seguía.
―Todavía es tu cumpleaños, ¿cuántos cumples?, si no es indiscreción ―añadió con una sonrisa demasiado graciosa como para molestarse con su pregunta.
―Veinticinco.
―Muchos…
―¿Me estás cargando? ―dijo Jazmín riendo.
―No, perdón ―Flor también reía―, me refiero a que… bueno, da igual, esperáme acá.
―No entiendo, ¿dónde vas?
―Bancáme un momento ―rogó Flor uniendo las manos delante del pecho.
Jazmín asintió, desconcertada, y se retiró hacia un banco del parque al que habían llegado caminando.

Flor se acercaba a ella con las manos a la espalda y una sonrisa nerviosa en el rostro. Jazmín estrechó sus ojos, inquieta y muerta de curiosidad.
―¿De dónde venís?
―Del supermercado veinticuatro horas que hay al doblar esa esquina.
Jazmín alzó las cejas divertida y Flor le dio la espalda, ocultando lo que llevaba, para volverse hacia ella de nuevo después de un minuto.
Flor sostenía entre sus manos un pequeño pastelito con una vela encendida clavada en él. Jazmín se quedó con la boca abierta demasiado rato.
―¿No te gustan los pasteles?, te chupa un huevo los pasteles, debí preguntarte, boluda que soy.
―¡No, no, me encantan los pasteles! ―exclamó Jazmín de inmediato. No podía permitir que Flor se castigase un solo segundo por algo que además no era cierto.
―¿Entonces? ―preguntó lastimosamente con el pastel y su vela encendida en las manos.
―Es que… no esperaba algo así, es… ¡es hermoso! ―afirmó con los ojos brillantes de emoción.
―¿Te gusta?, ¿posta? ―Flor sonreía con cierta timidez.
―¡Me encanta!
A Jazmín no le había pasado por alto el detalle de que Flor había comprado incluso un mechero para encender la vela, lo veía dentro de la bolsa semitransparente que colgaba de su muñeca. ¿Cómo podía ser tan adorable?
―Puse sólo una vela, ¿viste?, el pastelito era muy pequeño para poner veinticinco, y las velas de números también eran demasiado grandes ―explicaba Flor mientras Jazmín la miraba embobada―, pedí un deseo y soplá la vela, dale, Jaz.
―Está bien… «deseo… poder disfrutar de verte tan alegre conmigo muchas veces más».

Jazmín apagó la vela y compartieron el pastelito. Después hablaron un rato más, hasta que vieron que se hacía hora de retirarse.
—Gracias, Flor.
―¿Por qué?
―Por salvar mi veinticinco cumpleaños cuando ya lo daba por perdido.
―Si no fue nada, che.
―Vos hiciste mucho.
―Vos también hiciste mucho por mí esta noche ―replicó Flor―, gracias, Jaz.
Estaban tan cerca que a pesar de la oscuridad de la noche, la luz de la farola permitía que se vieran perfectamente reflejadas en los ojos de la otra. Jazmín quería besarla, desde mucho antes del pastelito, desde antes del enfrentamiento con su padre… desde el momento en que sus miradas se cruzaron cuando la defendía delante de Martina. Flor le había llegado dentro tan rápido que le costaba comprenderlo. Flor, por su parte, luchaba para no apartar la mirada, aunque su parpadeo incesante le indicase que la cercanía de Jazmín le afectaba más de lo que podía llegar a entender. Algo en ella la atraía como la luz a las polillas. Fue Jazmín quien rompió el momento, temerosa de dar un paso en falso.

―Te acompaño a tu casa.
―Espera, Jaz… ―Jazmín la miró con toda su atención―, feliz cumpleaños ―dijo y se lanzó a abrazarla―, no te había felicitado apropiadamente.
A Jazmín le costó un instante reaccionar ante aquel gesto, pero no tardó en devolverle el abrazo. Cerró los ojos y aspiró el perfume de sus cabellos oscuros. Amaba que Flor fuese así de impulsiva. Cuando se separaron, Flor habló.
—Sé que te conozco a vos desde hace sólo unas horas, pero… siento como si fuera mucho más tiempo.
―A mí me pasa lo mismo con vos ―se sinceró Jazmín y ambas se sonrieron― ¿Dónde vivís vos?, te acompaño.
―No, todo bien, me cojo un taxi.
―¿Seguro?, no me importa nada acompañarte «me muero por acompañarte».
―No, de verdad, todo bien, ya es tarde.
―No me cuesta nada, voy con vos en el taxi, así me quedo tranquila y luego me iré a casa de un amigo
—¿Amigo?, ¿querés decir tu novio?, noche con final feliz, perdón, lo siento.
―Todo bien, es que le prometí a Javo que iría hoy a recoger su regalo después de mi fiesta.
Regalo de un pito duro, lo siento, perdón, no quise molestarte…
Flor se esmeraba en disculparse, pero Jazmín no estaba molesta, sino al contrario. Le divertían las salidas de Flor, y también las atesoraba, pues eran sus pensamientos expuestos, y moría de amor ante la vulnerabilidad de Flor cuando exponía sus pensamientos más ocultos. Sintió la necesidad de sacarla de su error.
—No, Javo es mi mejor amigo, a mí no… —Quizá era un poco pronto para confesarle que le gustaban las mujeres. No quería arriesgarse a asustarla y que se alejase de ella— Yo no tengo novio.

―Es aquí, pare ―pidió Flor al taxista, y entonces se volvió hacia Jazmín en el asiento―, te doy mi celular por si tu padre organiza otra fiesta y necesitan camareras.
Jazmín se rio a carcajadas, echando la cabeza hacia atrás. No sólo amaba su impulsividad, también su sentido del humor. Flor sonreía sin perder detalle de los gestos de Jazmín, sus labios se curvaron aún más al ver cómo la pelirroja achinaba los ojos.
―No necesitás ninguna excusa para pedirme el celular, Flor ―aseguró Jazmín. Flor se quedó callada sin saber qué responder, se sentía descubierta. Sin embargo, Jazmín no permitió que se sintiera así mucho rato―, pero vos me ahorraste el tener que inventar una excusa mucho peor para pedírtelo yo.
Ahora era Flor la que se reía con ganas, mientras el taxista las contemplaba por el espejo retrovisor como si estuvieran locas.
―Señoritas, el taxímetro sigue corriendo ―informó en tono neutro.
―Qué boluda ―exclamó Flor―, me bajo ya que si no el viaje te saldrá muy caro.
Jazmín deseó la muerte del taxista, y ella no era de desear la muerte de nadie, pero es que, nadie hasta ahora, le había robado tiempo con Flor.
―¡Buenas noches, Jaz! ―Se inclinó sobre ella y le besó la mejilla―, gracias por todo.
―No, gracias a vos, Flor ―Le devolvió el beso.
―Nos vemos pronto ―dijo Flor ya desde fuera del vehículo.
―Eso espero ―confesó Jazmín.
Flor la miró con su parpadeo vivaracho y una sonrisa ilusionada, o eso le pareció a Jazmín.

Jazmín se pasó el trayecto en taxi mirando sin ver por la ventanilla. Los recuerdos de la noche con Flor monopolizaban todos sus sentidos. Jazmín sabía que Flor era una persona muy especial, lo sentía, y también sentía que sus caminos no se habían cruzado por casualidad. Anhelaba descubrir hasta qué punto podía llegar a ser importante y especial en su vida aquella chica que, sin conocerla de nada, la había defendido aun a riesgo de perjudicarse ella.

A Flor le costó dormirse, pues no podía dejar de pensar en Jazmín, la belleza pelirroja que se había enfrentado a su propio padre para defenderla. Le costaba conectar con la gente debido a su enfermedad, causaba rechazo más que otra cosa entre la gente que la acababa de conocer. Pero con Jazmín había sido tan distinto. En ningún momento la hizo sentirse menos o diferente. Quería volver a verla, quería conocerla más, quería seguir disfrutando de esa extraña sensación de bienestar en su pecho cuando la tenía cerca.

Y el deseo de Jazmín se cumplió. Pudo volver a ver a Flor feliz en su compañía muchas veces más, pues a las pocas semanas, entró a trabajar como asistente de cocina de Javo Valdés en el “Estrellas hotel”, el hotel que Florencia Estrella y sus cuatro hermanas debían gestionar durante un año para después recibir la herencia de su padre, Mario Estrella. Pero ésa es otra historia que muchos de vosotros, seguro que ya conocéis.

FIN


NOTA DE LA AUTORA 2:
Siento un pequeño vacío creciendo en mi interior ahora que la serie está a punto de acabarse. Sé que echaré mucho de menos a Flor y a Jazmín a partir del 19 de Enero, por eso es posible que acabe escribiendo un fic para sobrellevar su ausencia.
Sería un fic que continuaría la historia por donde termina la serie, más o menos ;) siempre que la musa me acompañe y me apoye, claro.
Hasta pronto, espero, Flozmín shippers.


 

6 ene. 2018

"Princesa, por amor" FIC CANCELADO




Sé con certeza que no continuaré con él, y lo siento mucho por las personas que todavía esperaban seguir leyendo esta historia.

La primera parte me trajo muchísimas alegrías, pero han pasado muchos años, y la musa de Harry Potter ya no está conmigo como antes. No quiero forzarme a escribir algo que no me sale de manera natural, porque sé que estropearía la historia y a los personajes, y eso no sería justo para nadie.

Sólo puedo deciros que Ron y Hermione son felices juntos, al igual que el resto de parejas, y que los Malfoy recibirían su castigo por intrigantes. Siento mucho no haber terminado de contar esta historia, pero siento que es mejor así que hacerlo por obligación. 

Muchas gracias por haberme leído y acompañado hasta ahora. Un abrazo fuerte.

Ysabel.


17 dic. 2017

"Nunca Te Olvidé" (Supercorp) Capítulo 1



NOTA DE LA AUTORA:
El mundo que voy a describir en mi fanfic está basado en la Tierra X que conocimos en el crossover de las series DC, y en lo que conozco de la Tierra X de los cómics. Y a esa mezcla, le he añadido cosas de mi imaginación, así que habrá de todo un poco. Pero aviso ya que es un fanfic de Supergirl, así que utilizo a sus personajes, no esperéis ver a las Leyendas, Flash o Arrow por aquí (exceptuando a Sara Lance y Leo Snart quizá en un futuro).



