16 jul. 2017

"Tierra - 40" (Supercorp) cap 19



CAPÍTULO 19
TIERRA 40
—¿Qué haces en el DEO tan temprano, Alex? —preguntó J’onn al verla— No te esperaba hasta dentro de dos horas, ni siquiera ha amanecido.
—Hola J’onn, no podía dormir, necesito hablar con mi hermana.
El marciano asintió con la cabeza, sabía lo que su subordinada quería hablar con Kara sin tener que recurrir a sus poderes telepáticos.

—Agente Danvers —saludó el joven agente que custodiaba la celda.
—Déjame a solas con ella —ordenó Alex, y el chico obedeció de inmediato.
—¡Hermanita! —exclamó Kara— Habría preferido otra visita, pero me tendré que conformar — se burló.
—A mí también me alegra verte —replicó Alex con cansancio.
—¿A qué debo el honor de tu presencia aquí? —preguntó la kryptoniana con una sonrisa malévola—, ¿necesitabas verme para empezar bien la semana?
—Seguro que te alegrará saber que lo has conseguido —afirmó la agente Danvers.
—¿El qué? —dijo Kara frunciendo el ceño— No veo que haya cambiado nada para mí.
—Supergirl 38 ha regresado a su mundo para siempre —reveló con seriedad.
—¡Por Rao, por fin una buena noticia! —exclamó sin remordimientos— ¿Y por qué os ha dejado tirados?, ¿se aburrió de mi novia? —añadió con maldad.
—¿Nunca te cansas de ser así de cruel?
—Pues no, me sale de manera natural —replicó con una sonrisa.
Alex suspiró abatida y se dio la vuelta, dispuesta a marcharse de allí. Pero Kara volvió a hablar, deteniendo sus pasos.
—Espera, no puedes irte y dejarme así, tienes que decirme por qué se ha marchado —exigió.
—¿Quieres saber por qué se ha ido? —inquirió con la mirada encendida— ¡¿de verdad quieres saberlo?! —repitió Alex alzando la voz.
—¡Sí, quiero saber por qué esa usurpadora se ha largado después de sustituirme hasta como novia! —bramó Kara.
—¡Porque es tan buena persona como lo eras tú antes de convertirte en este monstruo, por eso! —chilló Alex derrotada.

Kara alzó el rostro con altanería, pero no dijo nada más. Alex se limpió una lágrima y se alejó de la celda y de su hermana. Cuando salió del ascensor, J’onn la estaba esperando, su mirada la invitó a acercarse más a él, hasta que pudo abrazarla.
—No le cuentes a Maggie que he llorado hoy, por favor.
—No lo haré —aseguró J’onn.
—Me hice la fuerte cuando nos despedimos de Kara 38, porque no quiero que Maggie se desanime también —sollozaba—, pero la verdad es que yo…
—Tranquila, Alex, lo sé.
J’onn la abrazó con más fuerza, permitiéndole ahogar el llanto en su hombro.
FIN TIERRA 40   
XXXXXX



TIERRA 38
El sol del lunes comenzaba a despuntar en el horizonte. Lena vio que Kara seguía dormida, así que se levantó con cuidado para no despertarla. Se puso el camisón y caminó descalza hacia la puerta de la habitación. Pero la kryptoniana se desveló.
—¿Dónde vas?
—A prepararte algo de desayuno, sé que necesitas comer bastante y anoche consumiste mucha energía —contestó Lena con una sonrisa traviesa.
—Olvídate del desayuno —dijo Kara incorporándose en la cama. Lena la miró alzando una ceja—, en esta habitación tengo todo lo que necesito ahora mismo.
Atrapó su muñeca y tiró de ella hasta echarla sobre la cama, colocándose encima entre risas de las dos.
—Te voy a confesar una cosa… cuando llegué a este planeta, descubrí que no necesitaba comer ni beber, que me bastaba con la radiación de vuestro sol amarillo para nutrirme cuanto necesito.
—Pero… —Lena no daba crédito a lo que acababa de escuchar—, si es así, ¿por qué comes tanto? —exclamó desconcertada.
—Porque me gusta mucho la comida de la Tierra —admitió con un gesto divertido que hizo sonreír a Lena—, y como no me hace engordar —añadió.
—¡Maldita kryptoniana afortunada! —exclamó Lena quitándosela de encima y  tratando de golpearla con la almohada. Kara se rio con ganas.

—Pero todo eso ha cambiado —dijo de pronto con seriedad.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Lena interesada.
—Ya no me basta con el Sol, ahora te necesito también a ti —aseguró, mirándola fijamente con sus ojos azules— creo que me moriría si no pudiera volver a besarte.
El corazón de Lena dio un brinco en su pecho.
—¡Para ya, idiota! —demandó apartando la mirada para que Kara no la viese a punto de llorar—, ¿no podías haber estudiado matemáticas o biología?, ¿tenía que ser una carrera de letras?
—Lo siento, no puedo evitarlo —se disculpó mientras sostenía su barbilla con dulzura, y le secaba las lágrimas con cuidado— Si no me provocases tanta ternura y tanto deseo, no te diría esas cosas —argumentó Kara sonriendo ampliamente.

Lena posó sus dedos sobre su mandíbula y la acarició, también su barbilla, terminando en sus labios.
—Dios, me encanta tu sonrisa —confesó Lena.
Si fue su tono de voz, o la forma en que la miraba con aquellos ojos verdes, no importaba. Las ganas de Kara se estaban despertando otra vez y Lena parecía complacida con ello.  
—A mí me encanta la forma en que me miras, como si pudieras leerme el alma…
La joven Luthor no se contuvo más, y se perdió en los labios de su chica, besándola con intensidad. La kryptoniana le devolvía cada beso, cada caricia, cada roce… Entonces, Lena se sentó encima de las piernas de Kara, apoyando los brazos sobre sus hombros. La postura era de lo más excitante para Kara, que quería volver a tocarla como antes.
—Esto molesta, ¿puedo? —preguntó señalando el lazo que cerraba su camisón.


—Por favor —invitó Lena mordiéndose el labio inferior.

Kara deshizo el nudo, y acarició sus pechos mientras seguían besándose. Lena se aferraba a su cuello, ahogando sus gemidos en la boca de su amante. Hasta que sintió la mano de Kara deslizándose sobre su muslo y le clavó sus ojos verdes. Una ligera sonrisa de la joven Luthor fue suficiente para que la kryptoniana consumara sus intenciones. Introdujo sus dedos en el sexo caliente y húmedo de Lena, que pareció agradecérselo con un beso rápido, y empezó a mover su mano, al tiempo que la joven Luthor se balanceaba sobre ella.


Pero, aunque sus movimientos aumentasen, sus miradas nunca dejaban de estar conectadas. Kara la miraba embelesada. Lena alcanzó el orgasmo y no le dio mucho respiro a la kryptoniana, cambiando los papeles y provocándole un segundo orgasmo. Parecían querer exprimir al máximo los minutos que tenían antes de que el día empezase en L Corp y en CatCo.
FIN TIERRA 38   
XXXXXX



TIERRA 40
El despertador ya había dado las siete de la mañana, pero Lena no tenía ningunas ganas de dejar la cama. No tenía fuerzas ni ilusión para empezar el día. Se volvió a encoger sobre sí misma, dejando escapar las lágrimas, como había hecho el resto de la noche, y la tarde de antes en el salón, después de hablar con Alex, que la había llamado para contarle que Kara 38 había dejado su mundo definivitamente. A Lena le había dolido que Kara no hubiera aparecido para despedirse, pero, por otro lado, la comprendía. Su ruego para que se marchara había sido muy firme, y, seguramente, Kara no quería hacerle más daño, imponiéndole una vez más su presencia.
«¿Qué estarás haciendo ahora, Kara? —se preguntó—, ¿habrás ido a ver a tu Lena?... ojalá que sí, os merecéis ser felices.»
La joven Luthor alzó la cabeza y buscó con la mirada hasta que dio con una foto de ella y su Kara. Se abrazaban, sonreían, eran felices.
—Nosotras también lo merecemos… maldita sea —farfulló entre lágrimas, estrujando la sábana con el puño—. ¿Nunca voy a recuperarte, Kara? —preguntó con amargura— Qué asco de inicio de semana —maldijo con rabia.
FIN TIERRA 40
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TIERRA 38
—Qué bonita manera de empezar la semana… —musitó Kara entre sonrisas, estirándose sobre la cama. Después se abrazó a Lena de nuevo y la besó en la mejilla. 


La joven Luthor cerró los ojos un instante, con la sonrisa en los labios.
—No podría estar más de acuerdo… estar contigo es… mágico —susurró.


—¿Qué has dicho, Lena, qué acabas de decir? —preguntó Kara incorporándose rápidamente.
—Que estar contigo es mágico —repitió.
—¡Rao! —exclamó alterada—, eres maravillosa, Lena, eres… ¡eres la mejor!
La besó con ímpetu, dejando a la joven Luthor completamente desconcertada.
—¿Por mis frases sensibleras? —sugirió entre risas.
—No era kryptonita roja, y el DEO no detectó ninguna otra sustancia extraña en Kara 40, porque no la hay.
—¿Qué quieres decir? —Lena también se incorporó en la cama, con su mente de ingeniera excitada.
—Además de la kryptonita, sólo otra cosa puede afectarnos a los kryptonianos, me lo explicó mi primo hace un tiempo… ¡la magia! —reveló de pronto.

—¿Insinúas que Kara 40 está bajo el efecto de algún hechizo mágico? —preguntó con el ceño fruncido.
—Eso explicaría por qué no pueden detectar nada, por qué nada encaja. Tengo que volver a Tierra 40 y decirles esto —afirmó Kara con resolución.
—Voy contigo —replicó Lena al momento.
—¿Cómo?
—No pienso volver a quedarme aquí sola, angustiada, esperando noticias tuyas, ni hablar.
—Lo siento, Lena, pero no permitiré que te pongas en peligro, si te pasara algo, yo… —Kara tomó su rostro—, después de lo que hemos compartido esta noche, ya no soy capaz de imaginar mi vida sin ti.
—Kara… —Lena estaba muy emocionada con sus palabras.
—Además, si te quedas, tendré el mayor de los motivos para regresar a casa sana y salva.

—Te odio, Kara Danvers… —musitó. Kara alzó las cejas, sonriendo con ternura— Realmente tienes un don para las palabras… —Kara sonreía, feliz de haberla hecho recapacitar— Pero no me has convencido, iré contigo.
Kara frunció el ceño, sorprendida.
—Pero, Lena… —trató de argumentar de nuevo, pero la joven Luthor la interrumpió.
—No pierdas tu tiempo, no me harás cambiar de opinión —aseguró poniendo cara de circunstancias.
Kara se debatía entre la ternura que le causaba el empeño de su chica, y la preocupación por el riesgo que suponía aceptar su decisión. Sin embargo, acabó rindiéndose ante la determinación de Lena. La abrazó con fuerza.
—Está bien, te llevaré conmigo —Lena exclamó un gritito de felicidad que la hizo sonreír—, pero con una condición.
—¿Qué condición? —exclamó Lena consternada.
—Que nos quedemos así cinco minutos más —dijo Kara.
Lena sonrió mirando al techo. Aquella chica increíble era capaz de emocionarla con sus palabras, capaz de impresionarla con sus artículos, de sobrecogerla con sus heroicidades como Supergirl… y además de todo eso, era su novia, todavía le costaba creer que fuera cierto. Que se preparase la Tierra 40, porque esta vez, Supergirl 38 iría bien acompañada. 

