2 sept. 2017

"Tierra - 40" (Supercorp) cap 20



CAPÍTULO 20
Lena permanecía en silencio, observando a Kara 40 sin demasiado reparo. La kyrptoniana sonrió.
—Me miras con mucha atención, Lena 38 —afirmó—, puede que me parezca a tu novia, pero no soy ella, soy mejor.
«Mejor haciendo daño —pensó Lena.»
—¿Y cuándo empezaste a… ser mejor? —Le costó terminar la frase.
—Cuando me di cuenta de que había estado haciendo el tonto durante muchos años —explicó Kara 40 con tranquilidad. —Lena frunció el ceño, intrigada.
—No entiendo lo que quieres decir —admitió.
—¿Sabes cuál es el problema que tenéis los humanos? —Lena no dijo nada— Que pensáis que todo lo que no entendéis debe acabar sometido a vosotros, a vuestro control, a vuestras costumbres y forma de vida. Y si no… —Kara 40 cerró el puño con fuerza delante de los ojos de Lena— Lo destruís.
Lena no pudo replicar nada. Ciertamente, los hombres se habían pasado su existencia atacando lo que temían por no comprenderlo. ¿Pero qué tenía eso que ver con la kryptoniana? La gente de la Tierra respetaba a Supergirl, incluso la consideraban una gran esperanza, una superheroína.  El desconcierto que mostraba el rostro de la joven Luthor hizo sonreír a Kara 40.

—Todo estaba bien mientras Supergirl hizo lo que los humanos esperaban que hiciera, mientras su comportamiento entraba dentro de lo que ellos podían entender y aceptar. Pero cuando al fin me liberé, me confinaron en esta maldita celda.
—¡Lo hicieron porque te volviste peligrosa e hiciste daño a mucha gente! —exclamó Lena sin poder contenerse.
—Ésa es la pasión Luthor que tanto me gustaba de mi Lena —susurró acercándose un poco más al vidrio que las separaba—, me encanta ver que la tienes en todos los mundos.
Aunque no querría admitirlo, Lena se sintió un poco intimidada por aquellos ojos azules oscurecidos y el tono amenazante de su voz.
«No consigo sacarle nada que valga la pena —se lamentó Lena internamente—, y ella no deja de desafiarme.»
—¿Qué es lo que te ha convertido en esto? —preguntó casi sin pensar.
—Oh, por favor, no utilices el mismo discurso que mi novia, es tan aburrido —dijo Kara 40 con una mueca— ¿Por qué no aceptáis que simplemente, no soy la que vosotros queréis que sea?

La kryptoniana se dio la vuelta, y dio unos pasos hacia el interior de la celda, después se volvió y le clavó la mirada a Lena.
—¿Para qué has bajado aquí, Lena 38? —exigió saber.
—Yo… necesitaba verte con mis propios ojos… —declaró la joven Luthor.
—Pero no has podido averiguar nada que te ayude a convertirme en lo que era antes, ¿verdad? —afirmó Kara 40 en tono burlón— La estúpida alien que hacía todo lo que los humanos querían de ella.
—¿Y qué hay de tu hermana y de tu novia? —preguntó Lena con seriedad—, ¿tampoco eras tú misma con ellas?
—Estuve ciega mucho tiempo, pero ahora que he abierto los ojos, no volveré a cerrarlos —aseguró con maldad en la mirada.
—¿Y qué te los ha abierto? —Lena dejó de disimular, y decidió preguntar sin tapujos. Kara 40 se echó a reír.
—No confíes tanto en tu Supergirl, Lena 38, puede que ella también acabe por abrir los ojos.
Lena se estremeció ante sus palabras. Su Kara no podía convertirse en una mujer tan fría y violenta, eso no podía pasar, ¿o sí? Sintió miedo, quizá no debió dejarla ir sola a L Corp.
—¿Qué te pasa? —insistió Kara 40—, pareces asustada, ¿no habías pensado en esa posibilidad?, me decepcionas, Lena 38.
—Eso no pasará, ella no es como tú —se defendió sin demasiada fuerza.
—Imagina que habéis venido las dos para salvarme y en lugar de eso, tu querida Supergirl acaba siendo como yo, menudo giro de los acontecimientos —relató con diversión.
Lena estaba experimentando en su propia piel la crueldad de Kara 40, nada de lo que su Kara y otra gente le habían contado era exagerado. Se desesperó aún más.
—¿Ves?, ahora te pareces más a mi novia… —La kryptoniana dio pasos hasta el vidrio, y le mostró la sonrisa más perversa que jamás había visto— Ya empiezo a ver desesperación en tus ojos verdes.
XXXXXX



Aquel mediodía, Zatanna recibió permiso de Lillian Luthor para visitar a su padre. Estaba decidida a terminar con el pacto que tenía con aquella detestable mujer. Ya era hora de que su padre fuese liberado.
—¡Zatanna! —exclamó Giovanni Zatara tras las rejas.
—Papá, ¿cómo estás?, ¿te han hecho algo? —preguntó preocupada al verlo desmejorado.
—Estoy bien pero tú…
—Muy pronto saldrás de aquí —aseguró Zatanna.
—¿Qué has hecho, hija?
—No tienes que preocuparte de nada, papá —dijo cogiéndole las manos.
—No quiero que nadie sufra para que yo viva, eso no es justo, no está bien, Zatanna —musitó abatido.
—Pero, papá…
—Siempre tuve miedo de que alguien te manipulase para aprovecharse de tus poderes, pero convertirme en el motivo de que eso suceda, es todavía peor, nunca quise esto para ti, cariño.
Los ojos azules de Zatanna se humedecieron. Su padre no mostraba ese aspecto tan demacrado por su estancia allí, sino por lo que sabía que ella estaba haciendo por salvarle la vida.
—Papá… yo… lo siento… lo siento mucho… —Las lágrimas bañaban sus mejillas.
—Aún no es tarde para hagas las cosas bien, hija mía, eres inteligente, seguro que encontrarás la manera de arreglarlo, eso es lo único que quiero que hagas por mí.
—Tengo que hablar con Lena Luthor, contarle todo… —susurró débilmente.
—Adelante, Zatanna, pase lo que pase, siempre estaré contigo —Giovanni besó las manos de su hija con gesto emocionado.
XXXXXX



John Corben la había informado de la visita de su hija, y de lo molesta que parecía. Lillian sonreía en silencio desde el sillón de su despacho. Como otras veces, su plan se había visto truncado, pero no estaba demasiado preocupada, y además, sabía que aquella conversación con Lena era inevitable. La joven Luthor irrumpió en la estancia abriendo de par en par la puerta de doble hoja. Corben tenía razón, tenía sus ojos verdes chispeantes de rabia.

«Lástima que te pongas así por el motivo equivocado —pensó Lillian en su interior.»
—Hola Lena, no esperaba verte dos veces hoy —saludó con normalidad— ni a… Supergirl ¿38? —añadió estrechando los ojos pero sin dejar de sonreír.
Kara la miró con seriedad pero no replicó, y se quedó dos pasos detrás de Lena, cruzando los brazos delante del pecho.
—Y supongo que tampoco esperabas que tu maldito anillo fracasase y Supergirl 38 no se volviera loca como lo hizo mi novia —acusó Lena sin miramientos.
—¿Has venido hasta aquí para acusarme? —dijo Lillian en un tono más grave.
—¡Deja de disimular, mamá! —exclamó Lena, apretando con fuerza los puños. Lillian permanecía callada, al contrario que su hija— ¡Fuiste tú!, ¡tú convertiste a Kara en un monstruo!, ¿cómo pudiste hacer algo así? —bramó Lena—, ¡podría haberme matado, podría haber destruido el planeta entero!

«Es mi día de suerte —se dijo Zatanna al escuchar las voces de dos mujeres que parecían discutir acaloradamente y reconocerlas como Lillian Luthor y su hija. Lena Luthor estaba allí mismo.»
Se asomó cuidadosamente por la esquina de las escaleras y vio que había un hombre custodiando la puerta de la habitación, así que, susurró un hechizo para resultar invisible y se acercó para escuchar con más claridad.

—¡Deberías agradecérmelo, ahora ya sabes lo peligrosos que son esos seres monstruosos! —Lillian no se molestó más en negarlo. Lena boqueó con intensa incredulidad y furia.
—No todos somos iguales —aseguró Kara de pronto.
—Yo diría que sí —dijo Lillian con cinismo—, a fin de cuentas, Supergirl ha resultado ser el más peligroso de todos —declaró con satisfacción.
—Porque tú le hiciste algo para cambiarla —Lena continuó con sus acusaciones—, y de paso separarme de ella, ¿verdad?... Me aseguraste que aceptabas nuestra relación, pero mentías, en realidad no lo soportabas —añadió con más tristeza que ira en su voz. Kara advirtió eso y sintió ganas de abrazarla. Una mujer como ella no merecía padecer de esa manera.
—Desde luego que no —admitió Lillian con frialdad—, no podía soportar que un miembro de mi familia intimase de esa forma con basura alien.
—¡Kara era mi vida, y tú me la arrebataste por tus malditos delirios xenófobos! —chilló Lena dominada por su profundo dolor— ¡¿Sabes lo que he sufrido en los últimos meses?, ¿lo que han sufrido sus seres queridos?!
Zatanna cerró los ojos con arrepentimiento, comprendiendo hasta qué punto había hecho daño a gente inocente. Estaba más decidida que nunca a arreglar las cosas.

—Hay que eliminarlos a todos —sentenció Lillian sin mostrar un ápice de compasión.
—Estás tan loca como Lex —musitó Lena resignada. Su madre jamás cambiaría, estaba tan perdida como su hermano. Sólo quedaba hacerla confesar lo que había hecho exactamente y tratar de revertirlo para curar a su Kara— ¿Qué es lo que le hiciste al anillo de esta mañana? —Lillian se limitaba a sonreír levemente— Tú no tienes poderes, ¿quién te ayudó?, lo que enfermó a mi novia fueron tus colgantes, ¿verdad?, algún tipo de magia en ellos.
—¿Magia?, qué imaginación más creativa tienes, Lena, es una de tus mejores cualidades.
—Deja ya de jugar, mamá, sabemos lo que has hecho, y ahora me dirás cómo anularlo.
Lillian no tenía ninguna intención de hablar de su aliada, Zatanna Zatara, o de ayudar a Lena a malograr aún más sus propios planes. Todo lo contrario, le complicaría un poco más la vida a su querida hija, ya que ésta no era capaz de entender lo equivocada que estaba sobre los aliens y el peligro que suponía tenerlos en la Tierra.

—Nunca has compartido nuestro punto de vista, incluso te aliaste con ellos —pronunció Lillian con asco mientras se ponía de pie—, al menos Lex veía la realidad de lo que está pasando.
—¿Qué está pasando? —preguntó Lena, un poco cansada de dar vueltas y no obtener información.
—Los aliens acabarán sometiendo a la raza humana si nosotros no nos defendemos —manifestó su madre—, Lex no pudo salvarnos porque el maldito Superman se lo impidió, pero yo todavía puedo hacer algo.
Lillian asintió con la cabeza, Corben le devolvió el gesto y salió del despacho ante las miradas desconfiadas de Kara y de Lena, pasando a escasos centímetros de Zatanna, que seguía oculta a la vista mediante su hechizo.
—¿Dónde va Corben? —dijo Lena inquieta. La kryptoniana tampoco estaba tranquila.
Pero su madre la ignoró por completo, cogió su teléfono móvil y marcó un número.
—¿Qué estás haciendo? —inquirió la joven Luthor, molesta por la indiferencia de su madre.

Lillian sólo pronunció una palabra. Una sola palabra que bastó para sobrecoger a Lena y a Kara por igual.
—Libérala.
—¿Qué has hecho? —susurró Lena casi sin voz.
—Lo que tú me has obligado a hacer con tu actitud, hija mía —respondió Lillian con serenidad—. Creo que deberíais ir al DEO —sugirió complacida.
Lena negaba con la cabeza, no podía creer lo que acababa de suceder. No sólo no había podido descubrir cómo curar a su novia, sino que su madre la había liberado de su confinamiento. Aquello era una pesadilla, no podía ser real, no podía…
—Lena, ¡Lena! —exclamó Kara mientras la zarandeaba de los hombros para hacerla reaccionar— ¡Tenemos que irnos ya!

