25 oct. 2017

"Tierra - 40" (Supercorp) cap 22


Y llegamos al último capítulo de esta historia. Muchas gracias a todxs por leerme durante estos meses y dejarme vuestros comentarios, me emocionan mucho.

 

CAPÍTULO 22
—¡Lena, por favor, despierta! —insistía Kara ante la mirada expectante de todos los presentes. Por fin, Lena 40 entreabrió un poco los ojos, y la kryptoniana suspiró aliviada. Pero la herida seguía sangrando.
Cuando Alex supo que Lena 40 seguía viva, se volvió hacia su hermana, que seguía tirada en el suelo. Sin embargo, no era la misma que instantes antes. Había soltado el arma y no apartaba sus ojos de su novia malherida.
—¿Qué he hecho…? —musitó de pronto con labios temblorosos.
Su mano se movió hasta su cuello, sacó el colgante de debajo de su ropa y empezó a tirar de él. La magia de Zatanna era muy poderosa, y la joya se resistía a abandonar a su víctima. Pero Kara 40 no se detuvo, y logró arrancárselo en un esfuerzo titánico, y lanzarlo lejos mientras gritaba de dolor por todo lo que había hecho por su causa.
—Lena… —dijo temblando e intentando ponerse en pie sin éxito. El disparo en su pierna se lo impedía— Alex —rogó desde el suelo.
La agente la miró a los ojos y al fin reconoció a su hermana, sus ojos oscuros se humedecieron. Se agachó de inmediato para ayudarla a levantarse. Kara 40 no podía dejar de llorar, sentía un dolor inmenso por todo el mal que había hecho. Pero lo peor era lo que acababa de hacer, disparar al amor de su vida. Sentía que le faltaba el aire. Alargó su mano hacia Lena 40 mientras la llamaba débilmente.

Alex la ayudó a caminar hasta ella y Kara le permitió que la abrazase.
—Lo siento tanto, mi amor… —balbuceaba Kara 40 sin dejar de llorar.
Lena 40 logró llevar su mano hasta la mejilla de su novia, Kara 40 se la sujetaba con ternura.
—Has vuelto a mí —dijo Lena 40 débilmente.
—Siempre, siempre volveré a ti… —aseguró la kryptoniana— Por favor, perdóname… —La abrazó con amor y delicadeza y después miró a Kara—. Se está muriendo, tú también lo notas por sus constantes vitales, ¿verdad?, yo no volaré lo suficientemente rápido por mis heridas, tienes que llevarla tú al hospital.
—Ve, Kara, date prisa, yo me ocupo de liberar a tu Lena, eres nuestra única esperanza —dijo Alex.
Kara asintió, cogió a Lena 40 en brazos y salió disparada hacia el cielo tras dedicarle una mirada cómplice a su Lena, que le sonrió. Voló tan rápido como sus heridas le permitían, pues tampoco estaba en plena forma, pero ignoró el dolor, nada era más importante en aquellos momentos que la vida de Lena 40, que se desvanecía entre sus brazos sin remedio. Cuando la depositó en una camilla del hospital, los médicos le aseguraron que harían todo lo posible.
—Tienen que salvarla, por favor —suplicó Kara con desesperación— le debo mi vida.
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La operación de Lena 40 duró varias horas, pero todo salió bien, pudieron extraerle la bala a tiempo. Todos recibieron la noticia con gran alegría, incluida Zatanna, que había acudido al hospital junto a Alex y Maggie después de haberse reunido con ellas en el lugar del combate. J’onn también se presentó en el hospital, y la joven bruja aprovechó para disculparse con todos por lo que había hecho.
—Es increíble que Kara pudiera liberarse de mi magia por sí misma, aunque sólo fuera durante unos instantes para quitarse el colgante —admitió Zatanna.
—Lo que siente mi hermana por Lena va más allá de lo comprensible —declaró Alex.
Esa misma noche, Giovanni Zatara fue liberado por Lillian Luthor para evitarse problemas. Sin embargo, no podían acusar a Lillian de secuestro ni de haber embrujado a Supergirl. No tenían pruebas de lo primero, y lo segundo… supondría revelar la mentira que habían estado vendiendo durante meses al mundo entero. Ni siquiera podían acusarla de estar detrás de los ataques de Cadmus en National City, había borrado bien su rastro. No podían hacerla pagar por sus crímenes.
—Si Lillian es parecida a la de mi mundo —dijo Lena—, no os preocupéis, tendréis más ocasiones de acusarla y detenerla, mi madre nunca dejará de hacer el mal —añadió con tristeza.

Kara y Lena permanecieron unos días más en Tierra 40, esperando que Lena 40 se despertase y pudiera recibirlas. Durante ese tiempo, Zatanna anuló los hechizos que había sobre los colgantes y el anillo, para que jamás volvieran a causar daño, y también rechazó la oferta de J’onn y Alex de unirse al equipo del DEO.
—Agradezco la propuesta, pero me gusta más ir por mi cuenta —afirmó Zatanna—, de todos modos, podéis contar conmigo siempre que me necesitéis. 
Toda aquella pesadilla les había enseñado que la magia podía ser una peligrosa enemiga. Afortunadamente, Zatanna Zatara había cambiado de bando, convirtiéndose en una poderosa aliada.
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Cuando Lena 40 abrió los ojos por primera vez desde su intervención, lo primero que vio fue el techo de una habitación que no conocía. Le costó un poco poner en orden sus pensamientos. Recordaba el horrible combate entre Kara y su novia, cómo había recibido un disparo para proteger a la primera y cómo su Kara había vuelto a ser la de siempre. Sintió un dolor punzante en la zona abdominal. ¿Quería decir eso que seguía viva? Movió ligeramente la cabeza hacia un lado y reconoció aparatos médicos, así que estaba en un hospital. Entonces, contrajo los dedos de la mano izquierda y notó que algo se la sujetaba.
—¿Lena? —preguntó una Kara 40 esperanzada. La joven Luthor se volvió hacia ella y la vio. Era su novia, su Kara, con el traje de Supergirl y expresión adormilada en su bonito rostro. Seguro que había estado velándola todo el tiempo. La felicidad la inundó por dentro.
—Kara… estás conmigo —pronunció con dificultad.
—¡Lena, has despertado! —exclamó la kryptoniana con emoción— Estaba tan preocupada por ti —dijo mientras le besaba la mano.
—Soy una Luthor, no es fácil quitarme de en medio —bromeó Lena 40 haciéndola sonreír.
Los ojos azules de Kara 40 empezaron a brillar, su manos sujetaba la de Lena 40, y las lágrimas no se hicieron esperar.
—Kara, por favor, no llores… —rogó la joven Luthor. Sabía que no eran lágrimas de felicidad, sino de dolor.
—Lo siento, Lena, lo siento tanto… —gimoteó— Pasaré el resto de mis días compensándoos a todos, sobre todo a ti, oh Rao… todas las que te dije, y que te hice…
—No digas eso, Kara, no eras tú… —intentaba explicar Lena 40, pero Kara 40 parecía no escuchar.
—No sé ni cómo puedes soportar tenerme cerca después de todo lo que te he hecho —decía apartando la mirada y sin dejar de llorar. No podía salir de su círculo de autocastigo. 


—¡Kara! —clamó logrando que la mirase—, nada de lo que pasó fue culpa tuya. No podías hacer nada contra la magia de Zatanna.
—Intento pensar en eso, pero cada vez que cierro los ojos, todo lo que hice vuelve a mi mente, torturándome… —confesó Kara 40 con dolor.
—Lo sé, mi amor, te conozco bien —dijo la joven Luthor y entonces acarició la mano de Kara 40 con su pulgar—, pero no estás sola, tu familia y tus amigos te apoyan, y cada vez que cierres los ojos, yo voy a estar a tu lado, abrazándote, hasta que esos pensamientos dejen de acosarte.
—Lena… —La kryptoniana sollozó conmovida— ¿Qué sería de mí sin ti?
—Bésame, Kara, ya hemos llorado bastante.
Su novia se inclinó sobre ella con cuidado y rozó sus labios con ternura.
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Al día siguiente, Lena 40 empezó a recibir visitas de más gente.
—¿Hablas en serio sobre lo de retomar mis clases de defensa personal en dos semanas? —exclamó Alex con sorpresa. Maggie y Lena 40 reían.
—Bueno, puede que haya sido demasiado optimista —admitió la joven Luthor—, pero no te confíes, querida cuñada, que me tienes dando guerra antes de lo que te piensas.
—Eso espero, Lena —aseguró Alex con una amplia sonrisa.
—¿Aún no sabes cuándo te darán el alta? —cuestionó Maggie, que se apoyaba en sus muletas.
—Los médicos me han dicho que estoy recuperándome bien, así que no creo que me retengan mucho más —dijo Lena 40 con felicidad—. Tengo ganas de volver a casa con Kara.
—Y ella, te lo aseguro —afirmó Alex
—Dios, no nos habla de otra cosa, la pequeña Danvers es muy monotema cuando quiere —bromeó Maggie haciéndolas reír.
—Bueno, nos vamos ya, J’onn nos espera en el DEO —informó Alex—, me alegra mucho verte tan bien, Lena.
Alex se inclinó para besarle la mejilla y abrazarla. Después, Maggie hizo lo mismo y abandonaron la habitación.

La pareja había llegado al vestíbulo del hospital y se encontró de frente con la mismísima Lillian Luthor, que les sonrió con falsedad. Alex no se pudo contener.
—¿Cómo se atreve a venir aquí después de todo lo que ha hecho? —reclamó Alex con rabia.
—Sólo quiero saber cómo se encuentra mi hija, agente Danvers —contestó Lillian sin alterarse.
—Su cinismo no tiene límites, ¿verdad? —la enfrentó Maggie, que tampoco pudo quedarse callada.
—Ni su descaro, detective Sawyer —replicó Lillian con un tono que casi sonó a amenaza.
—Si de mí dependiera, le prohibiría el acceso a este hospital —declaró la agente.
—No lo dudo —se mofó—, pero no tiene pruebas contra mí, ¿me equivoco?, así que tendrá que permitirle a esta madre que vea a su hija. —Les dio la espalda y se alejó de ellas.
Alex apretó los dientes, y notó cómo Maggie le cogía la mano para tranquilizarla. La agente miró a su novia.
—Es todo tan injusto, después de lo que ha hecho sufrir a Lena y a mi hermana… —se lamentó.
—Lo sé, cariño, pero tiene razón, a día de hoy, no tenemos pruebas contra ella.

—¿Qué haces aquí? —exclamó Lena 40 al ver a su madre entrando en la habitación.
—Ver cómo estás, ¿tan raro te parece? —argumentó Lillian.
—Yo no te importo, de lo contrario, no habrías obligado a Zatanna a hechizar a Supergirl —afirmó la joven Luthor con seriedad.
—Todo lo que hice era por tu bien, sólo quería que abrieras los ojos —justificó Lillian—, nunca quise que sufrieras ningún daño, te quiero, eres mi hija…
—Déjalo, mamá, ya no vas a engañarme otra vez… Ahora sé que nunca me querrás.
Lena 40 ya no confiaba en ella, había aprendido la lección de la manera más dolorosa.
—Claro que te quiero, Lena… —Sin embargo, su hija no la escuchó y siguió hablando.
—Pero quiero que tú sepas algo también, acabarás entre rejas, antes o después cometerás un error y te atraparán.
—¿Quién?, ¿tu novia alien? —escupió con arrogancia.
—Supergirl, el DEO, la policía… no lo sé, pero te cogerán, mamá, y yo estaré ahí para colaborar con la justicia.
—Traicionarás a tu propia madre por proteger a tus amigos los aliens… me repugna.
—No, mamá, haré lo que es correcto, como he hecho toda mi vida, aunque no puedas entenderlo —declaró Lena 40 con determinación.

—Tu hermano Lex nunca perdió de vista lo importante, a los seres humanos, qué lástima que haya sido él quien ha acabado encerrado y no tú —Lillian dejó de esforzarse por ocultar sus verdaderos sentimientos. Lena sonrió ligeramente.
—Lástima me dais los dos a mí… —aseguró la joven Luthor—, lo importante son las personas, sean de la especie que sean, y vosotros nunca seréis capaces de verlo.
—¡No voy a seguir escuchando sandeces! —se indignó Lillian  mientras caminaba hacia la puerta. Entonces se volvió hacia su hija—. Ya has visto que ni siquiera Supergirl es invencible, continuaré el legado de Lex mientras me sea posible —prometió dedicándole una mirada fría y cargada de desprecio.
—Adiós, mamá… —se despidió Lena 40 cuando la vio cruzar el hueco.
Ya a solas, liberó unas lágrimas silenciosas que había contenido en presencia de su madre. Lillian Luthor era una mala persona, pero también era su madre, y se le partía el corazón al comprender que nunca cambiaría, que jamás sería una verdadera madre para ella, y que seguiría amenazando la vida de la mujer a la que amaba.