CAPÍTULO 1: ESPERANZA
Los Luthor ocuparon sus asientos en uno de los coches más grandes que poseían. James Olsen, su chófer, cerró la puerta tras subir Lena, la integrante más joven de la familia, y le dedicó una sonrisa educada antes de ocupar su puesto y arrancar el motor. Lena odiaba el plan social al que iban, pero ya se había escabullido las últimas dos veces, no podía haber una tercera, resultaría sospechoso, incluso peligroso. Sólo había una cosa peor que ser rechazado por el régimen, y era ser traidor al régimen, no había piedad alguna para los traidores.

Maxwell Lord, el científico más importante del ejército nazi, y su esposa, Verónica Sinclair, los habían invitado a una tarde de acción, como ellos las llamaban. La joven Luthor prefería llamarlas “tardes de matanza”, porque nunca se trataba de luchas justas. Aquel matrimonio era tan sádico como fiel al emperador alemán y contaba con su amistad. A pesar de todo, Lena sabía que era afortunada, pertenecía a la nueva aristocracia, formada por los diplomáticos y gobernantes y los altos cargos del ejército. Disfrutaban de bastante impunidad, más libertad y privilegios, a diferencia de la gente de a pie.

Lena miraba a través de la ventanilla, las calles de Berlín, las personas que caminaban por las aceras, los vehículos que pasaban a su lado… Todo parecía tan normal, tan tranquilo. Parecía reinar la paz, pero Lena sabía que no era una paz libre, sino forzada, de sometimiento, y cada persona optada por vivirla de una manera. Mucha gente se conformaba con vivir como el régimen permitía, cumpliendo cada una de sus leyes y mirando a otro lado ante el trato que recibían los diferentes. Otros hacían sus vidas dentro del sistema, aunque lo criticaban en la intimidad, pero no tenían el valor o la posibilidad de enfrentarse. De entre ellos, algunos incluso se arriesgaban a hacer cosas prohibidas, como amar a personas de otras razas o del mismo sexo, llegando a existir locales secretos donde reunirse. Y quedaban unos pocos que luchaban activamente contra el régimen, sin mucho éxito hasta entonces, los rebeldes, agrupados en equipos que se bautizaban de diferentes maneras. La joven Luthor paseaba sus hermosos ojos verdes de un peatón a otro, preguntándose qué tipo de vida llevaba cada uno. 
XXXXXX



Lena se alegraba de que James no tuviera permitido el acceso a la residencia de los Lord-Sinclair debido al color de su piel. Así se ahorraba presenciar aquellos horribles combates que a ella le revolvían el estómago. Verónica Sinclair, la anfitriona, se presentó como Roulette a los invitados, el sobrenombre que le gustaba utilizar cuando se convertía en la presentadora de los combates. Maxwell la miraba con devoción, sin duda, eran el uno para el otro.
―Esta tarde, mis queridos amigos, disfrutaremos de la presencia y las habilidades bélicas de Mon-El, uno de los soldados más grandes del imperio ―anunció con entusiasmo―, va a darles una lección a un grupo de indeseables.
La joven Luthor la corrigió en su cabeza. Mon-El no era ningún héroe de guerra, sino una máquina de matar, y aquellos a los que llamaba indeseables, un atemorizado grupo de hombres negros, asiáticos y homosexuales que no tenían ninguna oportunidad de vencer a su contrincante. Pero tampoco tenían oportunidad de escapar o negarse a combatir, porque eso significaba la muerte. Después de que Mon-El matase a uno y dejase en coma a otro de los hombres, el resto se lanzó a por él a la vez. No servía de nada. Lena, asqueada con aquel espectáculo, dejó ir a su mente muy lejos de allí, hasta un lugar donde disfrutaba de tardes realmente agradables y divertidas con sus amigas Sam y Kara.
XXXXXX



AÑOS ANTES…
Como muchas tardes, Lena se había reunido con sus mejores amigas en el bonito jardín de la casa de los Danvers. Se conocían desde hacía años, y aunque Sam y Kara tenían dos más que Lena, habían conectado de una manera muy especial. A los Luthor les disgustaba esta amistad, porque consideraban a las dos niñas de clase inferior, puesto que sus familias eran mucho más humildes que la suya, pero permitieron la relación porque sólo eran niñas, fue una concesión, seguros de que en el futuro, cuando Lena creciese, harían lo posible para que su hija sólo se relacionase con gente de su nivel.

Las tres se volvieron casi inseparables, y disfrutaban de compartir muchas horas juntas. A veces charlando animadamente, contándose las novedades de sus colegios, comentando películas, bailando… otras, cada una en su mundo, pero juntas, siempre juntas. Lena Luthor demostró un temprano interés por la tecnología, y solía inventar pequeños artilugios. Samantha Arias leía libros antiguos, le fascinaba la historia y siempre tenía en mente investigar sobre su familia biológica, pues sabía que era adoptada. Kara Danvers, que también era adoptada, pintaba y escribía historias, le apasionaba escribir. Lo cierto era que las tres destacaban académicamente, especialmente Lena. Por su parte, Sam y Kara también lo hacían en los deportes, ambas poseían cuerpos atléticos, como si hubieran nacido para convertirse en deportistas de élite. Aunque no lo confesaba, Lena sentía un poco de envidia, pero pronto comprendería la condena que suponía en aquel mundo destacar en todos los aspectos.

Cada año, el gobierno organizaba pruebas y exámenes físicos y psicológicoss para los adolescentes alemanes y de otros países conquistados que tenían dieciséis años o más, y no pertenecían a la aristocracia. Cuando daban con gente óptima, les obligaban amablemente a unirse al ejército nazi, para servir a la madre patria y al orden del imperio. Lo disfrazaban de un gran honor, pero la triste realidad era que nadie podía negarse, salvo que quisiera acabar muerto.
—Van a volver a realizar los malditos exámenes de aptitud —anunció Kara molesta ajustándose las gafas.
—No me apetece nada hacerlos… pero quizá el cielo me escuche y obtenga malos resultados —añadió Sam— Tienes suerte de ser una Luthor, Lena, no van a reclutarte.
—¡Me da igual, si os reclutan a vosotras, me ofreceré voluntaria! —chilló Lena en un arrebato. Sus amigas se rieron.
—Claro que sí, Lena —dijo Kara con una gran sonrisa mientras apoyaba la mano sobre su cabeza como si Lena fuera más pequeña de lo que realmente era.
«Tengo casi catorce años, ¿es que nadie se da cuenta?», pensó la joven Luthor.
Kara y Sam tenían ya dieciséis años, además, las dos le sacaban unos cuantos centímetros en estatura. Lena bufó con resignación ante la divertida mirada de sus amigas.
―¡Chicas, ¿os apetece algo de merienda?! ―exclamó Alex Danvers, la hermana mayor de Kara, desde la puerta de la casa.
―¡A mí sí, me muero de hambre! ―contestó su hermana de inmediato.
―Yo también quiero comer algo ―dijo Sam uniéndose a Kara.
―¿Por qué coméis tanto? ―preguntó Lena frunciendo el ceño―, seguro que por eso sois tan altas.
Las tres se echaron a reír y se apresuraron a entrar en la cocina para devorar lo que Eliza Danvers les había preparado.

Tres meses después, se confirmaron los peores temores de Sam. Tanto ella como Kara habían obtenido unos excelentes resultados en todas las áreas y las malditas cartas de reclutamiento llegaron a sus casas. Pero había más, sus excepcionales resultados las convertían en candidatas idóneas para el programa especial.

La madre adoptiva de Sam no dudó en entregarla al ejército, le ofrecían una elevada suma de dinero como agradecimiento por su aportación al imperio. Sam sintió como si la estuviera vendiendo y dejó de sentir el escaso cariño que sentía por su fría madre adoptiva. Sin embargo, la reacción de los Danvers fue muy diferente. Conocían historias de otros muchachos que habían sido reclutados para aquel programa especial y habían desaparecido. Era como si se los hubiese tragado la tierra, sus familias nunca volvieron a saber de ellos. Se negaron a entregar a Kara, y recibieron amenazas de muerte avaladas por la ley que regía el imperio nazi. Nadie tenía derecho a negarse a hacer lo que era mejor para el régimen, para su gente, para la madre patria. El día que los soldados se presentaron en su casa para recoger a Kara, Jeremiah Danvers trató de oponerse a ellos.
―¡No vais a llevaros a mi hija! ―bramó el hombre con rabia.
―Admiro el amor que le tiene a su familia, doctor Danvers, pero le aconsejo que piense en qué es lo mejor para ellas, no querrá convertirlas en viuda y huérfanas ¿verdad?

El soldado no se molestó en disimular su amenaza. Pero Jeremiah forcejeó con ellos cuando uno agarró del brazo a Kara, y acabó recibiendo un fuerte golpe de la culata de un fusil. Eliza y Alex se agacharon a ayudarlo y Kara lo miró con agradecimiento y profundo amor en sus ojos azules. No podía permitir que su familia sufriera ningún daño por su causa, así era ella.
―Por favor, papá… me habéis cuidado durante toda mi vida como si fuera vuestra hija de sangre, no me debéis nada, no podría haber sido más feliz… ―Sus padres y su hermana la miraban con lágrimas en los ojos― Todo va a salir bien.
―No os la podéis llevar… ―musitó Alex con voz temblorosa― Es mi hermanita…
Kara tiró del soldado y pudo llegar hasta Alex y abrazarla con fuerza.
―Cuida de nuestros padres por las dos ―susurró en su oído para que sólo ella lo escuchase―, y dile a Lena que… que se cuide mucho y que nunca la voy a olvidar.
Se volvieron a abrazar, después, Kara se agachó junto a sus padres y los abrazó también.
―No cambies, Kara, por favor, no te conviertas en uno de ellos ―rogó su padre sin dejar de llorar.

Aquel día, Lena tuvo un mal presentimiento y acabó llamando a casa de los Danvers. Le contestó Eliza sollozando. La joven Luthor no necesitó más que unos segundos para comprender lo que había pasado. Se las habían llevado y ni siquiera había podido despedirse de ellas. Se las habían arrebatado. Le habían quitado a sus mejores amigas, las personas que más color y calidez aportaban a su vida… y a su primer amor, aunque no estaba segura de que ella lo supiera. Lena se sintió huérfana a pesar de tener padres, se sintió perdida, a pesar de tener el futuro bien trazado, se sintió vacía, a pesar de disfrutar de pertenecer a una de las familias más influyentes del imperio. Su mundo se volvió gris y frío. El único consuelo que le quedó fue pensar que se las habían llevado a las dos, al menos se tendrían la una a la otra.
XXXXXX



Lena siguió creciendo con aquella dolorosa ausencia, sintiendo siempre como si le faltase una parte de sí misma. Se volvió más seria y retraída, y la cosa empeoró cuando comprendió que ella no era como debía ser, sino como algunas de las personas que el régimen condenaba de manera implacable. Le atraían las mujeres, no los hombres, pero había sabido mantenerlo en secreto para estar a salvo incluso de su familia, clasistas, racistas y homófobos confesos.