La kryptoniana la cogió de la mano y tiró de ella para salir juntas del edificio. Cuando llegaron a la calle, se dispusieron a volar, pero Zatanna apareció frente a ellas, las había seguido.
—¡Esperad, necesito hablar con vosotras! —dijo la joven bruja.
—¡Hazte a un lado! —ordenó Kara con autoridad, no tenían tiempo de hablar con desconocidas.
—¡Yo hechicé a la Supergirl de este mundo! —exclamó Zatanna. Ambas la miraron frunciendo el ceño, al fin tenía su atención— Sé que debes odiarme, Lena Luthor, yo también me odiaría… pero créeme, quiero ayudaros. Lillian Luthor me chantajeó amenazando la vida de mi padre si no hacía lo que me decía.
—¿Tú embrujaste los colgantes de mi madre? —preguntó Lena con interés. ¿Podían tener todavía esperanza?
—Sí, lo hice yo —Zatanna asintió—, llevarlo puesto hace que mi hechizo le afecte.
—Entonces sólo tenemos que quitarle el maldito colgante —exclamó Kara.
—Eso no será tarea fácil, su efecto es como el de una droga, genera adicción. Es mucho más sencillo que yo anule el hechizo —explicó Zatanna.
—Tiene razón, Kara, tenemos que llevarla al DEO con nosotras, ¿podrás volar con las dos? —dijo Lena.
—No os preocupéis, sé volar sola —aseguró Zatanna elevándose en el aire—, por cierto, soy Zatanna Zatara, y lamento que nos conozcamos en semejantes circunstancias. 



XXXXXX



Un sonido repetitivo rompió el tenso silencio que había entre Lena y Kara 40. La joven Luthor se preocupó y llamó al agente que las acompañaba a unos metros.
—¿Qué es eso?
—Es la alarma del DEO —informó el agente—, algo debe haber pasado.
El hombre le dio la espalda y se comunicó con la sala central, después volvió a mirarla.
—¿Qué ha ocurrido? —insistió Lena intranquila.
—Que el DEO va a estar ocupado un tiempo y eso permitirá que yo haga mi trabajo.
—¿Cómo? —musitó Lena desconcertada y temerosa. Sentía que algo no iba bien.
El tipo sólo sonrió y se acercó hasta la celda, mientras Kara 40 lo observaba con curiosidad.
—¿Pero qué estás haciendo? —preguntó Lena al ver que el agente pulsaba botones del panel de control y la radiación verde comenzaba a perder intensidad.
—J’ohn J’onzz y Mon-El han abandonado las instalaciones para combatir varios ataques simultáneos que los hombres de Cadmus y algunos aliens de poca monta están llevando a cabo ahora mismo en diferentes puntos de National City, bajo las órdenes de John Corben, mano derecha de Lillian Luthor —Lena sintió un escalofrío al escuchar el nombre de su madre asociado a actos deleznables, una vez más. No importaba a qué Tierra perteneciera, parecía que no podía dejar de lado su maldad—. El jefe se ha llevado a la mayoría de agentes para cubrir toda la ciudad, y ha dejado a Alex Danvers como directora de operaciones aquí en el DEO, pero la agente Danvers es poca cosa para su querida hermana Supergirl.

En pocos segundos, la radiación verde se desvaneció. La kryptoniana cerró los ojos y respiró hondo, después sonrió. Sentía cómo el poder corría de nuevo por sus venas. La puerta de vidrio de la celda se abrió y Kara 40 avanzó unos pasos hasta cruzarla con calma. Lena no sabía dónde meterse, presa del pánico y encaró al agente.
—¿Cómo has podido liberarla?, ¡eres un agente del DEO!
—¡También soy un hombre que perdió a su mujer a manos de unos asquerosos aliens!... los odio… no te sientas ofendida, Supergirl.
—Nunca lo haría, me has devuelto la libertad —replicó Kara 40 con una sonrisa—. Desaparece ahora de mi vista y te perdonaré la vida —añadió la kryptoniana en un gesto de falsa misericordia.
—Sólo una cosa antes de irme, ten cuidado con la bruja de ojos azules, no dejes que hable.
El hombre se alejó de ellas corriendo, entró en el ascensor y desapareció tras sus puertas metálicas. Lena estaba paralizada por el miedo. Kara 40 caminó hasta ella y se inclinó para oler su cuello. La joven Luthor cerró los ojos con fuerza, tratando de no temblar.
—Hueles igual que mi novia, utilizas el mismo perfume... Lo echaba tanto de menos… vas a venirte conmigo, Lena de la Tierra 38 —sentenció la kryptoniana.
—No, por favor —rogó Lena.
XXXXXX


No tenían tiempo para explicaciones, así que pasaron por delante de Alex y Maggie con un saludo fugaz y bajaron de inmediato al nivel inferior donde se encontraba la celda. La encontraron abierta y con la radiación de kryptonita desactivada, pero no parecía haber nadie allí. Sin embargo, Kara no tardó en detectar los acelerados latidos de Lena.
—Bingo, usurpadora —exclamó Kara 40, mostrándose ante ellas reteniendo a Lena por el cuello con un brazo—, te estábamos esperando, ¿a que sí? —Apretó un poco su agarre.
—Sí… —pronunció Lena con cierta dificultad.
—Hoy es un gran día, dos Lenas por el precio de una —se burló Kara 40 entre risas. Kara trató de moverse, pero su doble lo notó y le clavó sus ojos azules oscurecidos— Yo no lo haría —amenazó.
—Te juro por Rao que si le haces algún daño, yo… —maldijo Kara con impotencia.
Lena 40 aprovechó el momento entre ellas para seguir con su plan.
—¡Revierte el hechizo del maldito colgante! —chilló mirando a Zatanna.
De inmeadito, la joven bruja empezó a recitar palabras al revés, pero Kara 40 no estaba tan distraida como aparentaba, no había dejado de prestarle atención a la joven de ojos azules, gracias a la advertencia del tipo que la había liberado de su encierro. En un rápido movimiento, empujó a Kara dentro de la celda, activando la radiación verde, y atrapó a Zatanna, tapándole la boca.

—No he logrado conservarlo todo este tiempo para que ahora me lo quites —aseguró la kryptoniana.
—¡Mierda! —Kara golpeaba el vidrio con la fuerza de una mujer humana, incapaz de romperlo, asistiendo a toda la escena sin poder hacer nada. Kara 40 le dedicó una risa burlona y devolvió su atención a las dos Lenas.
—Un ligero movimiento de mis manos y se acabó —espetó.
Zatanna temblaba, muerta de miedo, estaba completamente indefensa ante el inmenso poder de la kryptoniana si no podía utilizar su magia. Lena 40, asustada por las consecuencias que tendría para todas aquel asesinato, intervino.
—Por favor, Kara, no le hagas daño, tú no eres así —suplicó a su novia.
El contacto directo con la kryptoniana provocó en Zatanna una visión del futuro cercano. Apenas fueron unos instantes, imágenes de un combate brutal entre dos Supergirls y sangre, no sólo de ellas, sino también de… tenía que advertirlas, pero no podía hablar.

—No la mates, no necesitas hacerlo, no supone un riesgo para ti —Lena 40 trataba de esgrimir argumentos para convencerla.
—Sí lo es, si me quita lo que necesito —afirmó Kara 40 impasible.
—¡Kara, perdónale la vida, hazlo por mí, por el amor que aseguras tenerme todavía, te lo ruego! —chilló Lena 40 con desesperación. 
Kara 40 presionó suavemente la nuca de Zatanna y ésta cayó al suelo inconsciente.
—Es lo último que haré por ti, Lena Luthor, me has traicionado con esa maldita usurpadora, pero yo también sé jugar —aseguró mientras volvía a atrapar con sus brazos a la joven Luthor de Tierra 38.
Lena 40 comprendió rápidamente sus intenciones y lo inútil que resultaba tratar de convencerla de algo. Optó por ofrecerse.
—¡Déjala en paz, por favor, ella no tiene nada que ver en todo esto, llévame a mí, soy yo a quien quieres realmente, soy yo quien te ha traicionado! —exclamó— Soy yo la que conoce tu cuerpo, la que conoce lo que te gusta, lo que necesitas… 



Su novia había perdido todo sentimiento de bondad y empatía, pero todavía conservaba la libido, y recurrió a ello. Durante unos instantes, Kara 40 pareció titubear, llevada por algunos recuerdos. Sin embargo, sacudió la cabezá ligeramente, y volvió a su plan inicial. El deseo de venganza hacia Kara podía más que el amor y el deseo que pudiera sentir por su novia, así de poderosa era la magia de Zatanna Zatara.

—Tú y yo tenemos cosas pendientes, Lena, lo sé, pero eso puede esperar —Kara 40 clavó su mirada ladina en Kara, que seguía con los puños contra el vidrio—. ¿Cómo te sientes al presenciar las cosas y no poder hacer nada?, es frustrante, ¿verdad? —preguntó la kryptoniana a su doble— Así aprenderás cómo me sentía yo cuando sabía que jugabas a ser la novia de mi Lena.



—¡No te la lleves! —gritaba Kara golpeando el vidrio hasta hacerse daño—, ¡no te atrevas a hacerle daño, maldita sea!
Lo último que vio de Lena fueron sus ojos verdes secuestrados por las lágrimas y sus labios vocalizando un triste “te quiero” que sonaba a despedida. Se enrabió y golpeó con más fuerza el vidrio, hasta que sus nudillos empezaron a sangrar, cómo lamentaba haberla llevado a Tierra 40. Cuando su doble salió de allí volando, Kara gritó el nombre de la mujer que amaba hasta quedarse sin voz.
—Te quiere mucho, por eso, esto es más divertido —se burló Kara 40 mientras volaba con ella en brazos.
«Sí, Kara me quiere, y hará lo que sea para protegerme —pensó Lena—, yo tampoco puedo rendirme.»

—Siento mucho todo esto, Kara —se disculpaba Lena 40 con gran pesar—, ya he avisado a Alex, no tardarán en sacarte de ahí… Si te hubieras quedado aquí con ella, seguro que esto no habría pasado, debí decirte que no me acompañaras —seguía.
—No es culpa tuya, Lena, sino de tu madre y su maldad —replicó la kryptoniana—, pienso rescatar a mi Lena y devolverte a tu novia, sea como sea —aseguró con seriedad mientras Lena 40 la miraba con los ojos empañados.
—¡Dios mío, ¿qué ha pasado?! —exclamó Alex en cuanto llegó hasta ellas, Maggie la seguía unos pasos por detrás con sus muletas. Lena 40 las puso al corriente de todo.
La agente desactivó la radiación verde y abrió la celda. Las heridas en las manos de Kara se cerraron en cuestión de segundos, y su convicción se reforzó.
—Voy a dar con ellas, os lo aseguro.
—Sé que podemos contar contigo, Kara, nosotras te seguiremos por tierra y aire, llevaremos a todos los agentes disponibles —Entonces miró a Maggie y se sonrieron—, Maggie y yo te cubriremos las espaldas, mi chica es una gran francotiradora.
La detective cogió la mano de su novia con agradecimiento al haber sido incluida.
—Lena, tú deberías quedarte en el DEO, estarás más segura, y alguien tiene que cuidar de la brujita en la enfermería —sugirió Maggie—, e informarnos cuando despierte, es nuestra mejor baza contra tu novia si Kara no puede derrotarla —se volvió hacia la kryptoniana—, no es que dude de tus capacidades, pero… me gusta contemplar todas las posibilidades —declaró con una sonrisa amable.
—Por eso eres tan buena detective, Sawyer —Alex la besó en los labios.
—Lo comprendo, Maggie —admitió Kara.

El móvil de Alex sonó, se trataba de J’onn, que había percibido el poder de Kara 40. La agente le contó lo sucedido.
—Coged el armamento de kryptonita —ordenó el marciano—, Alex… si llega a ser necesario…
—Lo haré —aseguró Alex—, la protección de vidas inocentes está por encima de todo.
Deseó con todas sus fuerzas que no llegase a ser necesario hacer algo así y se volvió hacia Kara.
—Tú la encontrarás antes que nosotras, adelántate, pero ten cuidado —dijo la agente.
—Lo tendré, tiene a Lena.
Lena 40 le dedicó otra mirada de culpabilidad. Kara negó suavemente con la cabeza, le dedicó una ligera sonrisa y salió volando a toda velocidad. Desde el día en que llegó a Tierra 40 y conoció lo que había ocurrido allí con su doble, deseó no tener que vérselas nunca con ella. Era surrealista enfrentarse a alguien que era una copia exacta de ti misma, y la situación se volvía letal cuando esa copia tenía tanto poder como tú.  Pero sus peores temores se habían hecho realidad. Tenía que luchar contra la Supergirl de otro mundo, la vida de Lena estaba en juego. 