Cat Grant casi fue arrollada por la mujer de elevada estatura que salía de la habitación de Lena 40 como un rayo. Si se disculpó por el choque, no llegó a oídos de Cat, que miró a la mujer estrechando los ojos, hasta que pudo reconocerla. Lillian Luthor se había atrevido a presentarse allí después de todo lo sucedido, aquella mujer no tenía vergüenza. Aunque J’onn no quería contarle los detalles, no tuvo más remedio que informar a Cat de algunas cosas cuando se enteró de que Lena 40 estaba en el hospital. Fue así como Cat supo que Lillian estaba detrás de todas las desgracias acaecidas en su mundo en los últimos meses.
—Hola Lena, ¿cómo estás? —preguntó Cat con amabilidad al asomarse tras la puerta.
—Hola Cat —saludó la joven Luthor en un susurro. La reina de los medios se dio cuenta de sus lágrimas

—¿Qué te pasa, Lena?, ¿te duele algo?, ¿quieres que llame a los médicos? —exclamó con genuina preocupación.
—Gracias Cat, estoy bien.
—¿Bien?, ¡si estás llorando! —exclamó Cat inquieta. Lena 40 se afanó en secarse los ojos con el dorso de la mano— Es por tu madre, ¿verdad? —No tardó en interpretar correctamente la situación.
—Ya sabes cómo es… —dijo Lena 40 tratando de sonreír para quitarle hierro.
Cat Grant se acercó y se sentó en la silla que había junto a su cama. Cogió la mano de Lena.
—Sabía que no había venido a nada bueno cuando la he visto en el pasillo —se lamentó Cat—, espero que no se atreva a molestarte nunca más.
—Tratándose de ella, creo que eso es imposible —dijo Lena 40 resignada.
Cat sentía la misma rabia que todos los demás ante la realidad de que Lillian hubiera salido impune de todos sus crímenes, pero no quiso agobiar con eso a su hija, ya tenía suficiente con recuperarse.
—¿Cómo te encuentras, Lena? —Le sonrió con dulzura.
—Ahora que estás tú aquí, mucho mejor —confesó la joven Luthor, agradecida por su compañía. Con el pasar del tiempo y el trato, Cat se había convertido en una buena amiga, en más que eso, en una especie de mentora o incluso de figura materna, algo que Lillian jamás sería. Se sintió afortunada de tenerla en su vida.

Kara 40, vestida como Kara Danvers, entró en el hospital justo a tiempo de ver salir a toda prisa a Lillian Luthor. Sintió una inmensa indignación. ¿Cómo se había atrevido a aparecer allí? Deseó enfrentarla, deseó hacerla sufrir, deseó… Pero no hizo nada, cerró los ojos y respiró hondo. Lillian Luthor no conocía su doble identidad, y así debía seguir siendo. Cuando llegó al pasillo de la habitación de Lena, vio a Cat Grant salir de la estancia.
—¡Señorita Grant! —exclamó llevándose una mano a las gafas. No esperaba encontrársela.
—¿Vienes a ver cómo está tu amiga? —la provocó Cat. Le seguía divirtiendo ver la cara que ponía al temer ser descubierta como Supergirl.
—Sí, eso es, vengo a ver cómo está mi amiga Lena —contestó Kara 40 con torpeza.
—Me alegra que al final todo se haya solucionado… y que tengamos de vuelta a nuestra Supergirl —añadió con sinceridad.
—Yo también.
—Bien lo sé —musitó Cat, pero la kryptoniana no se dio cuenta, pues andaba centrada en su novia.

—Cariño, ¿cómo te encuentras hoy? —preguntó amorosamente Kara 40.
—Mejor, no creo que tarden en darme el alta. —Recibió a su chica con un beso en los labios, después se abrazaron y Kara 40 se sentó en el borde de la cama, sin soltar su mano.
—Así que Cat ha venido a verte.
—Sí, es una mujer muy amable —Kara 40 sonrió, le gustaba que la gente tratase bien a su novia, no merecía menos. Pero entonces recordó a Lillian y su expresión cambió—, ¿qué ocurre, Kara?
—Vi a Lillian en el vestíbulo del hospital, ¿se ha atrevido a subir a verte?
—Da igual, Kara… —Lena 40 no quería echar más leña al fuego. Cuando la kryptoniana supo quién había ocasionado todo, sufrió un ataque de ira.
—Sé que el odio es un sentimiento muy negativo, que nos come por dentro, pero... odio a tu madre, Lena, no puedo evitarlo, por todo lo que nos hizo, por todo lo que te hizo sufrir a ti durante meses… Y parece que nunca se cansa de torturarte, es un monstruo, si es que a veces,  hasta siento deseos de acabar con su vida…
—Lo sé, pero no harás nada, porque eres mi Kara, una chica con un corazón noble y generoso, capaz de sentir compasión incluso por quien no la merece.
—Por ti, Lena… por ti no haré lo que me piden las entrañas, porque sé que sufrirías y nunca me lo podría perdonar.
—Te quiero —dijo de pronto Lena 40.
—Yo también te quiero.
Se besaron y ya no volvieron a hablar de su madre en todo el día.
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Por la tarde, Kara y Lena visitaron a la joven Luthor, que las recibió junto a su novia con el traje de Supergirl. Para llegar hasta la habitación y que nadie en el hospital se asustase, Kara se vistió como Kara Danvers, y Lena ocultó su rostro tras unas enormes gafas de sol y un sombrero. No era plan de que alguien viera dos Supergirl ni dos Lena Luthor en el mismo lugar.
—¿Habéis tenido problemas para llegar aquí? —preguntó Kara 40.
—Todo ha ido bien —replicó su doble mientras Lena se quitaba el sombrero y las gafas. Cuando lo hizo, ambas Lenas se miraron sorprendidas.
—Somos como dos gotas de agua —exclamó la Lena de Tierra 38.
—Hasta ahora sólo había visto dos Karas, verme a mí misma es otra cosa… —admitió Lena 40 desde la cama, sin dejar de mirar a su doble, que le sonreía.
—Esto es increíble, es surrealista, es… ¿imaginas lo que seríamos capaces de hacer si trabajásemos juntas? —añadió Lena emocionada.
—Dios… eso sería… absolutamente fantástico —replicó Lena 40. Ambas Karas se miraron con gesto de diversión.

—Oye, —Lena 40 dirigió un rápido vistazo a su novia y después volvió a enfocar su atención en su doble— ¿qué sabes de la radiación roja? —preguntó tratando de sonar casual.
—Tengo algunos conocimientos… —indicó Lena, que también dedicó una mirada a su novia— ¿Y tú cuánto sabes de la kryptonita verde?
Ambas Karas se volvieron a mirar, pero esta vez sonrojadas, ¿de verdad estaban hablando de eso? Las Lenas se echaron a reír.
—Bueno, os dejamos un rato solas, que seguro que tendréis algunas cosas de las que hablar después de todo lo que ha pasado —dijo Kara 40, acompañada de Lena. Sus novias les agradecieron el detalle.

—No sabes cómo me alegra que todo haya terminado bien… Excepto que Lillian sigue libre —admitió Kara.
—Tendremos tiempo de enfrentarla y de reunir pruebas, sé que no parará de hacer daño hasta que la detengamos —dijo Lena 40 con tristeza.
—Lo importante ahora es que tu novia volvió a ser la de antes y que tú te estás recuperando bien —afirmó la kryptoniana para cambiar el tema de conversación. De pronto se llevó la mano a las gafas, un gesto inconfundible de cuando Kara se ponía nerviosa.
—¿Qué sucede, Kara? —preguntó Lena 40 con gentileza.
—¿No te ha preguntado por lo que pasó entre nosotras? —inquirió Kara tras unos segundos de silencio.
—No… no ha mencionado nada al respecto, a mí también me preocupa un poco.
—Quizá no recuerde nada de eso —sugirió Kara.
—Lo dudo, recuerda perfectamente muchas otras cosas.
—Todavía me siento culpable por lo que pasó, Lena, y más viendo a tu novia recuperada —musitó bajando la mirada.
—Como te dije entonces, todos cometemos errores, y a veces las circunstancias nos llevan por el camino equivocado. Pero nos dimos cuenta a tiempo, no te castigues por eso, por favor —rogó Lena 40—, no quiero veros a ninguna castigándoos por nada, me duele demasiado. Quiero que dejemos todo atrás.

—Tienes razón, debemos vivir en el presente y mirar sólo hacia delante —declaró Kara—, y es un presente maravilloso, porque ambas tenemos a nuestras novias con nosotras. —La joven Luthor sonrió.
—¿Ves?, sabía que mi doble acabaría conquistándote, si es que soy irresistible en todas las tierras —bromeó provocando la risa de la kryptoniana. Pero no tardaron en cesar sus carcajadas.



—Lo eres… —admitió Kara clavándole sus ojos azules. Entonces se arrodilló junto a la cama y le acarició la mejilla con los dedos— me enamoraría de Lena Luthor en todos los mundos en los que existiéramos —afirmó con convicción.
Lena 40 se inclinó hacia ella con cierto rubor y depositó un intenso beso en su mejilla.
—Siempre serás especial para mí, Kara de la Tierra 38, gracias por todo.

—¿Todavía te duele? —cuestionó Kara 40 señalándole en el brazo— Siento muchísimo la quemadura que te hice —aseguró avergonazada.
—Casi no noto nada, no te preocupes, y no fue culpa tuya —aseguró Lena con una sonrisa.
—Pero se te quedará marca para toda la vida, lo siento de verdad —añadió la kryptoniana.
—Será un recuerdo de la gran aventura que he vivido en Tierra 40 —exclamó Lena con alegría.
—Eres una mujer estupenda, Lena Luthor de la Tierra 38 —señaló Kara 40 con sinceridad.
—Gracias… —dijo Lena con las mejillas un poco sonrojadas.


Nunca terminaba de acostumbrarse a recibir piropos, y menos aún si venían de Kara Danvers, de Supergirl o incluso de sus dobles, acababa de comprobarlo. Qué difícil debió ser para Lena 40 mantenerse lejos de Kara durante el tiempo que convivieron fingiendo ser pareja. ¿Habría sido ella capaz de hacer lo mismo?, ojalá nunca tuviese que descubrirlo.
—¿Qué crees que habría pasado si todo esto hubiese sucedido en Tierra 38? —preguntó de pronto Lena.
—Supongo que habría hecho lo mismo que hizo tu novia —replicó Kara 40—, me temo que estamos hechas de la misma pasta —bromeó.

—Sin duda —sonó la voz de Kara a sus espaldas. Había salido de la habitación. Su doble se acercó a ella.
—No sé cómo darte las gracias por todo lo que has hecho por National City, por nosotras, por Lena… —declaró Kara 40.
—Sé que tú habrías hecho lo mismo en mi mundo. —Kara 40 asintió sonriendo ante la mirada feliz de Lena.
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Días después, los médicos le dieron el alta a Lena 40 y regresó a casa con su novia. Iban a meterse en la cama, pero la joven Luthor necesitaba aclarar algo.
—Kara… —La kryptoniana la miró—, ¿por qué nunca me has preguntado por los besos que compartí con la otra Kara?
—Porque recuerdo perfectamente los argumentos que me diste cuando te lo recriminé, y los comprendo —explicó con calma.
—Pero cuando te los di, no creíste una sola palabra —comentó Lena 40 sorprendida.
—Cuando me lo contaste todo, yo era incapaz de pensar con empatía y compasión y no pude aceptarlo, ahora es muy distinto —dijo sonriéndole—. Claro que siento un poquito de celos, pero sé que todo lo que ocurrió, fue porque me echabas de menos a mí.
—Así es, mi amor, no lo dudes ni un segundo —afirmó mientras posaba sus manos en en el pecho de Kara 40.
—Nunca dudaré de ti ni de lo que sientes por mí, Lena —prometió cogiéndola de la cintura.
—¿Cómo no voy a quererte?, ¡ven aquí!
Lena 40 se aferró al cuello de su camisa y la besó con impaciencia. Su novia no tardó en devolverle el beso con la misma pasión, y la levantó en el aire sin dificultad alguna. Caminó, sin dejar de besarla, hasta la cómoda de la habitación, donde la sentó. Ahora sus manos, ya libres, recorrían sus muslos, su espalda, su cuello… La joven Luthor gimió un par de veces, animando a Kara 40 a continuar. Pero de pronto se echó hacia atrás, dejándola desconcertada, y abrió un poco el primer cajón, mostrando el fulgor verde de los brazaletes de kryptonita.
—¿Seguro que te encuentras bien para esto? —Se preocupó—, no me importa esperar unos días más.
—Yo no quiero esperar ni un minuto más —dijo Lena 40 sonriendo con picardía—, quiero volver a sentirte dentro de mí —susurró en su oído con la voz más sensual que había escuchado jamás. Sus palabras la hicieron estremecerse.
—Cómo te he echado de menos… —musitó la kryptoniana extasiada.
—Y yo a ti… —gimió la joven Luthor con los ojos cerrados.
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Kara y Lena tomaron la decisión de marcharse al día siguiente. Lena 40 ya estaba bastante restablecida y en Tierra 40 todo parecía ir bien. Se despidieron de Alex, de Maggie y de los demás en el DEO y en CatCo y abrieron el portal que las llevaría de vuelta a su propio mundo, Tierra 38.
—¿Estás segura de que son las coordenadas correctas, Lena? —preguntó Kara.
—¿No te fías de mí? —reprochó Lena frunciendo el ceño.
—Claro que me fío, pero después de lo que me pasó, no termina de gustarme esto de viajar entre mundos paralelos.
—Conmigo está a salvo, señorita Danvers —dijo Lena mientras entrelazaba sus dedos con los de su novia. Kara se tocó las gafas, nerviosa, y Lena se derritió— y ya que todo se ha solucionado en Tierra 40, es hora de centrarnos en nosotras.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Kara intrigada.
—Quiero hacer oficial lo nuestro, Kara —afirmó Lena—, quiero gritarle al mundo que estoy locamente enamorada de ti.

FIN… 

... O NO, QUE NOS QUEDA TODAVÍA EL EPÍLOGO ;)

9 oct. 2017

"Tierra - 40" (Supercorp) cap 21


Estamos llegando al final de esta historia. Muchas gracias a todos por leerme y comentar.