Aunque en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, la homosexualidad femenina había sido bastante pasada por alto, debido a que las mujeres eran consideradas inferiores y nunca fueron vistas como una amenaza, en las últimas décadas eso había cambiado. Ahora, la ley condenaba por igual a ambos sexos, y la homosexualidad se consideraba un crimen atroz para el régimen, que necesitaba hombres y mujeres que procreasen soldados y mantuvieran el orden de la familia nazi. Una familia de férrea jerarquía en la que el hombre estaba por encima, la mujer por debajo y los hijos siempre a disposición del régimen, para que los utilizase de la forma que más conviniese al imperio.

La joven Luthor era consciente de lo injusto y miserable que era el mundo en el que había nacido, y se sorprendía porque nadie a su alrededor parecía darse cuenta. Sin embargo, el destino quiso que conociese a un grupo de valientes que se hacían llamar los “guerreros de la libertad” y con ellos descubrió el propósito de su vida, luchar contra el régimen nazi desde la posición privilegiada de pertenecer a su aristocracia. Se había convertido en espía.

El estruendo de los aplausos a su alrededor sacó a Lena de sus pensamientos. El vergonzoso espectáculo había terminado. Los Luthor se despidieron del matrimonio Lord-Sinclair por un rato, puesto que volverían a verse en la cena de gala que se celebraba en el palacio del emperador aquella misma noche.
―¿No te han gustado los combates de hoy? ―preguntó Lex a su hermana.
―¿Qué combates? ―replicó Lena―, yo no he visto ningún combate, sólo a un… tipo dando una paliza a otros tipos. ―Lena se mordió la lengua para no hablar de más. Ya era bastante incómodo que su gente supiera que no le gustaban esas cosas, como para que encima pensasen que además las veía injustas y crueles.
―No entiendo cómo no puede gustarte ver a un glorioso soldado nazi machacando a nuestros enemigos ―exclamó con la mirada encendida.
«¿Nuestros enemigos?, ¿esos pobres hombres indefensos y sin culpa de nada?», se dijo a sí misma Lena.
―Al menos te habrás fijado en lo guapo que es Mon-El, ¿no? ―dijo de pronto su madre, Lillian Luthor―, Verónica no exageraba ni un poco cuando habló de él.
―Querida, estoy aquí ―anunció su marido, Lionel Luthor.
―Sabes que sólo bromeo, querido ―aseguró Lillian―, pero me gusta que Lena tenga la oportunidad de conocer hombres guapos e interesantes.
«¿Interesante un mercenario sin alma?, no, gracias», pensó Lena.
La joven Luthor desvió la mirada y se encontró con los oscuros ojos de James en el retrovisor del vehículo. Sólo unos segundos, pero le bastaron para saber que su chófer veía su disgusto y además lo compartía. Suspiró y dejó la mirada perdida a través del vidrio de la ventanilla, volviendo a sumirse en sus recuerdos y pensamientos.

Ayudada por los “guerreros de la libertad”, Lena logró rescatar a Sam de las garras de los científicos y militares nazis seis años atrás, pero no logró hacer lo mismo por Kara, que había sido trasladada a otros laboratorios. Lena maldijo su suerte y siguió buscándola durante años, hasta que empezó a darse por vencida. Había pasado mucho tiempo, Kara podía estar incluso muerta, eso creían algunos. La joven Luthor nunca aceptó esa posibilidad, pero sí se resignó a no volver a verla nunca más, aunque no a olvidarla, eso era imposible.

Cuando llevaron a Sam al DEO, nombre que puso a su refugio el grupo de rebeldes, ya no era la chica que Lena recordaba. Las duras experiencias vividas durante años la habían marcado. Necesitó meses para comportarse con cierta normalidad. Tampoco su cuerpo era como antes. Tras los experimentos sufridos, había adquirido poderes increíbles, convirtiéndose en Reign, como la habían bautizado en los laboratorios. Estaba destinada a ser una de los mejores soldados del régimen, pero había cambiado de bando gracias al empeño de Lena en buscarla y rescatarla.

Desgraciadamente, de todos los adolescentes víctimas de aquellos experimentos, al menos dos habían alcanzado el nivel de Reign, se trataba de Mon-El y Overgirl, convertidos ya en iconos del ejército nazi.  Sin embargo, eso no disuadió a los rebeldes de lanzar una gran ofensiva, con Reign a la cabeza, contra el imperio. Lo habían planeado durante años, estaban más preparados y mejor organizados que nunca. Por primera vez en la historia, tenían verdadera esperanza de triunfar.

Atacaron en pleno Berlín, tratando de acercarse lo más posible al palacio del emperador, pensando que si lo mataban a él, todo el régimen se tambalearía. Pero tras unas horas de contienda, Morgan Edge, capitán de las SS y mano derecha del emperador, los sorprendió accionando algún tipo de mecanismo o implante en el cuerpo de Sam que le arrebató, en apenas instantes, todos sus poderes. Mon-El y algunos soldados se bastaron para barrer la rebelión en pocos minutos. Los “guerreros de la libertad” tuvieron que retirarse, con un fracaso más a sus espaldas, quizá el más doloroso, porque nunca habían estado tan cerca del éxito. Lena agradeció que pudieran llevarse con ellos a Sam. Pero su amiga no se alegraba de seguir viva, la rabia consumía toda su energía, no se perdonaba el haber sido tan fácilmente neutralizada por sus enemigos, lo que había supuesto la muerte de algunos compañeros y la derrota del todo el grupo. Habían pecado de ingenuos. Los nazis no estaban dispuestos a permitir que sus mejores armas se volvieran contra ellos, lo habían dejado muy claro con Reign.

Habían pasado ya cinco meses desde aquello, pero el grupo de rebeldes seguía desmoralizado. No veían opciones si ya ni siquiera contaban con el poder de Reign. Lena tampoco tenía mejor ánimo. Aquellos malditos llamados nazis, no sólo eran diabólicos, sino también inteligentes… y muy poderosos. La joven Luthor contemplaba desde el vehículo ya detenido una estatua colosal de Overman, el máximo símbolo del poder y la victoria nazi siete décadas atrás, que presidía los inmensos jardines de palacio. Gracias a la tecnología de su planeta natal, Krypton y al inmenso poder que aquel hombre poseía en nuestro planeta, el ejército nazi se impuso fácilmente a sus enemigos durante la Segunda Guerra Mundial, y el destino de toda la humanidad quedó sentenciado. Aunque Overman murió en acto de servicio, protegiendo al hijo de Hitler, seguía siendo recordado, venerado… y temido, pues gracias a su ADN, los científicos nazis habían podido crear súper soldados. Con Sam neutralizada, no podían hacer nada contra la tecnología kryptoniana y dos monstruos como Overgirl y Mon-El.
XXXXXX



Los Luthor entraron en el gran salón donde el emperador recibía a sus invitados más ilustres. Allí estaba él, Hans Hitler, nieto de Adolf Hitler, que abandonó su título de Führer cuando ganó la guerra y se autoproclamó emperador del imperio alemán y dueño del mundo conocido. Hans era un hombre de unos cuarenta años, algo más alto que su abuelo pero con el mismo bigote, que también había llevado su padre, parecía como un distintivo de los varones de su familia. Hablaba animadamente con el matrimonio Lord-Sinclair y con otros invitados.

Lena apartó la mirada de ellos y se encontró con uno de los hombres que más detestaba en el mundo, Morgan Edge, que le sonreía abiertamente, sin molestarse en disimular la atracción que siempre había sentido por ella. Si él no hubiera accionado lo que fuera que Sam llevaba dentro, Reign no habría perdido sus poderes y su rebelión habría triunfado. La forma en que la seguía mirando la empezó a incomodar y caminó unos pasos en dirección opuesta, pero mirase donde mirase, sólo veía personas sin corazón, sin moral… y sintió angustia. Necesitaba salir de allí.

Se excusó con su madre y abandonó el salón para buscar un baño. Caminaba deprisa y no se percató del obstáculo hasta que tropezó con alguien. Alzó la cabeza y pudo verla. La máscara y el uniforme eran inconfundibles, se trataba de la mismísima Overgirl.
―Tenga cuidado, señorita ―sonó una voz distorsionada por la máscara―, podría hacerse daño si no se fija por dónde va.
«¿Me hablarías igual si no fuera blanca o supieras que me gustan las mujeres?, maldito mundo», se dijo Lena.
La joven Luthor retomó su paso rápido y se alejó de ella sin decir una sola palabra. ¿No bastaba con tener que soportar a todos aquellos degenerados que también asistiría su mercenaria?

Unos minutos después, Lena había regresado junto a su familia y todos se habían acercado a Hans, que parecía especialmente contento aquella noche.
―Hoy nos acompañan dos personalidades de nuestro glorioso ejército ―anunció el emperador―, Mon-El, al que ya conocéis de otras ocasiones ―El joven inclinó la cabeza como saludo―, y una señorita recién llegada de sus misiones en las frías tierras rusas, demos la bienvenida a Overgirl, nuestro mejor soldado.
Todos los presentes empezaron a aplaudir con emoción. Lena se forzó a imitarlos, aunque no logró curvar sus labios en una sonrisa. Si alguien le preguntaba, diría que se encontraba mal, no era tan alejado de la realidad estando entre aquellas personas.

Y entonces, la mujer pulsó un botón en su máscara y ésta se desvaneció, mostrando su rostro a los presentes. Cuando Lena la miró, casi se le paró el corazón. Su mirada celeste, fría como el mismo hielo, apenas le dedicó unos instantes, pero fueron más que suficientes para hacerla estremecer.
—Kara… —musitó Lena en estado de shock.
—Por favor, comandante Danvers, tome asiento en la mesa… será un honor que nos cuente cómo le ha ido estos últimos años en Rusia.
«Overgirl es Kara… oh Dios…», se repetía una y otra vez en su mente.
De repente, después de meses de abatimiento, Lena recuperó la esperanza.