  
CONTINUARÁ...

12 ago. 2017

Veraneando pero pronto de regreso...



Estoy de vacaciones actualmente, vacaciones merecidas y muy esperadas, por eso ando medio desaparecida últimamente. 

No os asustéis, no he abandonado el fanfic de Supercorp ni los fics en general. Publicaré el capítulo 20 de "Tierra 40" a partir del 20 de Agosto (no sé todavía día exacto) y seguiré haciéndolo hasta terminarla, ya hemos llegado a la recta final de la historia. 

A los que estáis veraneando como yo, disfrutad a tope, y al resto, ánimo con el trabajo y las ocupaciones. Nos leemos muy pronto ;)

Ysabel.

16 jul. 2017

"Tierra - 40" (Supercorp) cap 19



CAPÍTULO 19
TIERRA 40
—¿Qué haces en el DEO tan temprano, Alex? —preguntó J’onn al verla— No te esperaba hasta dentro de dos horas, ni siquiera ha amanecido.
—Hola J’onn, no podía dormir, necesito hablar con mi hermana.
El marciano asintió con la cabeza, sabía lo que su subordinada quería hablar con Kara sin tener que recurrir a sus poderes telepáticos.

—Agente Danvers —saludó el joven agente que custodiaba la celda.
—Déjame a solas con ella —ordenó Alex, y el chico obedeció de inmediato.
—¡Hermanita! —exclamó Kara— Habría preferido otra visita, pero me tendré que conformar — se burló.
—A mí también me alegra verte —replicó Alex con cansancio.
—¿A qué debo el honor de tu presencia aquí? —preguntó la kryptoniana con una sonrisa malévola—, ¿necesitabas verme para empezar bien la semana?
—Seguro que te alegrará saber que lo has conseguido —afirmó la agente Danvers.
—¿El qué? —dijo Kara frunciendo el ceño— No veo que haya cambiado nada para mí.
—Supergirl 38 ha regresado a su mundo para siempre —reveló con seriedad.
—¡Por Rao, por fin una buena noticia! —exclamó sin remordimientos— ¿Y por qué os ha dejado tirados?, ¿se aburrió de mi novia? —añadió con maldad.
—¿Nunca te cansas de ser así de cruel?
—Pues no, me sale de manera natural —replicó con una sonrisa.
Alex suspiró abatida y se dio la vuelta, dispuesta a marcharse de allí. Pero Kara volvió a hablar, deteniendo sus pasos.
—Espera, no puedes irte y dejarme así, tienes que decirme por qué se ha marchado —exigió.
—¿Quieres saber por qué se ha ido? —inquirió con la mirada encendida— ¡¿de verdad quieres saberlo?! —repitió Alex alzando la voz.
—¡Sí, quiero saber por qué esa usurpadora se ha largado después de sustituirme hasta como novia! —bramó Kara.
—¡Porque es tan buena persona como lo eras tú antes de convertirte en este monstruo, por eso! —chilló Alex derrotada.

Kara alzó el rostro con altanería, pero no dijo nada más. Alex se limpió una lágrima y se alejó de la celda y de su hermana. Cuando salió del ascensor, J’onn la estaba esperando, su mirada la invitó a acercarse más a él, hasta que pudo abrazarla.
—No le cuentes a Maggie que he llorado hoy, por favor.
—No lo haré —aseguró J’onn.
—Me hice la fuerte cuando nos despedimos de Kara 38, porque no quiero que Maggie se desanime también —sollozaba—, pero la verdad es que yo…
—Tranquila, Alex, lo sé.
J’onn la abrazó con más fuerza, permitiéndole ahogar el llanto en su hombro.
FIN TIERRA 40   
XXXXXX



TIERRA 38
El sol del lunes comenzaba a despuntar en el horizonte. Lena vio que Kara seguía dormida, así que se levantó con cuidado para no despertarla. Se puso el camisón y caminó descalza hacia la puerta de la habitación. Pero la kryptoniana se desveló.
—¿Dónde vas?
—A prepararte algo de desayuno, sé que necesitas comer bastante y anoche consumiste mucha energía —contestó Lena con una sonrisa traviesa.
—Olvídate del desayuno —dijo Kara incorporándose en la cama. Lena la miró alzando una ceja—, en esta habitación tengo todo lo que necesito ahora mismo.
Atrapó su muñeca y tiró de ella hasta echarla sobre la cama, colocándose encima entre risas de las dos.
—Te voy a confesar una cosa… cuando llegué a este planeta, descubrí que no necesitaba comer ni beber, que me bastaba con la radiación de vuestro sol amarillo para nutrirme cuanto necesito.
—Pero… —Lena no daba crédito a lo que acababa de escuchar—, si es así, ¿por qué comes tanto? —exclamó desconcertada.
—Porque me gusta mucho la comida de la Tierra —admitió con un gesto divertido que hizo sonreír a Lena—, y como no me hace engordar —añadió.
—¡Maldita kryptoniana afortunada! —exclamó Lena quitándosela de encima y  tratando de golpearla con la almohada. Kara se rio con ganas.

—Pero todo eso ha cambiado —dijo de pronto con seriedad.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Lena interesada.
—Ya no me basta con el Sol, ahora te necesito también a ti —aseguró, mirándola fijamente con sus ojos azules— creo que me moriría si no pudiera volver a besarte.
El corazón de Lena dio un brinco en su pecho.
—¡Para ya, idiota! —demandó apartando la mirada para que Kara no la viese a punto de llorar—, ¿no podías haber estudiado matemáticas o biología?, ¿tenía que ser una carrera de letras?
—Lo siento, no puedo evitarlo —se disculpó mientras sostenía su barbilla con dulzura, y le secaba las lágrimas con cuidado— Si no me provocases tanta ternura y tanto deseo, no te diría esas cosas —argumentó Kara sonriendo ampliamente.

Lena posó sus dedos sobre su mandíbula y la acarició, también su barbilla, terminando en sus labios.
—Dios, me encanta tu sonrisa —confesó Lena.
Si fue su tono de voz, o la forma en que la miraba con aquellos ojos verdes, no importaba. Las ganas de Kara se estaban despertando otra vez y Lena parecía complacida con ello.  
—A mí me encanta la forma en que me miras, como si pudieras leerme el alma…
La joven Luthor no se contuvo más, y se perdió en los labios de su chica, besándola con intensidad. La kryptoniana le devolvía cada beso, cada caricia, cada roce… Entonces, Lena se sentó encima de las piernas de Kara, apoyando los brazos sobre sus hombros. La postura era de lo más excitante para Kara, que quería volver a tocarla como antes.
—Esto molesta, ¿puedo? —preguntó señalando el lazo que cerraba su camisón.


—Por favor —invitó Lena mordiéndose el labio inferior.

Kara deshizo el nudo, y acarició sus pechos mientras seguían besándose. Lena se aferraba a su cuello, ahogando sus gemidos en la boca de su amante. Hasta que sintió la mano de Kara deslizándose sobre su muslo y le clavó sus ojos verdes. Una ligera sonrisa de la joven Luthor fue suficiente para que la kryptoniana consumara sus intenciones. Introdujo sus dedos en el sexo caliente y húmedo de Lena, que pareció agradecérselo con un beso rápido, y empezó a mover su mano, al tiempo que la joven Luthor se balanceaba sobre ella.


Pero, aunque sus movimientos aumentasen, sus miradas nunca dejaban de estar conectadas. Kara la miraba embelesada. Lena alcanzó el orgasmo y no le dio mucho respiro a la kryptoniana, cambiando los papeles y provocándole un segundo orgasmo. Parecían querer exprimir al máximo los minutos que tenían antes de que el día empezase en L Corp y en CatCo.
FIN TIERRA 38   
XXXXXX



TIERRA 40
El despertador ya había dado las siete de la mañana, pero Lena no tenía ningunas ganas de dejar la cama. No tenía fuerzas ni ilusión para empezar el día. Se volvió a encoger sobre sí misma, dejando escapar las lágrimas, como había hecho el resto de la noche, y la tarde de antes en el salón, después de hablar con Alex, que la había llamado para contarle que Kara 38 había dejado su mundo definivitamente. A Lena le había dolido que Kara no hubiera aparecido para despedirse, pero, por otro lado, la comprendía. Su ruego para que se marchara había sido muy firme, y, seguramente, Kara no quería hacerle más daño, imponiéndole una vez más su presencia.
«¿Qué estarás haciendo ahora, Kara? —se preguntó—, ¿habrás ido a ver a tu Lena?... ojalá que sí, os merecéis ser felices.»
La joven Luthor alzó la cabeza y buscó con la mirada hasta que dio con una foto de ella y su Kara. Se abrazaban, sonreían, eran felices.
—Nosotras también lo merecemos… maldita sea —farfulló entre lágrimas, estrujando la sábana con el puño—. ¿Nunca voy a recuperarte, Kara? —preguntó con amargura— Qué asco de inicio de semana —maldijo con rabia.
FIN TIERRA 40
XXXXXX



TIERRA 38
—Qué bonita manera de empezar la semana… —musitó Kara entre sonrisas, estirándose sobre la cama. Después se abrazó a Lena de nuevo y la besó en la mejilla. 


La joven Luthor cerró los ojos un instante, con la sonrisa en los labios.
—No podría estar más de acuerdo… estar contigo es… mágico —susurró.


—¿Qué has dicho, Lena, qué acabas de decir? —preguntó Kara incorporándose rápidamente.
—Que estar contigo es mágico —repitió.
—¡Rao! —exclamó alterada—, eres maravillosa, Lena, eres… ¡eres la mejor!
La besó con ímpetu, dejando a la joven Luthor completamente desconcertada.
—¿Por mis frases sensibleras? —sugirió entre risas.
—No era kryptonita roja, y el DEO no detectó ninguna otra sustancia extraña en Kara 40, porque no la hay.
—¿Qué quieres decir? —Lena también se incorporó en la cama, con su mente de ingeniera excitada.
—Además de la kryptonita, sólo otra cosa puede afectarnos a los kryptonianos, me lo explicó mi primo hace un tiempo… ¡la magia! —reveló de pronto.

—¿Insinúas que Kara 40 está bajo el efecto de algún hechizo mágico? —preguntó con el ceño fruncido.
—Eso explicaría por qué no pueden detectar nada, por qué nada encaja. Tengo que volver a Tierra 40 y decirles esto —afirmó Kara con resolución.
—Voy contigo —replicó Lena al momento.
—¿Cómo?
—No pienso volver a quedarme aquí sola, angustiada, esperando noticias tuyas, ni hablar.
—Lo siento, Lena, pero no permitiré que te pongas en peligro, si te pasara algo, yo… —Kara tomó su rostro—, después de lo que hemos compartido esta noche, ya no soy capaz de imaginar mi vida sin ti.
—Kara… —Lena estaba muy emocionada con sus palabras.
—Además, si te quedas, tendré el mayor de los motivos para regresar a casa sana y salva.

—Te odio, Kara Danvers… —musitó. Kara alzó las cejas, sonriendo con ternura— Realmente tienes un don para las palabras… —Kara sonreía, feliz de haberla hecho recapacitar— Pero no me has convencido, iré contigo.
Kara frunció el ceño, sorprendida.
—Pero, Lena… —trató de argumentar de nuevo, pero la joven Luthor la interrumpió.
—No pierdas tu tiempo, no me harás cambiar de opinión —aseguró poniendo cara de circunstancias.
Kara se debatía entre la ternura que le causaba el empeño de su chica, y la preocupación por el riesgo que suponía aceptar su decisión. Sin embargo, acabó rindiéndose ante la determinación de Lena. La abrazó con fuerza.
—Está bien, te llevaré conmigo —Lena exclamó un gritito de felicidad que la hizo sonreír—, pero con una condición.
—¿Qué condición? —exclamó Lena consternada.
—Que nos quedemos así cinco minutos más —dijo Kara.
Lena sonrió mirando al techo. Aquella chica increíble era capaz de emocionarla con sus palabras, capaz de impresionarla con sus artículos, de sobrecogerla con sus heroicidades como Supergirl… y además de todo eso, era su novia, todavía le costaba creer que fuera cierto. Que se preparase la Tierra 40, porque esta vez, Supergirl 38 iría bien acompañada. 