CAPÍTULO 21
Alex Danvers dio el visto bueno al armamento especial que llevaban los ocho agentes del DEO que irían con ella en busca de su hermana.
—Agente Vásquez, ahora queda a cargo de estas instalaciones —afirmó Alex con seriedad, la chica asintió con la cabeza.
—Detective Sawyer, aquí está su rifle —dijo un agente mostrándole el arma. Maggie le agradeció con un ligero gesto.
—Recuerda que no te permitiré acercarte demasiado —admitió Alex con preocupación.
—Me parece bien, tampoco soy una suicida, te daré cobertura desde un sitio más seguro —aseguró Maggie a su novia, que le dio un apretón en la mano en señal de complicidad.
—Yo también quiero ir —intervino de pronto Lena 40. Ambas se volvieron hacia ella con cara de sorpresa.
—Ni hablar —exclamó Alex—, no voy a consentir que te pongas en peligro tú también.
—Tengo que ir, Alex, soy quien mejor conoce a tu hermana, puedo ayudar a controlarla… —explicaba Lena 40—, además, no puedo quedarme aquí, de brazos cruzados, mientras dos personas de otra Tierra están en peligro por culpa de mi ingenuidad.
—No puedes culparte por lo que hizo tu madre, Lena… —dijo Alex.
—Y tú no puedes obligarme a quedarme, Alex, iré con o sin tu permiso —declaró Lena 40 con decisión.
Maggie soltó una risita al ver la cara de perplejidad de su novia.
—Parece que a tu hermana le van las mujeres con carácter —susurró para que sólo Alex la escuchase.
La agente no encontró argumentos para disuadirla y acabó aceptando su decisión. Después dio instrucciones para el reparto de vehículos y llamó a Winn.
—Lena viene con nosotras, así que tú te quedarás a cargo de Zatanna, ¿de acuerdo?
—Claro, ningún problema —replicó con una sonrisa tonta en el rostro.
—Anda, ten —Maggie le ofreció una pistola de balas de kryptonita—, si las cosas se ponen feas, no bastará para protegerla que la mires con ojitos —añadió con diversión. Alex y Lena sonrieron. Maggie no perdía el sentido del humor ni en los peores momentos..
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Kara 40 aterrizó en una zona rocosa y liberó a Lena con desprecio.
—No estamos lejos del DEO —se sorprendió Lena.
—Quiero que tu novia nos encuentre, sólo me interesaba salir de allí —explicó la kryptoniana con una sonrisa peligrosa en el rostro—, sabiendo que te tengo, Supergirl 38 no tardará en dar con nosotras… quiero matarte delante de sus ojos.
Un escalofrío recorrió la espalda de Lena, no dejaba de causarle impacto que una persona que era exactamente igual a la mujer que amaba le hablase con tanto odio.
—¿Por qué harías algo así?, Kara no te ha hecho nada —increpó la joven Luthor. Kara 40 rio.
—¿Sabes a lo que se ha dedicado durante el tiempo que ha estado en mi Tierra?, se lo ha pasado bien con mi novia.
Lena comprendía demasiado bien los celos de Kara 40, ella misma los había experimentado. Pero después de hablar con su chica, había entendido que, como Alex le dijo, Kara sólo tenía ojos para ella. Pero aquella kryptoniana estaba cegada por la poderosa magia de Zatanna, y nada de lo que pudiera decirle la haría cambiar de opinión. ¿Y si la solución era justo lo contrario?
—No hablas en serio —afirmó Lena de pronto—, mi Kara no puede haberme engañado.
—Oh sí, te aseguro que lo ha hecho, igual que mi novia a mí —aseguró Kara 40—, son unas malditas traidoras, merecen sufrir —añadió.
—Quizá tengas razón… —admitió Lena sin mirarla. La kryptoniana se volvió hacia ella desconcertada.
—¿Qué quieres decir?
—Si hay algo que no tolero es la traición, y más si viene de la persona que ha jurado amarme… se merecen que les hagamos lo mismo —sugirió la joven Luthor clavándole sus hermosos ojos verdes. Kara 40 sonrió de medio lado.
—Vaya, esto no me lo esperaba —dijo con satisfacción.

Dio dos pasos y se detuvo a escasos centímetros de Lena. La contempló unos instantes. Era tan hermosa como su novia, y ella llevaba meses echándola de menos, ¿por qué no? Aunque después la matase para herir aún más a Supergirl 38, antes podía divertirse un poco. Posó sus manos en la cintura de Lena, que se sobresaltó un poco al sentirla.
«Parecen las manos de Kara… —titubeó un instante— ¡no, no son sus manos, son las manos de una perturbada con el aspecto de Kara.»
Kara 40 la atrajo contra su cuerpo sin demasiado cuidado, Lena hizo una mueca de dolor, pero enseguida se recompuso, no podía perder de vista su plan. Llevó sus manos al pecho de la kryptoniana, y fue moviéndolas con cuidado, ascendiendo hacia su cuello, mientras trataba de mirarla con deseo. Kara 40 no esperó más y se lanzó a besarla en un gesto rápido y agresivo. Lena la correspondió como mejor pudo para tenerla distraida mientras sus dedos buscaban el colgante en su cuello, disimulando con algunas caricias. Una mano fuerte e implacable apartó las suyas sin miramiento.
—Ni lo intentes… —amenazó la kryptoniana— Si no quieres que te mate antes de que venga tu novia para verlo —Sus ojos azules se habían oscurecido, Lena sabía que no bromeaba—. ¿Es que todas las Lenas sois unas mentirosas? Haré bien en matarte.
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—¿Qué está pasando, James? —cuestionó Cat Grant al verlo alterado mientras recogía sus cosas para marcharse de las oficinas de CatCo.
—Hay ataques en varios puntos de National City —dijo el fotógrafo con prisa.
—¡Eso no es nuevo, cuéntame algo que no sepa! —exclamó la reina de los medios perdiendo la paciencia. Se acercó a él— Vas a ir a ayudar como the Guardian, pero sé que hay algo más.
Cat había descubierto la identidad secreta del héroe llamado “the Guardian” en cuanto lo había tenido delante de sus ojos, y desde entonces, James solía informarla de las misiones que realizaba colaborando con J’onn J’onzz y sus agentes.
—Señorita Grant, nuestra Kara ha escapado del DEO —anunció sin rodeos.
—Dios mío… —susurró Cat con preocupación— ¿y Supergirl 38?, ¿está aquí para enfrentarla?, no creo que nadie más pueda.
—Sí, pero estos ataques por toda la ciudad nos obligan a dispersarnos, así que no podremos ayudarla demasiado.
—Entiendo, debes irte entonces —afirmó Cat. Y James se dio la vuelta para marcharse, pero Eve apareció ante ellos.
—¿A dónde vas, James? —preguntó asustada—, ¿no pensarás acercarte a los ataques de la ciudad?
—Eve… soy fotógrafo de noticias, tengo que cubrir esto… —James miró a Cat, que no tardó en echarle una mano con su novia.
—James es el mejor en su trabajo, y es un profesional comprometido, debe ir, señorita Teschmacher.
Eve no se atrevió a contradecir a su jefa y se despidió de James con un dulce beso y haciéndole jurar que tendría cuidado.

Cat se acercó a uno de los ventanales de su despacho sumida en sus pensamientos. Las dos Karas iban a enfrentarse, era un acontecimiento insólito. La periodista que había en ella sintió el intenso deseo de buscar el lugar del combate y vivirlo en primera persona para poder narrarlo después. ¿Pero cómo iba a contar aquello sin dejar al descubierto el engaño al que habían sometido a toda la ciudad con su propia ayuda? Esta vez, CatCo no podría ofrecer una lucrativa exclusiva, pero no quería quedarse sin saber nada, así que llamó a Lena. Tanto ella como Kara le importaban mucho, eran de sus pocas debilidades.
—¿Lena? —dijo Cat en cuanto oyó que descolgaban la llamada—, James me ha contado lo que está pasando, ¿dónde están las Karas?, ¿tú estás bien?
—Cat… ahora no puedo hablar mucho, voy con Alex y Maggie en un vehículo del DEO.
—¿Vas a ir donde están ellas? —exclamó preocupada.
—He de hacerlo, creo que puedo ayudar —explicó Lena—, no te preocupes por mí, y ni se te ocurra buscarnos y venir, te lo ruego, ya ha sufrido bastante gente, gracias por llamar, Cat.
La mujer no pudo ni replicar, Lena le había colgado. Miró unos instantes la pantalla negra de su teléfono y después cerró los ojos. En su mente sólo un ruego, que ninguna de sus niñas sufriera daños, ninguna, y eso incluía a Kara 38.
XXXXXX



 —¡Aléjate de ella! —ordenó Kara levitando en el aire. Al fin las había encontrado, también había comunicado su posición a Alex mediante un transmisor que llevaba en la oreja.
—Sabía que no tardarías en llegar —Kara 40 agarró a Lena por el hombro y la colocó delante de su cuerpo, rodeando su cuello con el brazo—, aunque tampoco te lo he puesto muy difícil, ¿verdad?
—Suéltala, ella no tiene nada que ver en esto —exclamó Kara mientras tomaba tierra. Lena la miró con una mezcla de esperanza y miedo. Sabía que Kara haría todo lo posible por ponerla a salvo, ¿pero sería capaz de vencer a la maligna Kara 40? La kryptoniana le dedicó una ligera sonrisa para tranquilizarla y su doble rompió el momento.
—Dejad ya de miraros así —demandó Kara 40—, está visto que tengo que ponerme seria para que la gente me haga caso —resolvió con maldad y apretó el cuello de Lena, dificultándole la respiración ante la horrorizada mirada de Kara— Voy a hacerte sufrir, Supergirl usurpadora, y lo voy a disfrutar —aseguró de manera perversa.
—¡No, por favor, no le hagas daño, te lo suplico! —rogó Kara a pleno pulmón— ¡Lena es lo mejor de mi vida!
—¡Oh, qué bonito! —se burló Kara 40 mientras aflojaba un poco su brazo—, ¿has visto cuanto te quiere? —dijo a Lena en el oído.
Sus ojos verdes se humedecieron y sus labios empezaron a temblar. Kara apretó los dientes y cerró los puños con fuerza. La impotencia la estaba matando. Y entonces, las dos kryptonianas dirigieron su atención al cielo, un helicóptero del DEO se aproximaba a ellas.

Kara 40 no tuvo contemplaciones, y utilizó sus rayos infrarrojos para derribarlo. Kara no tuvo tiempo de pensar, se lanzó a rescatar a los ocupantes antes de que el vehículo se estrellase a poca distancia de ellas. Puso a salvo a los aturdidos agentes, a cierta distancia. Cuando regresó junto a Lena y a su doble, vio que Kara 40 tampoco había perdido el tiempo. Había recogido varios restos metálicos del helicóptero para construir una especie de jaula donde había encerrado a Lena.
—Me encargaré de ella más tarde, ahora debemos recibirlas como merecen —dijo la kryptoniana haciendo un gesto.
Kara miró en la dirección indicada y vio que Alex, Maggie y Lena 40 bajaban de una especie de camioneta del DEO. La agente Danvers, que lucía su armadura especial con kryptonita, avanzó unos pasos más acompañada de la joven Luthor. Maggie se quedó junto al vehículo, con su rifle entre las manos. 


—Ya basta, Kara, deja que te ayudemos —dijo Alex—, podemos liberarte de esa magia.


—¿Has venido a ayudarme con esa armadura? —preguntó con ironía—, ¿quién te ha dicho que necesito liberarme?
—Kara, ¿cómo se encuentra tu Lena? —preguntó Lena 40.
—Está bien, pero la tiene retenida —replicó Kara señalando el montón de restos metálicos por entre los que su novia se asomaba para no perderse lo que estaba ocurriendo.
—Qué asco, ni siquiera delante de vuestras novias sois capaces de disimular —acusó Kara 40 de pronto.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó Kara con rabia.
Lena 40 se lo tomó con más calma, pues responder con exaltación era justo lo que su novia quería.
—Kara, por favor, ves cosas donde no las hay —aseguró la joven Luthor de Tierra 40 en el tono más conciliador que pudo.
—Si nos dejases ayudarte… —insistió Alex— también dejarías de tener esos pensamientos equivocados respecto a Lena y Kara 38.

—Por favor… —suplicó Lena 40—, sólo queremos que vuelvas a ser la de siempre.
—¿La de siempre?, ¿la estúpida que siempre hacía lo que le decían?, ¿la que siempre se contenía para no disgustar a los pobrecitos humanos? —exclamó con indignación.
—Kara, no… —musitó Lena 40 con tristeza.
—Desde que llegué a este maldito planeta no he hecho otra cosa que contenerme, reprimirme… con mi familia adoptiva, con mis compañeros de trabajo, con mi hermana… con mi novia —intensificó la palabra novia mirando a Lena 40, refiriéndose claramente a su intimidad—, y por supuesto con mis enemigos, no fuera a ser que Supergirl matase a alguno, que dramático habría sido, incluso aunque muchos de ellos merecieran la muerte. ¿Por qué tengo que adaptarme yo a los frágiles humanos?, estoy harta de sacrificarme. Es hora de que vosotros os adaptéis a mí, de que aceptéis todo mi poder y lo temáis.
—No puedo reconocerte, Kara —sollozó Lena 40, incapaz de esconder su inmensa pena.
—No tienes que reconocerme, cariño, sólo aceptarme tal y como soy en realidad —señaló Kara 40—, de eso se trata el amor, ¿no? —añadió con una sonrisa maliciosa.
—Ese colgante  te ha convertido en un monstruo —exclamó Alex.
—No, hermanita, no soy un monstruo, soy una diosa, y ha llegado el momento de que disfrute de serlo —dijo mientras se elevaba en el aire lentamente—. Por primera vez en mi vida, no tengo que pedir permiso ni pedir perdón.