Kara y Lena se despidieron de todos en el DEO, y salieron al balcón principal, donde la kryptoniana abriría el portal para viajar a Tierra 40.
—Tengo que confesarte algo, Kara —dijo Lena por lo bajo.
—Dime —replicó Kara inqueita.
—Cuando te fuiste la segunda vez, yo… presioné un poquito a Winn para que me ayudase a comunicarme con el tal Cisco de la Tierra 1 y conseguir planos del extrapolador interdimensional… y empecé a trabajar en ello.
—¿Qué? —exclamó Kara.
—Luego hablé con Alex y Maggie sobre ello y me quitaron la idea de la cabeza, pero… después de lo que hemos compartido, ya no puedo dejarte ir sola, y mucho menos si vas a enfrentarte a algo que nunca antes has enfrentado, como es la magia —explicaba la joven Luthor—, tengo miedo de que te pase algo y no estar a tu lado, yo…
—Está bien, Lena —aseguró Kara con voz dulce mientras le cogía la mano—, es peligroso, pero yo tampoco quiero separarme de ti —Lena sonrió emocionada— ¿Preparada? —preguntó en cuanto el portal se abrió ante ellas.
—¿Contigo?, siempre —afirmó Lena con determinación. Y ambas cruzaron al otro lado.
FIN TIERRA 38       
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TIERRA 40
Cuando Alex y Maggie acudieron a la sala central del DEO, donde Kara y Lena las esperaban, no daban crédito.
—¡Kara, ¿has vuelto?! —exclamó Alex confundida— ¿habéis cambiado de opinión? —añadió, pensando que se trataba de la Lena de su mundo.
Maggie las miraba estrechando los ojos.
—Tú no eres nuestra Lena, ¿verdad? —afirmó la detective, apoyándose en sus muletas— Te ha causado impacto verme así.
—Chicas, dejad que os explique —pidió Kara.
Tras ponerlas al corriente sobre sus deducciones, Alex y Kara estuvieron de acuerdo en que Lena se quedase en el DEO mientras la kryptoniana iba a ver a Lena 40 a L Corp.
—¿Ves, cariño? —dijo Maggie cogiéndose al brazo de Alex—, nunca hay que perder la esperanza. —Su novia la miró con una sonrisa y la besó en la sien.
Lena no podía evitar mirarlas con cierto asombro, eran exactamente iguales a las Alex y Maggie de Tierra 38, y parecían compartir el mismo amor sincero.
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Lillian Luthor continuó con sus planes, y se personó en el despacho de su hija en L Corp. Después de darle un poco de conversación banal, dejó una pequeña caja sobre su mesa. Lena la abrió y contempló el anillo plateado con piedras verdes que había en su interior, ignorando el embrujo que Zatanna le había vertido. Después miró a su madre frunciendo el ceño.
—Es tu regalo de cumpleaños —exclamó Lillian con una sonrisa exagerada en el rostro.
—Quedan meses para mi cumpleaños —afirmó Lena desconcertada.
—Oh vaya, entonces debo haberme confundido con el cumpleaños de tu hermano, pero puedes quedártelo como regalo por adelantado —sugirió sin dejar de sonreír.
Lena se sintió invisible para su madre una vez más. Ni siquiera cuando se suponía que le regalaba algo era capaz de pensar en ella. Le dio las gracias por cortesía y la despidió con la excusa de que tenía una reunión en un rato. Lillian no se molestó en absoluto, marchándose de allí con un aire de satisfacción que inquietó a su hija.

A pocos metros de la puerta del despacho de la joven Luthor, Lillian se cruzó con Kara, que vestía como humana. Ambas mujeres se miraron unos instantes y después continuaron sus caminos. La kryptoniana pensó que aquella mujer nunca dejaría de darle mala espina, sin importar el mundo en el que estuviesen.
—Señorita Danvers, qué agradable sorpresa —saludó Jess—, ¿quiere que avise a la señorita Luthor de que está aquí?
—No hace falta, Jess, gracias.
Kara tocó a la puerta dos veces, escuchó la voz de Lena dándole permiso para entrar y cruzó el umbral, cerrando tras ella. Cuando Lena alzó sus ojos verdes de los documentos que tenía en la mesa, se quedó conmocionada.
—Kara… —No se confundió como la primera vez. Reconoció la mirada azul de la Kara de Tierra 38—, ¿qué estás haciendo aquí?
—Hola Lena —contestó con voz suave. Volver a verla no la dejaba indiferente.
—Alex me aseguró que te habías marchado… —pronunció Lena poniéndose de pie— tú misma me prometiste que te irías para no volver —añadió con gesto severo.
—Lo sé… y siento no haber cumplido mi palabra, pero yo…
—¿Qué lo sientes? —replicó Lena alzando la voz— Pensé que tenías honor y palabra, Kara.
La kryptoniana se sintió dolida ante aquellas duras palabras.
—No lo entiendes, Lena, he vuelto por una razón muy importante —trataba de explicar.
—¿Cómo quieres que te diga que ya no puedes hacer nada más por nosotros? —exclamó Lena perdiendo la paciencia— ¡Quiero que te marches ahora mismo, y que no vuelvas nunca más! —mintió.
Una mezcla de sentimientos la había sobrecogido al ver a Kara frente a ella. El miedo a volver a sufrir era intenso, pero también había experimentado esperanza, y cierta felicidad por volver a tenerla cerca. Sin embargo, el miedo y el dolor pesaban más, y dominaban sus palabras.

—Creo que he descubierto lo que le sucede a tu novia, Lena, por eso he regresado —afirmó Kara con seriedad.
—¿Lo has descubierto en sólo unas horas y estando lejos de aquí? —contestó Lena incrédula y agobiada con la posibilidad de que Kara se quedase allí otra vez— No quiero más falsas esperanzas, Kara, no puedo más —confesó.
—¿Por qué no me dejas explicarte primero y después decides si merece la pena mi teoría? —sugirió Kara—  Te rindes muy pronto, Lena Luthor —acusó de repente.
—¿Qué? —Lena se quedó sorprendida ante la afirmación de la kryptoniana, que ahora la miraba con cierto desdén impropio de ella.
—Deberías mostrarte más agradecida conmigo, podría haberme quedado en mi mundo y haberos abandonado a vuestra suerte, pero he vuelto —reprochó con frialdad.
—No me gusta tu actitud —admitió Lena con cierta molestia—, dime lo que tengas que decirme y vuelve a Tierrra 38.

 —¿Mi actitud?, ¿y qué hay de la tuya? —Habían pasado más de dos minutos, y el embrujo del anillo comenzó a afectarla— Me pediste que me quedase, que fingiera ser tu novia, que viviera contigo, que cogiese tu mano y besase tus labios y cuando ya no quisiste seguir con eso, me mandaste a mi casa… Las cosas no se hacen así, Lena.
La joven Luthor sintió un escalofrío recorrer su espalda. Aquella no parecía Kara, sino una versión maligna de ella, ¿qué había desencadenado el cambio? No podía estar pasando otra vez.
—Dios mío, Kara, ¿qué te ocurre? «Por favor, tú también no».
—¿A mí?, ¿qué te ocurre a ti?, ¿desde cuándo eres tan egoísta? —acusó alzando la voz— Tuve la oportunidad de largarme a mi mundo hace tiempo y no volver nunca, pero regresé para seguir ayundándote, ¡he regresado tres veces!, ¿y tú me mandas a mi casa sin más? ¿Sabes que llegué a plantearme la posibilidad de estar contigo si me quedaba aquí atrapada? —confesó Kara. La proximidad del anillo sacaba de ella lo más profundo y auténtico, pero en su versión más oscura, deprimente e insensible.
—Kara, no sigas por ahí, por favor… no eres tú misma… —dijo Lena retrocediendo un par de pasos ante el avance de la kryptoniana, que acortaba distancias sin parar.
—¡Claro que lo soy! —Kara se quitó las gafas y las destrozó con el puño— ¡Soy tu Supergirl de repuesto, ¿no me reconoces?! —bramó.

Lena pensaba tan rápido como podía mientras procuraba mantener distancias con Kara, que seguía hablando de manera desagradable, caminando por el depacho. ¿Qué había pasado?, ¿qué era diferente para que Kara de pronto hubiese cambiado? Entonces, sus ojos dieron con la cajita sobre su mesa. La abrió y observó que el anillo refulgía especialmente. Kara también lo miró, y su mirada celeste se oscureció.
—¡Es el anillo! —comprendió Lena de inmediato.
—¡Dámelo, Lena! —demandó Kara con rudeza.
—¡Ni hablar! —replicó y llamó a gritos a su secretaria, que acudió al instante.
Lena le entregó la cajita y le rogó que se la llevase a los sótanos de L Corp. Jess obedeció, y en cuanto abandonó el despacho, Lena se volvió hacia Kara, que parecía desconcertada y un poco mareada y se sentó en el sofá.
—¿Estás bien? —Lena apoyó su mano en el hombro de Kara.
—Lo siento, no sé qué me ha pasado, no podía parar de decir esas cosas —declaró arrepentida.
—Lo sé, no te preocupes ahora por eso… a mi novia le sucedió lo mismo. Ha sido el anillo que mi madre me trajo, tendría que haberme dado cuenta antes —se lamentó— Quería trastornarte como trastornó a mi Kara, pero no es kryptonita roja, ¿qué demonios tenía ese anillo?
—No fuisteis capaces de detectarlo en el DEO, porque no disponéis de nada capaz de detectar la magia, aunque me extraña que el doble de mi primo no lo sugiriese, ¿o es que acaso no conoce nuestra debilidad? —se preguntó apartando la mirada—, tendría sentido si jamás se ha enfrentado a  ningún villano que se valiese de la magia.

—¿Magia? —repitió Lena.
—Sí, Lena, ha de tratarse de algún tipo de magia, porque sólo eso y la kryptonita nos afecta —explicó Kara—, ¿recuerdas de algún otro objeto que acabase cerca de tu novia hace unos meses?, ¿algo que pudiera haber actuado como este anillo conmigo?
—Creo que sí… maldita sea.
Lena recordó los colgantes que Lillian les había regalado a ella y Kara meses atrás, con motivo del año que llevaban juntas como pareja, para demostrarles que aceptaba su relación, aunque no terminase de gustarle. Kara, bondadosa e ingenua como era, creyó en las palabras de su suegra y se puso el colgante para limar asperezas con ella, pero empezó a comportarse de manera extraña enseguida. Lena no asoció en ningún momento su cambio con el colgante. Tampoco sospecharon en el DEO, cuando lo analizaron, pues no detectaron ningún material ajeno a la Tierra. Sin embargo, volvió a su mente el momento en que quisieron quitárselo, como el resto de cosas personales, no iba a necesitarlas en la celda de confinamiento. Kara se mostró reacia a entregarlo, y logró quedárselo.
—Quítese el colgante, Supergirl —pidió un agente del DEO.
—El colgante… ¿y luego qué?, ¿también he de entregaros la ropa interior?, ¿tengo que llevar braguitas del DEO? —se burló la kryptoniana.
—Dejadla ya —dijo Alex. Kara sonrió con maldad. Había logrado su objetivo, no separarse del colgante, que ejercía sobre ella una atracción irresistible, además de convertirla en un ser despreciable.