CONTINUARÁ…

26 nov. 2017

"Tierra - 40" (Supercorp) epílogo


EPÍLOGO
Las coordenadas que había introducido Lena eran correctas y ambas aparecieron en la sala principal del DEO. Todos las recibieron con alegría y alivio, especialmente Alex, que rogó a Kara no volver a ausentarse tanto tiempo a menos que la dejara acompañarla. Maggie, por su parte, bromeó con la desesperación de Alex durante la ausencia de su hermana, a lo que la agente respondió dándole un golpecito en el brazo, azorada, mientras todos reían. Winn hizo muchas preguntas sobre cómo era todo en Tierra 40 y cómo era su doble allí. J’onn apenas habló, pero no dejó de sonreír al volver a ver juntas a las hermanas Danvers, a quienes él consideraba casi como hijas adoptivas.

La Navidad había llegado, y Lena le contó a Kara que L Corp iba a celebrar una fiesta. Nada fuera de lo habitual si no fuera por la intención de la joven Luthor.
—Quiero aprovechar la fiesta navideña para presentarte oficialmente como mi novia, Kara —declaró de pronto con la copa de vino todavía en la mano. La kryptoniana la miró con los ojos como platos—. Necesito decirle al mundo que estoy enamorada de ti… no quiero pasar un día más ocultando esto tan hermoso que tenemos, ¿puedes entenderlo?
Lena sabía que Kara llevaba años ocultando su identidad como Supergirl, y que estaba acostumbrada al anonimato que disfrutaba como Kara Danvers, temía que no pudiera renunciar a ello.
—Lena… —empezó Kara, pero su novia la interrumpió.
—Ya sé lo que me vas a decir, Kara, que ahora pasas desapercibida y vives muy tranquila, y todo eso se terminará en cuanto te conviertas en la novia de Lena Luthor, pero es que yo… —replicó rápidamente.

—Lena, espera, no… —La joven Luthor ignoró a Kara y siguió hablando.
—Es que no puedo conformarme con vernos a escondidas, como si esto estuviera mal, y lamentablemente soy una figura pública, sé que te estoy pidiendo mucho... —añadió con preocupación, apartando la mirada.
Kara llevó su mano a la mejilla de Lena, que la miró y se encontró con su preciosa sonrisa.
—Entiendo tu necesidad, Lena… y que quieras presentarme como tu novia, con ese orgullo y esa felicidad en tu mirada… es el mejor regalo de Navidad que me han hecho nunca… —susurró Kara conmovida. Lena sonrió con sus ojos verdes brillantes de emoción.
—Dios, Kara, te quiero tanto —musitó la joven Luthor antes de abalanzarse sobre la kryptoniana y besar sus labios con pasión.
—Por Rao, Lena que yo te quiero más —contestó Kara contra su boca.

Después de dedicarse unos minutos de caricias y besos, lograron serenarse un poco y retomar la conversación, pues quedaba un tema importante que tratar. 
—Si nos mostramos como pareja en tu fiesta, no podrás salir con Supergirl, y nada de lo que ha sucedido en Tierra 40 con Supercorp podrá pasar en nuestro mundo.
—¿Y qué quieres que pase, Kara? —preguntó Lena— ¿Quieres que anuncie al mundo que salgo con Supergirl o con Kara Danvers? —insistió Lena— Salir a cenar una noche a cualquier restaurante, a jugar a los bolos, a bailar a un pub, ir de compras o pasear por un parque… yo no quiero renunciar a todas esas cosas que podría hacer con Kara Danvers pero no con Supergirl, ¿y tú?
—Es cierto, con Supergirl sería muy complicado —aceptó la kryptoniana.
—Pero es tu decisión, Kara, y la respetaré —aseguró Lena—, a fin de cuentas, sé que la pareja Supercorp aportaría mucho bueno a este mundo, igual que aporta en Tierra 40, pero supongo que soy egoísta, y prefiero no renunciar a esas pequeñas cosas contigo, Kara Danvers.
—Gracias por tu sinceridad, Lena.
—Celebraré la fiesta este sábado, así que te quedan tres días para tomar la decisión —explicó la joven Luthor—, esperaré ansiosa tu elección —dijo, y la besó de nuevo.
XXXXXX



Al día siguiente, Kara hizo una visita a su hermana en su apartamento. Alex la recibió junto a Maggie y Kara les contó lo que había hablado con su novia.
—¿Y qué has decidido? —preguntó Maggie.
—Todavía nada —confesó Kara con un gesto que hizo reír a la detective.
—Veo que te está costando. —Kara asintió.
—Es una elección complicada —dijo Alex—, pero me gustaría que no perdieras de vista una cosa.
—¿El qué? —dijo la kryptoniana intrigada.
—Que se trata de tu vida, Kara, de tu mundo, ya no estás sustituyendo a Kara 40 en Tierra 40 —señaló Alex—, que no te afecte eso, no creo que todo tenga que ser igual en todas las tierras paralelas.
—Excepto lo nuestro, Danvers —inquirió Maggie de pronto. Su novia sonrió.
—Es verdad, lo nuestro ha de ser igual en todas ellas —replicó con una amplia sonrisa y se inclinó sobre la detective para besarla. Kara carraspeó para sacarlas de su ensimismamiento.
—Perdona, es que…
—No pasa nada, si estuviera Lena aquí me pasaría lo mismo, pero veros besándoos no me ayuda a tomar una decisión —se quejó haciendo aspavientos con los brazos. Las tres se echaron a reír.
XXXXXX




Tal como habían quedado, Lena fue a recoger a Kara a su apartamento. Su chófer se quedó sentado al volante mientras Lena dejó el vehículo y se metió en el edificio. Tocó a la puerta y Kara, que llevaba un bonito vestido color marfil, le abrió muy sonriente.
—¡Hola Lena! —exclamó acercándose a ella para besar sus labios. La joven Luthor parpadeó varias veces.
—Estás preciosa, Kara.
—Gracias, Lena, tú estás espectacular —replicó Kara cogiéndole la mano.
—Pero… ese vestido… y las gafas… ¿quiere decir que…? —pronunció débilmente.
—Quiero salir contigo como Kara Danvers, yo tampoco quiero renunciar a esas pequeñas cosas —confesó la kryptoniana.
—¿De verdad? —preguntó Lena emocionada.
—De verdad —repitió Kara mientras la abrazaba por la cintura y la pegaba a su cuerpo. Unieron sus frentes y cerraron los ojos para disfrutar de aquel instante. Muchas cosas cambiarían a partir de aquella noche, pero sabían que todo iría bien porque estaban juntas.

—¿Sabes que me fijé en ti el día que te conocí en mi despacho?, me pareciste guapa pero sobre todo, adorable —Kara sonrió con los ojos cerrados, y sus mejillas se sonrojaron un poco—, cuando te dije que esperaba que no fuese la última vez que hablásemos, no fue por cortesía, quería volver a verte —confesó la joven Luthor.
—Tú sí que sabes hacer que una chica se sienta especial —dijo Kara entre risitas nerviosas.
—¿Y me lo dice la mujer que dejó en mi ventana una plumeria y una nota para darme los buenos días, la que me llevó al DEO y me presentó a sus amigos a pesar de lo que pudieran pensar por ser quien soy, la que ha movido cielo y tierra para que la prensa publicase mi participación contra el virus Medusa…? —pronunció Lena clavándole sus ojos verdes.
—No me mires así, Lena… —pidió Kara en un susurro.
—¿Por qué? —preguntó de manera casual.
—Porque te llevaré volando a tu dormitorio y accionaré la radiación roja antes de que puedas parpadear otra vez.
Lena gimió encantada al escuchar sus palabras, pero se esforzó en contener sus ganas, porque aquella noche tenía algo importante que hacer, además de hacer el amor con su novia.
—Tienes razón, bajemos ya, antes de que decida cancelar la fiesta y me gane la enemistad de la clase alta de National City —bromeó haciendo reír a Kara.
—Eso sería horrible —Kara siguió con la broma mientras su mano recorría la espalda de Lena con lentitud tortuosa.
—Una catástrofe… —Lena rodeó el cuello de su novia y acercó su boca a la suya.
El sonido del móvil de la joven Luthor las sobresaltó. Era Jess, informándola de que los invitados ya estaban llegando.
—Esto es sólo un paréntesis —aseguró Lena—. Queda mucha noche por delante.
—Por supuesto —manifestó Kara sin dejar de sonreír.

Llegaron juntas a la fiesta, pero Kara la dejó ir enseguida para que Lena pudiera actuar como buena anfitriona, saludando a los invitados y charlando con algunos de ellos. Después de un rato, Lena volvió a su lado. Kara la esperaba junto a una mesa de canapés, con uno de ellos en la mano y otro en la boca.
—Nunca dejaré de envidiar tu maldito metabolismo kryptoniano —susurró Lena para que nadie más pudiera escucharla.
—Lo siento —dijo Kara con la boca medio llena, haciéndola reír.
—¿Bailamos? —sugirió Lena—, cuando hayas terminado de comerte esos canapés, quiero decir.
Kara se apresuró a tragar la comida y ambas se dirigieron al centro de la zona de baile, abrazándose y dejándose llevar por la música que inundaba el ambiente. Algunas personas a su alrededor las miraron con sorpresa y curiosidad, pues su forma de abrazarse y tocarse no parecía sólo amistosa. Pero a ellas les importó poco, y siguieron disfrutando de la canción en su propio mundo.

Cuando la música cambió, se separaron y Lena le indicó sin palabras que había llegado el momento. Kara asintió suavemente con una sonrisa y la liberó de sus brazos. Su novia besó su mejilla y subió al pequeño escenario que había allí.
—Un momento de atención, por favor —rogó Lena—, me gustaría compartir algo con todos vosotros.
La gente murmuró por lo bajo unos instantes, hasta que se hizo el silencio y Lena retomó su discurso.
—Mi deseo para vosotros en estas fiestas es amor… amor de ése puro y arrollador que te hace sentir capaz de cualquier cosa cuando estás con la persona que te lo provoca… amor como el que siento por ella —Lena señaló a Kara con la mano y la gente la miró, asombrada por las hermosas declaraciones de la joven Luthor—. Quiero aprovechar esta noche para presentar oficialmente a mi novia, Kara Danvers.
Las preguntas del público se sucedían. “¿Lena Luthor tiene novia?, ¿quién es Kara Danvers?, ¿no es reportera de CatCo?”. La kryptoniana subió junto a Lena y le tomó la mano sin dejar de sonreír.
—No he preparado nada para decir —susurró con disimulo.
—Tranquila, no hace falta —aseguró Lena—, ya está todo más que dicho. —Le apretó un poco la mano para transmitirle su cariño.
—Pero tú has dicho cosas tan bonitas que…
De pronto, Kara se acercó al micrófono ante la sorpresa de su novia.
—Buenas noches a todos…  soy Kara Danvers —La gente dejó de hablar y le prestó atención—, aunque eso ya lo sabéis gracias a Lena —Se oyeron algunas risas. Kara bajó la mirada un momento, se tocó las gafas y se aclaró la garganta para seguir hablando—. Quiero unirme al deseo de mi novia para todos vosotros. Porque no hay nada más grande que el amor, ni felicidad mayor que sentirse amada por quien amas.
Kara se volvió hacia Lena, que la miraba emocionada y llena de orgullo.
—Disfrutad de la fiesta… muchas gracias. 