Kara y Lena se despidieron de todos en el DEO, y salieron al balcón principal, donde la kryptoniana abriría el portal para viajar a Tierra 40.
—Tengo que confesarte algo, Kara —dijo Lena por lo bajo.
—Dime —replicó Kara inqueita.
—Cuando te fuiste la segunda vez, yo… presioné un poquito a Winn para que me ayudase a comunicarme con el tal Cisco de la Tierra 1 y conseguir planos del extrapolador interdimensional… y empecé a trabajar en ello.
—¿Qué? —exclamó Kara.
—Luego hablé con Alex y Maggie sobre ello y me quitaron la idea de la cabeza, pero… después de lo que hemos compartido, ya no puedo dejarte ir sola, y mucho menos si vas a enfrentarte a algo que nunca antes has enfrentado, como es la magia —explicaba la joven Luthor—, tengo miedo de que te pase algo y no estar a tu lado, yo…
—Está bien, Lena —aseguró Kara con voz dulce mientras le cogía la mano—, es peligroso, pero yo tampoco quiero separarme de ti —Lena sonrió emocionada— ¿Preparada? —preguntó en cuanto el portal se abrió ante ellas.
—¿Contigo?, siempre —afirmó Lena con determinación. Y ambas cruzaron al otro lado.
FIN TIERRA 38       
XXXXXX


TIERRA 40
Cuando Alex y Maggie acudieron a la sala central del DEO, donde Kara y Lena las esperaban, no daban crédito.
—¡Kara, ¿has vuelto?! —exclamó Alex confundida— ¿habéis cambiado de opinión? —añadió, pensando que se trataba de la Lena de su mundo.
Maggie las miraba estrechando los ojos.
—Tú no eres nuestra Lena, ¿verdad? —afirmó la detective, apoyándose en sus muletas— Te ha causado impacto verme así.
—Chicas, dejad que os explique —pidió Kara.
Tras ponerlas al corriente sobre sus deducciones, Alex y Kara estuvieron de acuerdo en que Lena se quedase en el DEO mientras la kryptoniana iba a ver a Lena 40 a L Corp.
—¿Ves, cariño? —dijo Maggie cogiéndose al brazo de Alex—, nunca hay que perder la esperanza. —Su novia la miró con una sonrisa y la besó en la sien.
Lena no podía evitar mirarlas con cierto asombro, eran exactamente iguales a las Alex y Maggie de Tierra 38, y parecían compartir el mismo amor sincero.
XXXXXX



Lillian Luthor continuó con sus planes, y se personó en el despacho de su hija en L Corp. Después de darle un poco de conversación banal, dejó una pequeña caja sobre su mesa. Lena la abrió y contempló el anillo plateado con piedras verdes que había en su interior, ignorando el embrujo que Zatanna le había vertido. Después miró a su madre frunciendo el ceño.
—Es tu regalo de cumpleaños —exclamó Lillian con una sonrisa exagerada en el rostro.
—Quedan meses para mi cumpleaños —afirmó Lena desconcertada.
—Oh vaya, entonces debo haberme confundido con el cumpleaños de tu hermano, pero puedes quedártelo como regalo por adelantado —sugirió sin dejar de sonreír.
Lena se sintió invisible para su madre una vez más. Ni siquiera cuando se suponía que le regalaba algo era capaz de pensar en ella. Le dio las gracias por cortesía y la despidió con la excusa de que tenía una reunión en un rato. Lillian no se molestó en absoluto, marchándose de allí con un aire de satisfacción que inquietó a su hija.

A pocos metros de la puerta del despacho de la joven Luthor, Lillian se cruzó con Kara, que vestía como humana. Ambas mujeres se miraron unos instantes y después continuaron sus caminos. La kryptoniana pensó que aquella mujer nunca dejaría de darle mala espina, sin importar el mundo en el que estuviesen.
—Señorita Danvers, qué agradable sorpresa —saludó Jess—, ¿quiere que avise a la señorita Luthor de que está aquí?
—No hace falta, Jess, gracias.
Kara tocó a la puerta dos veces, escuchó la voz de Lena dándole permiso para entrar y cruzó el umbral, cerrando tras ella. Cuando Lena alzó sus ojos verdes de los documentos que tenía en la mesa, se quedó conmocionada.
—Kara… —No se confundió como la primera vez. Reconoció la mirada azul de la Kara de Tierra 38—, ¿qué estás haciendo aquí?
—Hola Lena —contestó con voz suave. Volver a verla no la dejaba indiferente.
—Alex me aseguró que te habías marchado… —pronunció Lena poniéndose de pie— tú misma me prometiste que te irías para no volver —añadió con gesto severo.
—Lo sé… y siento no haber cumplido mi palabra, pero yo…
—¿Qué lo sientes? —replicó Lena alzando la voz— Pensé que tenías honor y palabra, Kara.
La kryptoniana se sintió dolida ante aquellas duras palabras.
—No lo entiendes, Lena, he vuelto por una razón muy importante —trataba de explicar.
—¿Cómo quieres que te diga que ya no puedes hacer nada más por nosotros? —exclamó Lena perdiendo la paciencia— ¡Quiero que te marches ahora mismo, y que no vuelvas nunca más! —mintió.
Una mezcla de sentimientos la había sobrecogido al ver a Kara frente a ella. El miedo a volver a sufrir era intenso, pero también había experimentado esperanza, y cierta felicidad por volver a tenerla cerca. Sin embargo, el miedo y el dolor pesaban más, y dominaban sus palabras.

—Creo que he descubierto lo que le sucede a tu novia, Lena, por eso he regresado —afirmó Kara con seriedad.
—¿Lo has descubierto en sólo unas horas y estando lejos de aquí? —contestó Lena incrédula y agobiada con la posibilidad de que Kara se quedase allí otra vez— No quiero más falsas esperanzas, Kara, no puedo más —confesó.
—¿Por qué no me dejas explicarte primero y después decides si merece la pena mi teoría? —sugirió Kara—  Te rindes muy pronto, Lena Luthor —acusó de repente.
—¿Qué? —Lena se quedó sorprendida ante la afirmación de la kryptoniana, que ahora la miraba con cierto desdén impropio de ella.
—Deberías mostrarte más agradecida conmigo, podría haberme quedado en mi mundo y haberos abandonado a vuestra suerte, pero he vuelto —reprochó con frialdad.
—No me gusta tu actitud —admitió Lena con cierta molestia—, dime lo que tengas que decirme y vuelve a Tierrra 38.

 —¿Mi actitud?, ¿y qué hay de la tuya? —Habían pasado más de dos minutos, y el embrujo del anillo comenzó a afectarla— Me pediste que me quedase, que fingiera ser tu novia, que viviera contigo, que cogiese tu mano y besase tus labios y cuando ya no quisiste seguir con eso, me mandaste a mi casa… Las cosas no se hacen así, Lena.
La joven Luthor sintió un escalofrío recorrer su espalda. Aquella no parecía Kara, sino una versión maligna de ella, ¿qué había desencadenado el cambio? No podía estar pasando otra vez.
—Dios mío, Kara, ¿qué te ocurre? «Por favor, tú también no».
—¿A mí?, ¿qué te ocurre a ti?, ¿desde cuándo eres tan egoísta? —acusó alzando la voz— Tuve la oportunidad de largarme a mi mundo hace tiempo y no volver nunca, pero regresé para seguir ayundándote, ¡he regresado tres veces!, ¿y tú me mandas a mi casa sin más? ¿Sabes que llegué a plantearme la posibilidad de estar contigo si me quedaba aquí atrapada? —confesó Kara. La proximidad del anillo sacaba de ella lo más profundo y auténtico, pero en su versión más oscura, deprimente e insensible.
—Kara, no sigas por ahí, por favor… no eres tú misma… —dijo Lena retrocediendo un par de pasos ante el avance de la kryptoniana, que acortaba distancias sin parar.
—¡Claro que lo soy! —Kara se quitó las gafas y las destrozó con el puño— ¡Soy tu Supergirl de repuesto, ¿no me reconoces?! —bramó.

Lena pensaba tan rápido como podía mientras procuraba mantener distancias con Kara, que seguía hablando de manera desagradable, caminando por el depacho. ¿Qué había pasado?, ¿qué era diferente para que Kara de pronto hubiese cambiado? Entonces, sus ojos dieron con la cajita sobre su mesa. La abrió y observó que el anillo refulgía especialmente. Kara también lo miró, y su mirada celeste se oscureció.
—¡Es el anillo! —comprendió Lena de inmediato.
—¡Dámelo, Lena! —demandó Kara con rudeza.
—¡Ni hablar! —replicó y llamó a gritos a su secretaria, que acudió al instante.
Lena le entregó la cajita y le rogó que se la llevase a los sótanos de L Corp. Jess obedeció, y en cuanto abandonó el despacho, Lena se volvió hacia Kara, que parecía desconcertada y un poco mareada y se sentó en el sofá.
—¿Estás bien? —Lena apoyó su mano en el hombro de Kara.
—Lo siento, no sé qué me ha pasado, no podía parar de decir esas cosas —declaró arrepentida.
—Lo sé, no te preocupes ahora por eso… a mi novia le sucedió lo mismo. Ha sido el anillo que mi madre me trajo, tendría que haberme dado cuenta antes —se lamentó— Quería trastornarte como trastornó a mi Kara, pero no es kryptonita roja, ¿qué demonios tenía ese anillo?
—No fuisteis capaces de detectarlo en el DEO, porque no disponéis de nada capaz de detectar la magia, aunque me extraña que el doble de mi primo no lo sugiriese, ¿o es que acaso no conoce nuestra debilidad? —se preguntó apartando la mirada—, tendría sentido si jamás se ha enfrentado a  ningún villano que se valiese de la magia.

—¿Magia? —repitió Lena.
—Sí, Lena, ha de tratarse de algún tipo de magia, porque sólo eso y la kryptonita nos afecta —explicó Kara—, ¿recuerdas de algún otro objeto que acabase cerca de tu novia hace unos meses?, ¿algo que pudiera haber actuado como este anillo conmigo?
—Creo que sí… maldita sea.
Lena recordó los colgantes que Lillian les había regalado a ella y Kara meses atrás, con motivo del año que llevaban juntas como pareja, para demostrarles que aceptaba su relación, aunque no terminase de gustarle. Kara, bondadosa e ingenua como era, creyó en las palabras de su suegra y se puso el colgante para limar asperezas con ella, pero empezó a comportarse de manera extraña enseguida. Lena no asoció en ningún momento su cambio con el colgante. Tampoco sospecharon en el DEO, cuando lo analizaron, pues no detectaron ningún material ajeno a la Tierra. Sin embargo, volvió a su mente el momento en que quisieron quitárselo, como el resto de cosas personales, no iba a necesitarlas en la celda de confinamiento. Kara se mostró reacia a entregarlo, y logró quedárselo.
—Quítese el colgante, Supergirl —pidió un agente del DEO.
—El colgante… ¿y luego qué?, ¿también he de entregaros la ropa interior?, ¿tengo que llevar braguitas del DEO? —se burló la kryptoniana.
—Dejadla ya —dijo Alex. Kara sonrió con maldad. Había logrado su objetivo, no separarse del colgante, que ejercía sobre ella una atracción irresistible, además de convertirla en un ser despreciable.