—Siento mucho haberte recibido así, Kara… me impactó volver a verte aquí.
—No tienes que disculparte, sé lo mucho que te afecta, y no habría vuelto si no fuera por lo que descubrí.
—Lo sé, y te lo agradezco de corazón —aseguró Lena con una sonrisa—, después de meses de angustia, por fin veo una posibildiad real de recuperar a mi novia.
—Lo conseguiremos, Lena. —Kara le devolvió la sonrisa mientras dejaba el sofá—. Por cierto, esta vez no he venido sola, Lena me ha acompañado.
—¿Mi doble de Tierra 38? —exclamó emocionada.
—Sí, bueno… ella y yo… pasaron cosas entre nosotras… —Kara hablaba con torpeza, con las mejillas encendidas. Lena sintió ternura— Y no ha querido separarse de mí.
—No puedo culparla —dijo con una sonrisa sincera—. Ahora tengo que ir a hablar con mi madre —informó—, he de asegurarme de que todo esto es cosa suya, y obligarla a decirme cómo solucionarlo. No quiero llevarme sorpresas de última hora.
—Tienes razón, debemos conocer bien el tipo de magia de que se trata, y saber hasta qué punto afecta y cómo combatirla —apoyó Kara—, iré contigo, Lena, no me fío de Lillian, no quiero que te pase nada malo.
—Gracias, Kara —La joven Luthor le cogió la mano y le dio un ligero apretón.
Ambas sintieron calidez con aquel contacto. A pesar de las circunstancias y de lo que pudiera suceder, se importarían siempre.
—Mejor si voy como Supergirl, ya no tengo las gafas de Kara Danvers —se lamentó.
—Te compraré unas nuevas si las necesitas, pero mejor si vamos volando, no quiero perder un minuto más —manifestó Lena—, aunque espero que nos dé tiempo a que me cuentes esas cosas que han pasado entre Lena y tú —afirmó con una sonrisa pícara.
—¿Eh? —Kara reaccionó ruborizándose otra vez y Lena rio.
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Tenía la intención de hacer caso a Alex Danvers, de verdad que sí, pero Lena no pudo seguir sentada en aquella silla sin hacer nada. Se aseguró de que Alex y Maggie no estuvieran cerca, seguro que tratarían de disuadirla, y se hizo pasar por Lena 40 cuando le hizo falta para acceder a la planta inferior, donde se encontraba la celda de Kara 40. No había ningún peligro, la kryptoniana estaba encerrada y sus poderes anulados gracias a la radiación verde. Pero quizá si la veía, si se acercaba a ella, podría descubrir algo que les ayudase a recuperarla. Quería colaborar, y se había vuelto un poco más temeraria desde que estaba enamorada de Kara.
«Es culpa del amor —pensó sonriendo—, me impulsa a hacer cosas nuevas.»
Recordó algunos instantes vividos sólo horas antes con Kara y suspiró. La sangre parecía correr más rápido por sus venas. Amar a Kara la había colmado de seguridad, fuerza, valor… y le encantaba la sensación.

Saludó al agente que custodiaba la celda, y le pidió que se retirase unos metros. El hombre inclinó la cabeza y obedeció. Cuando miró el vidrio y la vio, se quedó de piedra. Era exactamente igual que su Kara, excepto por su mirada, que parecía teñida de sombras. La kryptoniana sonrió ampliamente al verla, no esperaba la visita de su novia, dado como terminó la anterior.

—Esto sí que no me lo esperaba —admitió Kara 40 con diversión—, se marcha Supergirl 38 y nos manda a su novia.
Lena seguía callada, le había sorprendido lo rápido que se había dado cuenta de que no pertenecía a Tierra 40.
—¿O es que esa maldita usurpadora también ha vuelto? —preguntó Kara 40—, ¿se te ha comido la lengua el gato, Lena 38? —insistió, apoyando las manos sobre el vidrio.
—¿Cómo has sabido quién soy? —preguntó la joven Luthor.
—No hay desesperación en tus ojos —afirmó Kara 40—, tan sólo una intensa curiosidad por lo que tienes delante.
—Eso es cierto.
Kara 40 sonrió de nuevo.
—Estupendo, porque yo también siento curiosidad por ti, Lena de la Tierra 38 —replicó la kryptoniana con la mirada encendida.

CONTINUARÁ…

25 jun. 2017

"Tierra - 40" (Supercorp) cap 18



¡Hola a todos!, siento mucho mi prolongada ausencia y no haber podido contestar a vuestros comentarios, aunque los he leído todos, como siempre, y me han hecho muy feliz. Después de semanas de mucho ajetreo, por fin puedo publicar el nuevo capítulo, espero que os guste ;)




CAPÍTULO 18
 
Lena la estaba llamando. Aquella hermosa mujer le pedía que se acercase a ella y Kara comenzó a dar pasos casi sin pestañear, mientras sus ojos azules se llenaban de la joven Luthor. Su camisón tenía manga francesa y terminaba a mitad del muslo. No tenía botones, se cerraba con un lazo negro que llevaba atado por delante del cuello, de manera que la abertura iba creciendo conforme bajaba la prenda, exponiendo cada vez más piel. Kara tragó saliva. Su tela semitransparente dejaba vislumbrar perfectamente las curvas de su cuerpo y su lencería negra con encaje. La kryptoniana no estaba acostumbrada a sentir calor, pero algo dentro de ella comenzaba a arder.
—Me gusta la música que has elegido, me encanta este disco de Banks, ¿bailamos? —propuso Lena cuando tenía a Kara a dos pasos de ella.
—Vale —logró contestar. 

Lena tomó las manos de Kara y las guio hasta su cintura, se acercó un poco más a ella, hasta que sus cuerpos se rozaron, y comenzó a contonearse suavemente al ritmo de la canción “Fuck Em Only We Know”. Kara la imitó, le gustaba mucho bailar, y hacerlo con Lena entre sus brazos era como un sueño hecho realidad. La joven Luthor acortó el escaso espacio entre las dos, y apoyó su cabeza sobre el hombro de Kara, mientras ambas seguían moviéndose despacio. Aquella proximidad le permitió notar los acelerados latidos de su corazón.
—¿Estás nerviosa, Kara? —preguntó en un susurro.
—Un poco… —confesó la kryptoniana. Esta vez no había motivos para parar, llegaría hasta el final con Lena Luthor, no tenía que reprimirse, y eso era algo nuevo para ella.
—Yo también —admitió Lena con una sonrisa sincera—, vamos con calma.

Lena se echó un poco hacia atrás, separándose de Kara, y buscó sus manos. Entrelazó sus dedos con los de su chica y buscó sus ojos del color del cielo. Los encontró, y también su dulce sonrisa. No tenían ninguna prisa, la noche era para ellas. Se dedicaron tiernas caricias en las manos, las muñecas y los brazos sin dejar de mirarse a los ojos. No podían dejar de sonreír. Después, Lena dio un paso más, soltó las manos de Kara y le retiró las gafas con delicadeza, rozando su rostro con los dedos. A Kara le pareció sensual, pero es que, todo lo que hacía Lena Luthor desde que había salido del baño le parecía sensual.
—Creo que no estamos en igualdad de condiciones —musitó Lena sin mirarla a la cara. Entonces tiró un poco de su camisa para sacarla del pantalón. Kara rio un poco nerviosa y trató de desabotonar la prenda, pero sus manos estaban torpes.
—¿Te ayudo con eso? —preguntó Lena con comprensión. Kara asintió en silencio varias veces.
—¿Por qué me siento como si no hubiera estado con nadie antes? —exclamó Kara.
—¿Porque soy especial? —sugirió Lena, sonriendo tímidamente.
—Sí, tiene que ser eso —afirmó Kara, embobada por la belleza de su rostro.

No sabía qué le resultaba más erótico, si las manos de Lena desabotonando su camisa lentamente o su generoso escote, provocándola sin piedad alguna. La joven Luthor no desaprovechó la oportunidad cuando le quitó la camisa, deslizándola por sus hombros y sus brazos, y paseó sus manos sobre ellos, disfrutando de los tonificados músculos de la kryptoniana. Su sujetador era de color blanco y estilo deportivo, Lena sonrió al verlo, una prenda perfecta para la heroína de National City. Se abrazó a Kara con fuerza, de manera que pudieron sentir sus estómagos unidos sin ropa de por medio. Kara emitió un jadeo, Lena suspiró.
—Tenía tantas ganas de tenerte así, Kara… —musitó en su cuello antes de besarlo. Kara volvió a jadear con los ojos cerrados.
—No eras la única con estas ganas, Lena —aseguró Kara, recomponiéndose y reclamando el control antes perdido.
Sus manos se colaron por debajo del camisón, acariciando la suave piel de la cintura y la espalda de Lena, haciéndola gemir ligeramente.
—Veo que mi camisón ha logrado su objetivo —dijo Lena de pronto. Kara la miró frunciendo el ceño—, que te mueras por quitármelo —añadió con una sonrisa demasiado seductora. Kara también sonrió, sorprendida, encantada y excitada.
—Así que ahora es mi turno —afirmó la kryptoniana. Lena levantó una ceja como única respuesta. Kara rio y apartó la mirada un momento, cuando volvió a mirar a Lena, pudo leer en su rostro expectación y las mismas ganas que sentía ella.

Deshizo el lazo negro que lo cerraba, y abrió el camisón, tenía ante sus ojos a Lena Luthor en ropa interior, la imagen no podía ser más atractiva, ni la situación más increíble. Todo las experiencias íntimas que Kara había vivido antes de aquella noche, empalidecían al compararlas, y eso que todavía no habían hecho nada. Tal era el amor y el deseo que sentía por aquella mujer.

Kara empezó a acariciar los brazos de Lena con las yemas de sus dedos, depositando también pequeños besos. Iba subiendo hacia sus hombros, después recorrió sus clavículas. Lena cerró los ojos y su respiración empezó a alterarse cuando sintió los dedos de Kara sobre la zona superior de sus pechos. La kryptoniana tenía los labios ligeramente separados y no perdía detalle del movimiento ascendente y descendente de aquella parte de su anatomía. Deseaba hacer lo que no pudo hacer la noche que tuvieron que parar, ahora ya no había límites, no mientras la luz roja inundase la habitación. Aun así, Kara titubeó, y Lena supo que necesitaba su permiso. Curvó los labios en una sonrisa y asintió.

Las manos de Kara se posaron sobre la cintura de Lena, y ascendieron sin dejar de tocar su piel, hasta atrapar sus pechos, todavía ocultos bajo el sujetador, haciéndola gemir. Fue lo máximo que Kara pudo soportar, y se abalanzó sobre Lena para besarla con intensidad.
—Creía que no me ibas a besar nunca —señaló Lena con la respiración acelerada.
—Es que me daba un poco de miedo —confesó Kara.
—¿Por qué? —preguntó la joven Luthor intrigada.
—Porque sabía que si te besaba, ya no podría parar hasta llegar al final —reveló la kryptoniana—, nunca me había pasado esto, contigo pierdo por completo la razón.
Lena suspiró agitada ante aquellas palabras.
—Oh Lena… —volvió a besarla, perdiéndose en su boca, mientras sus manos se apoderaban de su espalda y de sus pechos.

—Qué impetuosos sois los kryptonianos… —pronunció Lena con dificultad, mientras tomaba aire y le colocaba a Kara un mechón de cabello rubio detrás de la oreja— No me extraña que Lois esté loca por Clark.
—¿Sabes que Clark es Superman? —exclamó Kara con sorpresa.
—En realidad… lo supe hace años. Fue otro de los motivos que me hicieron pensar que tú eras Supergirl cuando os vi juntos en mi despacho. Tenéis los mismos ojos azules de mirada limpia y noble.
—Pero, ¿por qué eres tan lista? —Kara sostenía el rostro de Lena entre sus manos, y besó sus labios—, y tan guapa, y tan sexy… —Volvió a besarla.

Lena se rio y después se quedó en silencio, contemplando a Kara, que también la miraba con toda su atención. Perdida cada una en los ojos de la otra, conscientes de lo que estaba a punto de pasar entre ellas. Empezaron a acercarse despacio, sus labios se rozaron, sus estómagos se encogieron, y sus corazones latían cada vez más rápido. El calor que Kara había creído sentir era ya una sensación demasiado real, y todo por culpa de Lena. Un deseo ardiente se iba apoderando de su cuerpo cada vez que sentía los labios de Lena rozar los suyos, su lengua jugar con la suya, sus manos acariciar su piel… Y se abandonó a aquel deseo irrefrenable y a sus intensos sentimientos por la joven Luthor. Necesitaba amarla con algo más que su corazón. Necesitaba amarla con su cuerpo.

En un repentino impulso, Kara levantó en brazos a Lena, con intención de llevarla a la cama.
—¡Qué fuerza tienes, Kara! —exclamó Lena asombrada—, quizá calculé mal la intensidad de la radiación roja.
—No, Lena, lo hiciste bien —aseguró la kryptoniana—, es que estoy en forma, recuerda que llevo más de un año entrenando para el combate.
—Eso es verdad… —admitió estremeciéndose por la fuerza inesperada de su amante.
Kara dejó a Lena sobre la cama con cuidado y se quitó los zapatos y los pantalones, quedando completamente en ropa interior. Después se colocó sobre su chica, dejándose caer sobre su cuerpo con un sensual movimiento. Lena no pudo contener un gemido al sentirla por fin encima. Kara no era la única que necesitaba expresar sus sentimientos físicamente. Atrapó el rostro de la kryptoniana y besó sus labios. Kara no tardó ni un instante en responder a su beso, y acompañaba cada nuevo roce de sus bocas con el movimiento de todo su cuerpo, que se balanceaba sin piedad sobre el de Lena, provocando intensas sensaciones en ambas.