El público empezó a aplaudir y Lena la abrazó de la cintura y besó sus labios suavemente entre los vitores de los asistentes.
—Mañana tendré a toda la prensa de National City apostada en las puertas de mi casa y de L Corp —farfulló Lena— y es más que probable que también estén en CatCo y en tu casa, vamos a ser la comidilla de la ciudad, espero que no te asuste.
—Contigo a mi lado, nada me asusta —contestó Kara, y la besó en la frente. La joven Luthor cerró los ojos y sonrió. Juntas eran capaces de todo, incluso de lidiar con los periodistas de la prensa rosa, faltaría más.
XXXXXX



El lunes por la mañana, con el romance entre Lena Luthor y Kara Danvers en boca de todos, la joven recibió una visita en su despacho de L Corp.
—¡Señorita Grant, qué agradable sorpresa! —saludó Lena efusivamente brindándole la mano—, siéntese, por favor.
—Gracias —contestó Cat sin demasiado entusiasmo.
—Usted dirá.
—Bueno, supongo que no le sorprenderá que venga a hablarle de la noticia de la semana… su noviazgo con Kara Danvers —Lena sonrió de medio lado—, me gustaría que me concediera una entrevista exclusiva al respecto para CatCo magazine.
—Ya veo… —Lena apartó la mirada un instante, y después volvió a fijar su atención en la mujer que tenía delante—, lo siento, señorita Grant, pero no voy a concederle esa entrevista, quiero darle a nuestra relación la mayor privacidad posible, espero que lo entienda.
—Buena respuesta, señorita Luthor —señaló Cat—, se nota que conoce a Kara, y espero que además de conocerla, también la quiera.
—¿Perdón? —exclamó Lena ligeramente ofendida.
—Kara Danvers trabajó como mi asistente personal durante varios años, después la ascendí a reportera y siento por ella un gran afecto —declaró la reina de los medios—, es una chica estupenda y de una gran fortaleza, pero también es muy noble y a veces demasiado confiada, no me gustaría que nada ni nadie le hiciera daño.
«Puede que también sea Supergirl, pero su poder kryptoniano no la exime de que puedan romperle el corazón», pensó Cat.

—Me alegra que Kara tenga amigos que se preocupen así por ella —aseguró Lena—, pero yo jamás le haría daño.
—Voy a serle franca, señorita Luthor, su apellido siempre me ha inquietado, supongo que todo lo que hicieron su hermano y su madre hace que me cuesta confiar en usted, a pesar de las cosas buenas que ha hecho por National City en los últimos tiempos.
—Le agradezco su sinceridad, señorita Grant, y aunque lo veo injusto, entiendo su desconfianza —dijo con tristeza y se levantó de la silla para acercarse al ventanal, dándole la espalda a su visita—, siempre me he sentido sola, siempre… no sé lo que es el apoyo de una madre ni tener amigos de verdad… hasta que conocí a Kara Danvers. Se acercó a mí con tal naturalidad e inocencia, sin prejuicios por mi apellido… me dio la oportunidad de mostrarme como soy, sin miedo a ser juzgada y condenada por crímenes que no cometí.

Cat no perdía detalle de las palabras de la joven Luthor. Inesperadamente, se sintió identificada, sabía bien lo que era no ser suficiente para su madre, no contar con su respaldo. Lena se volvió para mirarla a los ojos.
—Lo que siento por Kara no es ningún capricho pasajero… estoy enamorada de ella.
Su mirada cargada de determinación y honestidad la terminó de convencer.
—Creo que la he juzgado mal, señorita Luthor —admitió Cat—,  le pido disculpas.
—No se preocupe —dijo Lena ligeramente emocionada—, me pasa a menudo —bromeó. Cat sintió admiración por ella.
—Le deseo la mayor felicidad junto a Kara, forman una pareja preciosa —declaró Cat tendiéndole la mano—, y si alguna vez necesita algo de mí, no dude en pedírmelo.
—Muchas gracias, señorita Grant.
—Cat, llámeme Cat.
—Cat… —repitió la joven Luthor encantada—, entonces llámeme Lena, por favor.
—Muy bien, Lena.
Ambas mujeres se sonrieron mientras estrechaban las manos. ¿Podría Cat Grant llegar a convertirse en un referente materno para Lena como había sucedido en Tierra 40?
XXXXXX



AÑO Y MEDIO DESPUÉS…
Kara y Lena estaban disfrutando de un fin de semana de verano en una de la propiedades de la joven Luthor, una casa rodeada de naturaleza apenas modificada por la acción del hombre. La kryptoniana sugirió que cenasen en un claro del bosque, aprovechando el buen tiempo que tenían, porque era la mejor manera de gozar de la luna llena de aquella noche.
—¿Cómo has conseguido las gyozas y la pizza? —preguntó Kara—, si no hay nadie en varios kilómetros a la redonda.
—Trucos Luthor —replicó haciéndose la interesante.
—Podías haberme pedido que fuera a por la cena, sabes que, literalmente, no me cuesta nada.
—Es que me gusta sorprenderte —confesó Lena con una sonrisa pícara.
Kara sonrió feliz y la besó para después seguir devorando su cena ante la atónita mirada de su novia. Nunca dejaría de sorprenderla la cantidad de comida que ingería. Después de cenar, permanecieron un rato sentadas y abrazadas sobre la manta del suelo, observando la belleza del cielo estrellado. Kara le contó cosas de Krypton, de sus lunas, de los mundos que había conocido… mientras Lena la escuchaba con toda su atención, ilusionada por todo lo que aprendía a su lado. Pero de pronto, Kara dejó de hablar, la soltó y se levantó del suelo. Su novia la miró extrañada.

—Lena…—dijo la kryptoniana cogiendo sus manos y tirando suavemente de ella para que se levantara también.
—¿Qué pasa, Kara? —preguntó Lena un poco inquieta y ya de pie— Te has puesto muy seria.
Y en ese momento, Kara hincó la rodilla en el suelo sin soltar una de sus manos.
—Sólo me falta una cosa para ser la mujer más feliz de este planeta y del universo entero.
—Kara… —musitó Lena emocionada.
—Que te conviertas en mi esposa, Lena —La kryptoniana se sacó del bolsillo una pequeña cajita y la abrió, mostrando el colgante de su madre, Alura Zor-El, su objeto más preciado—, ¿quieres casarte conmigo?
Lena estaba profundamente conmovida y le costaba pronunciar palabra alguna. Necesitó unos instantes para recuperar el aliento.
—Sí, sí quiero… —logró pronunciar entre lágrimas.
—Lena… —pronunció la kryptoniana casi sin voz.
—¿No… no lo he dicho bien? —contestó Lena secándose los ojos.
—Sí… lo has dicho bien… en un perfecto kryptonés.
Ahora era el turno de Kara para emocionarse, tenía los ojos azules húmedos y los labios temblorosos.
—Tenía miedo de no pronunciarlo correctamente —admitió Lena ruborizada.
—¿Cuándo has aprendido a hablarlo? —preguntó Kara llena de curiosidad.
—Hace unos meses, Winn me ayudó un poco.
—Ya veo…

—Anda, levántate —instó Lena a una Kara que la miraba entre sorprendida y embelesada, todavía arrodillada—, que me da vergüenza tenerte así —añadió en un tono tierno que hizo que Kara se derritiera.
Se levantó en un impulso y atrapó los labios de Lena en un apasionado beso.
—¿Quieres que te lo ponga? —sugirió mientras posaba una mano en la mejilla de su novia.
—Por favor…  —Kara sacó la pequeña joya de la cajita y se puso detrás de Lena para colocársela en el cuello— Pero, es el colgante de tu madre, siempre lo llevas, ¿estás segura de que quieres…?
—¿Que ahora lo lleve la mujer a la que amo?, por supuesto —sentenció Kara sin darle ocasión para seguir hablando.

Lena cerró los ojos y suspiró. Sentía que el pecho le iba a explotar de tanto amor y tanta felicidad como estaba sintiendo. Kara abrazó a Lena y la besó en el cuello. La respiración de la joven Luthor empezó a alterarse. La kryptoniana siguió besándola. Sus manos recorrieron su cintura, sus caderas y ascendieron a sus pechos. Los gemidos de Lena no se hicieron esperar, las dos estaban encendiéndose.
—Vamos a la casa, a la habitación acondicionada —susurró Kara en su oído.
La joven Luthor se revolvió en sus brazos para poder mirarla y besar su boca, robándole un jadeo.
—Lena… para… que no me voy a poder contener, por favor…
—Pues no lo hagas… —musitó Lena juguetona entre besos y lametones en su cuello.
Cogió la mano de la kryptoniana y la guió hasta su muslo, haciéndola ascender hacia su sexo. Apenas fue un roce breve, pero a Kara le bastó para sentir el calor entre sus piernas y trastornarse aún más.
—Oh Rao, Lena… —gimió—, vamos ahora mismo a la casa.
Estaba dispuesta a cogerla en brazos y volar hasta el edificio en cuestión de segundos, pero no hizo falta, porque Lena se apartó un poco de ella y se agachó sobre la mochila que había dejado en la manta.

—¿Qué estás haciendo? —cuestionó Kara desconcertada y un poco frustrada por haber perdido el contacto con ella.
—Ya te dije que la técnica de la radiación roja era muy limitada y que tenía que buscar una alternativa para casos como éste —decía la joven Luthor con las mejillas sonrojadas por la excitación. Abrió una especie de pequeño maletín y le enseñó su contenido—, Lena 40 me contó cómo los fabricó y yo reproduje el diseño… aunque les he añadido algunas mejoras —exclamó con satisfacción.
—Eres increíble, Lena —replicó Kara con una sonrisa, contemplando los brazaletes de kryptopnita verde— Te amo… —le dijo en su idioma natal.
—Y yo te amo a ti, Kara —afirmó Lena en el mismo idioma.
Aquella noche hicieron el amor por primera vez como prometidas, en medio de la naturaleza, con la luna llena y las estrellas como testigos del inmenso amor que sentían la una por la otra.
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TIERRA 40
La petición de matrimonio de Kara no fue la única sorpresa de aquel mes de Julio. Habían recibido una comunicación de Tierra 40 para invitarlas a la boda del siglo, la que se iba a celebrar entre Lena Luthor y Supergirl. No dudaron un segundo en aceptar, tenían ganas de ver a todos y de felicitar a la pareja.