—Siento mucho haberte recibido así, Kara… me impactó volver a verte aquí.
—No tienes que disculparte, sé lo mucho que te afecta, y no habría vuelto si no fuera por lo que descubrí.
—Lo sé, y te lo agradezco de corazón —aseguró Lena con una sonrisa—, después de meses de angustia, por fin veo una posibildiad real de recuperar a mi novia.
—Lo conseguiremos, Lena. —Kara le devolvió la sonrisa mientras dejaba el sofá—. Por cierto, esta vez no he venido sola, Lena me ha acompañado.
—¿Mi doble de Tierra 38? —exclamó emocionada.
—Sí, bueno… ella y yo… pasaron cosas entre nosotras… —Kara hablaba con torpeza, con las mejillas encendidas. Lena sintió ternura— Y no ha querido separarse de mí.
—No puedo culparla —dijo con una sonrisa sincera—. Ahora tengo que ir a hablar con mi madre —informó—, he de asegurarme de que todo esto es cosa suya, y obligarla a decirme cómo solucionarlo. No quiero llevarme sorpresas de última hora.
—Tienes razón, debemos conocer bien el tipo de magia de que se trata, y saber hasta qué punto afecta y cómo combatirla —apoyó Kara—, iré contigo, Lena, no me fío de Lillian, no quiero que te pase nada malo.
—Gracias, Kara —La joven Luthor le cogió la mano y le dio un ligero apretón.
Ambas sintieron calidez con aquel contacto. A pesar de las circunstancias y de lo que pudiera suceder, se importarían siempre.
—Mejor si voy como Supergirl, ya no tengo las gafas de Kara Danvers —se lamentó.
—Te compraré unas nuevas si las necesitas, pero mejor si vamos volando, no quiero perder un minuto más —manifestó Lena—, aunque espero que nos dé tiempo a que me cuentes esas cosas que han pasado entre Lena y tú —afirmó con una sonrisa pícara.
—¿Eh? —Kara reaccionó ruborizándose otra vez y Lena rio.
XXXXXX



Tenía la intención de hacer caso a Alex Danvers, de verdad que sí, pero Lena no pudo seguir sentada en aquella silla sin hacer nada. Se aseguró de que Alex y Maggie no estuvieran cerca, seguro que tratarían de disuadirla, y se hizo pasar por Lena 40 cuando le hizo falta para acceder a la planta inferior, donde se encontraba la celda de Kara 40. No había ningún peligro, la kryptoniana estaba encerrada y sus poderes anulados gracias a la radiación verde. Pero quizá si la veía, si se acercaba a ella, podría descubrir algo que les ayudase a recuperarla. Quería colaborar, y se había vuelto un poco más temeraria desde que estaba enamorada de Kara.
«Es culpa del amor —pensó sonriendo—, me impulsa a hacer cosas nuevas.»
Recordó algunos instantes vividos sólo horas antes con Kara y suspiró. La sangre parecía correr más rápido por sus venas. Amar a Kara la había colmado de seguridad, fuerza, valor… y le encantaba la sensación.

Saludó al agente que custodiaba la celda, y le pidió que se retirase unos metros. El hombre inclinó la cabeza y obedeció. Cuando miró el vidrio y la vio, se quedó de piedra. Era exactamente igual que su Kara, excepto por su mirada, que parecía teñida de sombras. La kryptoniana sonrió ampliamente al verla, no esperaba la visita de su novia, dado como terminó la anterior.

—Esto sí que no me lo esperaba —admitió Kara 40 con diversión—, se marcha Supergirl 38 y nos manda a su novia.
Lena seguía callada, le había sorprendido lo rápido que se había dado cuenta de que no pertenecía a Tierra 40.
—¿O es que esa maldita usurpadora también ha vuelto? —preguntó Kara 40—, ¿se te ha comido la lengua el gato, Lena 38? —insistió, apoyando las manos sobre el vidrio.
—¿Cómo has sabido quién soy? —preguntó la joven Luthor.
—No hay desesperación en tus ojos —afirmó Kara 40—, tan sólo una intensa curiosidad por lo que tienes delante.
—Eso es cierto.
Kara 40 sonrió de nuevo.
—Estupendo, porque yo también siento curiosidad por ti, Lena de la Tierra 38 —replicó la kryptoniana con la mirada encendida.

CONTINUARÁ…

25 jun. 2017

"Tierra - 40" (Supercorp) cap 18



¡Hola a todos!, siento mucho mi prolongada ausencia y no haber podido contestar a vuestros comentarios, aunque los he leído todos, como siempre, y me han hecho muy feliz. Después de semanas de mucho ajetreo, por fin puedo publicar el nuevo capítulo, espero que os guste ;)




CAPÍTULO 18
 
Lena la estaba llamando. Aquella hermosa mujer le pedía que se acercase a ella y Kara comenzó a dar pasos casi sin pestañear, mientras sus ojos azules se llenaban de la joven Luthor. Su camisón tenía manga francesa y terminaba a mitad del muslo. No tenía botones, se cerraba con un lazo negro que llevaba atado por delante del cuello, de manera que la abertura iba creciendo conforme bajaba la prenda, exponiendo cada vez más piel. Kara tragó saliva. Su tela semitransparente dejaba vislumbrar perfectamente las curvas de su cuerpo y su lencería negra con encaje. La kryptoniana no estaba acostumbrada a sentir calor, pero algo dentro de ella comenzaba a arder.
—Me gusta la música que has elegido, me encanta este disco de Banks, ¿bailamos? —propuso Lena cuando tenía a Kara a dos pasos de ella.
—Vale —logró contestar. 

Lena tomó las manos de Kara y las guio hasta su cintura, se acercó un poco más a ella, hasta que sus cuerpos se rozaron, y comenzó a contonearse suavemente al ritmo de la canción “Fuck Em Only We Know”. Kara la imitó, le gustaba mucho bailar, y hacerlo con Lena entre sus brazos era como un sueño hecho realidad. La joven Luthor acortó el escaso espacio entre las dos, y apoyó su cabeza sobre el hombro de Kara, mientras ambas seguían moviéndose despacio. Aquella proximidad le permitió notar los acelerados latidos de su corazón.
—¿Estás nerviosa, Kara? —preguntó en un susurro.
—Un poco… —confesó la kryptoniana. Esta vez no había motivos para parar, llegaría hasta el final con Lena Luthor, no tenía que reprimirse, y eso era algo nuevo para ella.
—Yo también —admitió Lena con una sonrisa sincera—, vamos con calma.

Lena se echó un poco hacia atrás, separándose de Kara, y buscó sus manos. Entrelazó sus dedos con los de su chica y buscó sus ojos del color del cielo. Los encontró, y también su dulce sonrisa. No tenían ninguna prisa, la noche era para ellas. Se dedicaron tiernas caricias en las manos, las muñecas y los brazos sin dejar de mirarse a los ojos. No podían dejar de sonreír. Después, Lena dio un paso más, soltó las manos de Kara y le retiró las gafas con delicadeza, rozando su rostro con los dedos. A Kara le pareció sensual, pero es que, todo lo que hacía Lena Luthor desde que había salido del baño le parecía sensual.
—Creo que no estamos en igualdad de condiciones —musitó Lena sin mirarla a la cara. Entonces tiró un poco de su camisa para sacarla del pantalón. Kara rio un poco nerviosa y trató de desabotonar la prenda, pero sus manos estaban torpes.
—¿Te ayudo con eso? —preguntó Lena con comprensión. Kara asintió en silencio varias veces.
—¿Por qué me siento como si no hubiera estado con nadie antes? —exclamó Kara.
—¿Porque soy especial? —sugirió Lena, sonriendo tímidamente.
—Sí, tiene que ser eso —afirmó Kara, embobada por la belleza de su rostro.

No sabía qué le resultaba más erótico, si las manos de Lena desabotonando su camisa lentamente o su generoso escote, provocándola sin piedad alguna. La joven Luthor no desaprovechó la oportunidad cuando le quitó la camisa, deslizándola por sus hombros y sus brazos, y paseó sus manos sobre ellos, disfrutando de los tonificados músculos de la kryptoniana. Su sujetador era de color blanco y estilo deportivo, Lena sonrió al verlo, una prenda perfecta para la heroína de National City. Se abrazó a Kara con fuerza, de manera que pudieron sentir sus estómagos unidos sin ropa de por medio. Kara emitió un jadeo, Lena suspiró.
—Tenía tantas ganas de tenerte así, Kara… —musitó en su cuello antes de besarlo. Kara volvió a jadear con los ojos cerrados.
—No eras la única con estas ganas, Lena —aseguró Kara, recomponiéndose y reclamando el control antes perdido.
Sus manos se colaron por debajo del camisón, acariciando la suave piel de la cintura y la espalda de Lena, haciéndola gemir ligeramente.
—Veo que mi camisón ha logrado su objetivo —dijo Lena de pronto. Kara la miró frunciendo el ceño—, que te mueras por quitármelo —añadió con una sonrisa demasiado seductora. Kara también sonrió, sorprendida, encantada y excitada.
—Así que ahora es mi turno —afirmó la kryptoniana. Lena levantó una ceja como única respuesta. Kara rio y apartó la mirada un momento, cuando volvió a mirar a Lena, pudo leer en su rostro expectación y las mismas ganas que sentía ella.

Deshizo el lazo negro que lo cerraba, y abrió el camisón, tenía ante sus ojos a Lena Luthor en ropa interior, la imagen no podía ser más atractiva, ni la situación más increíble. Todo las experiencias íntimas que Kara había vivido antes de aquella noche, empalidecían al compararlas, y eso que todavía no habían hecho nada. Tal era el amor y el deseo que sentía por aquella mujer.

Kara empezó a acariciar los brazos de Lena con las yemas de sus dedos, depositando también pequeños besos. Iba subiendo hacia sus hombros, después recorrió sus clavículas. Lena cerró los ojos y su respiración empezó a alterarse cuando sintió los dedos de Kara sobre la zona superior de sus pechos. La kryptoniana tenía los labios ligeramente separados y no perdía detalle del movimiento ascendente y descendente de aquella parte de su anatomía. Deseaba hacer lo que no pudo hacer la noche que tuvieron que parar, ahora ya no había límites, no mientras la luz roja inundase la habitación. Aun así, Kara titubeó, y Lena supo que necesitaba su permiso. Curvó los labios en una sonrisa y asintió.

Las manos de Kara se posaron sobre la cintura de Lena, y ascendieron sin dejar de tocar su piel, hasta atrapar sus pechos, todavía ocultos bajo el sujetador, haciéndola gemir. Fue lo máximo que Kara pudo soportar, y se abalanzó sobre Lena para besarla con intensidad.
—Creía que no me ibas a besar nunca —señaló Lena con la respiración acelerada.
—Es que me daba un poco de miedo —confesó Kara.
—¿Por qué? —preguntó la joven Luthor intrigada.
—Porque sabía que si te besaba, ya no podría parar hasta llegar al final —reveló la kryptoniana—, nunca me había pasado esto, contigo pierdo por completo la razón.
Lena suspiró agitada ante aquellas palabras.
—Oh Lena… —volvió a besarla, perdiéndose en su boca, mientras sus manos se apoderaban de su espalda y de sus pechos.

—Qué impetuosos sois los kryptonianos… —pronunció Lena con dificultad, mientras tomaba aire y le colocaba a Kara un mechón de cabello rubio detrás de la oreja— No me extraña que Lois esté loca por Clark.
—¿Sabes que Clark es Superman? —exclamó Kara con sorpresa.
—En realidad… lo supe hace años. Fue otro de los motivos que me hicieron pensar que tú eras Supergirl cuando os vi juntos en mi despacho. Tenéis los mismos ojos azules de mirada limpia y noble.
—Pero, ¿por qué eres tan lista? —Kara sostenía el rostro de Lena entre sus manos, y besó sus labios—, y tan guapa, y tan sexy… —Volvió a besarla.

Lena se rio y después se quedó en silencio, contemplando a Kara, que también la miraba con toda su atención. Perdida cada una en los ojos de la otra, conscientes de lo que estaba a punto de pasar entre ellas. Empezaron a acercarse despacio, sus labios se rozaron, sus estómagos se encogieron, y sus corazones latían cada vez más rápido. El calor que Kara había creído sentir era ya una sensación demasiado real, y todo por culpa de Lena. Un deseo ardiente se iba apoderando de su cuerpo cada vez que sentía los labios de Lena rozar los suyos, su lengua jugar con la suya, sus manos acariciar su piel… Y se abandonó a aquel deseo irrefrenable y a sus intensos sentimientos por la joven Luthor. Necesitaba amarla con algo más que su corazón. Necesitaba amarla con su cuerpo.

En un repentino impulso, Kara levantó en brazos a Lena, con intención de llevarla a la cama.
—¡Qué fuerza tienes, Kara! —exclamó Lena asombrada—, quizá calculé mal la intensidad de la radiación roja.
—No, Lena, lo hiciste bien —aseguró la kryptoniana—, es que estoy en forma, recuerda que llevo más de un año entrenando para el combate.
—Eso es verdad… —admitió estremeciéndose por la fuerza inesperada de su amante.
Kara dejó a Lena sobre la cama con cuidado y se quitó los zapatos y los pantalones, quedando completamente en ropa interior. Después se colocó sobre su chica, dejándose caer sobre su cuerpo con un sensual movimiento. Lena no pudo contener un gemido al sentirla por fin encima. Kara no era la única que necesitaba expresar sus sentimientos físicamente. Atrapó el rostro de la kryptoniana y besó sus labios. Kara no tardó ni un instante en responder a su beso, y acompañaba cada nuevo roce de sus bocas con el movimiento de todo su cuerpo, que se balanceaba sin piedad sobre el de Lena, provocando intensas sensaciones en ambas.