La piel suave y blanca de Lena estaba cada vez más caliente, y sus latidos más acelerados. Kara no necesitaba poderes especiales para sentir a su chica, eran sensaciones demasiado evidentes… y adictivas, que hacían que la kryptoniana todavía se moviera con más entrega, aprovechando que sus piernas estaban entrelazadas. Seguían besándose en la boca, en el cuello, en los hombros… jugando con sus labios y sus lenguas, mientras el calor aumentaba y ambas comenzaban a jadear. Por un momento, Kara no pudo contenerse, y movió su muslo contra el sexo de Lena. La joven Luthor empezó a temblar con cada suave embestida, aferrándose a la espalda de Kara. Pero era el camino más rápido, y Kara todavía tenía cosas que hacer antes de llegar ahí. Dejó de moverse y Lena la miró con reproche, hasta que la kryptoniana le habló.
—Quiero verte —dijo alzando las cejas, a modo de súplica.

Entonces pasó sus manos por debajo de su cuerpo, buscando el cierre de su sujetador. Lena sonrió y se removió un poco para facilitarle el acceso. Una vez desabrochado, Lena volvió a apoyar su espalda en la cama, y Kara fue deslizando los tirantes muy despacio, mientras no dejaba de mirarla a los ojos. Lena levantó los brazos, y la kryptoniana pudo liberarla de la prenda. La arrojó a un lado y se irguió sobre el colchón para contemplarla con comodidad, mientras Lena la miraba expectante. Lo lamentó de inmediato, pues aquello intensificó sus ganas, así se lo indicaba la necesidad que palpitaba entre sus piernas. Respiró hondo y expresó sus pensamientos con sinceridad.
—Oh Rao, Lena… eres el paraíso —musitó.
—¡Y tú una exagerada! —Lena se tapó los ojos, estaba abrumada. Kara le cogió las muñecas con suavidad y le apartó las manos del rostro.
—Es la verdad, Lena, eres más hermosa que las lunas de Krypton, y eran mi paisaje favorito —aseguró con ternura. Lena sonrió, visiblemente sonrojada, huyendo de sus ojos azules— No sé ni por dónde empezarte —añadió.
—¡Serás tonta! —exclamó Lena abrazándose a su cuello para ocultar su rubor— Bésame —susurró en su oído, y Kara obedeció.

La kryptoniana buscó su boca, pero no se entretuvo demasiado tiempo allí, necesitaba atender el resto de su cuerpo. Empezó a acariciar con los dedos cada centímetro de su piel para besarla después con delicadeza, mientras le susurraba dulces palabras y le dedicaba miradas fugaces cargadas de amor. Lena sentía que le faltaba el aire, no sólo por la excitación física, que no dejaba de aumentar, sino también por cómo Kara la estaba haciendo sentir por su forma de tocarla, de besarla, de mirarla y de hablarle. Jamás se había sentido tan hermosa ni tan especial como en aquellos momentos.
—En tus brazos, me siento como si fuera la criatura más valiosa del planeta —murmuró Lena con sus dedos enredados en los cabellos rubios de Kara. Ésta alzó la cabeza, la miró y sonrió.
—Es que eso eres para mí… Lena… —pronunció su nombre en un tono profundo que la sacudió entera.

Pero Kara no le concedió tiempo para recomponerse, lamió uno de sus pechos, mientras una de sus manos jugaba con el pezón del otro. La joven Luthor iba de sobresalto en sobresalto, pero no podía disfrutarlo más, y sus gemidos la delataban. Sin embargo, no estaba dispuesta a seguir en desventaja.
—Yo también quiero verte —reveló Lena.
Kara detuvo sus besos y le dedicó una sonrisa. Entonces, se irguió hasta apoyar las rodillas a los lados de sus caderas. Se llevó las manos a la espalda, abrió el cierre del sujetador, y deslizó lentamente los tirantes sobre sus hombros. Primero uno, luego el otro, deleitándose con el deseo que veía arder en los ojos verdes de Lena. Sus pechos eran más pequeños, pero de bonita forma y Lena no pudo aguantarse. Rodeó la cintura de Kara y tiró de ella al tiempo que se levantaba lo suficiente para que su boca pudiese alcanzar su objetivo. Tenía que besarlos, tenía que lamerlos, tenía que demostrarle cuan hermosos le resultaban. La kryptoniana no tardó en reaccionar a sus atenciones con jadeos y gemidos.

No tardaron en volver a tumbarse sobre la cama, con Kara encima de Lena, besándose y acariciándose cuanto podían. Roces de pechos y de muslos desnudos. Corazones desbocados. Deseo incontrolable. Sus ganas estaban tan encendidas, que ya no necesitaban decirse nada. Bastaba con sus miradas y las reacciones de sus cuerpos.

Lena separó las piernas, incitando a Kara a acercarse aún más. La kryptoniana no dudó en aceptar tal invitación. Se colocó entre sus muslos y se dejó caer sobre ella. Lena jadeó al sentir cómo sus sexos quedaban unidos.  Kara comenzó a moverse sobre ella, en un tórrido baile de caderas al que Lena se unió de inmediato. Intercalaban gemidos y besos, mientras sus cuerpos, cada vez más calientes, pedían más y más. La joven Luthor fue la primera en actuar al respecto, agarrando las nalgas de Kara, y apretándola aún más contra su sexo. La kryptoniana entendió su necesidad y coló una mano entre sus cuerpos, de manera que podía rozar a Lena por encima de su ropa interior.

El intenso jadeo de Lena la animó a seguir. Ardía entre sus piernas, y Kara no pudo aguantar más, su mano esquivó la barrera de la ropa y alcanzó al fin el sexo húmedo y caliente de su amante. La kryptoniana estimuló el centro de Lena mientras seguía meciéndose sobre su cuerpo. Los gemidos de la joven Luthor aumentaron hasta que alcanzó el primer orgasmo. Kara la contemplaba embelesada, qué hermosa estaba Lena con las mejillas sonrojadas, la boca entreabierta tratando de recuperar el aliento, y los ojos cerrados. Se inclinó sobre ella y la besó en los labios. Lena abrió sus ojos verdes y la miró con amor. Se sonrieron.

Entonces, Kara se irguió, apoyada sobre sus rodillas, todavía entre las piernas de Lena, y apoyó sus manos sobre su estómago, bajando en una caricia hasta el límite de su ropa interior. Alzó la cabeza y buscó la mirada de Lena.
—Tienes muy buen gusto… pero me urge ver lo que esconden, compréndeme —confesó Kara. Lena sonrió y asintió con cierto rubor.
La kryptoniana se echó un poco hacia atrás, deslizó la ropa interior sobre su piel, y con ayuda de Lena, la liberó de la última prenda que ocultaba su desnudez. Lena tenía las piernas unidas y en posición vertical con respecto a la cama. Kara posó sus manos sobre las rodillas de la joven Luthor y tiró de ellas hacia los lados.
—Ábrete para mí… —rogó Kara con ternura.

Lena obedeció sin rechistar, y se mordió el labio inferior, ansiosa por lo que sabía que venía a continuación. Las manos de Kara empezaron a moverse desde las rodillas hacia las ingles. La kryptoniana se inclinó para acompañar las caricias de sus manos con besos. Cuando se encontró con su sexo, sonrió con satisfacción.
—Veo que me estabas esperando —musitó.
Lena se estremeció al notar su cálido aliento sobre su intimidad. Necesitó agarrarse a la sábana en el momento en que Kara empezó a besar y lamer sus pliegues y su centro. Sus atenciones se intensificaban al ritmo que Lena gemía, no habría tardado nada en volver a alcanzar la cima. Pero Kara se detuvo y Lena abrió los ojos, desconcertada.

Sintió cómo la kryptoniana se movía por encima de ella hasta alcanzar su rostro. Una de sus manos acarició la cara interior de su muslo y acabó sobre su sexo. Entonces, sintió el beso de sus labios impregnados de su propia esencia, la mirada llena de amor de sus ojos azules y sus dedos invadiendo su cuerpo. Kara empezó a mover su mano, primero despacio, sin dejar de mirarla en ningún momento.
—Lena…
—¿Qué? —logró pronunciar Lena.
—Te quiero… —afirmó Kara. Los ojos verdes de la joven Luthor brillaron de emoción.

 
Empezó a jadear y a gemir y Kara aceleró el movimiento de las embestidas, acompañándolas del impulso de todo su cuerpo. Kara intercalaba besos y sonrisas, y seguía mirándola fijamente, no quería perderse detalle de todas sus sensaciones, Lena era muy expresiva. Cuando volvió a morderse el labio inferior, la kryptoniana supo que podía aumentar la intesidad, los hermosos sonidos que escapaban de sus labios confirmaban sus pensamientos.

Sin embargo, Kara titubeó un momento, no quería hacerle daño si empleaba más fuerza. A pesar de la radiación roja, no podía evitarlo, llevaba la mitad de su mitad conteniendo su fuerza con los humanos. Lena advirtió sus dudas y llevó su mano hasta el rostro de la kryptoniana, logrando captar toda su atención.
—Quiero más, Kara… —pronunció con aquella voz afectada que la removió entera— No tengas miedo, no me voy a romper —aseguró, para terminar con su indecisión.
Kara respiró hondo y dejó de lado todo lo que no fuera darle a Lena lo que le pedía. Retomó las embestidas con mayor intensidad, mientras su mano libre se entrelazaba con los dedos de la joven Luthor, apretando de manera intermitente, al ritmo de sus cuerpos.


El torrente de placer que recorría a Lena era tal que no pudo más y, sin dejar de gemir, se abrazó con fuerza al cuello de Kara, su orgasmo no se hizo esperar.
—Yo también te quiero… —musitó exhausta contra su cuello, antes de desplomarse sobre la cama.

Lena no tardó demasiado en recomponerse y se colocó sobre Kara, que no se opuso. Ahora le tocaba a ella disfrutar de la kryptoniana y su cuerpo venido de las estrellas. Besó sus labios, su cuello, sus hombros, sus pechos… haciéndola temblar y suspirar, y llegó hasta su estómago y sus abdominales de acero, momento en que alzó la cabeza para contemplarla mejor.
—Dios… eres perfecta. —Kara se ruborizó de manera evidente y apartó la mirada, pero fue capaz de replicarle.
—¿Y me lo dices tú? —Sus palabras hicieron sonreír a Lena, pero no la permitió seguir por ahí, ahora mandaba ella.

La joven Luthor se agachó otra vez y rozó con sus labios y su lengua el contorno de su ombligo. La respiración de Kara se había acelerado. Lena buscó su rostro y le dedicó una mirada cargada de deseo y devoción. El corazón de Kara se aceleró. Entonces, los dedos de Lena cogieron la goma de su ropa interior para quitársela y Kara detuvo sus manos.
—No tienes que hacerlo, Lena… nunca lo has hecho antes, no hay ninguna prisa.
—¿Pretendes decirle a una Luthor lo que tiene que hacer? —replicó alzando una ceja con diversión— Necesito devorarte ahora mismo.
Kara gimió al escucharla y se rindió inmediatamente a ella. Lena le hizo el amor con la boca, deleitándose al máximo viendo cómo Kara se estremecía de placer con las caricias de su lengua y de sus labios. Se sintió poderosa por ser capaz de trastornar de aquella forma a la mismísima Supergirl. Si su madre pudiera verla en aquel instante, seguro que se habría muerto del impacto. Sonrió con maldad y se arrastró sobre el cuerpo de Kara, haciéndola gemir de nuevo hasta clavarle sus ojos verdes.
—También voy a hacerte mía —prometió—, y creo que no soy la única que lo desea —añadió, sintiendo en su mano el calor y la humedad entre las piernas de Kara.