—No hables así... esta no eres tú, Kara, es el maldito colgante de mi madre, que te ha trastornado —exclamó Lena 40 entre sollozos sin dejar de caminar hacia ella, que había bajado hasta el suelo de nuevo.
—¿Esto? —Kara lo sacó de debajo de su camiseta.
La piedra roja refulgía intensamente entre sus dedos, al tiempo que la mirada de su portadora se oscurecía más. Lena se maldijo. Todo el tiempo habían tenido la respuesta delante de sus narices, pero no había sabido verla.
—Esta pequeña piedra me ha hecho ver las cosas con claridad, no pienso renunciar a la verdad. —Volvió a ocultarla bajo su ropa.
—¿A qué verdad? —se atrevió a cuestionar Alex.
—Soy poderosa como un dios, no tengo por qué servir a los patéticos humanos. Debería ser al contrario… Mi voluntad, vuestras órdenes.
—Tú querías ayudar a los humanos —replicó Lena 40
—He estado ciega, pero al fin veo mi verdadero propósito. Llegué a la Tierra para conquistarla y gobernarla.
—Tú no eres así, por favor, lucha contra esto —suplicaba Lena 40 sin detener sus pasos.
—¡Lena, ¿dónde vas?! —gritó Alex. Pero la joven Luthor hizo oídos sordos, toda su atención era para su novia, que también parecía estar pendiente sólo de ella.
—Deja de autoengañarte, soy lo que ves, ¿o es que ya no te gusto y quieres abandonarme?, porque no te lo permitiré, Lena, no puedes dejarme —afirmó sorprendentemente desesperada. Lena 40 entendió que el colgante no había podido eliminar su miedo al abandono.
—No quiero dejarte, Kara —confesó con sinceridad.
Lena cogió el rostro de Kara entre sus manos y, por un momento, ambas conectaron como antaño. Sin embargo, tras unos instantes, la piedra volvió a ganar. Kara 40 se echó hacia atrás y su gesto cambió.
—Pero me traicionaste, no creas que voy a olvidarlo tan fácilmente —aseguró con rencor. Lena 40 suspiró, abatida por su reacción, ¿es que no había forma de hacerla reaccionar?— Retírate, Lena, después aclararemos lo nuestro, ahora quiero resolver el asunto de mi usurpadora —informó.

La joven Luthor retrocedió, caminando hasta donde se encontraba Alex. Kara permanecía en su posición, pendiente de su Lena y de las demás. Comenzaron a hablar a través de sus transmisores.
—Nuestra única esperanza es debilitarla con alguna bala de kryptonita y arrebatarle el maldito colgante —dijo Alex—. Jamás se lo quitará por voluntad propia, Zatanna tenía razón— añadió desanimada.
—Si consigo quitárselo yo, no hará falta herirla, ¿verdad? —declaró Kara.
—Ésa sería la mejor opción —señaló Maggie.
—No quiero que ninguna salga herida, ten cuidado, por favor —rogó Lena 40. Kara le sonrió desde la distancia y enfocó sus ojos azules en su doble.
—Bien, empecemos —invitó la kryptoniana haciendo un gesto con la mano.
—Parece que tu querida novia acepta su destino —se burló Kara 40.
—Esto es una locura —exclamó Lena asustada.
—¡Sí, nunca debisteis venir a un mundo que no era el vuestro! —sentenció Kara 40 justo antes de lanzarse contra Kara.

Pudo bloquear el primer golpe, y el segundo, pero el tercero le acertó de lleno en el estómago. Kara sintió un fuerte dolor. No solía pelear con seres tan fuertes como ella. Kara 40 sonreía y no dejaba de atacarla. Ascendieron varios metros sobre el suelo y siguieron dedicándose puñetazos y patadas, también Kara 40 encajaba algunos, pero menos que su doble de Tierra 38.
Todos los presentes estaban clavados en sus posiciones, conteniendo el aliento mientras contemplaban el épico combate. Alex no quería intervenir en él, ambas Karas se movían a tal velocidad que no lograba ver hueco para ella, además, quería estar preparada para proteger a las dos Lenas, a Maggie y a sus hombres si se daba el caso. Maggie seguía apostada a cierta distancia, junto al vehículo, con su rifle cargado de balas verdes, esperando las indicaciones de Alex. El resto de agentes del DEO también apuntaba a las kryptonianas, a la espera de la orden de fuego a discreción si las cosas se iban de las manos.

Kara 40 bloqueó los ataques de Kara y le asestó un fuerte cabezazo en la frente, lanzándola contra el suelo, donde se estrelló.
—Nunca podrás vencerme —aseguró Kara 40 riendo.
—¿Por qué estás tan segura? —preguntó Kara poniéndose en pie.
—Porque tú y yo somos distintas —afirmó su doble—, te contienes, no peleas con todo tu poder. Pero yo no lo voy a hacer, porque no me importa si mueres, al contrario, ¡me encantaría!
Lanzó sus rayos infrarrojos contra Kara, que los esquivó por poco, elevándose en el aire para volver a enzarzarse en una sucesión de golpes con Kara 40.
—Vamos a poner las cosas más interesantes, porque me empieza a aburrir pelear contigo —anunció de pronto. Kara frunció el ceño sin comprender. 


Pero no tardó en hacerlo. Kara 40 bajó al suelo, se volvió hacia la jaula improvisada y utilizó sus rayos para rozar ligeramente el brazo de Lena, que chilló de dolor. Fue todo tan rápido que Kara no pudo prever el ataque. Pero algo cambió en su interior. De pronto, una furia intensa y descontrolada se apoderó de ella.

—¡¿Cómo te atreves a hacerle daño?! —bramó Kara enfurecida mientras le asestaba un fuerte puñetazo en la mandíbula, lanzándola a gran velocidad por la violencia del golpe.
Kara 40 logró recuperar el equilibrio clavando una mano en la tierra y frenando finalmente. Cuando alzó la cabeza, sonreía con la boca ensangrentada. Se llevó una mano hasta la cara y se limpió parte de la sangre con el dorso.
—Esto está mucho mejor… —declaró con satisfacción— Así será más divertido matarte.
—¡Lena, ¿estás bien?! —exclamó Kara con desesperación acercándose a ella.
—Sí, Kara, estoy bien, no te preocupes por mí —aseguró la joven Luthor ocultando su herida con la mano—, sólo me rozó.
En realidad le dolía mucho, pero no quiso inquietarla y complicar aún más la situación.
—¡Podría haberte matado!
—¡Kara, cuidado! —chilló Lena al ver que Kara 40 volaba hasta ella y le daba una patada.
—Y la mataré, no lo dudes —aseguró Kara 40—, pero primero te voy a matar a ti, aunque puede que mientras lo haga, vuelva a herir a tu novia —Se rio.
—¡No volverás a tocarla! —gritó Kara, dominada de nuevo por la furia.

El combate se volvió brutal. Ambas golpeaban con más ganas y se daban menos respiro. La sangre empezó a brotar. Todos contemplaban el enfrentamiento horrorizados por la violencia de los golpes y la velocidad que habían cogido, era imposible seguirlas con la mirada. Aquello era especialmente duro para ambas Lenas, que apenas podían contener las lágrimas al ver cómo las mujeres que amaban peleaban a muerte. Porque ya no era un combate cualquiera, sino uno que sólo terminaría con la muerte de una de las dos. Las kryptonianas estaban enardecidas, como si apenas sintieran el dolor, cegadas por la rabia de lo que cada una había sufrido por todo lo que había pasado.


Alex tuvo que proteger a Lena 40 de varios pedazos de roca que salieron disparados hacia ellas debido a los destrozos que el combate estaba ocasionando en aquel paraje. Pero no sólo se rompían las piedras, también se partían labios, cejas, costillas… pero nada parecía bastar para detenerlas. Ante semejante espectáculo dantesco, Lena 40 se sintió miserable por no haber descubierto la trampa que les tendió su propia madre. Lena, por su parte, se sentía culpable por haber viajado a Tierra 40 y ponerse en peligro, convirtiéndose en un punto débil para Kara.
—¡Te voy a mandar a tu mundo, pero muerta! —bramó Kara 40 mientras alcanzaba el rostro de Kara, rompiéndole la nariz. Pero la kryptoniana apenas retrocedió, aunque tenía la cara ensangrentada, y aprovechando que su doble se confió un instante, logró darle una fuerte patada en el brazo izquierdo, quebrándole al menos un hueso.
—¡No estés tan segura! —exclamó Kara ante el aullido de dolor de Kara 40.
Sin embargo, tampoco Kara 40 se replegó demasiado, y atacó a Kara incluso con más ganas, gritando como una fiera.
 
—¡Se van a matar, Alex, si no hacemos algo, se matarán las dos! —chilló Lena 40 desesperada.
La agente no sabía qué hacer. Conocía lo suficiente de los combates cuerpo a cuerpo como para saber que no había forma de que una se impusiera a la otra, estaban demasiado igualadas. Tampoco había manera de que Maggie lograse disparar a su hermana, se movía demasiado deprisa, y estaba el peligro de herir también a Kara. ¿Qué podía hacer? La angustia se apoderaba de ella.
Lena lloraba, aferrada a los barrotes improvisados, jamás había presenciado una violencia como aquella, y que su novia fuera una de las implicadas le rompía el corazón. Empezó a sopesar la posibilidad de que no saliera viva del combate y su llanto aumentó.
—Kara… no puedo perderte ahora que por fin estamos juntas… no puedo… —sollozaba— ¡Kara! —la joven Luthor levantó la voz al repetir el nombre de su novia.
La kryptoniana escuchó su súplica, y le bastó mirarla un momento para recuperar un poco la cordura. No tenía que matar a Kara 40, ése no era su objetivo, ¿qué le había pasado? Afortunadamente, Lena había logrado traerla de vuelta.

De pronto, los movimientos vertiginosos se detuvieron en seco. Kara tenía inmovilizada a su doble, aprovechando la ventaja que le suponía que aquella tuviera un brazo roto. La sujetaba con firmeza desde atrás, bloqueando los movimientos de sus brazos y sus piernas. Kara 40 forcejeaba pero no conseguía liberarse.
—¡Ahora, Maggie, dispara! —exclamó Kara.
—Pero las balas pueden alcanzarte a ti también —replicó Alex contrariada.
—No me importa, Alex, no tendremos más oportunidades así —explicaba Kara mientras sujetaba a su doble con firmeza— ¡vamos, Maggie!
—¡Suéltame, desgraciada! —ordenó Kara 40 inútilmente.
—Oh Dios, Kara… —musitó Lena desde su jaula al comprender lo que su novia estaba sugiriendo.
—No puedo permitir que hagas esto —declaró Lena 40—, no es justo para ti ni para tu Lena.
—Es mi decisión, no hay otra manera —afirmó Kara con seriedad—, confío en la puntería de Maggie —añadió con una sonrisa serena en su rostro teñido de rojo.
La detective debía apuntar a miembros, esquivando las cabezas y los torsos para evitar daños mortales, pues querían debilitar a la kryptoniana para poder quitarle el colgante, no acabar con su vida.
—¡Os mataré a todas! —chillaba Kara 40, pero nadie parecía escucharla.

Alex seguía dubitativa. Maggie esperaba órdenes con el dedo tembloroso apoyado en el gatillo. Las dos Lenas se resignaron ante la determinación de Kara. Y finalmente, Alex dio la orden y Maggie obedeció a su superior disparando varias veces.  Pero Kara 40 logró moverse lo suficientemente rápido como para que las balas apenas las rozasen.
—¡Mierda! —masculló Maggie.
Kara 40 asestó a su doble un golpe con la cabeza, dejándola aturdida unos instantes, y se liberó de su agarre.
—No voy a dejar que podáis volver a dispararme —amenazó justo antes de lanzarse contra los agentes del DEO para desarmarlos. Kara reaccionó enseguida y voló detrás de ella para proteger a los hombres.
—Sí que te importa toda esta gente —se burlaba—, dejar que te golpeen a ti,  que tienes los poderes de un dios, para salvar a esta chusma. No es el orden natural de las cosas.
—Ya me cansa tu discurso —contestó Kara mientras le devolvía un puñetazo.
—A mí me cansas toda tú —dijo Kara 40 volviéndose contra ella armada con una daga de kryptonita que le había quitado a uno de los agentes.
Kara no lo vio venir y recibió una puñalada en el costado que la hizo gritar. Su doble ni se molestó en sacarle el arma, la dejó allí, arrodillada y muy dolorida, tenía otros planes.
—A ver si así te relajas un poco —rio Kara 40 mientras se elevaba en el aire para contemplar a sus numerosos enemigos y decidir a por quién ir.

Lena 40 aprovechó el momento para correr hasta Kara y ver cómo se encontraba. Su novia no podía hacerlo, y observaba la terrible escena desde su jaula con impotencia.
—¡Kara!
—Por favor… sácame la daga… —pidió con dificultad, pues la kryptonita estaba envenenándola.
Lena 40 no dudó en hacer lo que le pedía y lanzó lejos el arma para que Kara pudiera recuperarse. Mientras tanto, Kara 40 había llegado hasta Maggie en un rápido vuelo que cogió a Alex por sorpresa.
—¿Cómo te atreves a dispararme? —escupió— Esta vez te romperé todos los huesos del cuerpo. —De un manotazo, le quitó el rifle de balas verdes, arrojándolo a cierta distancia.
—¡Maggie! —Alex gritó con horror y emprendió una loca carrera para llegar junto a su novia. Pero Kara 40 la habría matado si Kara no lo hubiese impedido a tiempo, lanzando sus rayos infrarrojos contra su doble, apartándola de Maggie el tiempo suficiente para que Alex llegase a su lado.
—¿Estás bien?, creí que te perdía —dijo Alex afectada mientras la abrazaba.
—Yo también, Kara me ha salvado, y debemos devolverle el favor, ¡es ahora o nunca! —exclamó sacando una pistola de su cinturón y apuntando a Kara 40 que se recobraba del último ataque recibido.