El lugar elegido para la ceremonia era un paraje ajardinado propiedad de Lena 40, con decoración a base de plumerias y detalles de colores claros que combinaban con aquellas hermosas flores. Lena llevaba una pamela grande que le tapaba medio rostro para no sobresaltar a la mayoría de invitados, que desconocían la existencia del multiverso. Kara llevaba vestido y sus gafas, ya que podía presentarse tranquilamente como Kara Danvers. Saludaron a J’onn y M’gann, a Mon-El y Lucy, a Winn y Susan, a James e Eve, y finalmente a Alex y Maggie, con las que estuvieron charlando un rato. La detective les contó entusiasmada que Lena 40 y su empresa trabajaron en algo para ayudarla y por eso ahora era capaz de caminar casi con total normalidad despues de año y medio de terapia, también había vuelto a trabajar en el departamento de policía. La vieron muy feliz y Alex estaba radiante por ver a su novia tan recuperada. «Ahora sí que todo volvió a estar bien», pensó Kara con alegría.

Supergirl apareció en el cielo, levitando sobre el altar donde esperaban la alcaldesa de National City y J’onn, que era su padrino. Lucía un uniforme distinto al de costumbre, con pantalones y algunos adornos acompañando al escudo de la casa El, pero no precindió de la capa roja.
—Qué uniforme más sexy —exclamó Lena—, ¿no te has planteado renovar el tuyo, cariño? —preguntó divertida.
—Si te parece sexy, pensaré seriamente en ello —replicó Kara guiñándole un ojo. Lena no pudo contenerse y la besó.
Comenzó a sonar una música y todos los presentes se volvieron hacia atrás, para no perderse detalle de la aparición de la otra novia, Lena Luthor, que caminaba con una luminosa sonrisa en el rostro, cogida de un brazo de Cat Grant. Tanto Kara como Lena se emocionaron al verlas caminar juntas hacia el altar. Finalmente, Cat se había convertido en la madre que Lena no tuvo durante su infancia y juventud.

—Qué sensación más rara… es como asistir a mi propia boda —apuntó Lena.
—Lo sé, me pasa lo mismo.
—Mi doble tiene buen gusto para los vestidos.
—¿Te pondrás un vestido como ése el día de nuestra boda? —preguntó Kara mirándola con atención.
—¿Ya está pensando en una fecha, señorita Danvers? —replicó Lena alzando una ceja.
—Tal vez… —dijo la kryptoniana mientras su mente visualizaba a la joven Luthor vestida de novia.



A su historia de amor con Lena Luthor le quedaba mucho por delante, y Kara tenía muy claro cómo quería que continuase. Y es que hay personas que están destinadas a conocerse y enamorarse, sea cual sea el mundo en el que se encuentren.

FIN
 

NOTA DE AUTORA:
Siento una mezcla de alivio y tristeza por haber llegado al final de esta historia. Alivio porque temía que la musa me abandonase sin darle un cierre, y tristeza porque echaré mucho de menos a estos personajes. Os agradezco de corazón la compañía que me habéis hecho durante este viaje de casi un año, no sabéis lo feliz que he sido interactuando con todos vosotros, y espero seguir haciéndolo en futuros fanfics.

Algunos os preguntaréis por qué he dejado libre a Lillian Luthor después de todo lo que hizo. Por dos motivos, el primero, que así sucede en la serie de tv, Lillian sigue libre a pesar de todo el mal que ha hecho, y quería ser lo más canon posible dentro de lo que cabe; el segundo, que por más rabia que nos dé, en el mundo real no siempre ganan los buenos y pagan los malos, y quise reflejarlo también en mi historia. Sin embargo, el amor siempre debe triunfar por encima de todo, no lo olvidemos nunca.

Como curiosidad, os diré que mi personaje favorito de este fanfic ha sido la Lena Luthor de Tierra 40. No esperaba cogerle tanto cariño, y aunque adoro a Lena 38, Lena 40 es mi debilidad, a pesar de todo lo que ha sufrido, nunca deja de hacer lo correcto, es mi heroína.

Nos leemos pronto. Un abrazo.

Ysabel Granger.

25 oct. 2017

"Tierra - 40" (Supercorp) cap 22


Y llegamos al último capítulo de esta historia. Muchas gracias a todxs por leerme durante estos meses y dejarme vuestros comentarios, me emocionan mucho.


CAPÍTULO 22
—¡Lena, por favor, despierta! —insistía Kara ante la mirada expectante de todos los presentes. Por fin, Lena 40 entreabrió un poco los ojos, y la kryptoniana suspiró aliviada. Pero la herida seguía sangrando.
Cuando Alex supo que Lena 40 seguía viva, se volvió hacia su hermana, que seguía tirada en el suelo. Sin embargo, no era la misma que instantes antes. Había soltado el arma y no apartaba sus ojos de su novia malherida.
—¿Qué he hecho…? —musitó de pronto con labios temblorosos.
Su mano se movió hasta su cuello, sacó el colgante de debajo de su ropa y empezó a tirar de él. La magia de Zatanna era muy poderosa, y la joya se resistía a abandonar a su víctima. Pero Kara 40 no se detuvo, y logró arrancárselo en un esfuerzo titánico, y lanzarlo lejos mientras gritaba de dolor por todo lo que había hecho por su causa.
—Lena… —dijo temblando e intentando ponerse en pie sin éxito. El disparo en su pierna se lo impedía— Alex —rogó desde el suelo.
La agente la miró a los ojos y al fin reconoció a su hermana, sus ojos oscuros se humedecieron. Se agachó de inmediato para ayudarla a levantarse. Kara 40 no podía dejar de llorar, sentía un dolor inmenso por todo el mal que había hecho. Pero lo peor era lo que acababa de hacer, disparar al amor de su vida. Sentía que le faltaba el aire. Alargó su mano hacia Lena 40 mientras la llamaba débilmente.

Alex la ayudó a caminar hasta ella y Kara le permitió que la abrazase.
—Lo siento tanto, mi amor… —balbuceaba Kara 40 sin dejar de llorar.
Lena 40 logró llevar su mano hasta la mejilla de su novia, Kara 40 se la sujetaba con ternura.
—Has vuelto a mí —dijo Lena 40 débilmente.
—Siempre, siempre volveré a ti… —aseguró la kryptoniana— Por favor, perdóname… —La abrazó con amor y delicadeza y después miró a Kara—. Se está muriendo, tú también lo notas por sus constantes vitales, ¿verdad?, yo no volaré lo suficientemente rápido por mis heridas, tienes que llevarla tú al hospital.
—Ve, Kara, date prisa, yo me ocupo de liberar a tu Lena, eres nuestra única esperanza —dijo Alex.
Kara asintió, cogió a Lena 40 en brazos y salió disparada hacia el cielo tras dedicarle una mirada cómplice a su Lena, que le sonrió. Voló tan rápido como sus heridas le permitían, pues tampoco estaba en plena forma, pero ignoró el dolor, nada era más importante en aquellos momentos que la vida de Lena 40, que se desvanecía entre sus brazos sin remedio. Cuando la depositó en una camilla del hospital, los médicos le aseguraron que harían todo lo posible.
—Tienen que salvarla, por favor —suplicó Kara con desesperación— le debo mi vida.
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La operación de Lena 40 duró varias horas, pero todo salió bien, pudieron extraerle la bala a tiempo. Todos recibieron la noticia con gran alegría, incluida Zatanna, que había acudido al hospital junto a Alex y Maggie después de haberse reunido con ellas en el lugar del combate. J’onn también se presentó en el hospital, y la joven bruja aprovechó para disculparse con todos por lo que había hecho.
—Es increíble que Kara pudiera liberarse de mi magia por sí misma, aunque sólo fuera durante unos instantes para quitarse el colgante —admitió Zatanna.
—Lo que siente mi hermana por Lena va más allá de lo comprensible —declaró Alex.
Esa misma noche, Giovanni Zatara fue liberado por Lillian Luthor para evitarse problemas. Sin embargo, no podían acusar a Lillian de secuestro ni de haber embrujado a Supergirl. No tenían pruebas de lo primero, y lo segundo… supondría revelar la mentira que habían estado vendiendo durante meses al mundo entero. Ni siquiera podían acusarla de estar detrás de los ataques de Cadmus en National City, había borrado bien su rastro. No podían hacerla pagar por sus crímenes.
—Si Lillian es parecida a la de mi mundo —dijo Lena—, no os preocupéis, tendréis más ocasiones de acusarla y detenerla, mi madre nunca dejará de hacer el mal —añadió con tristeza.

Kara y Lena permanecieron unos días más en Tierra 40, esperando que Lena 40 se despertase y pudiera recibirlas. Durante ese tiempo, Zatanna anuló los hechizos que había sobre los colgantes y el anillo, para que jamás volvieran a causar daño, y también rechazó la oferta de J’onn y Alex de unirse al equipo del DEO.
—Agradezco la propuesta, pero me gusta más ir por mi cuenta —afirmó Zatanna—, de todos modos, podéis contar conmigo siempre que me necesitéis. 
Toda aquella pesadilla les había enseñado que la magia podía ser una peligrosa enemiga. Afortunadamente, Zatanna Zatara había cambiado de bando, convirtiéndose en una poderosa aliada.
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Cuando Lena 40 abrió los ojos por primera vez desde su intervención, lo primero que vio fue el techo de una habitación que no conocía. Le costó un poco poner en orden sus pensamientos. Recordaba el horrible combate entre Kara y su novia, cómo había recibido un disparo para proteger a la primera y cómo su Kara había vuelto a ser la de siempre. Sintió un dolor punzante en la zona abdominal. ¿Quería decir eso que seguía viva? Movió ligeramente la cabeza hacia un lado y reconoció aparatos médicos, así que estaba en un hospital. Entonces, contrajo los dedos de la mano izquierda y notó que algo se la sujetaba.
—¿Lena? —preguntó una Kara 40 esperanzada. La joven Luthor se volvió hacia ella y la vio. Era su novia, su Kara, con el traje de Supergirl y expresión adormilada en su bonito rostro. Seguro que había estado velándola todo el tiempo. La felicidad la inundó por dentro.
—Kara… estás conmigo —pronunció con dificultad.
—¡Lena, has despertado! —exclamó la kryptoniana con emoción— Estaba tan preocupada por ti —dijo mientras le besaba la mano.
—Soy una Luthor, no es fácil quitarme de en medio —bromeó Lena 40 haciéndola sonreír.
Los ojos azules de Kara 40 empezaron a brillar, su manos sujetaba la de Lena 40, y las lágrimas no se hicieron esperar.
—Kara, por favor, no llores… —rogó la joven Luthor. Sabía que no eran lágrimas de felicidad, sino de dolor.
—Lo siento, Lena, lo siento tanto… —gimoteó— Pasaré el resto de mis días compensándoos a todos, sobre todo a ti, oh Rao… todas las que te dije, y que te hice…
—No digas eso, Kara, no eras tú… —intentaba explicar Lena 40, pero Kara 40 parecía no escuchar.
—No sé ni cómo puedes soportar tenerme cerca después de todo lo que te he hecho —decía apartando la mirada y sin dejar de llorar. No podía salir de su círculo de autocastigo. 