Se aferraba a la espalda de la joven Luthor con las manos, pero sin causarle el más mínimo daño. Sus gemidos eran constantes y muy seguidos, y Lena no lograba entender por qué  su orgasmo parecía retrasarse, hasta que recordó lo que la kryptoniana le había contado aquella noche. Se estaba reprimiendo, como cuando la poseía a ella, y entendió que le sucedía de manera inconsciente, no lo podía evitar después de tantos años moderándose para todo. Por eso no llegaba a hacerle daño en la espalda, por eso no terminaba de liberarse.  Pero Lena quería ayudarla a superar aquella situación, y no dejaría de intentarlo, cada vez que tuviese la ocasión.
—Kara… déjate llevar… —susurró Lena en su oído— No tengas miedo…
—Lena, yo no sé… —balbuceó.
—Mi amor, no te contengas más… —musitó Lena mientras intensificó las penetraciones y las caricias en su centro.  


Kara gimió más intensamente, se avivaron sus sensaciones en todo el cuerpo y, finalmente, cruzó la línea de no retorno. Ya no podía frenarlo más. 


Hizo caso a su amante, se dejó ir, quebrándose su voz cuando alcanzó la cumbre, y clavándole las uñas. El ligero dolor en su espalda y las contracciones del sexo de Kara alrededor de sus dedos manifestaban que había sido de verdad. Lena sonreía dichosa. Qué extraña y maravillosa sensación, tener a la invencible chica de acero temblando entre sus brazos después de su intenso orgasmo, el primero que había vivido acompañada. Cuando levantó la cabeza, observó el rostro de Kara y descubrió una lágrima deslizándose por su mejilla. La kryptoniana miraba el techo de la habitación en silencio.
—Kara… —pronunció con voz dulce. Después besó su mejilla, secando su lágrima y se abrazó a ella, apoyando la cabeza sobre su pecho.
—Gracias, Lena —dijo Kara , todavía conmocionada por lo que acababa de vivir.
Rodeó a Lena por los hombros y la apretó un poco más contra su pecho. La joven Luthor cerró los ojos, centrando su atención en los latidos de Kara, que poco a poco se estaban calmando.
—Ha sido la mejor primera vez de mi vida… —admitió Kara— Yo nunca…
Iba a seguir hablando, pero Lena posó un dedo sobre sus labios, haciendo que callase.
—Lo sé, Kara, no necesitas decir nada más… —Sonrió— Quiero dormir en tus brazos.
Kara suspiró, sintiéndose inmensamente feliz y también cerró los ojos.

CONTINUARÁ…

4 jun. 2017

"Tierra - 40" (Supercorp) cap 17



CAPÍTULO 17
TIERRA 38
El agua de la lluvia en su rostro se confundía con sus lágrimas. Lena se acercó a ella hasta poder abrazarla, mientras acariciaba sus cabellos mojados con ternura.
—No digas eso, Kara, estoy segura de que has hecho todo lo que has podido —dijo la joven Luthor tratando de consolarla.
—Sí, pero sólo ha servido para empeorar las cosas… —musitó Kara derrotada.
—¿Por qué? —preguntó Lena separándose un poco de ella.
—Tengo que contártelo todo —señaló Kara mirando sus ojos verdes. Lena se inquietó un poco, ¿acaso había pasado algo grave?, pero apartó la idea de su cabeza, debía estar serena para poder animar a Kara.
—De acuerdo —Le secó las lágrimas de los ojos con los pulgares—, pero primero quítate este traje, que estás empapándome la moqueta —exclamó con una media sonrisa.
—Oh, claro, lo siento —dijo apurada, con un gesto mucho más propio de Kara Danvers. A Lena le conmovió.
—Tranquila, bromeaba, ahora mismo, mi moqueta me importa poco, y aunque sé que no puedes enfermarte por coger frío, creo que estarás más cómoda con ropa seca.
—Sí, eso es cierto, iré a mi apartamento a cambiarme —replicó Kara más relajada.
—No hace falta —exclamó Lena—, ¿recuerdas que me pediste que te guardase tu ropa, la noche que me confesaste tu identidad secreta? —añadió con una dulce sonrisa.
—Sí.
—Te prepararé la ducha del cuarto de invitados —anunció mientras salía del salón.

Kara permaneció allí, de pie, hasta que escuchó a Lena llamarla. Después se dio una ducha con agua caliente que la ayudó a calmar un poco su desasosiego interior, se vistió con la camisa y los pantalones y se puso las gafas, más por costumbre que por necesidad, pues Lena ya sabía que veía mucho mejor que cualquier ser humano.
—¿Te sientes mejor? —preguntó la joven Luthor sentada en el sofá.
—Sí, gracias, Lena.
—Ven, siéntate y cuéntame todo lo que quieres contarme —sugirió. Kara tomó asiento a su lado y empezó a hablar.
—He dejado Tierra 40 para siempre, no volveré más, pero las cosas allí siguen sin solucionarse —explicó.
—¿Entonces, por qué no volverás? —cuestionó Lena llena de curiosidad.
—Verás, en Tierra 40, no sólo sustituía a Supergirl como superheroína —Lena comprendió lo que quería confesarle, y la dejó continuar sin interrumpirla—, también fingía en público ser la novia de Lena Luthor… nuestras dobles son novias en aquel mundo —añadió, esperando una reacción por parte de Lena, sin embargo, no fue la que suponía.

—Ya lo sabía.
—¿Lo sabías?, ¿cómo?
—Lo deduje después de pensar en ciertos detalles, y tu hermana Alex me lo confirmó cuando vio que lo había descubierto.
—Vaya… —Kara suspiró— Siento no habértelo dicho antes, no sabía cómo te lo tomarías, y tampoco quería marearte ni afectarte con esa información.
—No te preocupes, aunque me habría gustado que me lo dijeras, entiendo tus motivos para no hacerlo —aseguró cogiéndole la mano. Kara sonrió agradecida.
Le costó un poco más contarle lo que seguía, no quería hacerla sentir mal, ni que por un solo segundo, pensase que no era ella la única mujer por la que sentía aquel inmenso amor.
—Pero las cosas se complicaron, empezamos a confundirnos… yo te veía a ti en ella, y ella veía a su novia en mí, y se volvió insportable para Lena 40, así que me rogó que me marchase y así lo he hecho —Kara se calló unos instantes, esperando preguntas por parte de Lena, pero ésta seguía en silencio, sólo mirándola con sus hermosos ojos verdes—. ¿No vas a preguntarme nada?

—No necesito saber más —dijo curvando ligeramente los labios.
—Pero yo sí necesito decir más —Lena la miró con total atención—, cada pequeño acercamiento que tuve con ella, fue debido a que te veía a ti… anhelaba estar contigo, Lena, y mi mente me traicionaba —declaró con voz temblorosa.
—Sé que me dices la verdad, siempre lo has hecho, no tienes que sentirte mal por nada, Kara… —aseguró acariciándole la mejilla con la mano—  Estoy segura de que a mí me habría pasado lo mismo, he pasado estos días echándote terriblemente de menos.
—Lena…
—Y también sé que te sientes culpable porque no has podido solucionar lo que ocurre en Tierra 40… tu corazón es tan noble, que sientes que has fallado, que no has hecho todo lo posible —Enmarcó su rostro con las manos, con la mirada fija en sus ojos azules—, escúchame, Kara, no has fracasado, porque has dado todo de ti para ayudarles, y sé que ellos también lo sienten así.
Los ojos de la kryptoniana se humedecieron, pero esta vez de felicidad. Se sentía tan agradecida por tener a una mujer como aquella a su lado. Ella también la había echado mucho de menos. Posó su mano sobre la de Lena, que continuaba en su mejilla, cerró los ojos y la condujo hasta sus labios para besar su palma.
—Gracias… —musitó, justo antes de enterrar su rostro en el cuello de Lena, sollozando. Aquella noche, Lena era su fuerza, su coraje, su consuelo. La joven Luthor la estrechó contra su pecho, y así, abrazadas, dejaron pasar los minutos.
XXXXXX



—¿Has cenado, Kara?, yo todavía no —informó Lena—, hace mala noche para salir, pero podemos cenar aquí, ¿tienes hambre?, sé que sueles comer bastante —bromeó haciéndola sonreír.
—No tengo mucho apetito, pero podría comerme un sándwich.
—Perfecto, ¿de qué lo quieres?, no tengo mucha variedad en la nevera, pero…
—¡No, no, puedo preparármelo yo misma! —exclamó Kara un poco incómoda.
—De eso nada, eres mi invitada… aprovecha mientras tanto para llamar a tu hermana, seguro que Alex querrá saber que has vuelto. —Lena se levantó del sofá para dirigirse a la cocina.
—¡Espera! —exclamó Kara cogiendo su muñeca. Lena detuvo sus pasos y se volvió cuando sintió que la kryptoniana tiraba de ella con suavidad.
La joven Luthor no tardó en cerrar los ojos y dejarse llevar cuando los labios de Kara atraparon los suyos en un delicado beso. Se separaron despacio.
—Gracias por todo, Lena… —dijo Kara clavándole sus ojos azules, haciendo que la joven Luthor se ruborizase un poco y apartase la mirada.
—Voy… voy a la cocina, vuelvo enseguida —anunció con cierta torpeza que provocó una sonrisa en Kara.

Lena no podía dejar de sonreír. El beso de Kara la había cogido por sorpresa. Se moría por besarla desde el instante en que la vio al otro lado de la puerta de vidrio del salón, pero había preferido mantener un poco las distancias, al verla tan abatida. Lo que Kara necesitaba, cuando llegó a su apartamento, no eran besos apasionados, sino abrazos y cariño, y eso le había ofrecido. Sin embargo, ahora que Kara había dado el paso por sí misma… Lena se tapó la cara con las manos y respiró hondo un par de veces para concentrarse en la confección de los sándwiches.

—¿Kara?, ¿has vuelto a casa? —exclamó Alex al reconocer la voz de su hermana.
—Sí, Alex, estoy aquí, y ya no volveré a Tierra 40.
—¿Por fin se ha solucionado todo?, ¿Kara 40 está recuperada? —preguntaba con entusiasmo.
—No, sigue igual… la verdad es que no se ha solucionado nada —replicó con tristeza.
—Entonces… ¿por qué no volverás allí?
—Es un poco largo de explicar, mejor hablamos mañana en persona.
—Puedo acercarme a tu apartamento ahora mismo, ¿llevo un par de pizzas? —sugirió Alex.
—Es que no estoy en mi casa, estoy en el apartamento de Lena.
—Ah, comprendo… —La agente se quedó callada y Kara, incómoda, rompió el silencio.
—¿Qué comprendes? —preguntó con el ceño fruncido.
—Que quieras estar con ella —dijo Alex tranquilamente—, anda, relájate, hablamos mañana, ahora no pienses en nada más y disfruta de tu tiempo con Lena, ambas os lo merecéis.
—Gracias, Alex.
—Además, seguro que Maggie se alegra de que no me vaya esta noche de su casa.
Ambas rieron y se despidieron.