Maggie no dudó un instante y le disparó un tiro en la pierna. La kryptoniana rugió de rabia y se abalanzó contra ella, pero esta vez, Alex pudo interceptarla. Odiaba hacerle daño a su hermana, pero al fin parecía que se debilitaba y tenían una oportunidad de liberarla de la influencia del colgante. Aunque era más lenta que Kara 40, la kryptonita de su armadura y las heridas de su hermana jugaban a su favor, y logró golpearla repetidas veces, impidiendo que incluso se levantase del suelo.
Alex se irguió ante una Kara 40 derrotada que apenas se movía. Respiró con alivio, dejando salir a través de su boca toda la angustia que había experimentado en las últimas horas. Miró a Maggie y le dedicó una sonrisa. Sólo tenía que quitarle el colgante y la pesadilla habría terminado. Sin embargo, nadie pareció darse cuenta de que sólo con alargar el brazo, Kara 40 podía alcanzar el rifle de Maggie que yacía en el suelo detrás de ella.
—¡Me voy a deshacer de todas y cada una de vosotras… y empezaré por ti, maldita ladrona de identidad, por quitarme lo que es mío!
Apuntó hacia Kara, todavía en el suelo, apretó el gatillo una vez, y lo que ocurrió después les heló la sangre a todos.
XXXXXX



—¡Lena! —exclamó Zatanna con los ojos muy abiertos y el rostro descompuesto— No he podido advertirles a tiempo… —se lamentaba.
—¡Ey, tranquila! —dijo Winn sobresaltado al verla despertar de esa forma— Estás a salvo, en el DEO.
—Tengo que ayudarlas, tengo que… tengo que ir con ellas —decía Zatanna sin parar mientras se bajaba de la camilla con torpeza.
—No creo que estés en condiciones de ir a ninguna parte —trató de disuadirla Winn.
—No me quedaré aquí esperando —aseguró.
Winn la vio tan decidida que no osó interponerse en su camino. Zatanna salió de las instalaciones del DEO tan rápido como pudo y se elevó en el aire ante la perpleja mirada del joven.
XXXXXX



Lena 40 yacía en brazos de Kara con una herida de bala en el estómago. Había parado el proyectil con su propio cuerpo para que no alcanzase a la kryptoniana.  Después de todo lo que había hecho por ella, por todas, no podía permitir que Kara muriera.
—¿Por qué lo has hecho, Lena? —preguntó Kara con los ojos húmedos.
—No mereces morir… —pronunció en un esfuerzo.
—Tú tampoco, maldita sea —masculló mientras trataba de detener la abundante hemorragia con una mano.
—Siento que todo haya salido mal… espero que me perdones… que todas lo hagan… —musitó.
—No tenemos nada que perdonarte —aseguró Kara tratando de sonreír—,  te vas a poner bien… Lena, ¡Lena! —alzó la voz al comprobar que la joven Luthor no respondía y sus ojos estaban cerrados— ¡Despierta, por favor, no puedes dejarnos!... ¡Lena!
El grito desgarrado de Kara inundó el lugar. 


CONTINUARÁ…

2 sept. 2017

"Tierra - 40" (Supercorp) cap 20



CAPÍTULO 20
Lena permanecía en silencio, observando a Kara 40 sin demasiado reparo. La kyrptoniana sonrió.
—Me miras con mucha atención, Lena 38 —afirmó—, puede que me parezca a tu novia, pero no soy ella, soy mejor.
«Mejor haciendo daño —pensó Lena.»
—¿Y cuándo empezaste a… ser mejor? —Le costó terminar la frase.
—Cuando me di cuenta de que había estado haciendo el tonto durante muchos años —explicó Kara 40 con tranquilidad. —Lena frunció el ceño, intrigada.
—No entiendo lo que quieres decir —admitió.
—¿Sabes cuál es el problema que tenéis los humanos? —Lena no dijo nada— Que pensáis que todo lo que no entendéis debe acabar sometido a vosotros, a vuestro control, a vuestras costumbres y forma de vida. Y si no… —Kara 40 cerró el puño con fuerza delante de los ojos de Lena— Lo destruís.
Lena no pudo replicar nada. Ciertamente, los hombres se habían pasado su existencia atacando lo que temían por no comprenderlo. ¿Pero qué tenía eso que ver con la kryptoniana? La gente de la Tierra respetaba a Supergirl, incluso la consideraban una gran esperanza, una superheroína.  El desconcierto que mostraba el rostro de la joven Luthor hizo sonreír a Kara 40.

—Todo estaba bien mientras Supergirl hizo lo que los humanos esperaban que hiciera, mientras su comportamiento entraba dentro de lo que ellos podían entender y aceptar. Pero cuando al fin me liberé, me confinaron en esta maldita celda.
—¡Lo hicieron porque te volviste peligrosa e hiciste daño a mucha gente! —exclamó Lena sin poder contenerse.
—Ésa es la pasión Luthor que tanto me gustaba de mi Lena —susurró acercándose un poco más al vidrio que las separaba—, me encanta ver que la tienes en todos los mundos.
Aunque no querría admitirlo, Lena se sintió un poco intimidada por aquellos ojos azules oscurecidos y el tono amenazante de su voz.
«No consigo sacarle nada que valga la pena —se lamentó Lena internamente—, y ella no deja de desafiarme.»
—¿Qué es lo que te ha convertido en esto? —preguntó casi sin pensar.
—Oh, por favor, no utilices el mismo discurso que mi novia, es tan aburrido —dijo Kara 40 con una mueca— ¿Por qué no aceptáis que simplemente, no soy la que vosotros queréis que sea?

La kryptoniana se dio la vuelta, y dio unos pasos hacia el interior de la celda, después se volvió y le clavó la mirada a Lena.
—¿Para qué has bajado aquí, Lena 38? —exigió saber.
—Yo… necesitaba verte con mis propios ojos… —declaró la joven Luthor.
—Pero no has podido averiguar nada que te ayude a convertirme en lo que era antes, ¿verdad? —afirmó Kara 40 en tono burlón— La estúpida alien que hacía todo lo que los humanos querían de ella.
—¿Y qué hay de tu hermana y de tu novia? —preguntó Lena con seriedad—, ¿tampoco eras tú misma con ellas?
—Estuve ciega mucho tiempo, pero ahora que he abierto los ojos, no volveré a cerrarlos —aseguró con maldad en la mirada.
—¿Y qué te los ha abierto? —Lena dejó de disimular, y decidió preguntar sin tapujos. Kara 40 se echó a reír.
—No confíes tanto en tu Supergirl, Lena 38, puede que ella también acabe por abrir los ojos.
Lena se estremeció ante sus palabras. Su Kara no podía convertirse en una mujer tan fría y violenta, eso no podía pasar, ¿o sí? Sintió miedo, quizá no debió dejarla ir sola a L Corp.
—¿Qué te pasa? —insistió Kara 40—, pareces asustada, ¿no habías pensado en esa posibilidad?, me decepcionas, Lena 38.
—Eso no pasará, ella no es como tú —se defendió sin demasiada fuerza.
—Imagina que habéis venido las dos para salvarme y en lugar de eso, tu querida Supergirl acaba siendo como yo, menudo giro de los acontecimientos —relató con diversión.
Lena estaba experimentando en su propia piel la crueldad de Kara 40, nada de lo que su Kara y otra gente le habían contado era exagerado. Se desesperó aún más.
—¿Ves?, ahora te pareces más a mi novia… —La kryptoniana dio pasos hasta el vidrio, y le mostró la sonrisa más perversa que jamás había visto— Ya empiezo a ver desesperación en tus ojos verdes.
XXXXXX



Aquel mediodía, Zatanna recibió permiso de Lillian Luthor para visitar a su padre. Estaba decidida a terminar con el pacto que tenía con aquella detestable mujer. Ya era hora de que su padre fuese liberado.
—¡Zatanna! —exclamó Giovanni Zatara tras las rejas.
—Papá, ¿cómo estás?, ¿te han hecho algo? —preguntó preocupada al verlo desmejorado.
—Estoy bien pero tú…
—Muy pronto saldrás de aquí —aseguró Zatanna.
—¿Qué has hecho, hija?
—No tienes que preocuparte de nada, papá —dijo cogiéndole las manos.
—No quiero que nadie sufra para que yo viva, eso no es justo, no está bien, Zatanna —musitó abatido.
—Pero, papá…
—Siempre tuve miedo de que alguien te manipulase para aprovecharse de tus poderes, pero convertirme en el motivo de que eso suceda, es todavía peor, nunca quise esto para ti, cariño.
Los ojos azules de Zatanna se humedecieron. Su padre no mostraba ese aspecto tan demacrado por su estancia allí, sino por lo que sabía que ella estaba haciendo por salvarle la vida.
—Papá… yo… lo siento… lo siento mucho… —Las lágrimas bañaban sus mejillas.
—Aún no es tarde para hagas las cosas bien, hija mía, eres inteligente, seguro que encontrarás la manera de arreglarlo, eso es lo único que quiero que hagas por mí.
—Tengo que hablar con Lena Luthor, contarle todo… —susurró débilmente.
—Adelante, Zatanna, pase lo que pase, siempre estaré contigo —Giovanni besó las manos de su hija con gesto emocionado.
XXXXXX



John Corben la había informado de la visita de su hija, y de lo molesta que parecía. Lillian sonreía en silencio desde el sillón de su despacho. Como otras veces, su plan se había visto truncado, pero no estaba demasiado preocupada, y además, sabía que aquella conversación con Lena era inevitable. La joven Luthor irrumpió en la estancia abriendo de par en par la puerta de doble hoja. Corben tenía razón, tenía sus ojos verdes chispeantes de rabia.

«Lástima que te pongas así por el motivo equivocado —pensó Lillian en su interior.»
—Hola Lena, no esperaba verte dos veces hoy —saludó con normalidad— ni a… Supergirl ¿38? —añadió estrechando los ojos pero sin dejar de sonreír.
Kara la miró con seriedad pero no replicó, y se quedó dos pasos detrás de Lena, cruzando los brazos delante del pecho.
—Y supongo que tampoco esperabas que tu maldito anillo fracasase y Supergirl 38 no se volviera loca como lo hizo mi novia —acusó Lena sin miramientos.
—¿Has venido hasta aquí para acusarme? —dijo Lillian en un tono más grave.
—¡Deja de disimular, mamá! —exclamó Lena, apretando con fuerza los puños. Lillian permanecía callada, al contrario que su hija— ¡Fuiste tú!, ¡tú convertiste a Kara en un monstruo!, ¿cómo pudiste hacer algo así? —bramó Lena—, ¡podría haberme matado, podría haber destruido el planeta entero!

«Es mi día de suerte —se dijo Zatanna al escuchar las voces de dos mujeres que parecían discutir acaloradamente y reconocerlas como Lillian Luthor y su hija. Lena Luthor estaba allí mismo.»
Se asomó cuidadosamente por la esquina de las escaleras y vio que había un hombre custodiando la puerta de la habitación, así que, susurró un hechizo para resultar invisible y se acercó para escuchar con más claridad.

—¡Deberías agradecérmelo, ahora ya sabes lo peligrosos que son esos seres monstruosos! —Lillian no se molestó más en negarlo. Lena boqueó con intensa incredulidad y furia.
—No todos somos iguales —aseguró Kara de pronto.
—Yo diría que sí —dijo Lillian con cinismo—, a fin de cuentas, Supergirl ha resultado ser el más peligroso de todos —declaró con satisfacción.
—Porque tú le hiciste algo para cambiarla —Lena continuó con sus acusaciones—, y de paso separarme de ella, ¿verdad?... Me aseguraste que aceptabas nuestra relación, pero mentías, en realidad no lo soportabas —añadió con más tristeza que ira en su voz. Kara advirtió eso y sintió ganas de abrazarla. Una mujer como ella no merecía padecer de esa manera.
—Desde luego que no —admitió Lillian con frialdad—, no podía soportar que un miembro de mi familia intimase de esa forma con basura alien.
—¡Kara era mi vida, y tú me la arrebataste por tus malditos delirios xenófobos! —chilló Lena dominada por su profundo dolor— ¡¿Sabes lo que he sufrido en los últimos meses?, ¿lo que han sufrido sus seres queridos?!
Zatanna cerró los ojos con arrepentimiento, comprendiendo hasta qué punto había hecho daño a gente inocente. Estaba más decidida que nunca a arreglar las cosas.

—Hay que eliminarlos a todos —sentenció Lillian sin mostrar un ápice de compasión.
—Estás tan loca como Lex —musitó Lena resignada. Su madre jamás cambiaría, estaba tan perdida como su hermano. Sólo quedaba hacerla confesar lo que había hecho exactamente y tratar de revertirlo para curar a su Kara— ¿Qué es lo que le hiciste al anillo de esta mañana? —Lillian se limitaba a sonreír levemente— Tú no tienes poderes, ¿quién te ayudó?, lo que enfermó a mi novia fueron tus colgantes, ¿verdad?, algún tipo de magia en ellos.
—¿Magia?, qué imaginación más creativa tienes, Lena, es una de tus mejores cualidades.
—Deja ya de jugar, mamá, sabemos lo que has hecho, y ahora me dirás cómo anularlo.
Lillian no tenía ninguna intención de hablar de su aliada, Zatanna Zatara, o de ayudar a Lena a malograr aún más sus propios planes. Todo lo contrario, le complicaría un poco más la vida a su querida hija, ya que ésta no era capaz de entender lo equivocada que estaba sobre los aliens y el peligro que suponía tenerlos en la Tierra.

—Nunca has compartido nuestro punto de vista, incluso te aliaste con ellos —pronunció Lillian con asco mientras se ponía de pie—, al menos Lex veía la realidad de lo que está pasando.
—¿Qué está pasando? —preguntó Lena, un poco cansada de dar vueltas y no obtener información.
—Los aliens acabarán sometiendo a la raza humana si nosotros no nos defendemos —manifestó su madre—, Lex no pudo salvarnos porque el maldito Superman se lo impidió, pero yo todavía puedo hacer algo.
Lillian asintió con la cabeza, Corben le devolvió el gesto y salió del despacho ante las miradas desconfiadas de Kara y de Lena, pasando a escasos centímetros de Zatanna, que seguía oculta a la vista mediante su hechizo.
—¿Dónde va Corben? —dijo Lena inquieta. La kryptoniana tampoco estaba tranquila.
Pero su madre la ignoró por completo, cogió su teléfono móvil y marcó un número.
—¿Qué estás haciendo? —inquirió la joven Luthor, molesta por la indiferencia de su madre.