La piel suave y blanca de Lena estaba cada vez más caliente, y sus latidos más acelerados. Kara no necesitaba poderes especiales para sentir a su chica, eran sensaciones demasiado evidentes… y adictivas, que hacían que la kryptoniana todavía se moviera con más entrega, aprovechando que sus piernas estaban entrelazadas. Seguían besándose en la boca, en el cuello, en los hombros… jugando con sus labios y sus lenguas, mientras el calor aumentaba y ambas comenzaban a jadear. Por un momento, Kara no pudo contenerse, y movió su muslo contra el sexo de Lena. La joven Luthor empezó a temblar con cada suave embestida, aferrándose a la espalda de Kara. Pero era el camino más rápido, y Kara todavía tenía cosas que hacer antes de llegar ahí. Dejó de moverse y Lena la miró con reproche, hasta que la kryptoniana le habló.
—Quiero verte —dijo alzando las cejas, a modo de súplica.

Entonces pasó sus manos por debajo de su cuerpo, buscando el cierre de su sujetador. Lena sonrió y se removió un poco para facilitarle el acceso. Una vez desabrochado, Lena volvió a apoyar su espalda en la cama, y Kara fue deslizando los tirantes muy despacio, mientras no dejaba de mirarla a los ojos. Lena levantó los brazos, y la kryptoniana pudo liberarla de la prenda. La arrojó a un lado y se irguió sobre el colchón para contemplarla con comodidad, mientras Lena la miraba expectante. Lo lamentó de inmediato, pues aquello intensificó sus ganas, así se lo indicaba la necesidad que palpitaba entre sus piernas. Respiró hondo y expresó sus pensamientos con sinceridad.
—Oh Rao, Lena… eres el paraíso —musitó.
—¡Y tú una exagerada! —Lena se tapó los ojos, estaba abrumada. Kara le cogió las muñecas con suavidad y le apartó las manos del rostro.
—Es la verdad, Lena, eres más hermosa que las lunas de Krypton, y eran mi paisaje favorito —aseguró con ternura. Lena sonrió, visiblemente sonrojada, huyendo de sus ojos azules— No sé ni por dónde empezarte —añadió.
—¡Serás tonta! —exclamó Lena abrazándose a su cuello para ocultar su rubor— Bésame —susurró en su oído, y Kara obedeció.

La kryptoniana buscó su boca, pero no se entretuvo demasiado tiempo allí, necesitaba atender el resto de su cuerpo. Empezó a acariciar con los dedos cada centímetro de su piel para besarla después con delicadeza, mientras le susurraba dulces palabras y le dedicaba miradas fugaces cargadas de amor. Lena sentía que le faltaba el aire, no sólo por la excitación física, que no dejaba de aumentar, sino también por cómo Kara la estaba haciendo sentir por su forma de tocarla, de besarla, de mirarla y de hablarle. Jamás se había sentido tan hermosa ni tan especial como en aquellos momentos.
—En tus brazos, me siento como si fuera la criatura más valiosa del planeta —murmuró Lena con sus dedos enredados en los cabellos rubios de Kara. Ésta alzó la cabeza, la miró y sonrió.
—Es que eso eres para mí… Lena… —pronunció su nombre en un tono profundo que la sacudió entera.

Pero Kara no le concedió tiempo para recomponerse, lamió uno de sus pechos, mientras una de sus manos jugaba con el pezón del otro. La joven Luthor iba de sobresalto en sobresalto, pero no podía disfrutarlo más, y sus gemidos la delataban. Sin embargo, no estaba dispuesta a seguir en desventaja.
—Yo también quiero verte —reveló Lena.
Kara detuvo sus besos y le dedicó una sonrisa. Entonces, se irguió hasta apoyar las rodillas a los lados de sus caderas. Se llevó las manos a la espalda, abrió el cierre del sujetador, y deslizó lentamente los tirantes sobre sus hombros. Primero uno, luego el otro, deleitándose con el deseo que veía arder en los ojos verdes de Lena. Sus pechos eran más pequeños, pero de bonita forma y Lena no pudo aguantarse. Rodeó la cintura de Kara y tiró de ella al tiempo que se levantaba lo suficiente para que su boca pudiese alcanzar su objetivo. Tenía que besarlos, tenía que lamerlos, tenía que demostrarle cuan hermosos le resultaban. La kryptoniana no tardó en reaccionar a sus atenciones con jadeos y gemidos.

No tardaron en volver a tumbarse sobre la cama, con Kara encima de Lena, besándose y acariciándose cuanto podían. Roces de pechos y de muslos desnudos. Corazones desbocados. Deseo incontrolable. Sus ganas estaban tan encendidas, que ya no necesitaban decirse nada. Bastaba con sus miradas y las reacciones de sus cuerpos.

Lena separó las piernas, incitando a Kara a acercarse aún más. La kryptoniana no dudó en aceptar tal invitación. Se colocó entre sus muslos y se dejó caer sobre ella. Lena jadeó al sentir cómo sus sexos quedaban unidos.  Kara comenzó a moverse sobre ella, en un tórrido baile de caderas al que Lena se unió de inmediato. Intercalaban gemidos y besos, mientras sus cuerpos, cada vez más calientes, pedían más y más. La joven Luthor fue la primera en actuar al respecto, agarrando las nalgas de Kara, y apretándola aún más contra su sexo. La kryptoniana entendió su necesidad y coló una mano entre sus cuerpos, de manera que podía rozar a Lena por encima de su ropa interior.

El intenso jadeo de Lena la animó a seguir. Ardía entre sus piernas, y Kara no pudo aguantar más, su mano esquivó la barrera de la ropa y alcanzó al fin el sexo húmedo y caliente de su amante. La kryptoniana estimuló el centro de Lena mientras seguía meciéndose sobre su cuerpo. Los gemidos de la joven Luthor aumentaron hasta que alcanzó el primer orgasmo. Kara la contemplaba embelesada, qué hermosa estaba Lena con las mejillas sonrojadas, la boca entreabierta tratando de recuperar el aliento, y los ojos cerrados. Se inclinó sobre ella y la besó en los labios. Lena abrió sus ojos verdes y la miró con amor. Se sonrieron.

Entonces, Kara se irguió, apoyada sobre sus rodillas, todavía entre las piernas de Lena, y apoyó sus manos sobre su estómago, bajando en una caricia hasta el límite de su ropa interior. Alzó la cabeza y buscó la mirada de Lena.
—Tienes muy buen gusto… pero me urge ver lo que esconden, compréndeme —confesó Kara. Lena sonrió y asintió con cierto rubor.
La kryptoniana se echó un poco hacia atrás, deslizó la ropa interior sobre su piel, y con ayuda de Lena, la liberó de la última prenda que ocultaba su desnudez. Lena tenía las piernas unidas y en posición vertical con respecto a la cama. Kara posó sus manos sobre las rodillas de la joven Luthor y tiró de ellas hacia los lados.
—Ábrete para mí… —rogó Kara con ternura.

Lena obedeció sin rechistar, y se mordió el labio inferior, ansiosa por lo que sabía que venía a continuación. Las manos de Kara empezaron a moverse desde las rodillas hacia las ingles. La kryptoniana se inclinó para acompañar las caricias de sus manos con besos. Cuando se encontró con su sexo, sonrió con satisfacción.
—Veo que me estabas esperando —musitó.
Lena se estremeció al notar su cálido aliento sobre su intimidad. Necesitó agarrarse a la sábana en el momento en que Kara empezó a besar y lamer sus pliegues y su centro. Sus atenciones se intensificaban al ritmo que Lena gemía, no habría tardado nada en volver a alcanzar la cima. Pero Kara se detuvo y Lena abrió los ojos, desconcertada.

Sintió cómo la kryptoniana se movía por encima de ella hasta alcanzar su rostro. Una de sus manos acarició la cara interior de su muslo y acabó sobre su sexo. Entonces, sintió el beso de sus labios impregnados de su propia esencia, la mirada llena de amor de sus ojos azules y sus dedos invadiendo su cuerpo. Kara empezó a mover su mano, primero despacio, sin dejar de mirarla en ningún momento.
—Lena…
—¿Qué? —logró pronunciar Lena.
—Te quiero… —afirmó Kara. Los ojos verdes de la joven Luthor brillaron de emoción.

 
Empezó a jadear y a gemir y Kara aceleró el movimiento de las embestidas, acompañándolas del impulso de todo su cuerpo. Kara intercalaba besos y sonrisas, y seguía mirándola fijamente, no quería perderse detalle de todas sus sensaciones, Lena era muy expresiva. Cuando volvió a morderse el labio inferior, la kryptoniana supo que podía aumentar la intesidad, los hermosos sonidos que escapaban de sus labios confirmaban sus pensamientos.

Sin embargo, Kara titubeó un momento, no quería hacerle daño si empleaba más fuerza. A pesar de la radiación roja, no podía evitarlo, llevaba la mitad de su mitad conteniendo su fuerza con los humanos. Lena advirtió sus dudas y llevó su mano hasta el rostro de la kryptoniana, logrando captar toda su atención.
—Quiero más, Kara… —pronunció con aquella voz afectada que la removió entera— No tengas miedo, no me voy a romper —aseguró, para terminar con su indecisión.
Kara respiró hondo y dejó de lado todo lo que no fuera darle a Lena lo que le pedía. Retomó las embestidas con mayor intensidad, mientras su mano libre se entrelazaba con los dedos de la joven Luthor, apretando de manera intermitente, al ritmo de sus cuerpos.


El torrente de placer que recorría a Lena era tal que no pudo más y, sin dejar de gemir, se abrazó con fuerza al cuello de Kara, su orgasmo no se hizo esperar.
—Yo también te quiero… —musitó exhausta contra su cuello, antes de desplomarse sobre la cama.

Lena no tardó demasiado en recomponerse y se colocó sobre Kara, que no se opuso. Ahora le tocaba a ella disfrutar de la kryptoniana y su cuerpo venido de las estrellas. Besó sus labios, su cuello, sus hombros, sus pechos… haciéndola temblar y suspirar, y llegó hasta su estómago y sus abdominales de acero, momento en que alzó la cabeza para contemplarla mejor.
—Dios… eres perfecta. —Kara se ruborizó de manera evidente y apartó la mirada, pero fue capaz de replicarle.
—¿Y me lo dices tú? —Sus palabras hicieron sonreír a Lena, pero no la permitió seguir por ahí, ahora mandaba ella.

La joven Luthor se agachó otra vez y rozó con sus labios y su lengua el contorno de su ombligo. La respiración de Kara se había acelerado. Lena buscó su rostro y le dedicó una mirada cargada de deseo y devoción. El corazón de Kara se aceleró. Entonces, los dedos de Lena cogieron la goma de su ropa interior para quitársela y Kara detuvo sus manos.
—No tienes que hacerlo, Lena… nunca lo has hecho antes, no hay ninguna prisa.
—¿Pretendes decirle a una Luthor lo que tiene que hacer? —replicó alzando una ceja con diversión— Necesito devorarte ahora mismo.
Kara gimió al escucharla y se rindió inmediatamente a ella. Lena le hizo el amor con la boca, deleitándose al máximo viendo cómo Kara se estremecía de placer con las caricias de su lengua y de sus labios. Se sintió poderosa por ser capaz de trastornar de aquella forma a la mismísima Supergirl. Si su madre pudiera verla en aquel instante, seguro que se habría muerto del impacto. Sonrió con maldad y se arrastró sobre el cuerpo de Kara, haciéndola gemir de nuevo hasta clavarle sus ojos verdes.
—También voy a hacerte mía —prometió—, y creo que no soy la única que lo desea —añadió, sintiendo en su mano el calor y la humedad entre las piernas de Kara.