—Así que la pequeña Danvers ha vuelto y está en casa de su novia — afirmó Maggie con una sonrisa pícara.
—Su novia… —repitió Alex de manera automática— En realidad, Kara todavía no me ha dicho que Lena sea su novia.
—Sólo falta que lo hagan oficial, Danvers —aseguró la detective—, son un poco lentas, pero no creo que tarden mucho en hacerlo.
—Opino lo mismo, bueno, ¿por dónde íbamos?
—Estabas a punto de comerte ese rico helado vegano —Maggie señaló la mesita que tenían delante.
—Todavía no está tan claro que ese tipo sea el asesino —Alex torció los labios.
—Por favor, Danvers, yo lo sé casi desde que empezó la película —declaró Maggie—, pero si prefieres esperar al final para darme la razón, de acuerdo —Le sonrió sacándole la lengua.
—¿Por qué sigo haciendo apuestas contigo?
—¿Porque soy tan encantadora que no puedes negarme nada?
Maggie se echó sobre ella y la besó en la mejilla repetidas veces, mientras Alex trataba de esquivarla entre risas. Hasta que sus bocas se encontraron, las risas cesaron y se convirtiendo en respiraciones entrecortadas.
—Nos perdermos el final… —gimió Maggie.
—Ahora mismo… me da igual la película —contestó Alex igualmente alterada.
—Pero yo… quiero ganar la apuesta.
—Me comeré ese… maldito helado vegano —prometió Alex—, pero primero te voy a comer a ti.
—Habla menos, Danvers, y hazlo ya —desafió Maggie.
XXXXXX



Después de colgar el teléfono, Kara se acercó a la puerta de la cocina sin hacer ruido. Desde allí, observaba a Lena, que se había recogido el pelo en una coleta y se afanaba preparando una ensalada. Sobre el banco de mármol había cuatro sándwiches listos. Nunca había tenido una cita propiamente dicha con Lena, y menos tan cotidiana, sintió ilusión.
«Podría acostumbrarme a esto… —pensó la kryptoniana.»
Entonces recordó a sus dobles en Tierra 40, ellas ya no podían compartir algo tan sencillo, y la tristeza se empezó a apoderar otra vez de ella. Sin embargo, las palabras de Alex volvieron a su mente “no pienses en nada más, y disfruta de tu tiempo con Lena, ambas os lo merecéis”. Se removió en la puerta y Lena notó su presencia, se volvió hacia ella y aprovechó para pedirle que la ayudase a sacar las cosas al salón.

—Esos sándwiches tienen muy buena pinta —afirmó Kara.
—Gracias, pero… no llevan mucha comida dentro, suelo cenar ligero, pavo, queso, tomate, lechuga, zanahoria… —explicó Lena alzando las cejas en un gesto que a Kara le pareció adorable.
—Están perfectos —aseguró Kara.
—¿Seguro que no te quedarás con hambre? —insistió Lena, mirando sus ojos azules.
Y por un momento, Kara no supo a qué tipo de hambre se refería la joven Luthor, ¿o quizá su mente estaba confundiendo las cosas a propósito? No podía dejar de mirar sus hermosos ojos verdes.
—No… no creo… —balbuceó por fin.

Cenaron viendo un programa de humor en la televisión, cosa que mejoró el ánimo de Kara. Y aún lo mejoró más el poder sentir tan cerca a Lena, pues sus cuerpos estaban en contacto en el sofá. Después, Lena propuso ver una película de su colección de blu-rays. La película en cuestión estaba colocada en el último estante de un mueble del salón, así que pidió ayuda a Kara para cogerla. La kryptoniana estiró el brazo, y aunque su mano llegaba más lejos que la de Lena, no fue suficiente, así que sonrió y se elevó sobre el suelo, alcanzándola sin dificultad. Lena la miraba con los labios curvados.
—¿Qué? —exclamó Kara.
—Es sólo que… me resulta chocante ver a Kara Danvers volando —admitió y entonces besó su mejilla, cogiéndola por sorpresa—, gracias, muy amable.
Aprovechando el atontamiento fugaz de Kara, Lena le quitó la película de la mano y salió corriendo.
—¡Soy más rápida que Supergirl! —se burló sin dejar de reír. Cómo le gustaba verla y escucharla reír. Pero Lena Luthor había osado desafiarla, aquello no podía quedar así.
—¡De eso nada! —exclamó, fingiendo indignación, lo que hizo que Lena riera más fuerte.
La persiguió durante unos instantes, siguiéndole el juego, hasta que apretó el ritmo y la atrapó sin ninguna dificultad. Sus brazos aprisionaron su cintura desde atrás, y sus cuerpos chocaron por el impulso que llevaba Kara y quedaron unidos. No fue risa lo que escapó de los labios de Lena, sino un profundo jadeo que terminó con el juego de inmediato.

—Por Rao, tu perfume… me estás matando toda la noche, Lena —susurró contra su cuello, haciendo que se estremeciera. Después, empezó a recorrer su piel blanca con una caricia de sus labios.
—Kara… —gimió la joven Luthor, y se dio la vuelta, todavía rodeada por los fuertes brazos de la kryptoniana.
Se miraron a los ojos un instante y Lena ya no contuvo más sus ganas, sabía que Kara deseaba lo mismo. Rodeó su cuello y se estampó contra su boca, provocando sacudidas en sus estómagos. Se besaban con pasión, con entrega… con hambre.
—¿Te gusta… el postre… de esta noche? —musitó Lena entre besos.
—Es… lo mejor… del menú…  —gimió Kara.
Lena enredó sus dedos en los cabellos rubios de la nuca de Kara, tratando de profundizar más los besos, que eran cada vez más intensos. Sus labios y sus lenguas participaban por igual, mientras las manos de la kryptoniana acariciaban con avidez la cintura y la espalda de la joven Luthor. Y una lucha interna comenzó en la mente de Kara.

Deseaba tanto a Lena, pero era consciente de la realidad, no podían estar juntas como si ambas fuesen humanas. Una de sus manos la traicionó momentáneamente y se coló por debajo de la camiseta de Lena. Cuando sintió su piel caliente bajo la yema de sus dedos, tuvo que cerrar los ojos y tomar aire para controlarse. Sin embargo, la joven Luthor no ayudaba gimiendo ligeramente y regalándole besos en el cuello con endemoniado acierto.
—Espera, Lena… sabes que no puedo… —afirmó apartando las manos de Lena de su cuello, tratando de poner distancia entre sus cuerpos.
Lena sonrió, respetaba la petición de Kara, y retrocedió un par de pasos, sufriendo internamente por dejar de sentir el calor de su chica.

—Ven, quiero enseñarte algo… —Kara frunció el ceño, desconcertada, pero la siguió hasta la habitación principal.
—No sé si deberíamos estar aquí —dijo Kara, preocupada porque  la tentación volviese a apoderarse de ella.
—Entra, por favor, confía en mí —pidió Lena. Cuando Kara cruzó el umbral, Lena cerró la puerta—. No dejé de darle vueltas a lo que me dijiste de que no podías intimar conmigo debido a tu fuerza sobrehumana, y bueno, estuve trabajando en esto…
Lena accionó uno de los interruptores de la pared y, de pronto, una luz roja inundó toda la estancia. Kara la reconoció enseguida, era la misma radiación que emitía Rao, la estrella roja de su planeta natal, Krypton. Una radiación que anulaba de inmediato sus poderes sobrehumanos, algo que Kara necesitaba hasta que aprendiera a controlar completamente su fuerza en ciertas circunstancias concretas.
—Ahora ya no tienes excusas, ¿verdad? —preguntó Lena mordiéndose el labio inferior.
—Lena… Estoy tan enamorada de ti… —exclamó Kara conmovida— No dejas de darme motivos para quererte más y más… ¿es que esto no tiene límite? —preguntó negando con la cabeza. Lena se abalanzó sobre ella, abrazándose con fuerza a su cuello.
—Te quiero, Kara, con todo mi corazón. —Kara la estrechó contra su cuerpo, su sonrisa no abandonaba su rostro. 


Lena movió sus manos hasta los hombros de Kara y miró sus ojos azules.
—Tengo que pedirte una cosa, Kara…
—¿El qué?
—Sé gentil, por favor —rogó.
—¿Cómo?, ¿alguna vez no lo he sido? —preguntó Kara con preocupación.
—Siempre eres un encanto.
—¿Entonces? —insistió Kara. Lena desvió la mirada.
—Hoy necesito que lo seas aún más… es mi primera vez… con un alien —añadió con una deliciosa risa que contagió a Kara—. Pero lo cierto es que sólo he llegado hasta el final con una persona, y era un chico, mi ex novio Jack.
—¿En serio? —Kara la miraba con los ojos abiertos como platos.
—¿Sorprendida? —preguntó Lena con voz suave.
—Un poco… —admitió Kara— Siempre tienes ese aire de seguridad, madurez y experiencia… yo pensé que…
—¿Que era una devoradora de amantes? —completó la frase sonriendo.
—¡No quise decir eso en absoluto, sé que no eres así! —exclamó rápidamente Kara con visible apuro. Incluso bajó la mirada y se llevó la mano a sus gafas.
—¿No me ves capaz? —Lena no pudo evitarlo, la Kara extremadamente considerada le podía.


—¡Claro que sí… o sea no, bueno, no sé…! —Kara gesticulaba exageradamente con evidente incomodidad y Lena se rio con ganas.



—Perdóname, Kara, sólo bromeaba, es que te has puesto adorable —admitió Lena. Kara resopló—. Sé lo que querías decir… pero esa pose es una fachada, Kara, un mecanismo de defensa, mantiene a la gente a cierta distancia y me hace sentir… a salvo… nadie me ha llegado a conocer de verdad nunca.

—Yo quiero conocerte por completo y de verdad, Lena —afirmó Kara con tanta vehemencia que la joven Luthor tembló. La kryptoniana siguió hablando—. Y quiero que me conozcas a mí, yo he estado con dos personas, fue en la universidad, pero… siempre tuve que reprimirme, no pude dejarme llevar hasta… ya sabes, hasta perder la cabeza, no tenía esto —Señaló toda la habitación.
—¿Entonces tú… no llegabas al…? —preguntó Lena sorprendida.
—Yo no, fingía, tenía miedo de hacerles daño si perdía el control durante unos segundos —reveló Kara.
—Eso debía ser duro para ti.
—Lo era… y llegué a pensar que jamás podría estar íntimamente con un ser humano.
—Conmigo ya no tienes que contenerte, ¿de acuerdo? —afirmó— Ya le puse remedio.
—Creo que no hay nada que no puedas lograr, Lena.
—A ver si es cierto, espero ser suficiente para la chica de acero —dijo Lena levantando una ceja.
—¿Bromeas? —exclamó Kara haciéndola reír— Lo que hayamos vivido o no antes de esta noche no importa, Lena, sólo importa que hoy será nuestra primera vez juntas —Lena la miraba con emoción—, y espero que la primera de muchas veces —Kara acarició su mejilla mientras Lena sonreía ruborizada.

—¿Sabes,?, estoy pensando en ampliar la instalación por todo el apartamento, incluso podría instalarlo en tu casa también, si quieres… de todos modos, es un método muy limitado, nos obliga a estar en casa para poder estar juntas —añadió un poco decepcionada—. Lo ideal sería un sistema portátil, estuve estudiándolo, pero sólo lo vi posible utilizando kryptonita, y no quiero causarte daño.
Kara se rio y Lena la miró indignada.
—¿Por qué te ríes?, esto es muy serio —se quejó Lena frunciendo el ceño.
—Lo es, Lena, perdóname, es sólo que nunca dejas de sorprenderme con tu inteligencia y tu dedicación —Su risa se debía al recuerdo de los brazaletes que había fabricado Lena 40—. No te preocupes, hasta una concentración del diesciocho por cien no me causa daño, a menos que sea una exposición muy prolongada, y con alejarla de mí, me recuperaría, no hay peligro. Con ese sistema, puedo entrenar con Alex en el DEO durante una hora sin ningún problema.
—Pero yo no quiero estar contigo sólo una hora, Kara Danvers, sino muchas… Quizá me ponga a trabajar en eso pronto.
—Sería una buena idea… Bueno, ¿y ahora qué? —preguntó Kara.
—Ahora te voy a pedir unos minutos, porque necesito darme una ducha y adecentarme un poco.
—Eso no es verdad, estás preciosa así. —Lena sonrió y apartó la mirada un instante.
—¿Con ropa de estar por casa y coleta?, eres una aduladora.
—Sólo dije lo que pienso.
—Anda, dame esos minutos… no te arrepentirás —prometió con voz seductora, provocándole un vuelco en el estómago—. Puedes poner la música que te apetezca en la minicadena, no tardo. —Le besó la punta de la nariz y se metió en el baño.