Lillian sólo pronunció una palabra. Una sola palabra que bastó para sobrecoger a Lena y a Kara por igual.
—Libérala.
—¿Qué has hecho? —susurró Lena casi sin voz.
—Lo que tú me has obligado a hacer con tu actitud, hija mía —respondió Lillian con serenidad—. Creo que deberíais ir al DEO —sugirió complacida.
Lena negaba con la cabeza, no podía creer lo que acababa de suceder. No sólo no había podido descubrir cómo curar a su novia, sino que su madre la había liberado de su confinamiento. Aquello era una pesadilla, no podía ser real, no podía…
—Lena, ¡Lena! —exclamó Kara mientras la zarandeaba de los hombros para hacerla reaccionar— ¡Tenemos que irnos ya!

La kryptoniana la cogió de la mano y tiró de ella para salir juntas del edificio. Cuando llegaron a la calle, se dispusieron a volar, pero Zatanna apareció frente a ellas, las había seguido.
—¡Esperad, necesito hablar con vosotras! —dijo la joven bruja.
—¡Hazte a un lado! —ordenó Kara con autoridad, no tenían tiempo de hablar con desconocidas.
—¡Yo hechicé a la Supergirl de este mundo! —exclamó Zatanna. Ambas la miraron frunciendo el ceño, al fin tenía su atención— Sé que debes odiarme, Lena Luthor, yo también me odiaría… pero créeme, quiero ayudaros. Lillian Luthor me chantajeó amenazando la vida de mi padre si no hacía lo que me decía.
—¿Tú embrujaste los colgantes de mi madre? —preguntó Lena con interés. ¿Podían tener todavía esperanza?
—Sí, lo hice yo —Zatanna asintió—, llevarlo puesto hace que mi hechizo le afecte.
—Entonces sólo tenemos que quitarle el maldito colgante —exclamó Kara.
—Eso no será tarea fácil, su efecto es como el de una droga, genera adicción. Es mucho más sencillo que yo anule el hechizo —explicó Zatanna.
—Tiene razón, Kara, tenemos que llevarla al DEO con nosotras, ¿podrás volar con las dos? —dijo Lena.
—No os preocupéis, sé volar sola —aseguró Zatanna elevándose en el aire—, por cierto, soy Zatanna Zatara, y lamento que nos conozcamos en semejantes circunstancias. 



XXXXXX



Un sonido repetitivo rompió el tenso silencio que había entre Lena y Kara 40. La joven Luthor se preocupó y llamó al agente que las acompañaba a unos metros.
—¿Qué es eso?
—Es la alarma del DEO —informó el agente—, algo debe haber pasado.
El hombre le dio la espalda y se comunicó con la sala central, después volvió a mirarla.
—¿Qué ha ocurrido? —insistió Lena intranquila.
—Que el DEO va a estar ocupado un tiempo y eso permitirá que yo haga mi trabajo.
—¿Cómo? —musitó Lena desconcertada y temerosa. Sentía que algo no iba bien.
El tipo sólo sonrió y se acercó hasta la celda, mientras Kara 40 lo observaba con curiosidad.
—¿Pero qué estás haciendo? —preguntó Lena al ver que el agente pulsaba botones del panel de control y la radiación verde comenzaba a perder intensidad.
—J’ohn J’onzz y Mon-El han abandonado las instalaciones para combatir varios ataques simultáneos que los hombres de Cadmus y algunos aliens de poca monta están llevando a cabo ahora mismo en diferentes puntos de National City, bajo las órdenes de John Corben, mano derecha de Lillian Luthor —Lena sintió un escalofrío al escuchar el nombre de su madre asociado a actos deleznables, una vez más. No importaba a qué Tierra perteneciera, parecía que no podía dejar de lado su maldad—. El jefe se ha llevado a la mayoría de agentes para cubrir toda la ciudad, y ha dejado a Alex Danvers como directora de operaciones aquí en el DEO, pero la agente Danvers es poca cosa para su querida hermana Supergirl.

En pocos segundos, la radiación verde se desvaneció. La kryptoniana cerró los ojos y respiró hondo, después sonrió. Sentía cómo el poder corría de nuevo por sus venas. La puerta de vidrio de la celda se abrió y Kara 40 avanzó unos pasos hasta cruzarla con calma. Lena no sabía dónde meterse, presa del pánico y encaró al agente.
—¿Cómo has podido liberarla?, ¡eres un agente del DEO!
—¡También soy un hombre que perdió a su mujer a manos de unos asquerosos aliens!... los odio… no te sientas ofendida, Supergirl.
—Nunca lo haría, me has devuelto la libertad —replicó Kara 40 con una sonrisa—. Desaparece ahora de mi vista y te perdonaré la vida —añadió la kryptoniana en un gesto de falsa misericordia.
—Sólo una cosa antes de irme, ten cuidado con la bruja de ojos azules, no dejes que hable.
El hombre se alejó de ellas corriendo, entró en el ascensor y desapareció tras sus puertas metálicas. Lena estaba paralizada por el miedo. Kara 40 caminó hasta ella y se inclinó para oler su cuello. La joven Luthor cerró los ojos con fuerza, tratando de no temblar.
—Hueles igual que mi novia, utilizas el mismo perfume... Lo echaba tanto de menos… vas a venirte conmigo, Lena de la Tierra 38 —sentenció la kryptoniana.
—No, por favor —rogó Lena.
XXXXXX


No tenían tiempo para explicaciones, así que pasaron por delante de Alex y Maggie con un saludo fugaz y bajaron de inmediato al nivel inferior donde se encontraba la celda. La encontraron abierta y con la radiación de kryptonita desactivada, pero no parecía haber nadie allí. Sin embargo, Kara no tardó en detectar los acelerados latidos de Lena.
—Bingo, usurpadora —exclamó Kara 40, mostrándose ante ellas reteniendo a Lena por el cuello con un brazo—, te estábamos esperando, ¿a que sí? —Apretó un poco su agarre.
—Sí… —pronunció Lena con cierta dificultad.
—Hoy es un gran día, dos Lenas por el precio de una —se burló Kara 40 entre risas. Kara trató de moverse, pero su doble lo notó y le clavó sus ojos azules oscurecidos— Yo no lo haría —amenazó.
—Te juro por Rao que si le haces algún daño, yo… —maldijo Kara con impotencia.
Lena 40 aprovechó el momento entre ellas para seguir con su plan.
—¡Revierte el hechizo del maldito colgante! —chilló mirando a Zatanna.
De inmeadito, la joven bruja empezó a recitar palabras al revés, pero Kara 40 no estaba tan distraida como aparentaba, no había dejado de prestarle atención a la joven de ojos azules, gracias a la advertencia del tipo que la había liberado de su encierro. En un rápido movimiento, empujó a Kara dentro de la celda, activando la radiación verde, y atrapó a Zatanna, tapándole la boca.

—No he logrado conservarlo todo este tiempo para que ahora me lo quites —aseguró la kryptoniana.
—¡Mierda! —Kara golpeaba el vidrio con la fuerza de una mujer humana, incapaz de romperlo, asistiendo a toda la escena sin poder hacer nada. Kara 40 le dedicó una risa burlona y devolvió su atención a las dos Lenas.
—Un ligero movimiento de mis manos y se acabó —espetó.
Zatanna temblaba, muerta de miedo, estaba completamente indefensa ante el inmenso poder de la kryptoniana si no podía utilizar su magia. Lena 40, asustada por las consecuencias que tendría para todas aquel asesinato, intervino.
—Por favor, Kara, no le hagas daño, tú no eres así —suplicó a su novia.
El contacto directo con la kryptoniana provocó en Zatanna una visión del futuro cercano. Apenas fueron unos instantes, imágenes de un combate brutal entre dos Supergirls y sangre, no sólo de ellas, sino también de… tenía que advertirlas, pero no podía hablar.

—No la mates, no necesitas hacerlo, no supone un riesgo para ti —Lena 40 trataba de esgrimir argumentos para convencerla.
—Sí lo es, si me quita lo que necesito —afirmó Kara 40 impasible.
—¡Kara, perdónale la vida, hazlo por mí, por el amor que aseguras tenerme todavía, te lo ruego! —chilló Lena 40 con desesperación. 
Kara 40 presionó suavemente la nuca de Zatanna y ésta cayó al suelo inconsciente.
—Es lo último que haré por ti, Lena Luthor, me has traicionado con esa maldita usurpadora, pero yo también sé jugar —aseguró mientras volvía a atrapar con sus brazos a la joven Luthor de Tierra 38.
Lena 40 comprendió rápidamente sus intenciones y lo inútil que resultaba tratar de convencerla de algo. Optó por ofrecerse.
—¡Déjala en paz, por favor, ella no tiene nada que ver en todo esto, llévame a mí, soy yo a quien quieres realmente, soy yo quien te ha traicionado! —exclamó— Soy yo la que conoce tu cuerpo, la que conoce lo que te gusta, lo que necesitas… 



Su novia había perdido todo sentimiento de bondad y empatía, pero todavía conservaba la libido, y recurrió a ello. Durante unos instantes, Kara 40 pareció titubear, llevada por algunos recuerdos. Sin embargo, sacudió la cabezá ligeramente, y volvió a su plan inicial. El deseo de venganza hacia Kara podía más que el amor y el deseo que pudiera sentir por su novia, así de poderosa era la magia de Zatanna Zatara.

—Tú y yo tenemos cosas pendientes, Lena, lo sé, pero eso puede esperar —Kara 40 clavó su mirada ladina en Kara, que seguía con los puños contra el vidrio—. ¿Cómo te sientes al presenciar las cosas y no poder hacer nada?, es frustrante, ¿verdad? —preguntó la kryptoniana a su doble— Así aprenderás cómo me sentía yo cuando sabía que jugabas a ser la novia de mi Lena.



—¡No te la lleves! —gritaba Kara golpeando el vidrio hasta hacerse daño—, ¡no te atrevas a hacerle daño, maldita sea!
Lo último que vio de Lena fueron sus ojos verdes secuestrados por las lágrimas y sus labios vocalizando un triste “te quiero” que sonaba a despedida. Se enrabió y golpeó con más fuerza el vidrio, hasta que sus nudillos empezaron a sangrar, cómo lamentaba haberla llevado a Tierra 40. Cuando su doble salió de allí volando, Kara gritó el nombre de la mujer que amaba hasta quedarse sin voz.
—Te quiere mucho, por eso, esto es más divertido —se burló Kara 40 mientras volaba con ella en brazos.
«Sí, Kara me quiere, y hará lo que sea para protegerme —pensó Lena—, yo tampoco puedo rendirme.»

—Siento mucho todo esto, Kara —se disculpaba Lena 40 con gran pesar—, ya he avisado a Alex, no tardarán en sacarte de ahí… Si te hubieras quedado aquí con ella, seguro que esto no habría pasado, debí decirte que no me acompañaras —seguía.
—No es culpa tuya, Lena, sino de tu madre y su maldad —replicó la kryptoniana—, pienso rescatar a mi Lena y devolverte a tu novia, sea como sea —aseguró con seriedad mientras Lena 40 la miraba con los ojos empañados.
—¡Dios mío, ¿qué ha pasado?! —exclamó Alex en cuanto llegó hasta ellas, Maggie la seguía unos pasos por detrás con sus muletas. Lena 40 las puso al corriente de todo.
La agente desactivó la radiación verde y abrió la celda. Las heridas en las manos de Kara se cerraron en cuestión de segundos, y su convicción se reforzó.
—Voy a dar con ellas, os lo aseguro.
—Sé que podemos contar contigo, Kara, nosotras te seguiremos por tierra y aire, llevaremos a todos los agentes disponibles —Entonces miró a Maggie y se sonrieron—, Maggie y yo te cubriremos las espaldas, mi chica es una gran francotiradora.
La detective cogió la mano de su novia con agradecimiento al haber sido incluida.
—Lena, tú deberías quedarte en el DEO, estarás más segura, y alguien tiene que cuidar de la brujita en la enfermería —sugirió Maggie—, e informarnos cuando despierte, es nuestra mejor baza contra tu novia si Kara no puede derrotarla —se volvió hacia la kryptoniana—, no es que dude de tus capacidades, pero… me gusta contemplar todas las posibilidades —declaró con una sonrisa amable.
—Por eso eres tan buena detective, Sawyer —Alex la besó en los labios.
—Lo comprendo, Maggie —admitió Kara.

El móvil de Alex sonó, se trataba de J’onn, que había percibido el poder de Kara 40. La agente le contó lo sucedido.
—Coged el armamento de kryptonita —ordenó el marciano—, Alex… si llega a ser necesario…
—Lo haré —aseguró Alex—, la protección de vidas inocentes está por encima de todo.
Deseó con todas sus fuerzas que no llegase a ser necesario hacer algo así y se volvió hacia Kara.
—Tú la encontrarás antes que nosotras, adelántate, pero ten cuidado —dijo la agente.
—Lo tendré, tiene a Lena.
Lena 40 le dedicó otra mirada de culpabilidad. Kara negó suavemente con la cabeza, le dedicó una ligera sonrisa y salió volando a toda velocidad. Desde el día en que llegó a Tierra 40 y conoció lo que había ocurrido allí con su doble, deseó no tener que vérselas nunca con ella. Era surrealista enfrentarse a alguien que era una copia exacta de ti misma, y la situación se volvía letal cuando esa copia tenía tanto poder como tú.  Pero sus peores temores se habían hecho realidad. Tenía que luchar contra la Supergirl de otro mundo, la vida de Lena estaba en juego. 