Se aferraba a la espalda de la joven Luthor con las manos, pero sin causarle el más mínimo daño. Sus gemidos eran constantes y muy seguidos, y Lena no lograba entender por qué  su orgasmo parecía retrasarse, hasta que recordó lo que la kryptoniana le había contado aquella noche. Se estaba reprimiendo, como cuando la poseía a ella, y entendió que le sucedía de manera inconsciente, no lo podía evitar después de tantos años moderándose para todo. Por eso no llegaba a hacerle daño en la espalda, por eso no terminaba de liberarse.  Pero Lena quería ayudarla a superar aquella situación, y no dejaría de intentarlo, cada vez que tuviese la ocasión.
—Kara… déjate llevar… —susurró Lena en su oído— No tengas miedo…
—Lena, yo no sé… —balbuceó.
—Mi amor, no te contengas más… —musitó Lena mientras intensificó las penetraciones y las caricias en su centro.  


Kara gimió más intensamente, se avivaron sus sensaciones en todo el cuerpo y, finalmente, cruzó la línea de no retorno. Ya no podía frenarlo más. 


Hizo caso a su amante, se dejó ir, quebrándose su voz cuando alcanzó la cumbre, y clavándole las uñas. El ligero dolor en su espalda y las contracciones del sexo de Kara alrededor de sus dedos manifestaban que había sido de verdad. Lena sonreía dichosa. Qué extraña y maravillosa sensación, tener a la invencible chica de acero temblando entre sus brazos después de su intenso orgasmo, el primero que había vivido acompañada. Cuando levantó la cabeza, observó el rostro de Kara y descubrió una lágrima deslizándose por su mejilla. La kryptoniana miraba el techo de la habitación en silencio.
—Kara… —pronunció con voz dulce. Después besó su mejilla, secando su lágrima y se abrazó a ella, apoyando la cabeza sobre su pecho.
—Gracias, Lena —dijo Kara , todavía conmocionada por lo que acababa de vivir.
Rodeó a Lena por los hombros y la apretó un poco más contra su pecho. La joven Luthor cerró los ojos, centrando su atención en los latidos de Kara, que poco a poco se estaban calmando.
—Ha sido la mejor primera vez de mi vida… —admitió Kara— Yo nunca…
Iba a seguir hablando, pero Lena posó un dedo sobre sus labios, haciendo que callase.
—Lo sé, Kara, no necesitas decir nada más… —Sonrió— Quiero dormir en tus brazos.
Kara suspiró, sintiéndose inmensamente feliz y también cerró los ojos.

CONTINUARÁ…

4 jun. 2017

"Tierra - 40" (Supercorp) cap 17



CAPÍTULO 17
TIERRA 38
El agua de la lluvia en su rostro se confundía con sus lágrimas. Lena se acercó a ella hasta poder abrazarla, mientras acariciaba sus cabellos mojados con ternura.
—No digas eso, Kara, estoy segura de que has hecho todo lo que has podido —dijo la joven Luthor tratando de consolarla.
—Sí, pero sólo ha servido para empeorar las cosas… —musitó Kara derrotada.
—¿Por qué? —preguntó Lena separándose un poco de ella.
—Tengo que contártelo todo —señaló Kara mirando sus ojos verdes. Lena se inquietó un poco, ¿acaso había pasado algo grave?, pero apartó la idea de su cabeza, debía estar serena para poder animar a Kara.
—De acuerdo —Le secó las lágrimas de los ojos con los pulgares—, pero primero quítate este traje, que estás empapándome la moqueta —exclamó con una media sonrisa.
—Oh, claro, lo siento —dijo apurada, con un gesto mucho más propio de Kara Danvers. A Lena le conmovió.
—Tranquila, bromeaba, ahora mismo, mi moqueta me importa poco, y aunque sé que no puedes enfermarte por coger frío, creo que estarás más cómoda con ropa seca.
—Sí, eso es cierto, iré a mi apartamento a cambiarme —replicó Kara más relajada.
—No hace falta —exclamó Lena—, ¿recuerdas que me pediste que te guardase tu ropa, la noche que me confesaste tu identidad secreta? —añadió con una dulce sonrisa.
—Sí.
—Te prepararé la ducha del cuarto de invitados —anunció mientras salía del salón.

Kara permaneció allí, de pie, hasta que escuchó a Lena llamarla. Después se dio una ducha con agua caliente que la ayudó a calmar un poco su desasosiego interior, se vistió con la camisa y los pantalones y se puso las gafas, más por costumbre que por necesidad, pues Lena ya sabía que veía mucho mejor que cualquier ser humano.
—¿Te sientes mejor? —preguntó la joven Luthor sentada en el sofá.
—Sí, gracias, Lena.
—Ven, siéntate y cuéntame todo lo que quieres contarme —sugirió. Kara tomó asiento a su lado y empezó a hablar.
—He dejado Tierra 40 para siempre, no volveré más, pero las cosas allí siguen sin solucionarse —explicó.
—¿Entonces, por qué no volverás? —cuestionó Lena llena de curiosidad.
—Verás, en Tierra 40, no sólo sustituía a Supergirl como superheroína —Lena comprendió lo que quería confesarle, y la dejó continuar sin interrumpirla—, también fingía en público ser la novia de Lena Luthor… nuestras dobles son novias en aquel mundo —añadió, esperando una reacción por parte de Lena, sin embargo, no fue la que suponía.

—Ya lo sabía.
—¿Lo sabías?, ¿cómo?
—Lo deduje después de pensar en ciertos detalles, y tu hermana Alex me lo confirmó cuando vio que lo había descubierto.
—Vaya… —Kara suspiró— Siento no habértelo dicho antes, no sabía cómo te lo tomarías, y tampoco quería marearte ni afectarte con esa información.
—No te preocupes, aunque me habría gustado que me lo dijeras, entiendo tus motivos para no hacerlo —aseguró cogiéndole la mano. Kara sonrió agradecida.
Le costó un poco más contarle lo que seguía, no quería hacerla sentir mal, ni que por un solo segundo, pensase que no era ella la única mujer por la que sentía aquel inmenso amor.
—Pero las cosas se complicaron, empezamos a confundirnos… yo te veía a ti en ella, y ella veía a su novia en mí, y se volvió insportable para Lena 40, así que me rogó que me marchase y así lo he hecho —Kara se calló unos instantes, esperando preguntas por parte de Lena, pero ésta seguía en silencio, sólo mirándola con sus hermosos ojos verdes—. ¿No vas a preguntarme nada?

—No necesito saber más —dijo curvando ligeramente los labios.
—Pero yo sí necesito decir más —Lena la miró con total atención—, cada pequeño acercamiento que tuve con ella, fue debido a que te veía a ti… anhelaba estar contigo, Lena, y mi mente me traicionaba —declaró con voz temblorosa.
—Sé que me dices la verdad, siempre lo has hecho, no tienes que sentirte mal por nada, Kara… —aseguró acariciándole la mejilla con la mano—  Estoy segura de que a mí me habría pasado lo mismo, he pasado estos días echándote terriblemente de menos.
—Lena…
—Y también sé que te sientes culpable porque no has podido solucionar lo que ocurre en Tierra 40… tu corazón es tan noble, que sientes que has fallado, que no has hecho todo lo posible —Enmarcó su rostro con las manos, con la mirada fija en sus ojos azules—, escúchame, Kara, no has fracasado, porque has dado todo de ti para ayudarles, y sé que ellos también lo sienten así.
Los ojos de la kryptoniana se humedecieron, pero esta vez de felicidad. Se sentía tan agradecida por tener a una mujer como aquella a su lado. Ella también la había echado mucho de menos. Posó su mano sobre la de Lena, que continuaba en su mejilla, cerró los ojos y la condujo hasta sus labios para besar su palma.
—Gracias… —musitó, justo antes de enterrar su rostro en el cuello de Lena, sollozando. Aquella noche, Lena era su fuerza, su coraje, su consuelo. La joven Luthor la estrechó contra su pecho, y así, abrazadas, dejaron pasar los minutos.
XXXXXX



—¿Has cenado, Kara?, yo todavía no —informó Lena—, hace mala noche para salir, pero podemos cenar aquí, ¿tienes hambre?, sé que sueles comer bastante —bromeó haciéndola sonreír.
—No tengo mucho apetito, pero podría comerme un sándwich.
—Perfecto, ¿de qué lo quieres?, no tengo mucha variedad en la nevera, pero…
—¡No, no, puedo preparármelo yo misma! —exclamó Kara un poco incómoda.
—De eso nada, eres mi invitada… aprovecha mientras tanto para llamar a tu hermana, seguro que Alex querrá saber que has vuelto. —Lena se levantó del sofá para dirigirse a la cocina.
—¡Espera! —exclamó Kara cogiendo su muñeca. Lena detuvo sus pasos y se volvió cuando sintió que la kryptoniana tiraba de ella con suavidad.
La joven Luthor no tardó en cerrar los ojos y dejarse llevar cuando los labios de Kara atraparon los suyos en un delicado beso. Se separaron despacio.
—Gracias por todo, Lena… —dijo Kara clavándole sus ojos azules, haciendo que la joven Luthor se ruborizase un poco y apartase la mirada.
—Voy… voy a la cocina, vuelvo enseguida —anunció con cierta torpeza que provocó una sonrisa en Kara.

Lena no podía dejar de sonreír. El beso de Kara la había cogido por sorpresa. Se moría por besarla desde el instante en que la vio al otro lado de la puerta de vidrio del salón, pero había preferido mantener un poco las distancias, al verla tan abatida. Lo que Kara necesitaba, cuando llegó a su apartamento, no eran besos apasionados, sino abrazos y cariño, y eso le había ofrecido. Sin embargo, ahora que Kara había dado el paso por sí misma… Lena se tapó la cara con las manos y respiró hondo un par de veces para concentrarse en la confección de los sándwiches.

—¿Kara?, ¿has vuelto a casa? —exclamó Alex al reconocer la voz de su hermana.
—Sí, Alex, estoy aquí, y ya no volveré a Tierra 40.
—¿Por fin se ha solucionado todo?, ¿Kara 40 está recuperada? —preguntaba con entusiasmo.
—No, sigue igual… la verdad es que no se ha solucionado nada —replicó con tristeza.
—Entonces… ¿por qué no volverás allí?
—Es un poco largo de explicar, mejor hablamos mañana en persona.
—Puedo acercarme a tu apartamento ahora mismo, ¿llevo un par de pizzas? —sugirió Alex.
—Es que no estoy en mi casa, estoy en el apartamento de Lena.
—Ah, comprendo… —La agente se quedó callada y Kara, incómoda, rompió el silencio.
—¿Qué comprendes? —preguntó con el ceño fruncido.
—Que quieras estar con ella —dijo Alex tranquilamente—, anda, relájate, hablamos mañana, ahora no pienses en nada más y disfruta de tu tiempo con Lena, ambas os lo merecéis.
—Gracias, Alex.
—Además, seguro que Maggie se alegra de que no me vaya esta noche de su casa.
Ambas rieron y se despidieron.

—Así que la pequeña Danvers ha vuelto y está en casa de su novia — afirmó Maggie con una sonrisa pícara.
—Su novia… —repitió Alex de manera automática— En realidad, Kara todavía no me ha dicho que Lena sea su novia.
—Sólo falta que lo hagan oficial, Danvers —aseguró la detective—, son un poco lentas, pero no creo que tarden mucho en hacerlo.
—Opino lo mismo, bueno, ¿por dónde íbamos?
—Estabas a punto de comerte ese rico helado vegano —Maggie señaló la mesita que tenían delante.
—Todavía no está tan claro que ese tipo sea el asesino —Alex torció los labios.
—Por favor, Danvers, yo lo sé casi desde que empezó la película —declaró Maggie—, pero si prefieres esperar al final para darme la razón, de acuerdo —Le sonrió sacándole la lengua.
—¿Por qué sigo haciendo apuestas contigo?
—¿Porque soy tan encantadora que no puedes negarme nada?
Maggie se echó sobre ella y la besó en la mejilla repetidas veces, mientras Alex trataba de esquivarla entre risas. Hasta que sus bocas se encontraron, las risas cesaron y se convirtiendo en respiraciones entrecortadas.
—Nos perdermos el final… —gimió Maggie.
—Ahora mismo… me da igual la película —contestó Alex igualmente alterada.
—Pero yo… quiero ganar la apuesta.
—Me comeré ese… maldito helado vegano —prometió Alex—, pero primero te voy a comer a ti.
—Habla menos, Danvers, y hazlo ya —desafió Maggie.
XXXXXX



Después de colgar el teléfono, Kara se acercó a la puerta de la cocina sin hacer ruido. Desde allí, observaba a Lena, que se había recogido el pelo en una coleta y se afanaba preparando una ensalada. Sobre el banco de mármol había cuatro sándwiches listos. Nunca había tenido una cita propiamente dicha con Lena, y menos tan cotidiana, sintió ilusión.
«Podría acostumbrarme a esto… —pensó la kryptoniana.»
Entonces recordó a sus dobles en Tierra 40, ellas ya no podían compartir algo tan sencillo, y la tristeza se empezó a apoderar otra vez de ella. Sin embargo, las palabras de Alex volvieron a su mente “no pienses en nada más, y disfruta de tu tiempo con Lena, ambas os lo merecéis”. Se removió en la puerta y Lena notó su presencia, se volvió hacia ella y aprovechó para pedirle que la ayudase a sacar las cosas al salón.