Kara trató de distraerse probando diferentes discos de música. No quería prestarle demasiada atención al sonido del agua corriendo sobre el cuerpo de Lena, porque si lo hacía, le costaría mucho no echar un vistazo a la pared por encima de las gafas, tratando de ver a Lena con sus rayos X. Se decidió por una música ambiental suave y encendió un par de velas perfumadas que había sobre la cómoda. La luz roja generaba la ilusión de un eterno atardecer dentro de la habitación, a Kara le pareció romántico.
—Me siento como si fuera nuestra noche de bodas —declaró la kryptoniana cuando percibió que Lena ya se estaba vistiendo.
—¿Quieres que nos casemos antes de esto? —preguntó Lena de manera casual desde el baño.
—¡No, no, no hace ninguna falta! —exclamó Kara rápidamente.
—Opino lo mismo —replicó Lena saliendo del baño.
A Kara casi se le desencajó la mandíbula al verla. Lena tenía razón, no se arrepentía en absoluto de haberle concedido aquellos minutos. La joven Luthor llevaba su pelo oscuro suelto, ligeramente ondulado hacia las puntas, y un camisón semitransparente que dejaba poco a la imaginación.
«Ropa interior negra sobre su piel blanca… ¿eso son encajes? —se preguntó.»
—Oh Rao… —farfulló Kara con el corazón desbocado ante la visión de Lena Luthor.


—Ven… —invitó Lena a la kryptoniana.


CONTINUARÁ…

21 may. 2017

"Tierra - 40" (Supercorp) cap 16



CAPÍTULO 16
—¿Cuándo vamos a dejar de mentirnos, Lena? —afirmó con una voz más propia de Supergirl que de Kara Danvers—, sé que tú también sientes algo por mí, no te atrevas a negarlo. Y no es sólo porque sea la doble de tu novia, sino por mí misma. Esto que nos está pasando no es sólo confusión.
—Kara… no te acerques… —rogó Lena en un suspiro.
—Es cierto que besé a la Lena de mi mundo pero… te miro, sé que no eres ella, y sigo deseando besarte —aseguró la kryptoniana— Y sé que a ti te pasa lo mismo.
—Sal de mi habitación, por favor —pidió Lena, dejando la cama.
—¿Por qué? —Kara seguía avanzando hacia ella— Lo deseas tanto como yo.
—Esto no puede ser… —musitó Lena con gesto de sufrimiento.
—Aquí sólo estamos tú y yo, dejémonos de mentiras —insistía Kara—, niega que sientes algo por mí, vamos.
—Para, por favor… —suplicó una vez más la joven Luthor apartando la mirada. Pero Kara no paró. Le cogió la barbilla y la obligó a mirar sus ojos azules.
—Tú también sientes algo cuando me tienes cerca, ¿verdad? —preguntó con la voz calmada—, sabes quién soy, pero eso ya no importa.
—Kara… —dijo perdiéndose en la mirada de la kryptoniana.
—Estoy harta de negar lo que siento por ti, y veo en tus hermosos ojos verdes que te pasa lo mismo —señaló Kara—, vivamos esto juntas, ahora que tenemos la oportunidad, por favor, Lena… —musitó mientras se acercaba peligrosamente a sus labios.

La joven Luthor no pudo resistirse y no tardó mucho en devolverle el beso. Cuando se separaron, Kara sonrió y se alejó de ella unos pasos. Abrió el primer cajón de la cómoda y sacó los brazaletes de kryptonita para ofrecérselos a Lena.
—Úsalos, no quiero hacerte daño —afirmó con decisión. Lena sintió que algo recorría todo su cuerpo al escuchar sus palabras—, pónmelos.
En cuanto se los colocó, Kara se abalanzó sobre ella y la levantó en un impulso. Lena se aferró a su cintura con las piernas.
—Creo que eres un poco más fuerte de lo que pensaba —gimió encantada la joven Luthor.
No hubo más palabras, pues sus labios estaban demasiado ocupados besando la piel de la otra. Kara dejó a Lena sobre la cama y se echó sobre ella, haciéndola suspirar al sentir su cuerpo.
—Aquella noche en que nos besamos en el sofá del salón… —susurraba Kara— sólo podía pensar en hacerte mía… —Entonces besó su cuello con intensidad, mientras Lena gemía ligeramente con los ojos cerrados.

Las palabras de la kryptoniana y las sensaciones que le provocaba la tenían subyugada. Ya no quedaba rastro de racionalidad en ella. Era como si Kara hubiese apartado a un lado todo aquello que no fuesen ellas dos y lo que sentían la una por la otra.
—Hazme tuya —rogó sin ninguna vergüenza. Kara sonrió y sus manos se colaron por debajo de su pijama, alterando su respiración.
Cuando sintió los dedos de la kryptoniana sobre su ropa interior, cerró los ojos con fuerza, ya no había vuelta atrás, y parecía no importarle. Kara la acariciaba, Lena jadeaba, y finalmente, invadió su cuerpo, ansioso por recibirla.
—Al fin eres mía… —susurró en su oído— Ahora sólo importamos nosotras.
Lena gimió y tembló al alcanzar el orgasmo debajo de una satisfecha kryptoniana. Pero cuando la joven Luthor abrió los ojos, tratando de recuperar el aliento, Kara no estaba sobre ella ni en su cama. Se incorporó un poco y miró a su alrededor, los primeros rayos de sol querían colarse por entre las cortinas. Todavía respiraba con cierta dificultad, su corazón seguía acelerado y su piel perlada en sudor.
—Ha sido un sueño… —susurró débilmente— sólo ha sido un sueño —repitió con lágrimas en los ojos, inundada por un inmenso alivio.
Sin embargo, el alivio se esfumó rápidamente. Había soñado que mantenía un encuentro sexual con Kara, no con su novia, y su cuerpo la había traicionado de la peor de las maneras, disfrutando al máximo de aquella fantasía. De pronto sintió miedo y culpa. Lena sabía que los sueños son sólo creaciones de la mente, pero que solían tener alguna base real. La maldita confusión que estaba experimentando desde hacía tiempo se reforzaba cada día, ¿es que acaso su sueño se convertiría en una realidad si seguían las cosas como estaban? ¿Dejaría de esperar a su Kara y volcaría todos sus sentimientos frustrados en la Kara de otro mundo? Se llevó las manos al pelo y respiró hondo. Las cosas no podían seguir así, ya no.
XXXXXX



—Buenos días, Lena, ¿has dormido bien? —preguntó Kara con una sonrisa al ver aparecer a Lena en la cocina.
—Sí… —mintió sin mirarla, no podía encararla después de su maldito sueño erótico con ella. Se sirvió un café en silencio.
—He pensado que como hoy es sábado y no trabajo en CatCo, y Alex todavía no me ha llamado requiriendo a Supegirl, podemos preparar los eventos públicos de la semana que viene —sugirió Kara.
—Lo siento, tengo que ir a L Corp para terminar unas cosas —informó dándole la espalda. Kara frunció el ceño y se acercó hasta ella
—Lena, ¿estás bien? —preguntó posando su mano en su brazo. Lena se sobresaltó y la miró con expresión de susto —Perdona, no quería asustarte —declaró Kara desconcertada.
—Estoy nerviosa porque ha habido contratiempos en un proyecto del laboratorio —continuó mintiendo—, debo ir a L Corp y asegurarme de reconducirlo.
—De acuerdo, entonces yo me iré al DEO, espero que se resuelva el problema.
—Gracias, Kara —replicó de nuevo sin mirarla.
La kryptoniana no se había quedado nada convencida con su respuesta, así que permaneció cerca del edificio hasta que vio a Lena salir y subirse a su coche. La siguió desde el cielo, hasta que la joven Luthor entró en el rascacielos de L Corp.
«¿Refugiándote en el trabajo?, ¿qué te ocurre? —se preguntó.»
XXXXXX



Cuando Jess le dijo que Cat Grant la estaba esperando en su despacho, Lena sonrió con resignación. ¿Cómo lo hacía aquella mujer para aparecer siempre en el momento en que más confusa se sentía?
—Buenos días, Cat —saludó la joven Luthor ofreciéndole la mano.
—Hola, Lena. —La reina de los medios de comunicación se la estrechó mirándola con atención. Después ambas se sentaron y Lena dejó su teléfono móvil sobre la mesa.
—¿A qué debo el placer de tu visita?
—Sabía que te encontraría aquí, siempre que estás mal, te vuelcas en el trabajo —afirmó Cat.
—¿Así que estoy mal? —dijo con la mirada perdida sobre los papeles que tenía delante.
—¿Qué está pasando, Lena? —cuestionó Cat con seriedad. La joven Luthor alzó la cabeza.
—¿Qué quieres decir? —preguntó forzando una sonrisa.
—Por Dios, Lena, deja de disimular, soy yo —exclamó Cat perdiendo la paciencia.
—Lo siento… —Lena volvió a bajar la mirada.
—Os vi en la visita al hospital, no parecíais las de siempre —explicó Cat—, os noté incómodas y algo idas, ¿qué ha pasado entre vosotras?
—Es complicado… todo se ha vuelto demasiado complicado —admitió Lena. Cat puso cara de horror.

—¿Habéis cruzado la línea? —preguntó alarmada.
—Creía que lo tenía bajo control, Cat —empezó a hablar con voz temblorosa—, pero echo tanto de menos a mi novia que tener a su copia exacta tan cerca de mí está confundiendo mi mente, ya no puedo más con esto —admitió con los ojos húmedos.
—Oh Lena… sabía que esto podía pasar —Cat dejó su silla y se acercó hasta el sillón que ocupaba Lena para apoyar su mano sobre su hombro y transmitirle su apoyo de manera más física—. No tienes por qué pasar por esto, ya has hecho demasiado.
—Yo sólo quería hacer lo mejor para todos, lo he intentando con todas mis fuerzas…
—Sé que sí —replicó Cat con una dulce sonrisa.
De pronto, el móvil de Lena comenzó a vibrar, mostrando el nombre de Supergirl 38 en la pantalla. En lugar de coger la llamada, Lena se echó a llorar. Cat comprendió entonces el grado de desesperación de la joven Luthor y la abrazó por los hombros. Lena se removió en su sillón y se abrazó con fuerza al cuerpo menudo de Cat Grant. La mujer se sobresaltó un poco, jamás habían compartido tales confianzas, pero el cariño que sentía por ella la hizo corresponderle el abrazo, acariciando sus cabellos oscuros mientras Lena se refugiaba en su pecho. Desde que ambas se habían empezado a tratar más, gracias al noviazgo con Supergirl, Cat Grant se había convertido en la figura materna que Lillian Luthor nunca había llegado a ser para Lena.
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Kara aterrizó en la terraza del apartamento de Lena sobre las diez de la noche. Confiaba en que podría verla mientras cenaba y hablar con ella sobre su extraño comportamiento durante todo el día. Pero se equivocó. No había rastro de Lena en el salón ni en la cocina, donde encontró una nota de su puño y letra.
“Tienes sobras de mi cena en el frigorífico, o puedes cocinarte otra cosa. Buenas noches.”
Ni un hola ni una broma, nada que reflejase la complicidad que Kara creía que tenían. Ya no tenía dudas al respecto, Lena había estado evitándola todo el día y a Kara le dolía. Necesitaba hablar con Lena y pensó en tocar a la puerta de su habitación, pero decidió que no sería buena idea. Esperaría a que se levantase.
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La luz de la luna llena bañaba el ambiente. John Corben la observaba a cierta distancia. Zatanna comenzó a recitar el hechizo que ya había utilizado unos meses atrás. Pronunciaba las palabras del revés, mientras extendía las manos sobre el pequeño anillo. No se sentía orgullosa de lo que estaba haciendo, de hecho, no había dejado de darle vueltas al hecho de que se tratase de una Supergirl de otro mundo. La posibilidad de originar el caos en dos mundos distintos le hacía sentir muy mal, pero ella no era ninguna justiciera, su deber era proteger a los suyos.
«Lo siento, pero no puedo perder a mi padre otra vez, es la única familia que me queda —se dijo.»
XXXXXX



El domingo por la mañana, Kara se despertó antes de la siete y estuvo haciendo tiempo en su habitación hasta que escuchó a Lena dejar la suya. Se puso el traje de Supergirl, porque tenía que ir al DEO, pero antes de marcharse del apartamento, Lena tendría que darle alguna explicación. La encontró de pie, de espaldas, junto a la puerta de vidrio del salón que daba a la terraza.
—¿Ahora va a ser así siempre?, ¿vas a huir de mí cada vez que estemos en la misma habitación? —La joven Luthor se puso tiesa al escuchar su voz, pero siguió dándole la espalda. Kara suspiró— ¿Es que ahora te molesta mi presencia?, ¿qué es lo que he hecho mal, Lena?
—Tú no has hecho nada mal, Kara… —admitió Lena.
—Entonces, ¿por qué ni siquiera me miras? —preguntó Kara con tristeza— Me esquivas desde ayer por la mañana, ¿qué ha pasado?