  
CONTINUARÁ...

12 ago. 2017

Veraneando pero pronto de regreso...



Estoy de vacaciones actualmente, vacaciones merecidas y muy esperadas, por eso ando medio desaparecida últimamente. 

No os asustéis, no he abandonado el fanfic de Supercorp ni los fics en general. Publicaré el capítulo 20 de "Tierra 40" a partir del 20 de Agosto (no sé todavía día exacto) y seguiré haciéndolo hasta terminarla, ya hemos llegado a la recta final de la historia. 

A los que estáis veraneando como yo, disfrutad a tope, y al resto, ánimo con el trabajo y las ocupaciones. Nos leemos muy pronto ;)

Ysabel.

16 jul. 2017

"Tierra - 40" (Supercorp) cap 19



CAPÍTULO 19
TIERRA 40
—¿Qué haces en el DEO tan temprano, Alex? —preguntó J’onn al verla— No te esperaba hasta dentro de dos horas, ni siquiera ha amanecido.
—Hola J’onn, no podía dormir, necesito hablar con mi hermana.
El marciano asintió con la cabeza, sabía lo que su subordinada quería hablar con Kara sin tener que recurrir a sus poderes telepáticos.

—Agente Danvers —saludó el joven agente que custodiaba la celda.
—Déjame a solas con ella —ordenó Alex, y el chico obedeció de inmediato.
—¡Hermanita! —exclamó Kara— Habría preferido otra visita, pero me tendré que conformar — se burló.
—A mí también me alegra verte —replicó Alex con cansancio.
—¿A qué debo el honor de tu presencia aquí? —preguntó la kryptoniana con una sonrisa malévola—, ¿necesitabas verme para empezar bien la semana?
—Seguro que te alegrará saber que lo has conseguido —afirmó la agente Danvers.
—¿El qué? —dijo Kara frunciendo el ceño— No veo que haya cambiado nada para mí.
—Supergirl 38 ha regresado a su mundo para siempre —reveló con seriedad.
—¡Por Rao, por fin una buena noticia! —exclamó sin remordimientos— ¿Y por qué os ha dejado tirados?, ¿se aburrió de mi novia? —añadió con maldad.
—¿Nunca te cansas de ser así de cruel?
—Pues no, me sale de manera natural —replicó con una sonrisa.
Alex suspiró abatida y se dio la vuelta, dispuesta a marcharse de allí. Pero Kara volvió a hablar, deteniendo sus pasos.
—Espera, no puedes irte y dejarme así, tienes que decirme por qué se ha marchado —exigió.
—¿Quieres saber por qué se ha ido? —inquirió con la mirada encendida— ¡¿de verdad quieres saberlo?! —repitió Alex alzando la voz.
—¡Sí, quiero saber por qué esa usurpadora se ha largado después de sustituirme hasta como novia! —bramó Kara.
—¡Porque es tan buena persona como lo eras tú antes de convertirte en este monstruo, por eso! —chilló Alex derrotada.

Kara alzó el rostro con altanería, pero no dijo nada más. Alex se limpió una lágrima y se alejó de la celda y de su hermana. Cuando salió del ascensor, J’onn la estaba esperando, su mirada la invitó a acercarse más a él, hasta que pudo abrazarla.
—No le cuentes a Maggie que he llorado hoy, por favor.
—No lo haré —aseguró J’onn.
—Me hice la fuerte cuando nos despedimos de Kara 38, porque no quiero que Maggie se desanime también —sollozaba—, pero la verdad es que yo…
—Tranquila, Alex, lo sé.
J’onn la abrazó con más fuerza, permitiéndole ahogar el llanto en su hombro.
FIN TIERRA 40   
XXXXXX



TIERRA 38
El sol del lunes comenzaba a despuntar en el horizonte. Lena vio que Kara seguía dormida, así que se levantó con cuidado para no despertarla. Se puso el camisón y caminó descalza hacia la puerta de la habitación. Pero la kryptoniana se desveló.
—¿Dónde vas?
—A prepararte algo de desayuno, sé que necesitas comer bastante y anoche consumiste mucha energía —contestó Lena con una sonrisa traviesa.
—Olvídate del desayuno —dijo Kara incorporándose en la cama. Lena la miró alzando una ceja—, en esta habitación tengo todo lo que necesito ahora mismo.
Atrapó su muñeca y tiró de ella hasta echarla sobre la cama, colocándose encima entre risas de las dos.
—Te voy a confesar una cosa… cuando llegué a este planeta, descubrí que no necesitaba comer ni beber, que me bastaba con la radiación de vuestro sol amarillo para nutrirme cuanto necesito.
—Pero… —Lena no daba crédito a lo que acababa de escuchar—, si es así, ¿por qué comes tanto? —exclamó desconcertada.
—Porque me gusta mucho la comida de la Tierra —admitió con un gesto divertido que hizo sonreír a Lena—, y como no me hace engordar —añadió.
—¡Maldita kryptoniana afortunada! —exclamó Lena quitándosela de encima y  tratando de golpearla con la almohada. Kara se rio con ganas.

—Pero todo eso ha cambiado —dijo de pronto con seriedad.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Lena interesada.
—Ya no me basta con el Sol, ahora te necesito también a ti —aseguró, mirándola fijamente con sus ojos azules— creo que me moriría si no pudiera volver a besarte.
El corazón de Lena dio un brinco en su pecho.
—¡Para ya, idiota! —demandó apartando la mirada para que Kara no la viese a punto de llorar—, ¿no podías haber estudiado matemáticas o biología?, ¿tenía que ser una carrera de letras?
—Lo siento, no puedo evitarlo —se disculpó mientras sostenía su barbilla con dulzura, y le secaba las lágrimas con cuidado— Si no me provocases tanta ternura y tanto deseo, no te diría esas cosas —argumentó Kara sonriendo ampliamente.

Lena posó sus dedos sobre su mandíbula y la acarició, también su barbilla, terminando en sus labios.
—Dios, me encanta tu sonrisa —confesó Lena.
Si fue su tono de voz, o la forma en que la miraba con aquellos ojos verdes, no importaba. Las ganas de Kara se estaban despertando otra vez y Lena parecía complacida con ello.  
—A mí me encanta la forma en que me miras, como si pudieras leerme el alma…
La joven Luthor no se contuvo más, y se perdió en los labios de su chica, besándola con intensidad. La kryptoniana le devolvía cada beso, cada caricia, cada roce… Entonces, Lena se sentó encima de las piernas de Kara, apoyando los brazos sobre sus hombros. La postura era de lo más excitante para Kara, que quería volver a tocarla como antes.
—Esto molesta, ¿puedo? —preguntó señalando el lazo que cerraba su camisón.


—Por favor —invitó Lena mordiéndose el labio inferior.

Kara deshizo el nudo, y acarició sus pechos mientras seguían besándose. Lena se aferraba a su cuello, ahogando sus gemidos en la boca de su amante. Hasta que sintió la mano de Kara deslizándose sobre su muslo y le clavó sus ojos verdes. Una ligera sonrisa de la joven Luthor fue suficiente para que la kryptoniana consumara sus intenciones. Introdujo sus dedos en el sexo caliente y húmedo de Lena, que pareció agradecérselo con un beso rápido, y empezó a mover su mano, al tiempo que la joven Luthor se balanceaba sobre ella.


Pero, aunque sus movimientos aumentasen, sus miradas nunca dejaban de estar conectadas. Kara la miraba embelesada. Lena alcanzó el orgasmo y no le dio mucho respiro a la kryptoniana, cambiando los papeles y provocándole un segundo orgasmo. Parecían querer exprimir al máximo los minutos que tenían antes de que el día empezase en L Corp y en CatCo.
FIN TIERRA 38   
XXXXXX



TIERRA 40
El despertador ya había dado las siete de la mañana, pero Lena no tenía ningunas ganas de dejar la cama. No tenía fuerzas ni ilusión para empezar el día. Se volvió a encoger sobre sí misma, dejando escapar las lágrimas, como había hecho el resto de la noche, y la tarde de antes en el salón, después de hablar con Alex, que la había llamado para contarle que Kara 38 había dejado su mundo definivitamente. A Lena le había dolido que Kara no hubiera aparecido para despedirse, pero, por otro lado, la comprendía. Su ruego para que se marchara había sido muy firme, y, seguramente, Kara no quería hacerle más daño, imponiéndole una vez más su presencia.
«¿Qué estarás haciendo ahora, Kara? —se preguntó—, ¿habrás ido a ver a tu Lena?... ojalá que sí, os merecéis ser felices.»
La joven Luthor alzó la cabeza y buscó con la mirada hasta que dio con una foto de ella y su Kara. Se abrazaban, sonreían, eran felices.
—Nosotras también lo merecemos… maldita sea —farfulló entre lágrimas, estrujando la sábana con el puño—. ¿Nunca voy a recuperarte, Kara? —preguntó con amargura— Qué asco de inicio de semana —maldijo con rabia.
FIN TIERRA 40
XXXXXX



TIERRA 38
—Qué bonita manera de empezar la semana… —musitó Kara entre sonrisas, estirándose sobre la cama. Después se abrazó a Lena de nuevo y la besó en la mejilla. 


La joven Luthor cerró los ojos un instante, con la sonrisa en los labios.
—No podría estar más de acuerdo… estar contigo es… mágico —susurró.


—¿Qué has dicho, Lena, qué acabas de decir? —preguntó Kara incorporándose rápidamente.
—Que estar contigo es mágico —repitió.
—¡Rao! —exclamó alterada—, eres maravillosa, Lena, eres… ¡eres la mejor!
La besó con ímpetu, dejando a la joven Luthor completamente desconcertada.
—¿Por mis frases sensibleras? —sugirió entre risas.
—No era kryptonita roja, y el DEO no detectó ninguna otra sustancia extraña en Kara 40, porque no la hay.
—¿Qué quieres decir? —Lena también se incorporó en la cama, con su mente de ingeniera excitada.
—Además de la kryptonita, sólo otra cosa puede afectarnos a los kryptonianos, me lo explicó mi primo hace un tiempo… ¡la magia! —reveló de pronto.

—¿Insinúas que Kara 40 está bajo el efecto de algún hechizo mágico? —preguntó con el ceño fruncido.
—Eso explicaría por qué no pueden detectar nada, por qué nada encaja. Tengo que volver a Tierra 40 y decirles esto —afirmó Kara con resolución.
—Voy contigo —replicó Lena al momento.
—¿Cómo?
—No pienso volver a quedarme aquí sola, angustiada, esperando noticias tuyas, ni hablar.
—Lo siento, Lena, pero no permitiré que te pongas en peligro, si te pasara algo, yo… —Kara tomó su rostro—, después de lo que hemos compartido esta noche, ya no soy capaz de imaginar mi vida sin ti.
—Kara… —Lena estaba muy emocionada con sus palabras.
—Además, si te quedas, tendré el mayor de los motivos para regresar a casa sana y salva.

—Te odio, Kara Danvers… —musitó. Kara alzó las cejas, sonriendo con ternura— Realmente tienes un don para las palabras… —Kara sonreía, feliz de haberla hecho recapacitar— Pero no me has convencido, iré contigo.
Kara frunció el ceño, sorprendida.
—Pero, Lena… —trató de argumentar de nuevo, pero la joven Luthor la interrumpió.
—No pierdas tu tiempo, no me harás cambiar de opinión —aseguró poniendo cara de circunstancias.
Kara se debatía entre la ternura que le causaba el empeño de su chica, y la preocupación por el riesgo que suponía aceptar su decisión. Sin embargo, acabó rindiéndose ante la determinación de Lena. La abrazó con fuerza.
—Está bien, te llevaré conmigo —Lena exclamó un gritito de felicidad que la hizo sonreír—, pero con una condición.
—¿Qué condición? —exclamó Lena consternada.
—Que nos quedemos así cinco minutos más —dijo Kara.
Lena sonrió mirando al techo. Aquella chica increíble era capaz de emocionarla con sus palabras, capaz de impresionarla con sus artículos, de sobrecogerla con sus heroicidades como Supergirl… y además de todo eso, era su novia, todavía le costaba creer que fuera cierto. Que se preparase la Tierra 40, porque esta vez, Supergirl 38 iría bien acompañada. 