—Esos sándwiches tienen muy buena pinta —afirmó Kara.
—Gracias, pero… no llevan mucha comida dentro, suelo cenar ligero, pavo, queso, tomate, lechuga, zanahoria… —explicó Lena alzando las cejas en un gesto que a Kara le pareció adorable.
—Están perfectos —aseguró Kara.
—¿Seguro que no te quedarás con hambre? —insistió Lena, mirando sus ojos azules.
Y por un momento, Kara no supo a qué tipo de hambre se refería la joven Luthor, ¿o quizá su mente estaba confundiendo las cosas a propósito? No podía dejar de mirar sus hermosos ojos verdes.
—No… no creo… —balbuceó por fin.

Cenaron viendo un programa de humor en la televisión, cosa que mejoró el ánimo de Kara. Y aún lo mejoró más el poder sentir tan cerca a Lena, pues sus cuerpos estaban en contacto en el sofá. Después, Lena propuso ver una película de su colección de blu-rays. La película en cuestión estaba colocada en el último estante de un mueble del salón, así que pidió ayuda a Kara para cogerla. La kryptoniana estiró el brazo, y aunque su mano llegaba más lejos que la de Lena, no fue suficiente, así que sonrió y se elevó sobre el suelo, alcanzándola sin dificultad. Lena la miraba con los labios curvados.
—¿Qué? —exclamó Kara.
—Es sólo que… me resulta chocante ver a Kara Danvers volando —admitió y entonces besó su mejilla, cogiéndola por sorpresa—, gracias, muy amable.
Aprovechando el atontamiento fugaz de Kara, Lena le quitó la película de la mano y salió corriendo.
—¡Soy más rápida que Supergirl! —se burló sin dejar de reír. Cómo le gustaba verla y escucharla reír. Pero Lena Luthor había osado desafiarla, aquello no podía quedar así.
—¡De eso nada! —exclamó, fingiendo indignación, lo que hizo que Lena riera más fuerte.
La persiguió durante unos instantes, siguiéndole el juego, hasta que apretó el ritmo y la atrapó sin ninguna dificultad. Sus brazos aprisionaron su cintura desde atrás, y sus cuerpos chocaron por el impulso que llevaba Kara y quedaron unidos. No fue risa lo que escapó de los labios de Lena, sino un profundo jadeo que terminó con el juego de inmediato.

—Por Rao, tu perfume… me estás matando toda la noche, Lena —susurró contra su cuello, haciendo que se estremeciera. Después, empezó a recorrer su piel blanca con una caricia de sus labios.
—Kara… —gimió la joven Luthor, y se dio la vuelta, todavía rodeada por los fuertes brazos de la kryptoniana.
Se miraron a los ojos un instante y Lena ya no contuvo más sus ganas, sabía que Kara deseaba lo mismo. Rodeó su cuello y se estampó contra su boca, provocando sacudidas en sus estómagos. Se besaban con pasión, con entrega… con hambre.
—¿Te gusta… el postre… de esta noche? —musitó Lena entre besos.
—Es… lo mejor… del menú…  —gimió Kara.
Lena enredó sus dedos en los cabellos rubios de la nuca de Kara, tratando de profundizar más los besos, que eran cada vez más intensos. Sus labios y sus lenguas participaban por igual, mientras las manos de la kryptoniana acariciaban con avidez la cintura y la espalda de la joven Luthor. Y una lucha interna comenzó en la mente de Kara.

Deseaba tanto a Lena, pero era consciente de la realidad, no podían estar juntas como si ambas fuesen humanas. Una de sus manos la traicionó momentáneamente y se coló por debajo de la camiseta de Lena. Cuando sintió su piel caliente bajo la yema de sus dedos, tuvo que cerrar los ojos y tomar aire para controlarse. Sin embargo, la joven Luthor no ayudaba gimiendo ligeramente y regalándole besos en el cuello con endemoniado acierto.
—Espera, Lena… sabes que no puedo… —afirmó apartando las manos de Lena de su cuello, tratando de poner distancia entre sus cuerpos.
Lena sonrió, respetaba la petición de Kara, y retrocedió un par de pasos, sufriendo internamente por dejar de sentir el calor de su chica.

—Ven, quiero enseñarte algo… —Kara frunció el ceño, desconcertada, pero la siguió hasta la habitación principal.
—No sé si deberíamos estar aquí —dijo Kara, preocupada porque  la tentación volviese a apoderarse de ella.
—Entra, por favor, confía en mí —pidió Lena. Cuando Kara cruzó el umbral, Lena cerró la puerta—. No dejé de darle vueltas a lo que me dijiste de que no podías intimar conmigo debido a tu fuerza sobrehumana, y bueno, estuve trabajando en esto…
Lena accionó uno de los interruptores de la pared y, de pronto, una luz roja inundó toda la estancia. Kara la reconoció enseguida, era la misma radiación que emitía Rao, la estrella roja de su planeta natal, Krypton. Una radiación que anulaba de inmediato sus poderes sobrehumanos, algo que Kara necesitaba hasta que aprendiera a controlar completamente su fuerza en ciertas circunstancias concretas.
—Ahora ya no tienes excusas, ¿verdad? —preguntó Lena mordiéndose el labio inferior.
—Lena… Estoy tan enamorada de ti… —exclamó Kara conmovida— No dejas de darme motivos para quererte más y más… ¿es que esto no tiene límite? —preguntó negando con la cabeza. Lena se abalanzó sobre ella, abrazándose con fuerza a su cuello.
—Te quiero, Kara, con todo mi corazón. —Kara la estrechó contra su cuerpo, su sonrisa no abandonaba su rostro. 


Lena movió sus manos hasta los hombros de Kara y miró sus ojos azules.
—Tengo que pedirte una cosa, Kara…
—¿El qué?
—Sé gentil, por favor —rogó.
—¿Cómo?, ¿alguna vez no lo he sido? —preguntó Kara con preocupación.
—Siempre eres un encanto.
—¿Entonces? —insistió Kara. Lena desvió la mirada.
—Hoy necesito que lo seas aún más… es mi primera vez… con un alien —añadió con una deliciosa risa que contagió a Kara—. Pero lo cierto es que sólo he llegado hasta el final con una persona, y era un chico, mi ex novio Jack.
—¿En serio? —Kara la miraba con los ojos abiertos como platos.
—¿Sorprendida? —preguntó Lena con voz suave.
—Un poco… —admitió Kara— Siempre tienes ese aire de seguridad, madurez y experiencia… yo pensé que…
—¿Que era una devoradora de amantes? —completó la frase sonriendo.
—¡No quise decir eso en absoluto, sé que no eres así! —exclamó rápidamente Kara con visible apuro. Incluso bajó la mirada y se llevó la mano a sus gafas.
—¿No me ves capaz? —Lena no pudo evitarlo, la Kara extremadamente considerada le podía.


—¡Claro que sí… o sea no, bueno, no sé…! —Kara gesticulaba exageradamente con evidente incomodidad y Lena se rio con ganas.



—Perdóname, Kara, sólo bromeaba, es que te has puesto adorable —admitió Lena. Kara resopló—. Sé lo que querías decir… pero esa pose es una fachada, Kara, un mecanismo de defensa, mantiene a la gente a cierta distancia y me hace sentir… a salvo… nadie me ha llegado a conocer de verdad nunca.

—Yo quiero conocerte por completo y de verdad, Lena —afirmó Kara con tanta vehemencia que la joven Luthor tembló. La kryptoniana siguió hablando—. Y quiero que me conozcas a mí, yo he estado con dos personas, fue en la universidad, pero… siempre tuve que reprimirme, no pude dejarme llevar hasta… ya sabes, hasta perder la cabeza, no tenía esto —Señaló toda la habitación.
—¿Entonces tú… no llegabas al…? —preguntó Lena sorprendida.
—Yo no, fingía, tenía miedo de hacerles daño si perdía el control durante unos segundos —reveló Kara.
—Eso debía ser duro para ti.
—Lo era… y llegué a pensar que jamás podría estar íntimamente con un ser humano.
—Conmigo ya no tienes que contenerte, ¿de acuerdo? —afirmó— Ya le puse remedio.
—Creo que no hay nada que no puedas lograr, Lena.
—A ver si es cierto, espero ser suficiente para la chica de acero —dijo Lena levantando una ceja.
—¿Bromeas? —exclamó Kara haciéndola reír— Lo que hayamos vivido o no antes de esta noche no importa, Lena, sólo importa que hoy será nuestra primera vez juntas —Lena la miraba con emoción—, y espero que la primera de muchas veces —Kara acarició su mejilla mientras Lena sonreía ruborizada.

—¿Sabes,?, estoy pensando en ampliar la instalación por todo el apartamento, incluso podría instalarlo en tu casa también, si quieres… de todos modos, es un método muy limitado, nos obliga a estar en casa para poder estar juntas —añadió un poco decepcionada—. Lo ideal sería un sistema portátil, estuve estudiándolo, pero sólo lo vi posible utilizando kryptonita, y no quiero causarte daño.
Kara se rio y Lena la miró indignada.
—¿Por qué te ríes?, esto es muy serio —se quejó Lena frunciendo el ceño.
—Lo es, Lena, perdóname, es sólo que nunca dejas de sorprenderme con tu inteligencia y tu dedicación —Su risa se debía al recuerdo de los brazaletes que había fabricado Lena 40—. No te preocupes, hasta una concentración del diesciocho por cien no me causa daño, a menos que sea una exposición muy prolongada, y con alejarla de mí, me recuperaría, no hay peligro. Con ese sistema, puedo entrenar con Alex en el DEO durante una hora sin ningún problema.
—Pero yo no quiero estar contigo sólo una hora, Kara Danvers, sino muchas… Quizá me ponga a trabajar en eso pronto.
—Sería una buena idea… Bueno, ¿y ahora qué? —preguntó Kara.
—Ahora te voy a pedir unos minutos, porque necesito darme una ducha y adecentarme un poco.
—Eso no es verdad, estás preciosa así. —Lena sonrió y apartó la mirada un instante.
—¿Con ropa de estar por casa y coleta?, eres una aduladora.
—Sólo dije lo que pienso.
—Anda, dame esos minutos… no te arrepentirás —prometió con voz seductora, provocándole un vuelco en el estómago—. Puedes poner la música que te apetezca en la minicadena, no tardo. —Le besó la punta de la nariz y se metió en el baño.

Kara trató de distraerse probando diferentes discos de música. No quería prestarle demasiada atención al sonido del agua corriendo sobre el cuerpo de Lena, porque si lo hacía, le costaría mucho no echar un vistazo a la pared por encima de las gafas, tratando de ver a Lena con sus rayos X. Se decidió por una música ambiental suave y encendió un par de velas perfumadas que había sobre la cómoda. La luz roja generaba la ilusión de un eterno atardecer dentro de la habitación, a Kara le pareció romántico.
—Me siento como si fuera nuestra noche de bodas —declaró la kryptoniana cuando percibió que Lena ya se estaba vistiendo.
—¿Quieres que nos casemos antes de esto? —preguntó Lena de manera casual desde el baño.
—¡No, no, no hace ninguna falta! —exclamó Kara rápidamente.
—Opino lo mismo —replicó Lena saliendo del baño.
A Kara casi se le desencajó la mandíbula al verla. Lena tenía razón, no se arrepentía en absoluto de haberle concedido aquellos minutos. La joven Luthor llevaba su pelo oscuro suelto, ligeramente ondulado hacia las puntas, y un camisón semitransparente que dejaba poco a la imaginación.
«Ropa interior negra sobre su piel blanca… ¿eso son encajes? —se preguntó.»
—Oh Rao… —farfulló Kara con el corazón desbocado ante la visión de Lena Luthor.


—Ven… —invitó Lena a la kryptoniana.


CONTINUARÁ…