Lena se dio la vuelta con rapidez y le clavó sus ojos verdes. Kara no supo entender lo que había en su mirada, y esperó en silencio alguna respuesta. Sin embargo, Lena no habló, sino que caminó hasta ella con gesto de dolor en el rostro, cerró los ojos y la besó en los labios. La kryptoniana se perdió en aquel beso durante unos segundos, atrapando la boca de la joven Luthor y buscando su cintura con las manos, hasta que su mente le recordó que se encontraba en Tierra 40 y se separó de Lena repentinamente. No era su Lena. Era igual que ella, olía igual que ella, besaba igual que ella, pero todo aquello daba igual, no era ella, no era su Lena.

—Vete Kara, vuelve a tu mundo —pidió Lena mirándola con intensidad.
—¿Qué? —boqueó Kara, todavía calmándose tras el beso.
—Yo ya no puedo más, me voy a volver loca —confesó Lena conmocionada—, también te está afectando a ti, ¿no lo ves?, y has paralizado tu vida real en Tierra 38.
—Lena, no puedo irme y dejaros así —afirmó.
—Nada de esto es responsabilidad tuya, Kara, vuelve con tu gente —insisitó Lena.
—Ahora, vosotros también sois mi gente… y tú…
—No digas nada más —rogó Lena—. Yo sólo soy la Lena Luthor de un mundo que no es el tuyo.
—Pero, Lena… —Kara seguía oponiéndose a su propuesta. 
—¿Por qué me has devuelto el beso, Kara? —exclamó Lena.
—¿Qué? —La kryptoniana no esperaba aquella pregunta.
—¿Querías besarme a mí o a tu Lena?, ¿eras consciente de que no soy ella?, no es fácil, ¿verdad?, ya no después de lo que has compartido con ella —relataba la joven Luthor— ¿No te das cuenta de que a veces nos confundes porque quieres estar con ella? Y yo lo hago porque deseo volver a estar con mi novia. Proyecto sobre ti mis anhelos y pierdo la noción de la realidad. Me engaño pensando que tú eres ella, que la puedes sustituir sin más. Y eso no es justo para ninguna de las cuatro, y para mí… para mí se está convirtiendo en una tortura.
—Lena yo… —musitó Kara.
No podía replicarle nada, porque Lena tenía razón. También para ella se había vuelto mucho más difícil el fingir ser pareja, y todo porque ya había vivido un acercamiento con la Lena de su mundo y todo se volvía confuso. ¿Cómo había aguantando tanto tiempo aquella mujer?, era realmente admirable. Lena dio un paso y se quedó a escasos centímetros de la kryptoniana.

—Mírame, Kara, ¿sabes quién soy o dudas al tenerme tan cerca?... Ahora sí sabes lo que yo siento, lo que he sentido desde el momento en que apareciste en mi despacho hace tres semanas.
—Lena… —Kara era incapaz de argumentar nada. La joven Luthor apartó la mirada y siguió hablando.
—Al principio podía racionalizarlo, tú te comportabas como una amiga, un tanto torpe y afectada por la situación, pero nada más —Alzó la cabeza y se encontró con los ojos azules de Kara que la miraban intensamente—. Pero si me miras así, como la miras a ella, como me miraba mi novia… ¿cómo demonios voy a mantener la mente clara? —exclamó, y retrocedió unos pasos, liberando a Kara del intenso efecto de sus ojos verdes.

—Yo tampoco sé cómo mantenerme en mi sitio —confesó derrotada.
—Entonces, vete, por favor, y quédate en tu mundo, Kara, no vuelvas más aquí.
—Pero no quiero dejaros así, tu novia sigue enferma, Alex y Maggie lo están pasando mal, y tú necesitas a Supergirl a tu lado ante National City.
—Odio que seas tan honorable… —farfulló con una sonrisa— Yo no soy la Lena que te ayudó en tantas ocasiones, y que engañó a su propia madre para salvar a todos tus amigos... Y lo mismo sucede con Alex, Maggie, J’onn y todos los demás, te agradezco mucho lo que has hecho por nosotros, pero tu sitio no está en este mundo, Kara.
—Pero podemos buscar la forma de que esto funcione, Lena, sé que todavía puedo ayudaros… —Kara se resistía a rendirse, a pesar de que era consciente de lo complicado que se había vuelto todo entre Lena y ella.
—Para mí no la hay… tenerte cerca me hace daño, Kara —reveló la joven Luthor viendo que nada más haría a la kryptoniana aceptar su petición. El gesto de Kara se contrajo.
—Yo no… no quiero hacerte daño, Lena —aseguró con los ojos brillantes.


—Entonces, márchate de aquí, te lo ruego —exclamó—, sigue con tu auténtica vida y olvídate de Tierra 40.


Kara cerró los puños con fuerza. Quería negarse, pero no encontraba argumentos válidos, no después de que Lena le hubiese contado que su presencia la hería. Lo último que quería era aumentar el sufrimiento que ya padecía aquella maravillosa mujer. No tenía opción.
—Está bien, haré lo que me pides —pronunció con toda la firmeza que pudo.
—Gracias, Kara —dijo curvando ligeramente los labios en una sonrisa, mientras contenía sus emociones.
La kryptoniana asintió con la cabeza y salió a la terraza para después partir volando a gran velocidad. Lena la siguió con la mirada hasta que la perdió de vista. Sabía que Kara había dicho la verdad, al fin había aceptado abandonar Tierra 40. ¿Volvería al apartamento para despedirse definitivamente o aquella había sido la última vez que la vería? Se desplomó en el sofá y dejó ir todas las lágrimas que había reprimido en presencia de Kara. A pesar de cómo se habían complicado las cosas teniéndola allí, también les había devuelto la esperanza de recuperar a su propia Kara, una esperanza que se marchaba con ella y su luz.
XXXXXX 



Al mediodía, la kryptoniana se presentó en casa de Alex y Maggie, necesitaba contarles lo sucedido, pues afectaba a todos. Le alegró inmensamente verlas felices juntas, después del emotivo momento que compartieron ante su mirada y la de Lena.
—Sabía que esto podía pasar, aunque Lena me aseguraba que lo tenía controlado… —dijo Alex— Es una situación muy complicada.
—¿Y si no viven bajo el mismo techo? —sugirió Maggie—. Podrían reunirse para los eventos públicos.
—No es tan sencillo, los periodistas van detrás de ellas las veinticuatro horas, acabarían descubriendo que no viven juntas, y empezarían los rumores de crisis —señaló la agente.
—Eso es cierto, son muy persistentes —admitió Maggie con cansancio. Su novia dejó el sofá y empezó a caminar por el salón.
—Quizá Lena tiene razón, has hecho mucho por nosotros, nadie te culpará si te marchas —admitió Alex mirando a Kara.
—Yo quería ayudaros, tu hermana sigue enferma, nada se ha solucionado —exclamó la kryptoniana.
—Lo sé, pero… me temo que la situación con Lena se ha vuelto insostenible, y si no podéis seguir fingiendo ser pareja, ¿de qué sirve que estés aquí? —preguntó Alex muy seria.
—National City volverá a sentirse abandonada por Supergirl —señaló Kara.
—Eso es verdad, pero… podemos decir otra vez que tuviste que marcharte por una misión fuera de la tierra —dijo Maggie.
—Mentirles de nuevo, ¿y cuánto tardarán en pensar que Supergirl se cansó de proteger este planeta? —cuestionó Kara.
—Maggie tiene razón, así estábamos antes de que llegases, y podemos volver a pasar por ello —declaró Alex— Fuiste un regalo inesperado, Kara, y nos has prestado una gran ayuda durante semanas, pero no perteneces a nuestro mundo y no podemos retenerte incluso a costa de Lena y de ti misma, porque tu vida no está aquí, sino en Tierra 38 —Kara sonrió con profunda tristeza.
—No quiero abandonaros, no soy así… pero no sacrificaré a Lena por mi empeño en hacer lo que creo que es correcto, así que haré lo que me ha pedido —aseguró—, por favor, despedidme de los demás, y disculpadme con ellos por no haber servido de más ayuda, no tengo fuerzas para hacerlo yo.
—Tranquila, pequeña Danvers, nosotras nos encargaremos de eso —Maggie se acercó a ella y la abrazó. Alex se unió al abrazo y se emocionó al recordar viejos tiempos con su hermana. Después de un tiempo de espejismos, tocaba volver a la inevitable realidad en la que Supergirl había dejado de surcar los cielos de National City.

Sólo le quedaba una cosa por hacer antes de abandonar aquel mundo, despedirse de Lena Luthor. No quería marcharse sin decirle adiós y desearle que todo se solucionase lo antes posible. Cuando estaba a suficiente distancia para que Lena no advirtiera su presencia, empleó su visión kryptoniana para buscarla. La joven Luthor estaba sentada en el sofa del salón, con las piernas encogidas y una copa de vino en la mano. Kara agudizó un poco la vista y concentró el oído, Lena estaba llorando. No podía entrar en aquella estancia, si lo hacía, no sería capaz de marcharse después, no dejándola en ese estado. Apretó los dientes mientras sentía las lágrimas asomar en sus propios ojos.

Y entonces se preguntó si habría sido mejor no haber llegado nunca a aquel mundo, o al menos, no haberse implicado como lo hizo con todas aquellas personas, en especial, con Lena, que había llegado a ser muy especial para ella y siempre lo sería. Se sintió miserable. No sólo no había ayudado a curar a su álter ego, sino que Lena había acabado sufriendo aún más. Todo había salido mal.
—Lo siento mucho… —susurró.
Dio la vuelta en medio del cielo ya oscurecido y oprimió el botón que activaba el extrapolador interdimensional. El portal se abrió de inmediato, y Kara lo cruzó. Necesitaba ver a su Lena, necesitaba su calor, su consuelo.
XXXXXX



TIERRA 38
Una tormenta sobre National City sorprendió a Kara en su regreso. Pero poco le importaba que sus cabellos y su traje se empapasen. Cerró los ojos y buscó su ritmo cardíaco, no tardó en localizarla. Lena estaba en su apartamento. Voló hasta allí, se posó sobre la terraza y apoyó su mano en la puerta de vidrio. No le hizo falta hacer ningún ruido para que Lena advirtiese su presencia. La joven Luthor dejó de mirar la televisión repentinamente, se volvió y la vio, su corazón dio un brinco. Sin poder dejar de sonreír, caminó hasta ella y le abrió la puerta, invitándola a entrar.
—¡Kara, has vuelto! —exclamó entusiasmada.
—Oh Rao, Lena… —gimió Kara justo antes de estrecharla entre sus brazos— Te necesito tanto ahora mismo.
La joven Luthor se aferró a su cuerpo sin importarle que pudiera mojar su ropa, estaba tan feliz por su regreso. Pero las palabras de la kryptoniana la llenaron de preocupación, le resultaba evidente que algo no iba bien. Se echó hacia atrás para buscar sus ojos azules y los encontró enrojecidos y brillantes.
—¿Qué ha pasado, Kara? —preguntó turbada.


—No puedo ayudarles, Lena… —musitó— He fracasado.


  
CONTINUARÁ...