—¡Kara! —clamó logrando que la mirase—, nada de lo que pasó fue culpa tuya. No podías hacer nada contra la magia de Zatanna.
—Intento pensar en eso, pero cada vez que cierro los ojos, todo lo que hice vuelve a mi mente, torturándome… —confesó Kara 40 con dolor.
—Lo sé, mi amor, te conozco bien —dijo la joven Luthor y entonces acarició la mano de Kara 40 con su pulgar—, pero no estás sola, tu familia y tus amigos te apoyan, y cada vez que cierres los ojos, yo voy a estar a tu lado, abrazándote, hasta que esos pensamientos dejen de acosarte.
—Lena… —La kryptoniana sollozó conmovida— ¿Qué sería de mí sin ti?
—Bésame, Kara, ya hemos llorado bastante.
Su novia se inclinó sobre ella con cuidado y rozó sus labios con ternura.
XXXXXX



Al día siguiente, Lena 40 empezó a recibir visitas de más gente.
—¿Hablas en serio sobre lo de retomar mis clases de defensa personal en dos semanas? —exclamó Alex con sorpresa. Maggie y Lena 40 reían.
—Bueno, puede que haya sido demasiado optimista —admitió la joven Luthor—, pero no te confíes, querida cuñada, que me tienes dando guerra antes de lo que te piensas.
—Eso espero, Lena —aseguró Alex con una amplia sonrisa.
—¿Aún no sabes cuándo te darán el alta? —cuestionó Maggie, que se apoyaba en sus muletas.
—Los médicos me han dicho que estoy recuperándome bien, así que no creo que me retengan mucho más —dijo Lena 40 con felicidad—. Tengo ganas de volver a casa con Kara.
—Y ella, te lo aseguro —afirmó Alex
—Dios, no nos habla de otra cosa, la pequeña Danvers es muy monotema cuando quiere —bromeó Maggie haciéndolas reír.
—Bueno, nos vamos ya, J’onn nos espera en el DEO —informó Alex—, me alegra mucho verte tan bien, Lena.
Alex se inclinó para besarle la mejilla y abrazarla. Después, Maggie hizo lo mismo y abandonaron la habitación.

La pareja había llegado al vestíbulo del hospital y se encontró de frente con la mismísima Lillian Luthor, que les sonrió con falsedad. Alex no se pudo contener.
—¿Cómo se atreve a venir aquí después de todo lo que ha hecho? —reclamó Alex con rabia.
—Sólo quiero saber cómo se encuentra mi hija, agente Danvers —contestó Lillian sin alterarse.
—Su cinismo no tiene límites, ¿verdad? —la enfrentó Maggie, que tampoco pudo quedarse callada.
—Ni su descaro, detective Sawyer —replicó Lillian con un tono que casi sonó a amenaza.
—Si de mí dependiera, le prohibiría el acceso a este hospital —declaró la agente.
—No lo dudo —se mofó—, pero no tiene pruebas contra mí, ¿me equivoco?, así que tendrá que permitirle a esta madre que vea a su hija. —Les dio la espalda y se alejó de ellas.
Alex apretó los dientes, y notó cómo Maggie le cogía la mano para tranquilizarla. La agente miró a su novia.
—Es todo tan injusto, después de lo que ha hecho sufrir a Lena y a mi hermana… —se lamentó.
—Lo sé, cariño, pero tiene razón, a día de hoy, no tenemos pruebas contra ella.

—¿Qué haces aquí? —exclamó Lena 40 al ver a su madre entrando en la habitación.
—Ver cómo estás, ¿tan raro te parece? —argumentó Lillian.
—Yo no te importo, de lo contrario, no habrías obligado a Zatanna a hechizar a Supergirl —afirmó la joven Luthor con seriedad.
—Todo lo que hice era por tu bien, sólo quería que abrieras los ojos —justificó Lillian—, nunca quise que sufrieras ningún daño, te quiero, eres mi hija…
—Déjalo, mamá, ya no vas a engañarme otra vez… Ahora sé que nunca me querrás.
Lena 40 ya no confiaba en ella, había aprendido la lección de la manera más dolorosa.
—Claro que te quiero, Lena… —Sin embargo, su hija no la escuchó y siguió hablando.
—Pero quiero que tú sepas algo también, acabarás entre rejas, antes o después cometerás un error y te atraparán.
—¿Quién?, ¿tu novia alien? —escupió con arrogancia.
—Supergirl, el DEO, la policía… no lo sé, pero te cogerán, mamá, y yo estaré ahí para colaborar con la justicia.
—Traicionarás a tu propia madre por proteger a tus amigos los aliens… me repugna.
—No, mamá, haré lo que es correcto, como he hecho toda mi vida, aunque no puedas entenderlo —declaró Lena 40 con determinación.

—Tu hermano Lex nunca perdió de vista lo importante, a los seres humanos, qué lástima que haya sido él quien ha acabado encerrado y no tú —Lillian dejó de esforzarse por ocultar sus verdaderos sentimientos. Lena sonrió ligeramente.
—Lástima me dais los dos a mí… —aseguró la joven Luthor—, lo importante son las personas, sean de la especie que sean, y vosotros nunca seréis capaces de verlo.
—¡No voy a seguir escuchando sandeces! —se indignó Lillian  mientras caminaba hacia la puerta. Entonces se volvió hacia su hija—. Ya has visto que ni siquiera Supergirl es invencible, continuaré el legado de Lex mientras me sea posible —prometió dedicándole una mirada fría y cargada de desprecio.
—Adiós, mamá… —se despidió Lena 40 cuando la vio cruzar el hueco.
Ya a solas, liberó unas lágrimas silenciosas que había contenido en presencia de su madre. Lillian Luthor era una mala persona, pero también era su madre, y se le partía el corazón al comprender que nunca cambiaría, que jamás sería una verdadera madre para ella, y que seguiría amenazando la vida de la mujer a la que amaba.

Cat Grant casi fue arrollada por la mujer de elevada estatura que salía de la habitación de Lena 40 como un rayo. Si se disculpó por el choque, no llegó a oídos de Cat, que miró a la mujer estrechando los ojos, hasta que pudo reconocerla. Lillian Luthor se había atrevido a presentarse allí después de todo lo sucedido, aquella mujer no tenía vergüenza. Aunque J’onn no quería contarle los detalles, no tuvo más remedio que informar a Cat de algunas cosas cuando se enteró de que Lena 40 estaba en el hospital. Fue así como Cat supo que Lillian estaba detrás de todas las desgracias acaecidas en su mundo en los últimos meses.
—Hola Lena, ¿cómo estás? —preguntó Cat con amabilidad al asomarse tras la puerta.
—Hola Cat —saludó la joven Luthor en un susurro. La reina de los medios se dio cuenta de sus lágrimas

—¿Qué te pasa, Lena?, ¿te duele algo?, ¿quieres que llame a los médicos? —exclamó con genuina preocupación.
—Gracias Cat, estoy bien.
—¿Bien?, ¡si estás llorando! —exclamó Cat inquieta. Lena 40 se afanó en secarse los ojos con el dorso de la mano— Es por tu madre, ¿verdad? —No tardó en interpretar correctamente la situación.
—Ya sabes cómo es… —dijo Lena 40 tratando de sonreír para quitarle hierro.
Cat Grant se acercó y se sentó en la silla que había junto a su cama. Cogió la mano de Lena.
—Sabía que no había venido a nada bueno cuando la he visto en el pasillo —se lamentó Cat—, espero que no se atreva a molestarte nunca más.
—Tratándose de ella, creo que eso es imposible —dijo Lena 40 resignada.
Cat sentía la misma rabia que todos los demás ante la realidad de que Lillian hubiera salido impune de todos sus crímenes, pero no quiso agobiar con eso a su hija, ya tenía suficiente con recuperarse.
—¿Cómo te encuentras, Lena? —Le sonrió con dulzura.
—Ahora que estás tú aquí, mucho mejor —confesó la joven Luthor, agradecida por su compañía. Con el pasar del tiempo y el trato, Cat se había convertido en una buena amiga, en más que eso, en una especie de mentora o incluso de figura materna, algo que Lillian jamás sería. Se sintió afortunada de tenerla en su vida.

Kara 40, vestida como Kara Danvers, entró en el hospital justo a tiempo de ver salir a toda prisa a Lillian Luthor. Sintió una inmensa indignación. ¿Cómo se había atrevido a aparecer allí? Deseó enfrentarla, deseó hacerla sufrir, deseó… Pero no hizo nada, cerró los ojos y respiró hondo. Lillian Luthor no conocía su doble identidad, y así debía seguir siendo. Cuando llegó al pasillo de la habitación de Lena, vio a Cat Grant salir de la estancia.
—¡Señorita Grant! —exclamó llevándose una mano a las gafas. No esperaba encontrársela.
—¿Vienes a ver cómo está tu amiga? —la provocó Cat. Le seguía divirtiendo ver la cara que ponía al temer ser descubierta como Supergirl.
—Sí, eso es, vengo a ver cómo está mi amiga Lena —contestó Kara 40 con torpeza.
—Me alegra que al final todo se haya solucionado… y que tengamos de vuelta a nuestra Supergirl —añadió con sinceridad.
—Yo también.
—Bien lo sé —musitó Cat, pero la kryptoniana no se dio cuenta, pues andaba centrada en su novia.