Kara y Lena se despidieron de todos en el DEO, y salieron al balcón principal, donde la kryptoniana abriría el portal para viajar a Tierra 40.
—Tengo que confesarte algo, Kara —dijo Lena por lo bajo.
—Dime —replicó Kara inqueita.
—Cuando te fuiste la segunda vez, yo… presioné un poquito a Winn para que me ayudase a comunicarme con el tal Cisco de la Tierra 1 y conseguir planos del extrapolador interdimensional… y empecé a trabajar en ello.
—¿Qué? —exclamó Kara.
—Luego hablé con Alex y Maggie sobre ello y me quitaron la idea de la cabeza, pero… después de lo que hemos compartido, ya no puedo dejarte ir sola, y mucho menos si vas a enfrentarte a algo que nunca antes has enfrentado, como es la magia —explicaba la joven Luthor—, tengo miedo de que te pase algo y no estar a tu lado, yo…
—Está bien, Lena —aseguró Kara con voz dulce mientras le cogía la mano—, es peligroso, pero yo tampoco quiero separarme de ti —Lena sonrió emocionada— ¿Preparada? —preguntó en cuanto el portal se abrió ante ellas.
—¿Contigo?, siempre —afirmó Lena con determinación. Y ambas cruzaron al otro lado.
FIN TIERRA 38       
XXXXXX


TIERRA 40
Cuando Alex y Maggie acudieron a la sala central del DEO, donde Kara y Lena las esperaban, no daban crédito.
—¡Kara, ¿has vuelto?! —exclamó Alex confundida— ¿habéis cambiado de opinión? —añadió, pensando que se trataba de la Lena de su mundo.
Maggie las miraba estrechando los ojos.
—Tú no eres nuestra Lena, ¿verdad? —afirmó la detective, apoyándose en sus muletas— Te ha causado impacto verme así.
—Chicas, dejad que os explique —pidió Kara.
Tras ponerlas al corriente sobre sus deducciones, Alex y Kara estuvieron de acuerdo en que Lena se quedase en el DEO mientras la kryptoniana iba a ver a Lena 40 a L Corp.
—¿Ves, cariño? —dijo Maggie cogiéndose al brazo de Alex—, nunca hay que perder la esperanza. —Su novia la miró con una sonrisa y la besó en la sien.
Lena no podía evitar mirarlas con cierto asombro, eran exactamente iguales a las Alex y Maggie de Tierra 38, y parecían compartir el mismo amor sincero.
XXXXXX



Lillian Luthor continuó con sus planes, y se personó en el despacho de su hija en L Corp. Después de darle un poco de conversación banal, dejó una pequeña caja sobre su mesa. Lena la abrió y contempló el anillo plateado con piedras verdes que había en su interior, ignorando el embrujo que Zatanna le había vertido. Después miró a su madre frunciendo el ceño.
—Es tu regalo de cumpleaños —exclamó Lillian con una sonrisa exagerada en el rostro.
—Quedan meses para mi cumpleaños —afirmó Lena desconcertada.
—Oh vaya, entonces debo haberme confundido con el cumpleaños de tu hermano, pero puedes quedártelo como regalo por adelantado —sugirió sin dejar de sonreír.
Lena se sintió invisible para su madre una vez más. Ni siquiera cuando se suponía que le regalaba algo era capaz de pensar en ella. Le dio las gracias por cortesía y la despidió con la excusa de que tenía una reunión en un rato. Lillian no se molestó en absoluto, marchándose de allí con un aire de satisfacción que inquietó a su hija.

A pocos metros de la puerta del despacho de la joven Luthor, Lillian se cruzó con Kara, que vestía como humana. Ambas mujeres se miraron unos instantes y después continuaron sus caminos. La kryptoniana pensó que aquella mujer nunca dejaría de darle mala espina, sin importar el mundo en el que estuviesen.
—Señorita Danvers, qué agradable sorpresa —saludó Jess—, ¿quiere que avise a la señorita Luthor de que está aquí?
—No hace falta, Jess, gracias.
Kara tocó a la puerta dos veces, escuchó la voz de Lena dándole permiso para entrar y cruzó el umbral, cerrando tras ella. Cuando Lena alzó sus ojos verdes de los documentos que tenía en la mesa, se quedó conmocionada.
—Kara… —No se confundió como la primera vez. Reconoció la mirada azul de la Kara de Tierra 38—, ¿qué estás haciendo aquí?
—Hola Lena —contestó con voz suave. Volver a verla no la dejaba indiferente.
—Alex me aseguró que te habías marchado… —pronunció Lena poniéndose de pie— tú misma me prometiste que te irías para no volver —añadió con gesto severo.
—Lo sé… y siento no haber cumplido mi palabra, pero yo…
—¿Qué lo sientes? —replicó Lena alzando la voz— Pensé que tenías honor y palabra, Kara.
La kryptoniana se sintió dolida ante aquellas duras palabras.
—No lo entiendes, Lena, he vuelto por una razón muy importante —trataba de explicar.
—¿Cómo quieres que te diga que ya no puedes hacer nada más por nosotros? —exclamó Lena perdiendo la paciencia— ¡Quiero que te marches ahora mismo, y que no vuelvas nunca más! —mintió.
Una mezcla de sentimientos la había sobrecogido al ver a Kara frente a ella. El miedo a volver a sufrir era intenso, pero también había experimentado esperanza, y cierta felicidad por volver a tenerla cerca. Sin embargo, el miedo y el dolor pesaban más, y dominaban sus palabras.

—Creo que he descubierto lo que le sucede a tu novia, Lena, por eso he regresado —afirmó Kara con seriedad.
—¿Lo has descubierto en sólo unas horas y estando lejos de aquí? —contestó Lena incrédula y agobiada con la posibilidad de que Kara se quedase allí otra vez— No quiero más falsas esperanzas, Kara, no puedo más —confesó.
—¿Por qué no me dejas explicarte primero y después decides si merece la pena mi teoría? —sugirió Kara—  Te rindes muy pronto, Lena Luthor —acusó de repente.
—¿Qué? —Lena se quedó sorprendida ante la afirmación de la kryptoniana, que ahora la miraba con cierto desdén impropio de ella.
—Deberías mostrarte más agradecida conmigo, podría haberme quedado en mi mundo y haberos abandonado a vuestra suerte, pero he vuelto —reprochó con frialdad.
—No me gusta tu actitud —admitió Lena con cierta molestia—, dime lo que tengas que decirme y vuelve a Tierrra 38.

 —¿Mi actitud?, ¿y qué hay de la tuya? —Habían pasado más de dos minutos, y el embrujo del anillo comenzó a afectarla— Me pediste que me quedase, que fingiera ser tu novia, que viviera contigo, que cogiese tu mano y besase tus labios y cuando ya no quisiste seguir con eso, me mandaste a mi casa… Las cosas no se hacen así, Lena.
La joven Luthor sintió un escalofrío recorrer su espalda. Aquella no parecía Kara, sino una versión maligna de ella, ¿qué había desencadenado el cambio? No podía estar pasando otra vez.
—Dios mío, Kara, ¿qué te ocurre? «Por favor, tú también no».
—¿A mí?, ¿qué te ocurre a ti?, ¿desde cuándo eres tan egoísta? —acusó alzando la voz— Tuve la oportunidad de largarme a mi mundo hace tiempo y no volver nunca, pero regresé para seguir ayundándote, ¡he regresado tres veces!, ¿y tú me mandas a mi casa sin más? ¿Sabes que llegué a plantearme la posibilidad de estar contigo si me quedaba aquí atrapada? —confesó Kara. La proximidad del anillo sacaba de ella lo más profundo y auténtico, pero en su versión más oscura, deprimente e insensible.
—Kara, no sigas por ahí, por favor… no eres tú misma… —dijo Lena retrocediendo un par de pasos ante el avance de la kryptoniana, que acortaba distancias sin parar.
—¡Claro que lo soy! —Kara se quitó las gafas y las destrozó con el puño— ¡Soy tu Supergirl de repuesto, ¿no me reconoces?! —bramó.

Lena pensaba tan rápido como podía mientras procuraba mantener distancias con Kara, que seguía hablando de manera desagradable, caminando por el depacho. ¿Qué había pasado?, ¿qué era diferente para que Kara de pronto hubiese cambiado? Entonces, sus ojos dieron con la cajita sobre su mesa. La abrió y observó que el anillo refulgía especialmente. Kara también lo miró, y su mirada celeste se oscureció.
—¡Es el anillo! —comprendió Lena de inmediato.
—¡Dámelo, Lena! —demandó Kara con rudeza.
—¡Ni hablar! —replicó y llamó a gritos a su secretaria, que acudió al instante.
Lena le entregó la cajita y le rogó que se la llevase a los sótanos de L Corp. Jess obedeció, y en cuanto abandonó el despacho, Lena se volvió hacia Kara, que parecía desconcertada y un poco mareada y se sentó en el sofá.
—¿Estás bien? —Lena apoyó su mano en el hombro de Kara.
—Lo siento, no sé qué me ha pasado, no podía parar de decir esas cosas —declaró arrepentida.
—Lo sé, no te preocupes ahora por eso… a mi novia le sucedió lo mismo. Ha sido el anillo que mi madre me trajo, tendría que haberme dado cuenta antes —se lamentó— Quería trastornarte como trastornó a mi Kara, pero no es kryptonita roja, ¿qué demonios tenía ese anillo?
—No fuisteis capaces de detectarlo en el DEO, porque no disponéis de nada capaz de detectar la magia, aunque me extraña que el doble de mi primo no lo sugiriese, ¿o es que acaso no conoce nuestra debilidad? —se preguntó apartando la mirada—, tendría sentido si jamás se ha enfrentado a  ningún villano que se valiese de la magia.

—¿Magia? —repitió Lena.
—Sí, Lena, ha de tratarse de algún tipo de magia, porque sólo eso y la kryptonita nos afecta —explicó Kara—, ¿recuerdas de algún otro objeto que acabase cerca de tu novia hace unos meses?, ¿algo que pudiera haber actuado como este anillo conmigo?
—Creo que sí… maldita sea.
Lena recordó los colgantes que Lillian les había regalado a ella y Kara meses atrás, con motivo del año que llevaban juntas como pareja, para demostrarles que aceptaba su relación, aunque no terminase de gustarle. Kara, bondadosa e ingenua como era, creyó en las palabras de su suegra y se puso el colgante para limar asperezas con ella, pero empezó a comportarse de manera extraña enseguida. Lena no asoció en ningún momento su cambio con el colgante. Tampoco sospecharon en el DEO, cuando lo analizaron, pues no detectaron ningún material ajeno a la Tierra. Sin embargo, volvió a su mente el momento en que quisieron quitárselo, como el resto de cosas personales, no iba a necesitarlas en la celda de confinamiento. Kara se mostró reacia a entregarlo, y logró quedárselo.
—Quítese el colgante, Supergirl —pidió un agente del DEO.
—El colgante… ¿y luego qué?, ¿también he de entregaros la ropa interior?, ¿tengo que llevar braguitas del DEO? —se burló la kryptoniana.
—Dejadla ya —dijo Alex. Kara sonrió con maldad. Había logrado su objetivo, no separarse del colgante, que ejercía sobre ella una atracción irresistible, además de convertirla en un ser despreciable.

—Siento mucho haberte recibido así, Kara… me impactó volver a verte aquí.
—No tienes que disculparte, sé lo mucho que te afecta, y no habría vuelto si no fuera por lo que descubrí.
—Lo sé, y te lo agradezco de corazón —aseguró Lena con una sonrisa—, después de meses de angustia, por fin veo una posibildiad real de recuperar a mi novia.
—Lo conseguiremos, Lena. —Kara le devolvió la sonrisa mientras dejaba el sofá—. Por cierto, esta vez no he venido sola, Lena me ha acompañado.
—¿Mi doble de Tierra 38? —exclamó emocionada.
—Sí, bueno… ella y yo… pasaron cosas entre nosotras… —Kara hablaba con torpeza, con las mejillas encendidas. Lena sintió ternura— Y no ha querido separarse de mí.
—No puedo culparla —dijo con una sonrisa sincera—. Ahora tengo que ir a hablar con mi madre —informó—, he de asegurarme de que todo esto es cosa suya, y obligarla a decirme cómo solucionarlo. No quiero llevarme sorpresas de última hora.
—Tienes razón, debemos conocer bien el tipo de magia de que se trata, y saber hasta qué punto afecta y cómo combatirla —apoyó Kara—, iré contigo, Lena, no me fío de Lillian, no quiero que te pase nada malo.
—Gracias, Kara —La joven Luthor le cogió la mano y le dio un ligero apretón.
Ambas sintieron calidez con aquel contacto. A pesar de las circunstancias y de lo que pudiera suceder, se importarían siempre.
—Mejor si voy como Supergirl, ya no tengo las gafas de Kara Danvers —se lamentó.
—Te compraré unas nuevas si las necesitas, pero mejor si vamos volando, no quiero perder un minuto más —manifestó Lena—, aunque espero que nos dé tiempo a que me cuentes esas cosas que han pasado entre Lena y tú —afirmó con una sonrisa pícara.
—¿Eh? —Kara reaccionó ruborizándose otra vez y Lena rio.
XXXXXX



Tenía la intención de hacer caso a Alex Danvers, de verdad que sí, pero Lena no pudo seguir sentada en aquella silla sin hacer nada. Se aseguró de que Alex y Maggie no estuvieran cerca, seguro que tratarían de disuadirla, y se hizo pasar por Lena 40 cuando le hizo falta para acceder a la planta inferior, donde se encontraba la celda de Kara 40. No había ningún peligro, la kryptoniana estaba encerrada y sus poderes anulados gracias a la radiación verde. Pero quizá si la veía, si se acercaba a ella, podría descubrir algo que les ayudase a recuperarla. Quería colaborar, y se había vuelto un poco más temeraria desde que estaba enamorada de Kara.
«Es culpa del amor —pensó sonriendo—, me impulsa a hacer cosas nuevas.»
Recordó algunos instantes vividos sólo horas antes con Kara y suspiró. La sangre parecía correr más rápido por sus venas. Amar a Kara la había colmado de seguridad, fuerza, valor… y le encantaba la sensación.

Saludó al agente que custodiaba la celda, y le pidió que se retirase unos metros. El hombre inclinó la cabeza y obedeció. Cuando miró el vidrio y la vio, se quedó de piedra. Era exactamente igual que su Kara, excepto por su mirada, que parecía teñida de sombras. La kryptoniana sonrió ampliamente al verla, no esperaba la visita de su novia, dado como terminó la anterior.

—Esto sí que no me lo esperaba —admitió Kara 40 con diversión—, se marcha Supergirl 38 y nos manda a su novia.
Lena seguía callada, le había sorprendido lo rápido que se había dado cuenta de que no pertenecía a Tierra 40.
—¿O es que esa maldita usurpadora también ha vuelto? —preguntó Kara 40—, ¿se te ha comido la lengua el gato, Lena 38? —insistió, apoyando las manos sobre el vidrio.
—¿Cómo has sabido quién soy? —preguntó la joven Luthor.
—No hay desesperación en tus ojos —afirmó Kara 40—, tan sólo una intensa curiosidad por lo que tienes delante.
—Eso es cierto.
Kara 40 sonrió de nuevo.
—Estupendo, porque yo también siento curiosidad por ti, Lena de la Tierra 38 —replicó la kryptoniana con la mirada encendida.

CONTINUARÁ…