—Cariño, ¿cómo te encuentras hoy? —preguntó amorosamente Kara 40.
—Mejor, no creo que tarden en darme el alta. —Recibió a su chica con un beso en los labios, después se abrazaron y Kara 40 se sentó en el borde de la cama, sin soltar su mano.
—Así que Cat ha venido a verte.
—Sí, es una mujer muy amable —Kara 40 sonrió, le gustaba que la gente tratase bien a su novia, no merecía menos. Pero entonces recordó a Lillian y su expresión cambió—, ¿qué ocurre, Kara?
—Vi a Lillian en el vestíbulo del hospital, ¿se ha atrevido a subir a verte?
—Da igual, Kara… —Lena 40 no quería echar más leña al fuego. Cuando la kryptoniana supo quién había ocasionado todo, sufrió un ataque de ira.
—Sé que el odio es un sentimiento muy negativo, que nos come por dentro, pero... odio a tu madre, Lena, no puedo evitarlo, por todo lo que nos hizo, por todo lo que te hizo sufrir a ti durante meses… Y parece que nunca se cansa de torturarte, es un monstruo, si es que a veces,  hasta siento deseos de acabar con su vida…
—Lo sé, pero no harás nada, porque eres mi Kara, una chica con un corazón noble y generoso, capaz de sentir compasión incluso por quien no la merece.
—Por ti, Lena… por ti no haré lo que me piden las entrañas, porque sé que sufrirías y nunca me lo podría perdonar.
—Te quiero —dijo de pronto Lena 40.
—Yo también te quiero.
Se besaron y ya no volvieron a hablar de su madre en todo el día.
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Por la tarde, Kara y Lena visitaron a la joven Luthor, que las recibió junto a su novia con el traje de Supergirl. Para llegar hasta la habitación y que nadie en el hospital se asustase, Kara se vistió como Kara Danvers, y Lena ocultó su rostro tras unas enormes gafas de sol y un sombrero. No era plan de que alguien viera dos Supergirl ni dos Lena Luthor en el mismo lugar.
—¿Habéis tenido problemas para llegar aquí? —preguntó Kara 40.
—Todo ha ido bien —replicó su doble mientras Lena se quitaba el sombrero y las gafas. Cuando lo hizo, ambas Lenas se miraron sorprendidas.
—Somos como dos gotas de agua —exclamó la Lena de Tierra 38.
—Hasta ahora sólo había visto dos Karas, verme a mí misma es otra cosa… —admitió Lena 40 desde la cama, sin dejar de mirar a su doble, que le sonreía.
—Esto es increíble, es surrealista, es… ¿imaginas lo que seríamos capaces de hacer si trabajásemos juntas? —añadió Lena emocionada.
—Dios… eso sería… absolutamente fantástico —replicó Lena 40. Ambas Karas se miraron con gesto de diversión.

—Oye, —Lena 40 dirigió un rápido vistazo a su novia y después volvió a enfocar su atención en su doble— ¿qué sabes de la radiación roja? —preguntó tratando de sonar casual.
—Tengo algunos conocimientos… —indicó Lena, que también dedicó una mirada a su novia— ¿Y tú cuánto sabes de la kryptonita verde?
Ambas Karas se volvieron a mirar, pero esta vez sonrojadas, ¿de verdad estaban hablando de eso? Las Lenas se echaron a reír.
—Bueno, os dejamos un rato solas, que seguro que tendréis algunas cosas de las que hablar después de todo lo que ha pasado —dijo Kara 40, acompañada de Lena. Sus novias les agradecieron el detalle.

—No sabes cómo me alegra que todo haya terminado bien… Excepto que Lillian sigue libre —admitió Kara.
—Tendremos tiempo de enfrentarla y de reunir pruebas, sé que no parará de hacer daño hasta que la detengamos —dijo Lena 40 con tristeza.
—Lo importante ahora es que tu novia volvió a ser la de antes y que tú te estás recuperando bien —afirmó la kryptoniana para cambiar el tema de conversación. De pronto se llevó la mano a las gafas, un gesto inconfundible de cuando Kara se ponía nerviosa.
—¿Qué sucede, Kara? —preguntó Lena 40 con gentileza.
—¿No te ha preguntado por lo que pasó entre nosotras? —inquirió Kara tras unos segundos de silencio.
—No… no ha mencionado nada al respecto, a mí también me preocupa un poco.
—Quizá no recuerde nada de eso —sugirió Kara.
—Lo dudo, recuerda perfectamente muchas otras cosas.
—Todavía me siento culpable por lo que pasó, Lena, y más viendo a tu novia recuperada —musitó bajando la mirada.
—Como te dije entonces, todos cometemos errores, y a veces las circunstancias nos llevan por el camino equivocado. Pero nos dimos cuenta a tiempo, no te castigues por eso, por favor —rogó Lena 40—, no quiero veros a ninguna castigándoos por nada, me duele demasiado. Quiero que dejemos todo atrás.

—Tienes razón, debemos vivir en el presente y mirar sólo hacia delante —declaró Kara—, y es un presente maravilloso, porque ambas tenemos a nuestras novias con nosotras. —La joven Luthor sonrió.
—¿Ves?, sabía que mi doble acabaría conquistándote, si es que soy irresistible en todas las tierras —bromeó provocando la risa de la kryptoniana. Pero no tardaron en cesar sus carcajadas.



—Lo eres… —admitió Kara clavándole sus ojos azules. Entonces se arrodilló junto a la cama y le acarició la mejilla con los dedos— me enamoraría de Lena Luthor en todos los mundos en los que existiéramos —afirmó con convicción.
Lena 40 se inclinó hacia ella con cierto rubor y depositó un intenso beso en su mejilla.
—Siempre serás especial para mí, Kara de la Tierra 38, gracias por todo.

—¿Todavía te duele? —cuestionó Kara 40 señalándole en el brazo— Siento muchísimo la quemadura que te hice —aseguró avergonazada.
—Casi no noto nada, no te preocupes, y no fue culpa tuya —aseguró Lena con una sonrisa.
—Pero se te quedará marca para toda la vida, lo siento de verdad —añadió la kryptoniana.
—Será un recuerdo de la gran aventura que he vivido en Tierra 40 —exclamó Lena con alegría.
—Eres una mujer estupenda, Lena Luthor de la Tierra 38 —señaló Kara 40 con sinceridad.
—Gracias… —dijo Lena con las mejillas un poco sonrojadas.


Nunca terminaba de acostumbrarse a recibir piropos, y menos aún si venían de Kara Danvers, de Supergirl o incluso de sus dobles, acababa de comprobarlo. Qué difícil debió ser para Lena 40 mantenerse lejos de Kara durante el tiempo que convivieron fingiendo ser pareja. ¿Habría sido ella capaz de hacer lo mismo?, ojalá nunca tuviese que descubrirlo.
—¿Qué crees que habría pasado si todo esto hubiese sucedido en Tierra 38? —preguntó de pronto Lena.
—Supongo que habría hecho lo mismo que hizo tu novia —replicó Kara 40—, me temo que estamos hechas de la misma pasta —bromeó.

—Sin duda —sonó la voz de Kara a sus espaldas. Había salido de la habitación. Su doble se acercó a ella.
—No sé cómo darte las gracias por todo lo que has hecho por National City, por nosotras, por Lena… —declaró Kara 40.
—Sé que tú habrías hecho lo mismo en mi mundo. —Kara 40 asintió sonriendo ante la mirada feliz de Lena.
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Días después, los médicos le dieron el alta a Lena 40 y regresó a casa con su novia. Iban a meterse en la cama, pero la joven Luthor necesitaba aclarar algo.
—Kara… —La kryptoniana la miró—, ¿por qué nunca me has preguntado por los besos que compartí con la otra Kara?
—Porque recuerdo perfectamente los argumentos que me diste cuando te lo recriminé, y los comprendo —explicó con calma.
—Pero cuando te los di, no creíste una sola palabra —comentó Lena 40 sorprendida.
—Cuando me lo contaste todo, yo era incapaz de pensar con empatía y compasión y no pude aceptarlo, ahora es muy distinto —dijo sonriéndole—. Claro que siento un poquito de celos, pero sé que todo lo que ocurrió, fue porque me echabas de menos a mí.
—Así es, mi amor, no lo dudes ni un segundo —afirmó mientras posaba sus manos en en el pecho de Kara 40.
—Nunca dudaré de ti ni de lo que sientes por mí, Lena —prometió cogiéndola de la cintura.
—¿Cómo no voy a quererte?, ¡ven aquí!
Lena 40 se aferró al cuello de su camisa y la besó con impaciencia. Su novia no tardó en devolverle el beso con la misma pasión, y la levantó en el aire sin dificultad alguna. Caminó, sin dejar de besarla, hasta la cómoda de la habitación, donde la sentó. Ahora sus manos, ya libres, recorrían sus muslos, su espalda, su cuello… La joven Luthor gimió un par de veces, animando a Kara 40 a continuar. Pero de pronto se echó hacia atrás, dejándola desconcertada, y abrió un poco el primer cajón, mostrando el fulgor verde de los brazaletes de kryptonita.
—¿Seguro que te encuentras bien para esto? —Se preocupó—, no me importa esperar unos días más.
—Yo no quiero esperar ni un minuto más —dijo Lena 40 sonriendo con picardía—, quiero volver a sentirte dentro de mí —susurró en su oído con la voz más sensual que había escuchado jamás. Sus palabras la hicieron estremecerse.
—Cómo te he echado de menos… —musitó la kryptoniana extasiada.
—Y yo a ti… —gimió la joven Luthor con los ojos cerrados.
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Kara y Lena tomaron la decisión de marcharse al día siguiente. Lena 40 ya estaba bastante restablecida y en Tierra 40 todo parecía ir bien. Se despidieron de Alex, de Maggie y de los demás en el DEO y en CatCo y abrieron el portal que las llevaría de vuelta a su propio mundo, Tierra 38.
—¿Estás segura de que son las coordenadas correctas, Lena? —preguntó Kara.
—¿No te fías de mí? —reprochó Lena frunciendo el ceño.
—Claro que me fío, pero después de lo que me pasó, no termina de gustarme esto de viajar entre mundos paralelos.
—Conmigo está a salvo, señorita Danvers —dijo Lena mientras entrelazaba sus dedos con los de su novia. Kara se tocó las gafas, nerviosa, y Lena se derritió— y ya que todo se ha solucionado en Tierra 40, es hora de centrarnos en nosotras.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Kara intrigada.
—Quiero hacer oficial lo nuestro, Kara —afirmó Lena—, quiero gritarle al mundo que estoy locamente enamorada de ti.

FIN… 

... O NO, QUE NOS QUEDA TODAVÍA EL EPÍLOGO ;)